MI GATO GUARDIÁN


Capítulo XVI

Carta Inesperada

Al día siguiente de mi recuperación perfecta, estaba en casa, Sasuke se había quedado a dormir en la pieza de las visitas, y a cada hora me iba a ver cómo me encontraba, tapándome o trayéndome un vaso con agua, ayudándome con lo que pudiera. Era de mañana cuando por fin había abierto los ojos, no logré dormir bien anoche, había algo que me incomodaba, era como si se me hubiera olvidado hacer algo, o un presentimiento malo, pero por más vueltas que le diera al asunto, no lograba encontrar el por qué de mi preocupación sin razón. Sentía que una migraña nacía en mi cabeza, como si se me fuera a partir en dos. Me daba mil vueltas en la cama, sin lograr conciliar el sueño, y cuando lo encontraba, algo me tenía que hacer despertar.

— ¿Ya estás despierta? —preguntó Sasuke, eran las diez, todos estaban en clases pero la Directora nos había dado el día libre.

—Si —respondí cansada.

— ¿No dormiste bien? —preguntó acercándose, mientras se sentaba sobre la cama.

—No muy bien —respondí sentándome en la cama, entonces extendió su brazo pasando su mano por mi mejilla, luego se acercó y me besó la frente.

—Buenos días, aun que quizás no sean tan buenos después de no dormir muy bien —dijo algo burlón.

—Es el mejor día, por una vez despierto y hay alguien con quién poder conversar —dije cerrando los ojos, mientras sentía su suave mano acariciándome. Él sonrió dulcemente—a su manera—.

— ¿Quieres comer algo? —preguntó.

—Claro.

—Iré a preparar algo, vístete abrigada, hace frío —dijo, luego se levantó y se fue cerrado la puerta a sus espaldas.

Me levanté y busqué los más cómodo y abrigado que pudiera encontrar, miré por la ventana y el día estaba nublado, sin embargo hacía frío así que no llovería—eso dicen en el campo—. Salí de la habitación y entré al baño, luego bajé las escaleras y en el comedor estaba Sasuke sirviendo la mesa con un divertido delantal azul marino, que usaba antiguamente mi padre. La estufa a lecha estaba prendida, me senté en el sillón cuando escuché que alguien tocaba al timbre, abrí la puerta principal donde vi a un hombre vestido muy formal, era anciano, pero estaba derecho con cabellos blancos y grises escondidos bajo un sombrero formal, llevaba una corbata negra y terno junto con pantalones negros.

—Buenos días, ¿Se encuentra la señorita Sakura Haruno? —preguntó, él usaba lentes y el contorno de sus ojos se veían las arrugas que revelaban la edad de más de cincuenta años.

—Soy yo, ¿Qué desea? —pregunté, recordando la cortesía que me dictaba siempre mi madre.

—Tengo una carta para usted, tenga —dijo pasándome a través de la reja una carta.

—Oh, gracias —dije tomándola, mientras me giraba y entraba a la casa, era una carta muy llamativa, el contorno era dorado, y venía firmado por la realeza— ¿Qué es esto? —me pregunté, abrí la carta, y la leí, era bastante larga, pero antes de empezar a leerla, cayó una foto al suelo. La recogí, era una foto de mis padres abrazados, bajo un cerezo hermosísimo, vestidos de gala. Nunca en mi vida había visto esa foto, pero ambos se veían tan felices y enamorados, parecían recién casados.

— ¿Quién era? —preguntó Sasuke.

—El cartero —dije no muy convencida, ya que los carteros no iban vestidos así.

Tomé la carta y la leí:

"Princesa Sakura Haruno:

Hemos de informarle sobre un grave accidente que ocurrió el día domingo 11 a las 7:00 am, el señor y señora Haruno, sus padres, fueron secuestrados de camino al Palacio Real de Konoha Los Haruno, la poloc+oa ah buscado incontrolabrlemente a los responsables de tal acto, sin embargo, nuestras fuentes no han encontrado nada más que el taxista que los llevaba, que fue encontrado muerto tres horas después en el basurero de la ciudad junto a su vehículo completamente destruido y sin rastros de huellas qué seguir. Al no haber Reyes en el Reino, el país no puede seguir actuando sólo.

Usted, la hija de los Reyes, Sakura Haruno, debe gobernar nuestro país hasta nuevoa viso de sis padres. A partir de el día 13, hoy, a las 12:00 pm, deberá presentarse ante el Reino, donde será ahora y por siempre, su nuevo hogar como Princesa Haruno.

Se despide atentamente: El Palacio Real Los Haruno."

Mis ojos se abrieron grandemente, y mis manos comenzaron a temblar, esto no es cierto, dictaba mi mente una y otra vez. Me volteé a la puerta y la abrí de un tirón, el anciano vestido elegante seguía parado ahí, casi como esperando.

— ¡¿Qué es esto? ¡¿Una broma? —pregunté, el anciano levantó su rostro lentamente, luego me miró tras sus lentes y me sonrió dulcemente.

—No, señorita —dijo su voz gastada.

—No, esto no es verdad, ¿Quién le mandó a mandarme esta carta? —pregunté alterada, mi ira crecía cada segundo que pasaba.

—El Palacio Imperial de Konoha los Haruno…princesa —concluyó, sin dejar de sonreír.

— ¿Sabe? Esta es una broma de mal gusto, vaya a regalarle cartas a otra persona —dije entregándosela, él la tomó con sus manos arrugadas y me miró melancólicamente.

—No sabe el daño que le está haciendo a la nación al rechazar su nobleza de esta forma, ¿No quiere seguir con el caso de sus padres y encontrar al culpable? —preguntó antes de que cerrara la puerta.

—Ellos están fuera del país trabajando duro —respondí, luego tomé la manilla para cerrar la puerta.

— ¿Está segura? ¿La han llamado? ¿Puede confirmarme de que ellos están bien y trabajando como cree? —preguntó.

Le miré enojada, no había recibido una sola llamada de ellos, tampoco me habían enviado una carta, no podía confirmarle que estaban bien…, este anciano debe llevar un tiempo espiándome, quizás sea un ladrón.

— ¿Quién es Sakura?—preguntó Sasuke mientras se acercaba y se quitaba el delantal azul marino.

—Un bromista —contesté, entonces Sasuke llegó a mi lado y miró por la puerta. Sus ojos se asombraron al ver al anciano, y una sonrisa se dibujó en su rostro.

—Tanto tiempo Tamotsu —saludó normalmente, mientras se acercaba a la reja, y ambos se saludaban con las manos.

—Sasuke—senpai, no has cambiado en nada —respondió sonriendo.

Sinceramente no entendía nada de lo que estaba pasando, ¿A caso se conocían? ¿En qué momento?

—Oigan, ¿Se conocen? —pregunté arqueando una ceja.

—Claro, éste viejo ah vivido más de setecientos años —dijo Sasuke sonriendo.

—Con más respeto mocoso —dijo el viejito, tan inocente que se veía.

— ¿Desde cuándo? —pregunté con ojos grandes.

— ¿Por qué no pasas Tamotsu? —preguntó Sasuke mientras abría la reja.

—Pero, la princesa ¿Querrá dejarme pasar? —preguntó, yo asentí con la cabeza. Él pasó y nos sentamos en el living.

—Em., y ¿Desde cuándo se conocen? —pregunté curiosa.

—Desde… —el anciano, Tamotsu, miró a Sasuke de reojo.

—Sí viejo, lo sabe. Él es un Guardián, pero por mala suerte, el mago loco en uno de sus descuidos, lo creó sin un Mamoru, por lo que ah vivido más de setecientos años, cuando éramos jóvenes, era uno de mis amigos, pero como él no tenía un Mamoru, ah vivido su vida normalmente, sólo que envejece mucho más lento que el resto de las personas, y yo renazco y muero, hacía mucho que no nos veíamos.

—Espera, ¿Era uno de tus amigos? —pregunté confusa.

—Sí, tenemos la misma edad, hablando de la verdadera edad, ya que yo aparento unos diez y seis, pero tengo setecientos noventa y cinco al igual que este viejo —respondió.

— ¿Sólo porque no tiene un Mamoru ah ido envejeciendo de a poco? —pregunté.

—Sí princesa —respondió el anciano.

—Pero, eso debe ser triste ¿No? —pregunté pensando en lo que sería vivir tanto tiempo solo.

—No sabe cuán triste es, mi esposa murió hace años, y mis hijos también, a veces veo a mis nietos, pero aun que me acerque a ellos, no me reconocen, ¿Quién puede vivir tanto tiempo? —preguntó, aun que parecía que se preguntaba a sí mismo.

—La vida es dura viejo —dijo Sasuke, echado en el sillón, como si no le importara la vida de su amigo.

—Demasiado injusta, diría yo —dije viendo el rostro anciano del hombre, yo pensaba que tenía unos sesenta, pero ¿Setecientos noventa y cinco años? Es toda una vida. Y haber visto la muerte de su esposa e hijos, debe haber sido un dolor muy grande— Lamento haberlo tratado tan mal —dije con vergüenza, anteriormente hasta había pensado que era un ladrón.

—No se preocupe princesa, era de esperarse que reaccionara así, igual que su madre —dijo sonriendo.

— ¿La conoce? —pregunté sorprendida.

—Por su puesto, una hermosísima mujer con liderazgo y fuerza como ninguna otra, excepto por usted —dijo.

—Pero ¿Y qué hay de la carta? ¿Es broma, cierto? —insistí.

—No, ¿Por qué cree que sus padres tienen su pieza cerrada con llave? O ¿Por qué tiene cosas de lujo? ¿Por qué pasan tanto tiempo fuera?, ¿No se ah preguntado esas cosas?

—La verdad es que sí me las eh preguntado, pero… me quiere decir que todo eso se debe a que son ¿Reyes de Konoha? —pregunté.

—Sí, aquí traigo los papeles, revíselos si quiere —dijo rebuscando en un maletín que traía, luego me entregó los papeles.

Los leí, lentamente, entendiendo cada palabra y significado, eran varias hojas, una era de prueba de sangre, otra era la que confirmaba mi persona—RUN, nombre, fecha nacimiento...etc.—, la otra era del poderío que tenían los Haruno, que era el Palacio Real como Reyes de Konoha.

—Pero… ¿Cómo ahora? Es decir, mis padres nunca me lo dijeron, ellos sólo trabajaban fuera del país, pero... ¿Reyes?

—Sakura, eh vivido protegiendo a tu familia muchos años, y después de tres años de que me convirtieran en Guardián, los Haruno tomaron el Reino, y los Uchiha eran su mano derecha junto a los Hyuuga que eran la mano izquierda.

— ¿También lo sabías y nunca me lo dijiste? —pregunté sorprendida y enojada al mismo tiempo.

—Tu madre me dijo que no te lo dijera, porque ella te lo quería decir ¿Cómo iba a saber que vendría el viejo y te lo diría? —preguntó con sarcasmo.

—Entonces, ¿Por qué me lo ocultaron? —pregunté sin comprender aun.

—Tu madre, en una ocasión me dijo que quería que vivieras como las demás personas, ella se crió desde cuna como una princesa y lo que más anhelaba era poder ser libre de la realeza, pero como ella no pudo, quería que tú pudieras vivir esa vida —dijo Tamotsu, con mirada dulce.

— ¿Cómo le creo que todo lo que me está diciendo no es mentira? —pregunté.

—Tenga

Me pasó una foto, eran mis padres de jóvenes, ambos se estaban besando dentro de un gran salón repleto de gente, vestidos con ropas carísimas y con coronas sobre sus cabezas, un gran cuadro de un paisaje estaba a tras de ellos, mamá llevaba un velo muy largo y un vestido blanco como la nieve, con encajes y brillantes por doquier, mientras cargaba en su mano izquierda un ramo de flores de claveles rosas, como el de su cabello. Aun que no estuvieran mirando hacia la cámara, podía ver la felicidad en sus rostros, llenos de amor y ternura como nunca los había visto, papá siempre había sido algo serio y mandón, pero… en la foto era todo lo contrario, su rostro risueño mostraba la felicidad que tenía en ese momento tan hermoso para ambos, era una simple foto, que transfería un millón de sentimientos y sensaciones.

—Se ven, hermosos —dije.

— ¿Crees que cualquier persona puede casarse con esas ropas, y en ese lugar? —preguntó con sarcasmo Sasuke.

—Tendrían que ser millonarios —respondí viendo la foto.

—Y lo son, porque eres la princesa de los Reyes de Konoha —dijo Tamotsu, le miré de reojo, me estaban convenciendo un poco, pero necesitaba más fundamentos.

— ¿Tienen un Palacio? —pregunté, entonces el rostro del anciano brilló en alegría con una hermosa sonrisa, a pesar de sus setecientos noventa y cinco años.

—Por supuesto, ¿Son Reyes o no?, el Palacio más grande que puedas imaginar, con la seguridad más estricta y más segura de todo Japón'.

— ¿Está cerca? —pregunté.

—Más o menos, está fuera de la ciudad —respondió el anciano.

— ¿Quieres…verlo? —preguntó Sasuke, le miré y asentí con la cabeza.

— ¿Qué esperamos entonces? —preguntó el anciano, mientras se paraba y guardaba los papeles.

Dudé en levantarme o no, ambos se veían contentos, pero yo no sabía si creerles sobre lo que me contaban.. ¿Yo Princesa de Konoha?, me suena a una estupidez, pero entonces, ¿Cómo explicar lo de mis padres, o las cosas valiosas de su habitación? Si me ponía en el lugar de que ellos eran los Reyes de Konoha, tenía mucha razón, pero aun así mi mente rechazaba tal caso.

Me levanté, y subí las escaleras sin saber exactamente lo que estaba haciendo, me cambié de ropa, el día estaba nublado y hacía frío, así que también me puse una chaqueta de cuero.

—Bueno, vamos —dije bajando las escaleras, Sasuke tomó un puñado de galletas y se las echó al bolsillo.

—Vamos —dijo.

Salimos de la casa, y fuera de ella, había una gran limosina negra de vidrios oscuros, estaba esperándonos. Miré a Tamotsu que no dejaba su sonrisa de lado, y me abrió la puerta mientras se inclinaba haciéndome una reverencia. Sasuke se subió a mi lado, luego Tamotsu echó a andar la limosina y nos fuimos, pasamos por muchas casas y calles, toda la gente se volteaba o se quedaba mirando la limosina, por suerte los vidrios eran oscuros así no me veían. Llegamos casi a las afueras de país, cuando a o lo lejos se lograba ver unas paredes grandes que rodeaban protegiendo un lugar muy grande.

—Hemos llegado, princesa —dijo Tamotsu.

—Deja de decirme "princesa", por favor, sólo dime Sakura —pedí casi rogando de rodillas.

—Pero eso sería una falta de respeto ante usted señorita —dijo sin dejar de mirar al frente.

—No, sería una demostración de confianza —dije, realmente el llamarme princesa me molestaba, creo que ahora entendía por qué mis padres siempre me decían "Princesa" y no "hija".

Entonces, cuando estuvimos frente a las paredes pude darme cuenta de lo gigantescas que eran, tenían un estilo romano, a la entrada habían tres guardias, Tamotsu bajó el vidrio y uno de los guardas abrieron la reja automática, pasamos andando lento por el lado de los hombres que parecía que vinieran de un funeral, todos estaban con ropas negras y gafas negras, siendo que estaba nublado, los tres guardias se inclinaron y el auto entró al recinto que a simple vista parecía que fuese de veinte hectáreas. El camino era de dos pistas y estaba pavimentado, era liso, a los lados había unas pequeñas rejas negras que podían cruzarse levantando el pie a la altura de la rodilla. Al costado del camino había árboles tan grandes como un edificio de cuatro pisos, árboles de todo tipo, algunos más frondosos que otros, pero todos eran igual de verdes, y el pasto tan verde como en ninguna otra parte, se notaba que lo regaban a diario y que tenían un especial cuidado con la vegetación. Bajé el vidrio para ver mejor, y saludé con la mano a un hombre que parecía ser el jardinero, que me saludó con unas tijeras gigantes en la mano.

—Es bueno que sea sociable —comentó Tamotsu, viéndome por el espejo retrovisor.

— ¿Dónde está el Palacio? —pregunté, entonces el anciano me hizo un gesto para que mirara hacia adelante, donde vi el gran Palacio, tan gigante como en los sueños o películas se pueden contemplar, tan majestuoso e imponente, de arquitectura mezclada entre romana y griega. Desde afuera se podía ver el centenar de piezas que tenía, repleto de ventanas protegidas hasta el quinto piso con barrotes, en la torre más alta flameaba la bandera de Konoha.

—Qué… grande —dije boquiabierta.

—Aquí estamos princesa, en su nuevo hogar —dijo Tamotsu mientras paraba el auto, luego se bajó a abrirme la puerta, pero yo ya estaba fuera de la limosina, contemplando la increíble belleza que estaba frente a mis ojos.

—El Palacio Imperial de Konoha Los Haruno —repetí de memoria, tomando en cuenta cada palabra, incluso la última.

—Así es princesa —dijo Tamotsu inclinándose.

—No hagas eso —pedí, entonces unas puertas gigantes se abrieron, subiendo unos cuantos escalones las grandes puertas que se veían pesadas y fuertes, se abrieron dejándome ver algunas personas dentro de ella, salieron varios hombres y mujeres, las mujeres se notaban que eran empleadas por sus ropas, a excepción de dos que estaban vestidas muy elegantes. Todos los hombres estaban de negro, sólo la camisa era blanca.

Bajaron las escaleras y luego hicieron una fila uno al lado del otro haciendo un semi círculo a mí alrededor, luego todos se inclinaron con la mano en el pecho, y las mujeres extendiendo sus vestidos a los costados.

—qué rayos… —me pregunté en voz baja.

Luego un joven que debe tener mi edad, se acercó a mí y me alejé dando un paso hacia atrás.

—No tema princesa, aquí nadie le hará daño —dijo extendiendo su mano, lo miré dudosa, pasé mis ojos hacia las demás personas, y finalmente hacia Sasuke, que me hizo un gesto para que tomara la mano del joven, así lo hice.

— ¿Sabes si tienen un mapa para este Palacio? —pregunté mientras subíamos las escaleras, él sonrió.

—No tenemos ninguno, ¿Le parece bien que le haga el recorrido o prefiere que le hagamos un mapa? —preguntó sonriendo, era un chico hermoso y su sonrisa lo hacía ver más joven, casi como un niño, sus cabellos eran castaños al igual que sus ojos.

—Creo que prefiero el mapa —dije devolviéndole la sonrisa.

— ¿Está segura? No queremos que se pierda —dijo mientras se le escapaba una sonrisa.

—No me perderé; y deja de hablarme y llamarme como si fuera una vieja, dime Sakura y tutéame —pedí casi de rodillas, no aguantaba más esto de sentirme como una vieja de sesenta años.

—No creo que sea posible princesa, usted es de la realeza —dijo y sus palabras me recordaron a Tamotsu.

—No, ni me lo recuerdes. Prefiero mil veces que me llamen por mi nombre a que me digan "usted" o "princesa", creo que son las palabras que más odio en mi vida —dije, pero entonces entramos al salón principal, era de cerámica así que brillaba mucho, sus paredes estaban llenas de cuadros de diferentes estilos, el lugar era circular y muy iluminado, se veía todo muy limpio, las ventanas tenían cortinas que llegaban hasta el suelo. Una escalera hermosa daba al segundo piso, y aun lado estaba el ascensor; luego miré hacia arriba, donde vi un gran vitral circular hermosísimo que permitía entrar la luz que se reflejaba en el suelo limpio y brillante.

—…hermoso —susurré, sin dejar de caminar hacia el frente, admirando cada rincón, cada adorno, cada detalle era hermoso.

—Bienvenida, princesa Haruno —dijo una de las sirvientas, inclinándose.

—Por favor, no hagas eso, dime Sakura —pedí hasta la coronilla, estaban cansada de escuchar y ver tantas reverencias y respeto.

—Pero…

—Por favor —dije con tono más alto, "poquito a poquito se llena el saquito".

—De acuerdo, Sakura-san —dijo sonriendo, se veía como una chica dulce, lo que me hacía recordar un poco a Hinata.

—Le mostraré su habitación, princesa —dijo Tamotsu, quitándose el sombrero dejándolo colgado al lado de la puerta.

—…Sakura —corregí y él sonrió.

Busqué a Sasuke con la mirada, pero no lo encontré, entonces sentí algo en mis piernas, era "Konan" el gatito siamés, lo tomé en brazos y acaricié su cabeza mientras que la instante comenzaba a ronronear, sonreí hacia mis adentros recordando que este gatito era mi amado. Seguí a Tamotsu subiendo las escaleras y viendo todos los cuadros, algunos eran retratos, otros eran paisajes, pero todos igual de hermosos.

Vi millones de pasillos, cubiertos por cuadros bellos, un centenar de ventanas y muebles con estilo antiguo con alguna planta de adorno. Hasta que llegamos a una gran puerta en la que fuera había dos guardias.

—Su alteza —dijeron inclinándose.

—Puertas —dijo Tamotsu y los guardias abrieron las puertas que rechinaron como en una película de terror.

—…terrorífico —susurré.

—Nunca se ah ocupado esta habitación, pero le hemos hecho una limpieza profunda —comentó Tamotsu.

—Tamotsu, nadie… sabía de mi existencia ¿Cierto? —pregunté suponiendo lo que decía en la carta, y lo que me decía ahora.

—Bueno, a decir verdad, nadie la esperaba princesa. Nunca supimos que los Reyes habían tenido una hija, ya que ambos eran muy aventureros y siempre se escavaban del Palacio, pero nunca supimos hacia dónde se iban, ya que eran expertos en el disfraz. Hasta que ocurrió este inconveniente, supimos de su existencia rebuscando entre las cosas del Rey, buscábamos algo de lo que los secuestradores podrían estar interesados, entonces encontramos la tarjeta de banco del Rey, que no era exactamente de él, ya que estaba al nombre de otra persona, decía "Sakura Haruno", y entre las cosas de la Reina encontramos unas fotos de ustedes tres juntos, también unas cartas escritas por ti para ellos. —dijo, estábamos sentados en el living que tenía mi habitación, que por cierto, era gigantesca. Siempre me había quejado de que mi pieza era muy pequeña, pero acogedora, sin embargo, esta pieza parece una casa, sólo falta la cocina. Un living de cuero forrado de color verde opaco, con una mesita de centro muy linda con unas flores recién puestas. La cama era de dos plazas, con una tela que bajaba de lo alto y rodeaba la cama, para los insectos en la noche, dos veladores y luces en las paredes a cada lado de la cama. A los pies de la cama está el living, y en el rincón izquierdo está el baño, a la derecha está el armario. Al entrar a la pieza, lo primero que se logra ver, es el gran ventanal de cortinas largas con balcón.

— ¿No saben nada de mis padres? —pregunté preocupada.

—Lo sentimos mucho princesa, pero no encontramos nada sobre ellos —dijo con rostro adolorido.

—Luego aparecerán, de seguro están buscando alguna recompensa, además, ¿Quién no daría lo que fuera por los Reyes de Konoha? —preguntó con sarcasmo Sasuke a mis espaldas.

—Tal vez sea así, pero todo depende de las personas que los secuestraron —dije mirando el suelo.

—No se preocupe princesa, estamos buscando a fondo todo esto, de seguro encontraremos algo —dijo Tamotsu intentando subirme el ánimo.

—Lo sé, pero aun no me explico: Si son los Reyes de Konoha ¿Cómo es posible que nunca, en estos diez y seis años, hayan encontrado el lugar al que iban siempre? —pregunté algo enojada.

— ¿Usted cree que sus padres son Reyes de Konoha sólo por los nombres? No, tal cual como dice su nombre de "Reyes", ustedes tienen una mente superior a la de cualquier persona, tiene ideales magníficos y determinación como en ninguna otra familia, ¿Cree que no los buscamos? Hicimos lo posible por encontrarlos, por averiguar a dónde iban, por vigilar cada puerta, cada rincón del Palacio para que no se escaparan, pero… siempre lograban evadirnos —dijo rendido, hubo un momento de silencio mientras mi mente procesaba toda la información, demasiado cambio en un día.

Había amanecido como un día cualquiera junto a Sasuke, y ahora que mis padres han sido secuestrados me vengo a enterar de que soy la princesa de Konoha, y que tengo que gobernar sea como sea el país mientras mis padres están en quizás dónde, perdidos, solos y pasándolo muy mal de seguro, tal vez con frío en este día nublado, ¿Dónde estarán?, pregunta mi mente a cada segundo, ¿Quién lo habrá hecho?, estas preguntas golpean mi mente sin parar. Antes mis preocupaciones se basaban totalmente en las pruebas y tareas, ahora… en algo mayor que eso, mis padres…

De repente Tamotsu se levantó, me hizo una reverencia a la que gruñí, y luego se fue cerrando la puerta. Entonces, las lágrimas contenidas comenzaron a caer por mis mejillas, dejando un hilito de plata al que Sasuke no pasó desapercibido, rápidamente arrodilló frente a mí, tomó mi rostro y lo dejó en su hombro. Me abrazó mientras mis lágrimas caían por mi rostro, acarició mi espalda mientras decía que me desahogara, era lo mejor que podía hacer en ese momento. Cuando dejé de llorar, tomó mi rostro entre sus grandes manos tibias y suaves, y besó mi frente, al instante el rubor enrojeció mi rostro, no podía evitarlo si era él.

— ¿Mejor? —preguntó con rostro preocupado.

—Sí, no te preocupes —dije mirándolo a los ojos cautivadores.

Me levanté aun sintiendo los ojos hinchados, miré nuevamente la habitación tan grande como ninguna otra que hubiera visto en mi vida, miré la cama espaciosa y reí con malicia, estaba recién hecha y no por mí. Entonces corrí hacia la cama y me lancé sobre ella, suave y blanda, daba una sensación genial.

—Pareces una niña —comentó sonriéndome mientras se sentaba en la orilla de la cama, y me miraba fijamente.

— ¿Qué? —pregunté.

—Te pareces a tu madre —dijo con un poco de tristeza.

— ¿En serio? —pregunté alegre, y triste porque ella ahora ya no estaba con nosotros.

—Sí, ella siempre tenía ese ánimo y alegría como del de una niña de cinco años —dijo acercándose, peligrosamente sensual.

—Que bien, nunca nadie me había dicho algo como eso, ya que nadie conocía a mis padres —dije nerviosa por tanta cercanía, creo que no importaba cuantas veces se acerque o me bese, al parecer siempre reaccionaré de la misma forma ante él.

—Te ves hermosa cuando te pones así —comentó haciendo que mi sonrojo aumentara de golpe, y su sonrisa de superioridad cautivadora salió a flote al verme.

Besó mis labios rosándolos suavemente, me quedé quietecita, sintiendo su aroma dulce y embriagante, que podía olerlo y aspirarlo como la droga más efectiva que cualquier otra.

Sin duda me sentía preocupada en ese momento por mi padres, pero no podía estarlo del todo si Sasuke me estaba besando, perdía la noción del tiempo y parecía que todo el mundo se detenía a darnos un poco de él mismo para poder disfrutar del momento tan anhelado y deseado por ambos, sus labios suaves y dulces siempre me hacían quedar en blanco y tan quieta como una estatua. Pero, si Sasuke está a mi lado, puedo soportar cualquier cosa, siempre que él me ame.

Continuará.


En el próximo capítulo: "El chico persistente"

- ¿Confesión?

- Taisho, sinónimo de problemas.

- ¿Sasuke Uchiha, triste y furioso?


Aytora: Hoy no me alcanza el tiempo para escribir el Fuera de Escena... u_u

In€ner: QUÉ? POR QUÉ?

Autora: Hoy es el cumple de mi papá, además de que me cambiaron el compu y tngo q descargar tOos los programas de nuevo ¬¬ pero lo bueno sq está más rápido ^^

Inner: mmm... te perdonaré sólo por hoy! el próximo capi te lo cobraré!

Autora: ah! recuerdan que les pregunté cómo se podía escribir un URL en fanfiction? bueno, nadie respondió u_u así que la carta que había hecho en power point como una foto, (la carta que resive Sakura desde el Palacio) tuve que escribirla ¬¬ pero se veía mejor en la foto =(

Inner: Sí! la habáis hecho como de oro! y con letra elegante! era muy linda *-*

Autora: Sí, pero bueno... ya no la pude subir. Ahora me despido! bye bye!

Inner: Que estén bien! cuidence! y dejen muchos comentarios! =D

bye~