De nuevo, después de tanto tiempo…

Capítulo 17: ÉSTE ES NUESTRO PRESENTE

KPOV

¿Por qué había llegado a esto? ¿Cómo habíamos llegado hasta esto?

Siempre pensé que el odio de Marianne hacia mí era por lo que le había hecho, por haberla convertido en lo que era, pero me acababa de dar cuenta tras más de cien años, y por el peor de los modos existentes, que su odio venía arrastrándose desde mucho antes. Pero ¿por qué?

Y Thomas, el hombre que tanto había querido y con el cual me casaría, me había estado engañando con mi propia hermana, y quizás por cuánto tiempo…

¿Cómo no me pude dar cuenta antes? ¿Cómo nunca vi nada que estuviera fuera de lo normal, si hasta Meme lo sospechaba? ¿Que acaso, yo era la única que no se había dado cuenta?

Deambulé bastante sin saber a dónde, caminando sola sin tomar en cuenta el silencio que antes tanto me inquietó, hasta que finalmente, la inercia me llevó a la ciudad otra vez. La misma ciudad que era ajena a mí, con cada participante de ésta loca vida sumido en sus propios problemas, sin darse cuenta del cuerpo sin alma que pasaba a su lado. Avanzaba como sonámbula, aún en estado de shock, y ni siquiera atisbé el momento en que el patio de la casona me recibió.

Tantos años con la culpa y el remordimiento en mí, pero que no completaba la razón de un odio inentendible, que no hacía sentido en el mar de preguntas que tenía en mi cabeza.

Si Thomas no me quería, ¿por qué estuvo conmigo? ¿Por qué le importaba más una posición que otra cosa? ¿Por qué tantas palabras de amor falso que yo creía como una tonta? Cada roce de sus labios en el dorso de mi mano que hacían sonrojarme, cada susurro con un "te quiero", cada mirada soñadora que me llevaba al cielo y me hacía bajar con un vértigo especial, o cada sonrisa que me deslumbraba de emoción y que ni siquiera iban dirigidas hacia mí.

Oportunismo… Amor por posición.

Pero Marianne, ¿por qué lo hizo? ¿Por qué? ¡Por qué!

Tomé el habitual impulso en cierto punto de la pared Este, y escalé de prisa hasta la ventana abierta de mi habitación con solo una imagen en mi mente, y la cual no quería desaparecer por más que lo intentaba, pero de la nada aquella amarga visualización se rompió.

—¡Katherine!

Aquella voz diciendo mi nombre lo cambió. Tan pronto como lo oí, fue también el mismo momento en que Robert se abalanzó sobre mí estrechándome entre sus brazos con fuerza, y de inmediato su esencia y su presencia me golpearon, haciendo el contraste a todo lo que había estado pensado.

¿Cómo pude alguna vez llegar a confundirlo con Thomas? ¿Cómo pude osar a ofenderlo a tal magnitud?

Fue su piel, su calidez, su aroma, el sabor de sus labios al chocar con los míos con desesperación y alivio, fue todo lo que hizo abrir mis ojos y darme cuenta que ahora sí era correspondida. Que él jamás podría hacerme daño.

Correspondí su abrazo y apoyé mi rostro en su hombro ignorando cualquier deseo que no fuera el de amarlo. Me podría haber derrumbado, pero todo en él ahora me daba fuerzas para mantenerme en pie. Él lo era todo para mí, y a pesar de lo que hice en el pasado, no permitiría que Marianne lo engañara como alguna vez ella y Thomas lo hicieron conmigo; con un amor falso por venganza a algo desconocido para mí, pero que ésta vez iba dirigida al hombre que amaba.

Si, he amado una sola vez. Ahora, e iba a luchar por lo que quería.

RPOV

¡Por qué no llegaba!

Ya había transcurrido demasiado tiempo desde que Katherine salió a cazar y todavía no había ni luces de ella. No servía de nada pasearme como león enjaulado sin poder salir a buscarla, cuando en cualquier momento podría llegar. O eso era lo que deseaba. Solo debía esperarla; tener paciencia y esperarla.

¿Y el sueño?

No, Robert. No seas trágico, ¡por favor!, me dije en el mismo momento en que aquel pensamiento cruzó por mi mente, y consigo vino una interna discusión conmigo mismo.

Pero en el sueño ella estaba herida…

No, Robert. No insistas, me seguí diciendo. Además el sueño era de día…

Pero… ¿y si era un presagio?

No, Rob. Tú no piensas así. ¡Basta! Solo ten paciencia y espérala, que ya llegará.

Terminaba de convencerme de aquello, cuando en ese preciso instante escuché un sonido casi imperceptible desde la ventana, pero estaba tan atento a cualquier cosa que pudiera suceder, que lo oí como si fuera un timbre. Al darme la vuelta y dirigirme al foco de alarma, de inmediato y por fin vi a Katherine entrando con suma rapidez a través de la ventana abierta.

Tenía la mirada algo perdida, pero al menos estaba aquí, conmigo.

—¡Katherine! —solté al instante alcanzándola para estrecharla entre mis brazos.

La besé, sintiendo la fría calidez de sus labios algo ausente, pero yo seguía repitiéndome que al menos ahora estaba conmigo.

—Amor, ¿dónde estabas? —le pregunté preocupado.

—Cazando —respondió sin más en un tenue susurro.

Había puesto su cabeza en mi pecho, pero de ahí no se movía, así que en esa misma posición la llevé hasta la orilla de la cama y la ayudé a sentarse, lo cual pareció ser un alivio para ella.

—¿Por qué tardaste tanto? ¿Sucedió algo? Estaba preocupado por ti —solté atropelladamente.

—Solo me encontré con alguien —respondió aún sin alzar la vista ni la voz.

—¿Con alguien? ¿Balthazar? ¿Te hizo algo? ¿Te dañó? —me apresuré a decir levantando su rostro entre mis manos para que me mirara.

—¿Balthazar? —repitió como si ni siquiera recordara quién era él, pero al menos eso era bueno, porque decía que no se había aparecido.

Pero si no se encontró con él, ¿con quién entonces?

—¿Qué sucedió? —insistí.

—Marianne —dijo evitando mi mirada.

—¿Marianne? ¿Qué te dijo? —pregunté preocupado.

Por lo que ella me había dicho cuando la conocí y por como Katherine llegó, no parecía ser nada bueno.

—Ella… ella no me odia solo por lo que le hice; por convertirla —respondió.

—¿De qué hablas? —pregunté confundido.

—Ella me odia desde mucho antes y no sé por qué —dijo con la voz calmada, y como si rebuscara en pensamientos que le costara encontrar.

—¿Por qué lo dices? —insistía, pero ella no parecía escucharme.

—Y Thomas nunca me quiso, tampoco.

¿Thomas? ¿Qué tenía que ver ese tipo muerto aquí?

Que él no estuviera vivo, no significaba que yo no pudiera sentir celos.

—Él amaba a Marianne. Ella me lo dijo, pero aún así él estaba conmigo… Es por eso que me odia —continuaba analizando palabras con suma concentración—. Por eso debe ser… Pero si él la amaba, ¿por qué no hizo lo que su corazón le dijo en vez de engañar al mío?

Ahora lo entendía. Ni por muy distraído que yo pudiese ser, podría no darme cuenta de lo que Katherine quería decirme. Ése tonto la engañaba con su hermana, o lo que era aún más doloroso para ella, era su hermana quien la engañaba.

—Amor, él era un tonto —dije tomando sus manos—, pero ahora no está aquí. ¿Recuerdas? Yo estoy contigo.

Levantó su mirada para encontrarse con la mía, y… ¡cómo la amaba! Cómo amaba esa mirada inocente de mar profundo cuando me miraba así, tan pura, tan… cálida.

—Lo sé —dijo envolviendo sus manos en las mías a la vez—, por eso te pido perdón. Perdón por alguna vez pensar que eras como él.

Aunque me molestó, él ya no tenía cabida aquí, y mucho menos por cómo la había engañado.

—¿Recuerdas también, que no volverías a pedir perdón por nada nunca más? —inquirí sonriéndole, haciéndole saber que ya nada de eso importaba—. ¿Lo recuerdas?

—Pero tú no te lo merecías —me contradijo.

—Creo que me valoras más de lo que merezco —comenté—, pero ya olvídalo, no importa, ¿de acuerdo?

Asintió con la cabeza bajando su miraba como una pequeña niña, pero aún había cosas que me inquietaban.

—Katherine, ¿qué más te dijo Marianne?

El hecho de que la primera y única vez que nos vimos hiciera lo que hizo, dijera lo que dijo, y me confundiera como lo hizo, no era de menor importancia, y para engañar a su propia hermana cuando se supone que todo debía estar bien entre ellas, no creo que se quedara simplemente callada.

Ella volvió a levantar la mirada mirándome fijamente.

—Ella te quiere —contestó—. Te quiere tener para vengarse de mí, estoy segura.

Eso fue más de lo que esperaba, aunque ni siquiera sabía qué esperar.

—No te preocupes, amor, que eso no ocurrirá —dije restándole importancia, con algo de miedo por lo que ella había provocado en mí la primera y única vez que la vi—. Yo solo quiero que tú me tengas.

—Pero…

—Pero nada —la interrumpí colocando un dedo sobre sus suaves labios—. Ella está cegada por el odio de algo que en realidad tú no tuviste nada que ver —porque lo que lo originó fue ese Thomas…—, y pronto ella se dará cuenta de todo lo que ha hecho, así que ahora no te envenenes más. Ya sufriste bastante por mucho tiempo, y lo que pasó hace más de cien años ya no vale tu condena. Es el ahora lo que importa —mi determinación era precisa—. Y en cuando a mí, ella no podrá hacer nada para separarme de ti. ¿Lo entendiste?

Volví a sentir su mirada traspasándome con intensidad, pero ahora notaba una determinación que no podía solo dejar pasar.

—Tampoco iba a dejar que lo consiguiera —dijo forzando una sonrisa.

—Es bueno oírlo —señalé atrapando sus labios con los míos, porque de verdad que era excelente oírlo de su boca, aunque en el fondo yo sabía que todavía daba vueltas en su cabeza lo que había hablado con su hermana, y que trataba de restarle peso por mí.

Si tan solo pudiera borrar todo mal pasado de su memoria…

—Y hay otra cosa que quiero pedirte también —recordé de pronto con nerviosismo.

—Lo que quieras —contestó sin mirarme.

Vaya, esto era más difícil de lo que me imaginaba.

—No me tientes, porque ya se me están ocurriendo algunas ideas con crema batida —bromeé ante mi cobardía para hablar, además de mis intenciones de que riera, y aunque conseguí lo último, su sonrisa no llegaba del todo a sus ojos.

Quería que volviera la sonrisa de antes de que se marchara a cazar, aquella que esbozaba cuando lamía sus dedos con salsa haciéndole cosquillas.

—Bueno, en realidad es algo que hace tiempo quería pedirte —continué, pero ésta vez hablando en serio—. Aunque sé que éste no es el mejor momento, pero no podía seguir esperando más días.

—¿De qué se trata?

—Quiero pedirte… que seas mi novia —dije al fin.

—¿Tu novia? —inquirió confundida.

—Sí, mi novia —repetí relajándome un poco—. Oficialmente.

—Pero…

—No, espera —la detuve antes de que continuara con ese "pero"—. Quiero que seas mi novia, y ya sé lo que dirás sobre "hasta que se acabe" por todos los miedos que tienes, pero yo tengo esperanzas de que todo saldrá bien.

Esperanzas era lo que más tenía.

—¿Pese a todo? —preguntó.

—Pese a todo —respondí—. Ten en cuenta que sería como una manera formal, o algo así, de llamarle a nuestra relación —insistí—. Además de una palabra, las cosas seguirán siendo como antes —si es que no puedo hacerlas mejor—. En serio.

—Pero si serán igual que antes, ¿por qué quieres que sea tu novia? —inquirió confundida.

—¿Por favor? —pedí sin responder a su pregunta.

—¿Te hará feliz?

—Por supuesto —contesté, aunque no sé muy bien el por qué de que así fuera.

—Entonces, de acuerdo —respondió esbozando, o más bien, forzando una sonrisa tras un suspiro—. Acepto ser tu novia.

Era algo simple, de algunas palabras solamente, y no se trataba de que antes no le hubiese pedido a alguien que fuera mi novia, pero ahora me hizo tan feliz… Y aunque ese momento no era el más apropiado, era el momento que tenía.

La abracé y luego la besé.

—Gracias —dije cuando me aparté de sus labios con dificultad, sobre todo porque sabía que ella seguía pensando en Marianne, y aún así me había respondido—. Y ahora, novia mía —le hablé besando su frente, y sonrió cuando le dije "novia"—, ¿quieres descansar o quieres hacer algo más?

—Tú, descansa —dijo tranquilamente tras un suspiro—. Tu horario no es igual al mío, ¿lo recuerdas?

Si lo recordaba, pero de hecho, yo ya había dormido unas horas antes.

—Ambos descansemos —le propuse recostándome en la cama extendiendo mis brazos hacia ella—. Ven aquí, que yo te cuidaré, novia mía.

Intentó sonreír de nuevo y aceptó mi invitación colocando su cabeza en mi pecho.

Así estuvimos bastante tiempo mientras que yo acariciaba su cabello, y ella con sus dedos trazaba patrones alrededor de los botones de mi camisa sobre mi pecho.

Estaba aquí, a salvo, conmigo. Solo esperaba que el tumulto de sus pensamientos desapareciera mientras descansaba y que se centrara solo en olvidar las palabras de su hermana. Ya nada del pasado le haría daño mientras yo estuviera a su lado. Éste era el presente.

KPOV

Es cierto. Al principio no supe qué responder, pero luego de haber estado pensando en cómo pude haber sobrevivido sola tantas décadas, no pude hacer otra cosa que llegar a la conclusión de que no podía negarle algo a la única persona que se había atrevido a amarme, incluso pese a todo peligro y toda adversidad que eso significaba.

¿Qué daño podría causar esto (bueno, más todavía)? Solo eran unas simples palabras (o de eso quería convencerme).

No es que de la noche a la mañana hubiese decidido venderme su alma, pero aún así…

—Entonces, de acuerdo —respondí finalmente forzando una sonrisa que pudiera apoyar lo que en el fondo sentía; felicidad—. Acepto ser tu novia.

Fue fácil, y él se alegró.

El abrazo que me envolvió no era por cualquier capricho ni simple cortesía. Su calidez era más que gratificante, y además, la inmensa emoción que Robert despedía no me podía infundir algo menos que… felicidad. Me hacía estar solamente aquí, haciéndome olvidar de momentos todo mal pasado.

Luego me besó... Era un beso profundo y exigente, pero por sobre todo; sincero. El que me decía como tantas veces lo bien que jamás podría estar, que podría dejar de existir mañana e irme al infierno, pero ya no importaría porque había conocido el cielo.

No era Thomas, ni estaría con Marianne. Él siempre me decía la verdad. Él nunca me podría engañar.

—Gracias —dijo cuando con dificultad sobrehumana logré apartarme de sus exquisitos labios, incluso cuando era yo quien debería decírselo. Era yo quien estaba agradecida por acompañarme, por estar conmigo y por hacerme sentir, cuando creía no soportarlo más, que éste era el presente y no había nada malo antes de él.

Robert sonreía con letargo, y sus orbes esmeraldas aún se mantenían cerrados por un corto momento antes de volver a reaccionar.

—Y ahora, novia mía —agregó besando mi frente, y me hizo sonreír cuando me llamó "novia". Nunca alguien me había llamado novia—, ¿quieres descansar o quieres hacer algo más? —agregó.

—Tú, descansa —decidí tras un suspiro.

A pesar de que me gustaría tenerlo por siempre mirándome, eso no significaba que pudiera manejarlo como yo quisiera.

—Tu horario no es igual al mío —agregué—, ¿lo recuerdas?

Me sonrió antes de recostarse en la cama extendiendo sus brazos hacia mí.

—Ambos descansemos —propuso—. Ven aquí, que yo te cuidaré, novia mía.

Ésta vez fui yo quien sonrió, y acepté encantada su invitación reposando mi cabeza en su cálido pecho, escuchando su palpitante corazón lleno de vida, deleitándome con su agradable y relajante aroma. Y así estuvimos bastante tiempo mientras que Robert rozaba con lentitud mi cabello haciéndome sentir un dulce hormigueo por todo el cuerpo. Acaricié su pecho por encima de su camisa, y me quedé allí pensando en todo lo que había sucedido esta noche. En todo lo que me había enterado. En todo lo que me quedaba por vivir y en todo el tiempo que me quedaba con Robert, hasta que varios minutos después escuché su lenta respiración adormecida por el cansancio.

RPOV

Podría ser fácil decir que acababa de despertar entre ángeles, o mejor dicho, entre uno de ellos y por sobre todo el más hermoso de todos. Pero sabía que si alguna vez se lo decía, comenzaría a hablar sobre sí misma como si fuera un monstruo, y yo no quería eso.

Su mano fría y cálida a la vez, acariciaba mi rostro en cuanto comencé a desperezarme, y sus ojos no dejaban de mirarme fijamente mientras no dejaba de sonreír.

Estaba entre sus brazos (aunque se supone que antes de dormirme era yo ella quien estaba entre los de ella), y rodeaba su cintura con uno de mis brazos a peso muerto, lo que me hizo querer levantarlo para no incomodarla. Había una manta que me cubría hasta la cintura que antes no estaba, estaba sin zapatos y solo había un halo de luz desde su velador.

—Bueno días —dijo depositando un beso en mi frente.

Se sentía tan bien.

—Buenos días —respondí cerrando los ojos para disfrutar el momento y su dulce aroma.

Me imagino que solo habían pasado un par de horas desde que cerré los ojos, pero aún así me sentía con energía, aunque debo reconocer que tenía el presentimiento de que cuando llegara el momento de alejarme de ella, todo el letargo volvería.

—¿Cómo te sientes? —le pregunté enfocando mi atención total en ella, ya que me daba la impresión de que no había dormido nada pensando en todo lo de anoche.

Es cierto que su horario no era igual al mío, pero por lo menos al yo haberme quedado dormido, significó que no tuve la oportunidad de ser de mucha ayuda para poder despejar su mente.

—Me gusta verte dormir —dijo con una sonrisa, aunque no respondió realmente a mi pregunta—. Me da tranquilidad, incluso siento que nada ni nadie puede lastimarte.

Un miedo inmenso por sus palabras recorría mi estómago, como si todo en realidad fuera más peligroso de lo que yo lo estaba viendo, y al parecer Katherine se percató de mi alarma.

—¿Estás bien? —me preguntó sintiendo su suave voz y respiración recorriendo mi piel.

—Lo estoy —respondí, aunque no era del todo cierto—. Me gusta estar en tu compañía —agregué.

Oí como reía suavemente por lo bajo.

—¿Y no te aburres?

—¿Aburrirme? ¿Por qué? —inquirí mirándola a los ojos de nuevo.

—Bueno, como estamos aquí encerrados todas las noches —comenzó—, o mejor dicho tú lo estás, y tu sueño ya debe haber cambiado por el solo hecho de quedarte conmigo.

Hasta yo sonreí por lo que dijo.

—Este último tiempo ha sido el mejor que tenido en años —dije rozando su mejilla—, y no lo cambiaría por nada del mundo.

Me dio un pequeño beso en los dedos cuando rozaron sus labios, y dio un largo y silencioso suspiro.

—Decir que me siento más que afortunada sería poco —dijo con un brillo especial en sus ojos, pero no dejaría que me ganara.

—No tanto como yo lo estoy —lo contradije besando su mano—. Te amo.

Iba a besarla de nuevo, cuando mi teléfono comenzó a sonar insistentemente.

Ella rió con diversión mientras se aclaraba la garganta al escucharme maldecir por lo bajo por tan inoportuna interrupción.

¿Quién podría estar llamando a ésta hora?

Mi teléfono estaba sobre una mesa en una esquina, en el mismo lugar en el que lo había dejado la última vez que llamé al celular de Katherine, y pensé en no contestar, pero después de todo podría ser algo importante como para que tuvieran que llamar tan temprano.

Me levanté siguiendo la luz de la pantalla, y al tomar el teléfono me llevé dos sorpresas. La primera, era que no era tan temprano como lo suponía, ya que eran más de las diez de la mañana.

¿Cómo pude dormir tanto?

Di media vuelta para mirar a Katherine, quien continuaba sonriendo y se encontraba de rodillas sobre la cama viéndome fijamente.

—¿Porque me dejaste dormir tanto?

—Me gusta verte dormir —dijo encogiéndose de hombros.

Moví la cabeza de un lado a otro y sonreí, pero el teléfono seguía sonando.

—¿Diga? —contesté haciéndole muecas a Katherine,… mi novia.

Si. Mi novia.

—¿Robert? Soy Cindy —contestaron al otro lado de la línea, y esa era la otra sorpresa.

—Te dejo solo —articuló Katherine junto a mí antes de irse al baño, y yo asentí con la cabeza para seguir escuchando a mi representante.

—Como hace días que no he sabido nada de ti, llamaba para avisarte acerca de tus compromisos —continuó con un dejo claro de sarcasmo en sus palabras, y ahogué unas risas por su "profesionalismo"—. Resulta que este viernes es el baile… ¿o la cena? Bien, no lo recuerdo, pero es a beneficio de la Fundación "Auxilio", la que agendamos el mes pasado. ¿Lo olvidaste? —preguntó algo que había resultado evidente, porque no esperó a mi respuesta—. Si. Lo olvidaste.

Directo al grano. Esta mujer no se iba con rodeos.

—Bien, ¿a qué hora? —pregunté sentándome en el borde de la cama detrás del dosel.

—Es a las ocho en punto en el Salón de la fundación —respondió sin perder tiempo—. En la tarde te haré llegar las invitaciones.

—¿Las invitaciones? —pregunté con la curiosidad a flor de piel por ese sentido de pluralidad.

—Así es. Podrás ir con tu chica si quieres —respondió.

Eso sería increíble. Demasiado increíble, de hecho.

—Lo siento, pero no creo que sea bueno para ella esto de las cámaras —me excusé pensando en todos los peligros para ella con respecto a eso—. Aún no olvida lo de las fotos —agregué, pero escuché como reía.

—Olvidé decírtelo, ¿cierto? No te lo dije —se respondió ella misma aún riendo—. La cena–baile, como deberías saber, es de etiqueta, pero además es de máscaras —me informó haciendo hincapié en lo de "cena–baile"—. No me preguntes por qué, porque no tengo ni la menor idea, pero pueden ponerse unas lindas máscaras enormes con tal que no los reconozcan a simple vista —concluyó con deleite.

—Eso es realmente… genial —musité, pero no pareció escucharme.

—Solo para algunas fotos tendrás que quitarte la máscara, pero tu chica puede estar lejos para eso —opinó con despreocupación—, y en el remoto caso de que a alguna sanguijuela se le ocurra seguirte (N/A: Se entiende que se refieren a los paparazzi, ¿cierto?), simplemente te escabulles, te cambias de máscara, y hasta de corbata si estás paranoico, y voilà. Todo solucionado—concluyó hilarante.

—¡Cindy, eres una ¡genio! —solté llegando al nivel de su alegría.

—Lo sé, lo sé —se jactó antes de volver a un tono serio nuevamente; absoluta seriedad—. Pero por favor, ahora llevas zapatos normales. Nada de zapatillas. Aún me pregunto cómo con todo el dinero que tienes, no te compras algo decente —agregó más para sí misma—. ¿Sabes? Voy a hacerte llegar un par de zapatos. ¿Cuál es tu número? —siguió hablando—. Bueno, no importa. Tú ves cómo te los calzas.

Fruncí el ceño.

—Gracias… Supongo —dudé un segundo ante tanta efusividad y espontaneidad.

—No hay problema, para eso me pago —continuó—. De acuerdo, eso acordamos entonces. Adiós, y saludos a tu chica.

—Bien… En tu nombre serán… —respondí aún con cierta y abrumadora diversión por Cindy—. Adiós.

Ambos colgamos y yo me recosté sobre la cama esperando que Katherine saliera del baño.

Sería perfecto para ella. Podría invitarla a salir sin tanto peligro como ella se lo estaba imaginando en todo, que eso era lo importante. Además no habría por qué preocuparse por Marianne, porque para el baile se requerían invitaciones, y así no podría molestarla.

Es cierto que yo apoyaba la reconciliación entre hermanas, pero cuando una de ellas no estaba de acuerdo, y es más, amenazaba a la otra, reconciliación era demasiado pedir.

Miraba con detenimiento el dosel blanco de la cama mientras tenía mis brazos por detrás de la cabeza, cuando la musical voz de Katherine junto a mi oído, me hizo saltar de la sorpresa.

—¿En qué piensas? —articuló riendo con diversión.

Ni siquiera escuché cuando salió del baño, y mucho menos cuando se acercó hasta susurrarme las palabras al oído.

Por mi orgullo traté de recomponerme rápidamente.

—Pensaba en ti —contesté ante sus sonrisas controlando el bochorno, y pronto recordé lo que acababa de suceder.

Me enderecé sobre la cama y la miré de frente estando de rodillas sobre el lecho, al tiempo que buscaba sus manos para tomarlas mientras hablaba.

—Acaba de llamarme Cindy, mi representante —comencé a decir con sus ojos atentos a lo que yo decía, pero de pronto recordé que ella podía escucharlo todo—… ¿No escuchaste lo que hablaba?

Me sonrió con indulgencia cuando me respondía, negando con un movimiento de cabeza mientras hablaba.

—Por supuesto que no. No me gusta entrometerme en tus asuntos, y mucho menos escuchar una llamada telefónica.

Sentí sonrojarme.

—Oh… Bien. Bueno —me recompuse nuevamente—, ella acaba de llamarme para avisarme sobre un baile de beneficencia —¿o cena? En fin, para qué alargarse más—. El asunto es si… ¿quieres ir conmigo?

—No creo que sea buena idea —comenzó a decir frunciendo sus labios naturalmente sensuales, pero antes de que continuara la detuve.

—Es de máscaras y no podrán reconocerte —me apresuré a decir—, además que habrá mucha seguridad y necesitas una invitación para entrar, y yo ya dispongo de una para mí, y una para ti.

No decía nada y se mantenía en silencio mirando nuestras manos unidas, mientras buscaba una respuesta.

—Por favor —insistí.

—¿Y si no es seguro? —desconfiaba.

—Lo es. Habrá seguridad contratada especialmente, como te dije, y nadie podrá reconocerte ni molestarte.

—Yo no me refiero si es seguro por mí, lo digo por ti —dijo mirándome a los ojos, traspasándome con su mirada—. Eres tú el que me preocupa.

Ahí estaba de nuevo preocupándose por mí.

—Yo estaré bien, no te preocupes —intenté aquietarla antes de volver a suplicar—. ¿Irías conmigo? ¿Por favor?

De pronto esbozó una de esas sonrisas traviesas y sensuales que a mí me gustaban tanto.

—Imposible negarme, si me lo pides así —dijo.

—¿Eso es un sí? —pregunté, y como respuesta se encogió de hombros y me besó.

Después de conversar sobre cómo lo haríamos para irnos, y a pesar de que insistí en que quería llegar con ella, dijo que sería mejor que cada uno fuera por su cuenta y que allá nos encontráramos. No quería ponerme en peligro, y por mi vergüenza no quise seguir discutiendo sobre eso. Eso me hacía sentir más inútil.

Después de varios minutos, Katherine bostezó y recordé que era ella quien dormía a esta hora, así que decidí que mejor sería dejarla descansar.

Reuní mis cosas, busqué las llaves de la habitación y de mi auto, y me dispuse a despedirme de mi, ahora, novia.

—Adiós, cariño—dije besando sus dulces labios, y aunque ella ya estaba más que en un estado de somnolencia, me respondió con intensidad—. Dulces sueños.

Calculando, para ella deberían ser lo que para mí eran las tres de la mañana, y al parecer Katherine no acostumbraba a trasnochar, ¿o a trasdiar? Esa palabra ni siquiera existe…

—Adiós —me dijo algo grogui intentando abrir los ojos, y no me cabe duda que apenas cerré la puerta, ella cayó en un profundo sueño.

KPOV

¿Qué me hizo decir que sí?

…Simplemente el hecho de verlo sonreír.

Como él mismo lo había dicho, éste era el presente; nuestro presente, pero a pesar de eso yo aún no podía dejar de lado todo lo que había sucedido.

Palabras daban vueltas una y otra vez en mi cabeza, y no podía dejarlas pasar así como así, aún era mucho que asimilar.

Toda la noche me la pasé pensando, y solo la acompasada respiración de Robert al dormir me obligaba a hacerme a la idea de que no podía involucrarlo en más, sobre todo cuando veía lo mucho que se preocupaba por mí al reparar en lo que me estaba ocurriendo. Por eso mismo fue que cuando despertó, fingí que nada había sucedido, que nada me importaba, pero en el fondo no era así; una vez más estaba actuando…

¿Qué me quedaba ahora? ¿Seguir actuando como una autómata?

Cerca del mediodía, según mi propio reloj interno, el sueño comenzaba a vencerme y ya no podía mantener mis ojos abiertos. En cuando Robert se dio cuenta, decidió que me dejaría dormir, y se despidió dándome un beso profundo exigente, antes de dirigirme una cálida sonrisa de las que tanto amaba. Cerró la puerta con cuidado y rapidez, y de inmediato caí en un profundo y tormentoso sueño.

Mi vista la atrapó de lleno la llama de la vela sobre mi velador, y pensaba en lo hermosa, imponente y poderosa que se veía, en el daño que podía llegar a causar, y en cómo yo me podría extinguir fácilmente en una de ellas. Pero también pensaba en lo frágil que era viéndose así. Que un solo soplo bastaba para acabarla y solo sería humo perdiéndose en el aire.

Lo último que vi fue un halo gris evanesciéndose entre la oscuridad.

RPOV

Conduje por las calles de la ciudad pensando…

¿En qué pensaba? En todo pensaba, y a la vez todo se revolvía. Cosas buenas, cosas malas, y entre todo ese tumulto de pensamientos, un pequeño local apartado llamó mi atención. Parecía ridículo lo que iba a hacer, pero me pareció que no perdía con intentarlo.

Estacioné junto a la acera, apagué el motor del vehículo, tomé el jockey y los anteojos oscuros de la guantera, y me dispuse a caminar hacia la carnicería.

Había una mujer anciana comprando cuando entré, así que me di la vuelta hacia unos aparadores que exhibían un montón de trozos de carne sangrienta, y se me revolvió el estómago el pensar que Katherine tenía que alimentarse de ellos. No era lo mismo pensar que se alimentara de una persona, que de un animal, pero simplemente no le quedaba de otra.

Me preguntaba si se le podría llamar canibalismo a su modo de alimentarse, cuando en ese momento el que atendía, un hombre de de edad y rollizo con el pelo comenzando a teñirse de blanco, llamó mi atención.

—Señor, ¿en qué le puedo ayudar? —preguntó amablemente con una voz algo nasal.

Evité a la mujer que se iba, y con incomodidad me dispuse a hacer mi extraña pregunta.

—Buenos días —saludé—. Me preguntaba si acaso tendría… Bueno… —no sabía cómo demonios decirlo, y el hombre me miraba impaciente esperando (al menos no me había reconocido, y eso era bueno)—. Usted... —ah, qué diablos—. ¿Usted tiene sangre?

—¿Sangre? —inquirió alzando una ceja mientras reía—. ¿A qué se refiere?

Al parecer no me creía.

—Que si acaso tiene sangre para vender —le aclaré sintiendo como la incomodidad aumentaba.

—¿Quiere comprar sangre? —preguntó sorprendido, pero al menos me estaba creyendo, y fue por eso mismo que me miraba perplejo y cauto a la vez, pero esa actitud me estaba molestando. Me miraba como si fuera un loco…

Aunque seamos realistas: En su lugar, tal vez habría hecho lo mismo.

—Bueno, ¿tiene sangre que me pueda vender? —pregunté tajantemente, y el hombre se dio vuelta hacia una puerta oscuro que había tras el mostrador.

—¡Bill! ¡Éste hombre quiere compra sangre! —le gritó, y por un momento me alarmé que alguien más pudiese escuchar. Por fortuna no apareció nadie.

Pocos segundos después, salió un hombre menudo que era todo lo contrario al que atendía, mirándome con la misma expresión que el otro. Llevaba un delantal blanco de plástico manchado de rojo, con lo que quise pensar que era pintura.

Nunca me había afectado todo esto de la sangre, pero al parecer ahora estaba viendo las cosas desde otro punto de vista.

De pronto el hombre menudo, Bill, cambió se expresión.

—¿No lo conozco de alguna parte? —preguntó de inmediato, y tuve que agachar la cabeza por temor a que me reconociera.

—No lo creo —respondí antes de preguntar de nuevo, deseando salir de allí cuanto antes—. ¿Pueden venderme la sangre, o no?

Entre los dos se miraron y el más pequeño se encogió de hombros, como si no le importara mucho.

—De acuerdo —dijo el mayor—. La traen de inmediato.

Y sin más preámbulos, Bill desapareció por la puerta tras el mesón.

Se estaban demorando demasiado, y no quería ni imaginarme qué estaba pasando detrás.

Mientras yo miraba todo a mi alrededor buscando un punto neutro que no me hiciera pensar en "ciertas cosas", lo que por lo demás se hacía difícil porque había carne por todas partes y el olor era sumamente cargante, el hombre mayor no apartaba su vista de mí. Por fortuna, luego entró otro hombre que acaparó toda la atención de él, y yo quedé libre de momento.

Me sentí más aliviado, pero solo fue hasta cuando Bill volvió con una botella llena de un líquido rojo oscuro que llamó la atención del hombre que acababa de entrar, y que además trajo consigo una nueva ola de nerviosismo por lo que pudiese imaginar si me reconocía.

—Aquí está su pedido, señor —anunció el dueño, y a toda prisa me apresuré a pagar para poder salir de allí, preguntándome en qué había estado pensando cuando decidí entrar.

Traté de esconder la botella bajo mi ropa al salir de la calle, mientras recordaba el por qué lo había hecho, cuando una voz masculina me habló.

—¡Rob! —dijeron sujetándome del brazo izquierdo, y al girarme me di cuenta que era el mismo tipo que había entrado a la carnicería después de mí, un hombre como de mi altura, tez bronceada, y cabello y ojos oscuros.

Entre lo alarmado que estaba porque me hubiesen reconocido, ésta vez me percaté de algo que no me había percatado antes, y es que ese tipo llevaba una cámara fotográfica bajo el brazo.

—¿Esa sangre es para tu novia, la vampira?

Hola!

Siento haberlas dejado botadas tanto tiempo, pero aquí llegué otra vez

Espero que les haya gustado el capítulo, ya que van más cosillas por ahí. Es cierto que fue el que más me costó, pero espero que valga la pena para avanzar.