No sé hacia donde voy, sólo espero encontrar un camino para continuar… Esta historia no parece tener final…

Hola Sweetcarmeen atendiendo a tus preguntas he decido responder a través de los capítulos. Espero logre contestar poco a poco tus preguntas. Efectivamente las letras en negrita son dichas por Cindy. Lo demás espero responderlo dentro del texto, no he podido responder a todas tus dudas, pero será de poco en poco. Espero disfrutes esta lectura al igual que las otras. Y finalmente no sé si será un KaHil, sólo el tiempo me lo dirá… Saludos…

Gracias por sus lecturas…

Beyblade no me pertenece…

Capítulo IV Algunas Respuestas… Primera Parte

Sentía que no podía respirar bien… Sudaba frío… Taquicardia…

¿Estás bien, Kai? Te ves muy pálido. –

Quería contestarle a la castaña, pero no pudo. Sus pulmones necesitaban aire, su corazón debía detenerse… Su padre se asustó y se acercó a ver qué le ocurría. Lo más temido… Su cuerpo rechazaba el corazón.

¿Te herí demasiado?

Sin más Hilari corrió a ver lo que ocurría. Kai en un esfuerzo por jalar aire movía sus manos, como si con ello fuera a llegar el oxígeno. Su mano izquierda mantenía la mano aforrándose al dolor físico del corazón. Susumo supo que hacer y llamó a la ambulancia. Los chicos miraban sin poder moverse, sin poder reaccionar. Hilar sostuvo su mano mientras sentía la presión que ejercía en un intento por calmar el dolor. Segundos después sólo pudo sentir como el agarre desapareció. Ahora yacía inconciente en la cama. Susumo se apresuró a revisar el pulso y lo que temía… Inició a dar un masaje cardiaco. La ambulancia no debía tardar. Escucharon la sirena. No esperó más y tomó a su hijo. Lo llevó hasta la sala y los paramédicos ya arrastraban la camilla. Lo colocaron, no había tiempo… Una vez en la ambulancia los impulsos eléctricos en un intento desesperado para que volviera a latir. Pulso débil…

Aterrados ante la situación decidieron ir al hospital y ver qué es lo que ocurría. Todos estaban preocupados. El Sr. Dickenson fue informado de inmediato. A pesar de no tener la custodia legal para esos momentos, seguía manteniendo su preocupación por el chico. Médicos iban y venían.

– Sr. Hiwatari – llamó un médico.

– ¿Cómo está mi hijo? – inquirió presuroso.

– Por ahora está estable. Llegó justo a tiempo. –

– ¿Qué fue lo que le ocurrió? ¿Otro ataque? –

Negó con la cabeza…

– No, Sr. Hiwatari. El cuerpo del muchacho rechazó el corazón. –

– ¿Pero cómo es eso posible? ¡Tenía ya varios meses…! –

– Lo sé y lo entiendo, pero el rechazo pudo haberse presentado incluso en diez años en el futuro o nunca. –

– ¿Y qué va a ocurrir ahora? – preguntó angustiado.

– Tranquilícese. Por ahora estará bien. Será necesario tomar algún medicamento para evitar este tipo de reacciones, algunos cuidados, pero si se cuida tendrá una calidad de vida bastante buena. –

Agradeció esas palabras…

Pensé en lo mucho que lo herí. Me siento culpable, aunque sé que él también experimentó el mismo dolor…

Mira, Kai, ella es Ángela ¿por qué no le das la bienvenida? – dijo una mujer de cabello castaño y piel nívea.

¡Anda, acércate! – lo animó un hombre. – Ella es tu nueva hermanita. –

– Vas a estar bien, Kai – susurró su padre al oído.

Dormía en la cama de hospital. Su corazón estaba resistiendo, luchaba por mantenerlo vivo.

– ¿Cómo está, Kai? ¿Tuvo otro ataque? – inquirió nervioso Tyson al ver salir a Susumo de la habitación.

Lanzó una sonrisa tímida.

– Estará bien, fue sólo un susto. – trató de conciliar.

– Pero, era como el día… – guardó silencio.

– ¿Estuvieron presentes? – preguntó.

– Estábamos entrenando cuando pasó. Creímos que era su ánimo… – Ray

– Debió ser difícil verlo en esa situación, pero ahora estará bien, sólo fue un pequeño infortunio. El médico dijo que estaría bien. – quiso que esas palabras también lo reconfortaran.

Era honesto, temía perder una vez más a su hijo, era demasiado. Había experimentado el dolor de perder a sus hijos, accidente y… Suicidio. A pesar de que Voltaire le había dicho en un principio que la muerte, supuesta, de Kai había sido a causa de un accidente, en el fondo quería que fuera una mentira. Deseaba llorarle a su hijo y suplicar el perdón por haberlo abandonado. A tanta insistencia Voltaire mintió una vez más.

– Tu hijo se suicido – fueron las palabras frías de Voltaire.

– ¡Eso no puede ser verdad, era tan solo un niño! – se desgarraba.

– Aunque no lo creas, Susumo, saltó por la ventana gritando tu nombre, el de su madre y el de Ángela. Ya entendía lo que pasaba, no era un niño tonto. Así que supéralo, Susumo. ¡Tu hijo está muerto y es tu culpa! –

Esas palabras lo destrozaban, había sido su culpa. Se culpó, se sumergió en la depresión. Lloró por días, semanas, meses. ¿Cómo pudo haber perdido todo? Primero su esposa y su hija, luego el único ser que lo necesitaba y él lo había abandonado, su tristeza lo había cegado y finalmente terminó por ser una pesadilla de la cual él era el verdugo. Lo sabía, en algún momento había sido egoísta. La vida le brindó la oportunidad de remediar aquel mal escenario. Quería estar con su hijo. Luego de terminar las terapias y de contar con sus amigos, había dejado todo atrás, hasta que lo vio. Sabía que era él, lo hubiera reconocido en el mismo infierno… Su cabello bicolor, la piel pálida, los ojos de su amada. ¡Era su hijo! ¡No estaba muerto! Presuroso llamó a Voltaire. Se rió de él. El sonido tétrico de un hombre burlándose de la desgracia ajena, de la misma oscuridad que había vertido en el corazón de un pobre incauto, de su inocente hijo. Buscó la manera de acercarse a él y estuvo a punto de hacerlo durante el torneo de BEGA, pero una duda cayó sobre él… ¿Cómo iba a reaccionar su hijo? Se contuvo en varias ocasiones, quería abrazarlo y suplicar por perdón. Fue una decisión difícil, pero al final la más apropiada en ese tiempo. Se puso en contacto con el Sr. Dickenson, accedió a ayudarlo, sin embargo la decisión dependía de Kai. Luego lo abrazó y pidió perdón. Al escuchar el rechazo se heló. ¿Qué le habían dicho? Lo abandonó, lo sabía, pero ¿por qué tanto rencor o tal vez desgano de verlo? En ese momento no conocía el estado de salud de su hijo, aunque pudo notar el tono pálido de su hijo al verlo, pudo sentir el fuerte y forzado latir de su corazón cuando lo envolvió en sus brazos… Luego su llamado lo sorprendió. Creyó que era por verdadera voluntad. Se sintió dolido al saber que había recurrido a él sólo para alejarse del mundo, mas era un comienzo. Escuchó cada indicación para sus cuidados. Kai parecía renegar a todo, deseaba más que nunca morir, dejar su triste y vacía existencia allí, dejar de pelear, hasta que apareció.

Con una sonrisa cambió su mundo. Lo veía fruncir el ceño y al final asentar con una rara expresión de confusión en el rostro. Le robaba respuestas con tan solo mirarlo a los ojos. Podía ver a través de su mirada lo que eso significaba. La quería de vuelta y tuvo la oportunidad. Miró el reflejo de Ángela. Su cabello, sus facciones, sus ojos, ¡podría haber sido su hija! Tal vez lo había engañado… No, había reconocido el cuerpo entre los escombros. Eso lo confundió. Su hijo escuchaba atento y feliz cada plática, sonreía al verla reír, sonreía al verla, tan solo con verla. Era como volver a casa y ver la felicidad envolviéndolo en un sueño hermoso… Ciertas cosas lo desconcertaban. No entendía mucho de esa amistad, luego la confusión al decir que eran novios, no estaba entendiendo…

Me ofreció un hogar, le ofrecí mi corazón. Lo amo y él me ama. Lo sé. Cada minuto a su lado me sentí feliz. No era nuestro juego, era el amor. Yo lo amo y me duele verlo sufrir. Él me ama y me duele… No quise dejarlo, no quise abandonarlo, no quiero que se sienta triste, yo lo amo y no quiero verlo sufrir.