Si el camino me lleva lejos del dolor, entonces lo seguiré, pero si el camino me aleja de ti, entonces prefiero sufrir…

Beyblade no me pertenece…

Saludos, gracias por sus lecturas y espero sus comentarios…


Con una sonrisa cambió su mundo. Lo veía fruncir el ceño y al final asentar con una rara expresión de confusión en el rostro. Le robaba respuestas con tan solo mirarlo a los ojos. Podía ver a través de su mirada lo que eso significaba. La quería de vuelta y tuvo la oportunidad. Miró el reflejo de Ángela. Su cabello, sus facciones, sus ojos, ¡podría haber sido su hija! Tal vez lo había engañado… No, había reconocido el cuerpo entre los escombros. Eso lo confundió. Su hijo escuchaba atento y feliz cada plática, sonreía al verla reír, sonreía al verla, tan solo con verla. Era como volver a casa y ver la felicidad envolviéndolo en un sueño hermoso… Ciertas cosas lo desconcertaban. No entendía mucho de esa amistad, luego la confusión al decir que eran novios, no estaba entendiendo…

Me ofreció un hogar, le ofrecí mi corazón. Lo amo y él me ama. Lo sé. Cada minuto a su lado me sentí feliz. No era nuestro juego, era el amor. Yo lo amo y me duele verlo sufrir. Él me ama y me duele… No quise dejarlo, no quise abandonarlo, no quiero que se sienta triste, yo lo amo y no quiero verlo sufrir.

Capítulo V Algunas Respuestas… Segunda Parte

– Yo sólo espero que esté bien y que salga adelante. – agregó Hilari interrumpiendo a Susumo, se veía perdido en pensamientos.

– Estará bien, Hilari, Kai siempre ha sido un chico sorprendentemente fuerte. –reconfortó Max.

– Max tiene razón, Hilari. Kai siempre nos ha mostrado lo fuerte que es, ¿o ya olvidaron todo lo que soportó con el juicio y Voltaire, o qué tal lo de la Abadía? No, Kai no se rendirá en esta batalla. – pronunció Tyson muy seguro de sus palabras.

– Mi hijo estará bien. ¿Por qué no mejor van a casa a descansar? Creo que les hace falta. – sugirió Susumo.

– No, estaremos aquí hasta que Kai esté bien. – negó Ray.

– Gracias por su preocupación, pero es enserio, se ven cansados y Kai estará bien. Sólo fue un pequeño susto. El médico me ha dicho que lo darán de alta por la tarde, luego de que revisen los análisis y todo eso. –

– Sabemos que estará bien, Sr. Hiwatari, pero Kai es nuestro amigo y queremos acompañarlo de regreso a casa, si no es mucha molestia para usted. – se animó Kenny a hablar.

– Gracias por el apoyo – fue todo lo que pudo dar por respuesta.

Caminó hacia donde se encontraba la habitación de su hijo. Se adentró en ella y pudo a ver a Kai todavía dormido. El efecto del sedante se iría de un momento a otro. Se sentó a un lado y removió un poco el cabello de Kai de su rostro.

– ¡Kai! – soltó en medio de un suspiro. – Todo estará bien, no dejaré que te pase nada, hijo. –

Susumo acomodaba las sábanas que cubrían a su hijo. Kai lucía tranquilo, aunque en su expresión se podía leer una tristeza latente.

– Ángela… – susurró entre sueños.

– ¿Aún la recuerdas? – preguntó al aire.

Kai no había despertado.

– Me siento culpable de todo esto… Si no te hubiera abandonado tan cobardemente, tal vez ahora estarías bien, sin dolor, sin enfermedades, rodeado de amigos, rodeado de un poco de felicidad… – cerró los ojos fuertemente para evitar que las lágrimas lo traicionaran.

– No tienes la culpa de nada… – escuchó Susumo.

Ese había sido el mismísimo Kai. Había despertado recién y había escuchado lo que su padre le susurró. Miraba hacia donde se encontraba su progenitor…

– ¿Podrías dejarme solo? – continuó luego de voltear hacia otro lado.

– ¿Pensabas en Ángela? – preguntó ignorando la petición de su hijo.

– Pensaba en muchas cosas… – musitó entrecerrando los ojos.

– Ha pasado mucho tiempo… –

– No lo suficiente para que desaparezca de mi cabeza – interrumpió.

– Eso tampoco es tu culpa – intentó reconfortarlo con su mano.

– Sí lo fue, así como esta última vez… Si tan solo no existiera… –

– ¡No digas esas tonterías, Kai! – exclamó con rabia. – Fue un accidente más en la vida. Pudo pasarnos a nosotros. –

– No son tonterías. Tú mismo me lo dijiste alguna vez, ¿no es cierto? – lo miró a los ojos.

Intentó responder, pero no pudo. En su garganta se formó un inmenso nudo que no le permitía emitir sonido.

– ¡Si no hubieras insistido en volver antes estaríamos aún juntos! – le gritó Susumo.

– Papá… –

– ¡No me llames así!, ¡todo esto es tu culpa! – se giró y salió de la habitación en la que se encontraba.

Se quedó allí, de rodillas, mirando la puerta por donde se había ido. Su pequeño cuerpo se estremeció. Se abrazó, cerró los ojos y lágrimas escaparon sin cesar.

– Estaba enojado conmigo mismo, ni una de esas palabras eran verdad, Kai – pronunció al fin.

– Para mí sonaron muy verdaderas, pero ya no importa ahora. Ya no importa lo que haya pasado, no están aquí. Ni mamá, ni Ángela y ahora… – cayó un poco – Ahora tampoco está Cinthya… Cindy. – aspiró hondo. – ¡Qué irónico!, ¿no? –

– ¿A qué te refieres? – se sentía confundido.

– Mi madre murió junto con mi hermana por un berrinche mío… Y Cinthya… Cindy murió y el deseo de verme vivir hizo ésto. ¿Sabes? Creo que Voltaire siempre dijo la verdad. –

– ¿De qué hablas? ¿Qué fue lo que te dijo Voltaire? –

– Siempre me dijo que… – hizo una pausa para pasar saliva – me dijo que tenía la habilidad de deshacerme de las personas que me rodean y creo que tiene razón. De alguna u otra forma lo consigo. Primero fue un berrinche, luego fueron las consecuencias provocadas por mi berrinche, hace poco mi orgullo hizo que alejara a mis amigos, y ahora una enfermedad… ¿Sabes cómo me siento? – lo miró fijamente. Al no recibir respuesta continuó – Eso pensé, no sabes cómo me siento, pero eso tampoco importa ahora únicamente quiero estar solo… –

– Kai… – interrumpió. – Me equivoqué al decirte todo eso en aquel tiempo. Pensé mucho en ello, sé cómo te sientes ahora y sé también que es en parte mi responsabilidad, yo te fallé como padre y falle como persona, pero tú no has fallado, no alejas a nadie. Voltaire siempre miente, como te mintió a ti, como me mintió a mí… – bajó su tono de voz.

– ¿De qué hablas? – preguntó intrigado por aquella última frase.

– Poco después de irme y dejarte con Voltaire, recapacité e intenté volver por ti, pero… – las palabras no querían fluir – pero mi padre me dijo que habías muerto en un accidente. –

– ¡¿Qué? – se estremeció al escuchar aquello.

El monitor cardiaco mostró señas de un corazón alterado.

– ¡Cálmate! – sugirió su padre levantándose del asiento. – No debes alterarte, creo que no debí… –

Kai sujetó su muñeca para que no se moviera, Susumo lo miró extrañado y detuvo sus acciones.

– ¿Qué fue lo que te dijo Voltaire? – preguntó sin soltar a su padre.

Sus latidos volvieron a la normalidad como si nada lo hubiese molestado…

– Creo que no es buena idea hablar de eso ahora, debes descansar, pronto de darán del alta y… –

– ¡Quiero una respuesta ahora! – demandó con el entrecejo fruncido.

– Kai… Yo…. –

Soltó su mano y se giró hacia otro lado…

– Nunca obtuve respuestas reales de nadie, quiero por primera vez en la vida escuchar tu versión, quiero saber qué fue lo que pasó contigo realmente. – su voz era apagada, triste.

– Kai… –

– Si no vas a darme una respuesta… Entonces es mejor que te vayas, ya tengo suficiente con este dolor incrustado como para soportar más silencio acerca del tema… – interrumpió molesto notando que su padre se excusaría.

– Por favor, Kai, no creo que sea el momento. –

– Es el momento ahora – recalcó con frialdad. – ¿Por qué me culpaste de sus muertes? ¿Por qué si ahora es la misma situación me dices que no es cierto? ¿Por qué me haces esto? – sus lágrimas rodaron una vez más.

El monitor cardiaco comenzó a marcar un ritmo acelerado. El médico entró en el preciso momento…

– ¿Qué está ocurriendo? – preguntó el médico al notar el sonido.

– ¿Por qué no me respondes? – lo miró fijamente ignorando la nueva presencia.

– Sr. Hiwatari, creo que lo mejor es que abandone la habitación, Kai se está alterando demasiado… – pidió.

– No, yo quiero saberlo ahora – demandó intentando levantarse.

El ritmo estaba comenzando a elevarse de nuevo.

– Kai, tranquilízate – pidió el médico. – Esto no es bueno para tu corazón. – le susurró.

– Este corazón no es mío, es de Ángela… Es… Es de Cindy… – sollozó.

El médico supo que no se controlaría, llamó a la enfermera y le aplicaron un sedante. Se retorció por unos instantes hasta que el sedante le hizo efecto.

– Sr. Hiwatari, su hijo tendrá que permanecer aquí hasta que se encuentre más tranquilo… Sugiero que reciba terapia lo más pronto posible, no parece estar muy bien. –