No tengo palabras para describir lo que estaba sintiendo así rodeada por sus brazos frente a la chimenea, después de tantas mentiras y de todos mi errores, estaba muy agradecida con la vida por la nueva oportunidad.
Todos habíamos fallado de una u otra forma, pero la vida se trata de eso; somos ciegos andando en una camino lleno de rocas, nos tropezamos y caemos pero siempre debemos levantarnos aunque nos cueste y quitarnos la venda de los ojos para ver y vivir mejor.
-Recuerdo como si fuese ayer la tarde que llegaste a mi consulta- susurro apretando su agarre en mi cintura.
Suspire de pura felicidad.
-Fue divertido y muy mágico. Me reí tontamente.
-Lo fue- concordó- Aunque debo admitir que estaba muy posesivo, cuando me pediste que te recetara anticonceptivos perdí las esperanzas- rió entre dientes. -Pero luego me dices que te lo auto recetaste por tu período.
Solté una carcajada.
-Si no funcionaba mi plan y me ignorabas, pensaba volver diciéndote que había perdido la virginidad con mi novio y a él se le había roto el condón en pleno acto. Reí tan fuerte que me ahogue.
-Mejor que no lo hiciste creo que hubiera sufrido un ataque. Su tono fue ácido.
-Celosito.- lo acuse.
-Sí- acepto- Y hablando de celos. ¿Qué paso con el chucho? preguntó.
-El chucho- repetí
-Jacob- aclaro.
-Ah... Hummm..... Bueno él es sólo mi amigo.
-OK.
-Alice estaba muy preocupada por ti. -Cambie de tema no me gustaba hablar de mi amigo ya mucho daño le había causado.
-Me lo imagino y ahora debe estar preocupada por tu secuestro.
-Exacto...Deberíamos llamarla. ¿Crees que podamos?
-Imposible deben estar rastreando todas las llamadas de la zona, deberías saberlo.
Asentí.
-Sabían tus padres quienes éramos.
Asentí.
-Sólo lo sabe Renee.
-Mi padre no creía que fueras policía.
Trague fuerte.
-Yo....-tartamudee- ¿Crees que lo apruebe?- inquirí nerviosa.
-Él me aconsejo que te buscara.
-¿Ah..., sí?
-Sí, no soportaba verme en lo que me había convertido, cuando él siempre quiso alejarme de esa mala vida dándome una buena educación.
-Entonces, ¿Por qué lo hace?-pregunte tratando de entender el punto de vista de su padre. Aspire su delicioso aroma para relajarme.
-Es un negocio de generaciones, además él cometió el error de jurarle a su padre que nunca lo dejaría. Movió su nariz sobre mi cabello.
-Ah. . . Ya es imposible que salga.
-Exacto por ello nos trasladaremos y cambiaremos de apellido para así despistarlos.
-Será difícil.- le advertí.
-Lo sé amor...-susurro trazando círculos en mis brazos.- Lo lograremos.
-¿Cuándo nos iremos?- inquirí con voz temblorosa, tratando de calcular el tiempo para poder despedirme de mis padres.
-Aún no lo sabemos- murmuro rozando su nariz en mi cuello.- Si les explicas a tus padres todo, quizá ellos si lo entienden y no quieren dejar de verte, puedan venir también. Claro que ellos llevarían su propia vida, no me gustaría y creo que a ti tampoco implicarlos.
-¿Harás eso?-inquirí.
-Haría todo por ti.
-Gracias- susurre. A Renee sería fácil convencerla, pero el problema sería Charlie, algo se nos ocurriría.
Guarde silencio unos minutos, tratando de trazar mi plan y asumir que saldríamos del país, quizá para nunca más volver o regresar en años. En realidad no me importaba para nada, a donde fuera él lo seguiría.
-Te extrañe tanto. . .-susurro besando mi cuello.
-Yo también mi vida...No te imaginas cuanto.
-Te necesito Bella.
Deshice su agarre en mi cintura y me puse de pie. Me quite el uniforme quedándome completamente desnuda frente a él. Aún conciente de mi desnudez y de mi rubor, nada me impidió dar un paso hacia él decidida a entregarle mi vida para siempre.
-Bella- susurro con voz ronca parándose para abrazarme.
Acaricie los músculos de su espalda trazando líneas imaginarias sobre ellos, bese su hombro por encima de su camisa y al hacerlo el gimió en mi oído. Un rayo de deseo me atravesó y me pego tan fuerte que capture sus labios con desesperación, mordiendo tenuemente su labio inferior, abrió su boca y la explore como jamás lo había hecho memorizándome cada rincón y deleitándome de su encantador sabor.
-Te amo y te deseo tanto...-Murmuro deslizando su dedo índice sobre uno de mis pezones que estaban erectos de deseo. Bajo la cabeza y lo tomo en su boca tranzando círculos con su caliente lengua sobre él o mordiéndolo hasta hacerme gemir y gritar su nombre de tanto placer.
Me removí desesperada para poder tocarlo, pero no me lo permitió. En cambio me recostó sobre el frío suelo de madera se quito la ropa dejando en evidencia su gran erección y me mordí el labio añorando sentirlo dentro de mí.
-¡OH!-gemí cuando separo mis piernas para hundir su cabeza en el centro de ellas, poso su lenguas sobre los labios de mi feminidad zigzagueando sobre ellos enviándome choques através de todo mi cuerpo. Rozo mi clítoris con su lengua un momento y luego la alejo. Lloriqueé un rato.
-Por favor- suplique retorciéndome.
-¿Por favor qué Bella?- preguntó mientras tomaba mi clítoris con sus dientes y le daba un leve mordico, lo soltó e introdujo dos dedos mientras con su lengua trazaba círculos sobre mi punto más sensible.
-Edward- grite llena de placer al sentir las olas que recorrían mi cuerpo. Sus dedos entraban y salían con más fuerza, me sentía en la orilla de un precipicio y cuando él mordió mi punto más sensible con tanta ternura, me deje caer en el.
Subió con una sonrisa picara hasta mi boca y me beso hasta hacerme jadear. Acaricio mi rostro con la yema de sus dedos, susurrándome cuanto significaba para él, simplemente estaba en la gloria.
Beso, mordisqueo y lamió desde mi cuello hasta llegar a mi ombligo, el cual lo acaricio con una ternura que le echaba más leña a la hoguera que estaba encendida en mi pelvis.
Mis jadeos, gemidos y gritos resonaban en las paredes de la cabaña, estaba segura que se escuchaban hasta la calle. El placer que sentía era insoportable, la sangre me hervía de puro deseo, cada una de mis terminaciones nerviosas estaba alerta, anhelando su roce y mi cuerpo no paraba de vibrar por cada una de sus caricias.
-Di que me deseas- exigió con voz ronca cargada de un deseo abrazador. Ese hombre me quería volver loca de placer, quería que le rogara, pues lo haría.
-Te deseo Edward- grite jadeando mientras el lamía uno de mis sensible pezones.-Tómame te lo ruego- me retorcí bajo su cuerpo tratando de tocarlo, cuando al fin lo alcance lo tome en mis manos, estaba duro, caliente y palpitante.-Basta por favor- suplique a punto de sollozar.
Separo mis piernas y las levanto colocándolas en sus hombros, con su dedo índice trazo una línea en mi feminidad, que me hizo proferir un grito gutural.
-¡OH! Edward te deseo tanto.-susurre.
Entro en mí lentamente, tomándose su tiempo, cuando lo sentí por completo, absolutamente todo encajo. Él era mi vida, mi aire para respirar, la razón de mi existir, y yo era lo mismo para él, en simples palabras su otra parte y juntos éramos uno solo.
Entraba y salía de mí con deliberada lentitud, torturándome. Mis gemidos entremezclados con los suyos inundaban la sala. Acaricie su pecho, jalando sus tetillas erectas bajos mis dedos, llevándome la satisfacción de oírlo jadear y gemir mi nombre.
Grite cuando aumento el ritmo de las embestidas, deje caer la cabeza y me concentre en observar al hombre que se encontraba unido a mí haciéndome el amor, convirtiéndonos en unos solos. Su perfecto rostro de dios griego, mostraba su placer con cada embestida, con cada encuentro cuando chocaban nuestras caderas y sobre todo con la certeza de que esto era real, que volvíamos a estar juntos y no era parte de un sueño.
La cabeza me daba vueltas, mientras sentía como se extendía el éxtasis desde mi cabeza hasta la punta de mis pies, y de pronto con una última embestida con un gruñido por parte de Edward cuando mis paredes abrazaron a su sexo, todo un festival de fuegos artificiales explotaron en mi interior, haciendo que gritara al mundo cuanto amaba a ese hombre y recibiendo por parte de él la misma respuesta.
Se desplomo sobre mi jadeante a igual que yo, lo abrase para jamás dejarlo ir, ojala y pudiéramos estar así siempre. Abrazados, siendo un solo ser, eso si que era maravilloso, pero a parte del deseo sexual sabía que compartíamos algo increblantable, y me encargaría de que fuera así el resto de nuestra existencia.
Un silencio sobrecogió la cabaña, solo el sonido de nuestras respiraciones se hacia audible, no era para nada un silencio incomodo, todo lo contrario no había palabras para describir el amor, la pasión y el deseo que se respiraba. El increíble significado de nuestro encuentro. Sentía que caminaba sobre las nubes de tanta dicha.
Rodó sobre la fría madera, llevándome con él. Coloque mi cabeza en su pecho acariciando su cintura, estábamos desnudos cubiertos de sudor, tanto por la chimenea como por lo que acabábamos de compartir. Deslice mi nariz por su pecho musculoso, aspirando su aroma y pase la lengua por el, saboreando su sabor entre dulce y salado, pero delicioso.
Beso mis cabellos, se enderezo y me tomo en brazos. Apoye mi cabeza en su pecho, subió las escaleras con lentitud hasta llegar a una hermosa recámara, revestida con paredes de madera fina. Me dejo sobre la cama y observe que estaba muy excitado y una cascada recorrió mis piernas. Comenzamos la danzaba nuevamente, y varias veces más hasta dejarnos caer en un profundo sueño.
Eran las nueve de la mañana cuando desperté. Cerré los ojos con fuerza temiendo que todo lo ocurrido fuera un sueño o parte de mi fantástica imaginación. ¿Y si era así?, sería demasiado doloroso despertar sin él.
-Buen día amor.
-Buen día.
-¿Cómo amaneciste?
-Maravillosamente. Sonreí.
Lo oí reír por lo bajo.
-Me alegro porque ya somos dos.
Bese su pecho abriendo los ojos para encontrarme con sus hermosos ojos verdes.
-¿Quieres desayunar? Trate de salir de la cama, pero él me lo impidió dándome un beso que me dejo prácticamente sin respiración.
-Preparemos el desayuno juntos.-propuso.
Asentí sonriente.
Bajamos a la cocina entre besos y caricias. Ya allí, mientras Edward se encargaba de preparar el café y cortar un poco de fruta, yo preparaba pancake y pan tostado con mermelada de melocotón.
-Está muy equipada- comente cuando abrí el refrigerador y lo vi lleno de alimentos.
-Una señora se encarga de venir a limpiarla y comprar comida.- dijo mordiendo un trozo de melón.-Ya sabes por si se presenta una eventualidad como está.
-Hummm.....-murmure virando el pancakes para que no se quemara- ¿Qué hacen cuándo no vienen, quiero decir con la comida?- inquirí.
-La señora se la lleva-respondió.
-OK.
Desayunamos riendo y poniéndonos al tanto de todo lo que había pasado en el tiempo que permanecimos separados.
Nos duchamos, volviendo a amarnos apasionadamente. Edward me dio ropa de Alice que había dejado en la cabaña y por fortuna me quedo.
-¿Cuándo crees que podamos salir?-pregunte cuando veíamos televisión acurrucados en el sillón.
-No lo sé, ¿Quieres irte?
Negué agitando mi cabeza tanto que me maree y el rió.
-Tonto....Bese su nariz.
-Quizá mañana deba llamar a mi padre.
-Es lo más seguro. Baje el volumen de la televisión.
El sonido del timbre nos alarmo. Edward corrió a un cajón secreto y me tiro un arma y tomo otra para él.
-Estás cargada-susurro bajito.
Nos acercamos a la puerta sin hablar, el timbre volvió a sonar.
-Edward ábreme la maldita puerta, sé que estas allí. Dijo una voz ronca
-Ah. . . Emmet.
Abrió la puerta con sumo cuidado y Emmet acompañado por la chica secuestrada entraron hechos un desastre. Ayude a la chica a sentarse quien temblaba de frío y me imagino que de miedo.
-Espero que no le hayas hecho nada Emmet- dijo su hermano gruñendo y observando a la chica.
-No...-tartamudo la chica a quien le castañeaban los dientes.-Él no me ha hecho nada.
-¿Cómo supiste dónde estábamos?- pregunto Edward.
-Intuición- respondió.-Hola Bellita. ¿Cómo estás?
-Perfectamente- le sonreí.-Pueden hacer un té para...
-Jane- dijo Emmet mirándola con ternura.
-¿Pueden?
-Claro- susurro Emmet y salieron a la cocina.
-Espera un momento, voy por una manta- le susurre a Jane y esta asintió.
Corrí escaleras arriba hacia la recámara principal tome unas toallas y sábanas, baje y se las coloque encima de sus hombros, se aferro a ellas temblando levemente.
-Aquí está- dijo Emmet dándole la taza de té.
La chica bebió un poco y se relajo.
-¿Dónde piensan dejarla?- les pregunte.
-Ella se ira con nosotros.- respondió Emmet mirando con mala cara a Edward quien fruncía el ceño.
-Maldita sea- exclamo Edward.
Hasta no oírlo exclamar la maldición, no había prestado atención al sonido de unos helicópteros que se acercaban.
-Es la policía.
-Lo sé.
Emmet hablaba por celular gritando y dando órdenes.
-Tenemos que correr por la parte trasera de la cabaña, un auto nos estará esperando.- dijo Emmet.
Los helicópteros se oían cada vez más cerca.
-Ya vámonos- ordeno Edward.
Observe como Jane miraba a Emmet quien estaba anonado contemplándola.
-¿Quieres irte con nosotros?-le pregunte tomando su mano y sonriéndole.
Miro a Emmet y este bajo la cabeza.
-Nos tenemos que ir- nos apresuro Edward.
-Sí...-susurro Jane y se levanto del sillón para tomar la mano de Emmet, este sonrío como tonto.
Salimos por la parte trasera de la cabaña. Edward tomo mi mano y empezamos a correr seguidos de su hermano y Jane. El sonido de los helicópteros sobre nuestras cabezas no nos importo, lo importante era llegar al auto para empezar una nueva vida.
Aún no sabíamos lo que nos depararía el destino.
Hola....Chicas aquí un nuevo capítulo de La Misión.
Espero les guste. Y dejen sus reviews a ver que tal ¿?
Hummm....Estoy escribiendo una nueva historia pero es un poco fuerte, por lo que decidí crear un blog para publicarla. La dirección está en mi perfil espero se pasen por allí y comenten a ver que tal les pareció.
SE LES QUIERE DE GRATIS....
BESOS Y ABRAZOS.
Lu393
