Beyblade no me pertenece…

Gracias por sus lecturas, espero recibir sus comentarios y sugerencias… El final se acerca…


Si pudiera calmar este dolor lo haría… Este ardor en el pecho, esta opresión no me deja pensar…


Este corazón no es mío, es de Ángela… Es… Es de Cindy… – sollozó.

El médico supo que no se controlaría, llamó a la enfermera y le aplicaron un sedante. Se retorció por unos instantes hasta que el sedante le hizo efecto.

Sr. Hiwatari, su hijo tendrá que permanecer aquí hasta que se encuentre más tranquilo… Sugiero que reciba terapia lo más pronto posible, no parece estar muy bien. –

Capítulo VI Fuga

¿Podrías soportar un poco más? Ángela está a mi lado y tiene un mal presentimiento, no quiero que tenga razón, pero ella está muy segura quiere ir y abrazarte. Quiere decirte lo mucho que te ama, lo mucho que te extraña y lo mucho que vales…

La habitación quedó vacía, únicamente su cuerpo ya casi marchito por la desesperanza quedaba allí dentro. El monitor cardiaco indicaba un decremento en el palpitar, quería extinguirse…

Susumo caminaba de un lado a otro, no quería dañarlo más, pero Voltaire creó todo ese daño, creó todas esas mentiras la pregunta era '¿Por qué?'. ¿Por qué hizo todo eso? ¿Por qué mintió sobre la muerte de Kai? No había más que puros cuestionamientos y su corazón tampoco soportaría más. Ya había perdido toda una vida con su hijo, tenía que saber lo que estaba pasando. A Kai le acababan de administrar su sedante, no despertaría hasta el día siguiente, entonces lo decidió, Voltaire tenía que tener las respuestas… Se excusó diciendo que iría por algo de ropa para Kai, al día siguiente sería dado de alta y no quería separarse por mucho tiempo, aprovecharía que ahora él descansaba…

Los chicos se turnaron para velar por el ruso. El primer turno fue para Kenny, estaban seguros de que sería lo mejor; todo en calma. El segundo turno fue par Max, un pequeño sobresalto durante el sueño y nada más; todo en orden. El tercer turno fue para Ray, revisión de rutina, vitaminas; tranquilidad. El penúltimo turno estuvo a cargo de Tyson, se quedó dormido en el pequeño sofá que había dentro de la habitación, los tranquilos latidos lo habían arrullado; todo en calma. El último turno sería de Hilari… Entró a la habitación, Kai no despertaría hasta el día siguiente y la hora de visita ya se terminaría, Susumo no debía tardar. Tomó asiento en el sofá. Lo miraba de vez en vez intentando despejar esos sentimientos que la inundaban, tenía un mal presentimiento. Pasó la primera media hora leyendo un libro, pero los latidos que marcaba la máquina no la dejaban concentrarse, se sentía abrumada. Cerró su libro y caminó hasta posarse en la silla de un costado. Recuerdos a su mente de cuando se conocieron por primera vez, recuerdos que corrían de un lado a otro trayendo sentimientos buenos y amargos…

– Kai, aún recuerdo cuando te vi la primera vez en una pequeña fotografía… – acarició su mejilla, removía su grisáceo cabello para ver ese rostro que le atrajo desde la primera vez. – Me ignoraste, – sonrió para sí – eso te daba un aire especial. –

Kai se removió y un pequeño quejido brotó de sus labios.

– ¿Estás bien? – preguntó asustada, mas no recibió respuesta. – Olvidaba que tenías un sueño profundo. – lanzó un suspiro. – Siempre me preocupé por ti, no estaba muy segura de porqué hasta que pasó todo esto, si te lo hubiera dicho antes de que todo esto pasara, tal vez no hubieras pensado que este sentimiento era amistad o lástima. – le decía bajito mientras pasaba la yema de sus dedos por la mano que atendía la intravenosa. – Debiste odiarme por mi confesión, mira que enviarme a los brazos de Tyson no fue tan divertido. – hizo una sonrisa llena de melancolía – Pero no te preocupes, lo entendí, amabas a Cindy. – tragó saliva y una lágrima escapó.

Un ligero movimiento y la mano de Kai ahora sostenía la de la castaña, la apretó suavemente, mientras una lágrima rodó…

– Ángela… – dijo entre sueños. – No te vayas, por favor – suplicó.

Su mano se aferró más y un hilillo de agua salada siguió su libre curso. Hilari quedó petrificada ante esta acción, ¿la confundía? ¿Quién era Ángela? Espero unos minutos, pero el agarre no cedió, por el contrario ahora era más fuerte que en un principio…

Está a tu lado, protegiendo nuestro corazón, el que ahora compartimos… Ángela está preocupada, dice que teme no poder estar en el momento indicado, yo le he dicho que no estás solo. Si nuestros frágiles pensamientos no estuvieran mermando tu mente esto no pasaría…

– Creo que estás teniendo un sueño intranquilo – dijo en voz baja mientras veía el rostro de Kai hacer algunos gestos de dolor. – Estoy segura de que no es tu corazón, el monitor dice que todo está normal. – miró unos minutos el monitor, no marcaba alteraciones. – Podría ser tu sueño, aunque no estoy segura se sea bueno o malo. Veo que aún sujetas mi mano, me gustaría que lo hicieras despierto y en otras circunstancias. – más lágrimas nublaron su vista. – En fin, las personas no podemos decidir por otras y menos por ti, eres tan diferente, tan especial – lanzó un suspiro. – Por eso me enamoré de ti. –

La soltó de su agarre y entonces Hilari pudo notar que sus dedos no sentían nada, la circulación hizo perder el sentido del tacto por unos minutos. Sus mejillas estaban llenas de lágrimas secas y sus ojos un poco hinchados, decidió entrar al sanitario y lavar su rostro, no quería alarmar a nadie y menos al Sr. Hiwatari. Frotó un poco su rostro y luego lo secó con una toalla blanca, se miró al espejo y se sonrió; apenas y se notaba la hinchazón de sus ojos marrones. Finalmente lavó sus manos y salió del sanitario. ¡Sorpresa!: ¡La cama estaba vacía! No hay rastros de Kai.

Susumo se encaminó hacia su automóvil. Abrió la puerta, encendió el motor y partió, su destino: el reclusorio. El camino fue corto, pero angustiante. Su mente estaba inundada de preguntas que le haría a su padre, quería la verdad: ¿Por qué mintió? Aceleró un poco, la marcha era forzada para el motor. A unos metros pudo divisar la prisión, su pecho le delataba la rabia, su presión sanguínea aumentó. Se aferró fuertemente al volante, la palidez en sus manos a causa de la fuerza impresa era muestra de ello. Aceleró un poco más. Detuvo su marcha bruscamente, bajó de su automóvil negro y se encaminó hacia la entrada. Un guardia lo cuestionó sobre su visita, prosiguió a una revisión rutinaria y pocos minutos ya estaba dentro. Celda a celda fijaba su mirada con nerviosismo, cada una le aproximaba a la que esperaba. Celda 133, segunda planta.

– ¡Susumo! – exclamó con arrogancia. – No esperaba tu visita. – frunció una mueca.

– No vine a saludarte, vine por respuestas – pronunció conteniendo su ira.

– Mmm… Respuestas – dijo burlón – ¿Respuestas a qué preguntas, Susumo? – eran tan despreciable su rostro.

Susumo quiso morir en ese instante, ¿cómo un hombre podía burlarse de la desgracia de los otros? Quiso lanzársele a golpes, el guardia que lo acompañaba pudo ver su furia y con tan sólo unas palabras logró estabilizar su temperamento…

– Tiene quince minutos. – pronunció dando media vuelta.

– ¿Por qué me mentiste? – inquirió una vez que el guardia iba unos metros lejos de ellos.

– ¿Yo mentir? No recuerdo haberte mentido nunca – su voz era despreciable, jactanciosa.

– No finjas conmigo, Voltaire. Sabes bien a qué me refiero. –

– En realidad no, Susumo. – su mirada se afiló en los ojos de su hijo. – Se más claro, los negociosos así son. – pronunció con ironía.

– No sé cómo pude creerte. – siseó furioso.

– Estupidez, Susumo, estupidez. – hizo una sonrisa de medio lado.

Con toda su voluntad se contuvo para no saltar y empuñar sus manos en el rostro de ese ser despreciable…

– ¿Por qué nos engañaste de esta manera tan absurda? – Sus ojos ardían en furia.

– ¿Por qué iba a ser? Poder, Susumo, poder. – hizo un gesto de no entender a lo que el viejo se refería. – Tú insistías en ese jueguito absurdo, lo preferiste antes que a tu propio hijo. Y yo… – meditó unos segundos – Yo necesitaba a alguien a quien usar, tú no lo querías y yo lo necesitaba, era el plan perfecto; pero siempre supe que volverías por él, así que te dije que se había muerto en un accidente, pero tu amor paternal y tu arrepentimiento seguían molestando a mis planes, tuve que hacerlo, Susumo. – ahora su tono era como quien se justifica de manera saludable. – Además velo ahora, fuerte, arrogante, poderoso… –

– Enfermo, deprimido, casi muerto – interrumpió.

– ¿De qué demonios estás hablando? – crispó molesto.

– Kai se enfermó del corazón. Fue sometido a un transplante y ahora tus mentiras… ¡Tus mentiras le dañan el alma! –

Rió cínicamente.

– Entonces no sirvió de nada el entrenamiento al que lo sometí – se carcajeó un poco. – Bueno, eso ya no importa, ya no sirve para nada. Ahora si me disculpas… – se giró para darle la espalda. – Estoy esperando una llamada para ver mi traslado a Rusia, allá sigo siendo influyente ¿sabes? – rió un poco más.

– ¡Eres un infeliz! – gritó furioso.

– Yo que tú moderaba mi carácter y me daría prisa, no querrás que esta vez si se suicide, si es que está tan mal como dices, Susumo. –

Diciendo esto último un guardia llegó para avisarle que tenía una llamada de su abogado. Le dio la espalda en su totalidad y se alejó de Susumo.

– Espero que te equivoques, Voltaire. – susurró para sí – Kai es fuerte, ¡Kai es fuerte! – gritó desesperado.

Lo escoltaron hasta la salida, tomó su automóvil de nuevo y aceleró hasta donde la máquina pudo. Arribó al hospital, sólo quería abrazar a su hijo y decirle que nunca más lo abandonaría, que nunca más se alejaría de él, que todo estaría bien y que todos estarían juntos…

Vio una pequeña multitud cerca de la habitación de su hijo, se acercó a prisa sintiendo una opresión en el pecho…

– ¿Cómo está Kai? – preguntó sin demora y sin ocultar su preocupación.

– Kai se fugó – fue la respuesta que recibió por parte de Tyson.

Lo buscaban por todo el hospital, personas iban y venían…

– Las extraño – susurró al viento mientras éste le golpeaba el rostro y le agitaba el cabello a capricho. – Ya no quiero más… –

¡Detente! Ángela y yo estamos a tu lado…