MI GATO GUARDIAN


Capítulo XVIII

Preguntas y Respuestas.

Se enfureció como nunca pensé que lo vería enfadarse, echaba chispas, sus ojos quemaban, y su presencia ardía. No entendía qué lo hacía enojarse tanto, era como aquella vez, cuando me transformaron en hombre, y él se había enojado conmigo.

— ¿Qué pasa Sasuke-kun? —pregunté sin saber si alejarme o quedarme ahí sentada.

—Lo que menos quiero, es que mandes a hacer lo que no quiero —dijo, su voz sonaba como si quisiera estrangularme.

—Pero, ¿De qué hablas? Sólo te lo eh dicho una vez, y te comportas como si te lo hubiera dicho muchas veces —dije, sin comprender nada.

—No quiero que me mandes, eso es todo —dijo, pero sonó como un ruego.

—Pero dime el porqué —pedí.

—No.

—Sasuke-kun, quiero saber por qué te comportas así —dije dura.

—Ahí estás de nuevo.

—Sólo quiero saberlo

— ¡Pensé que eras diferente Sakura! —rugió con furia, mis manos temblaban, pero no sabía si era por el miedo, o porque me moría de ganas por plantarle una cachetada.

— ¿Diferente de qué? —pregunté, calmando mi voz, me dirigió una mirada furtiva.

—De ellas, pero por lo que veo, todas son iguales, todas quieren mandarme, les gusta hacerlo ya que saben que siempre lo haré —hablaba, y creí entender un poco.

— ¿Te refieres a las otras Haruno que has protegido? —pregunté, y sentí que mi corazón se estrujaba.

—Sí, ustedes sólo se aprovechan de mí.

—Pero Sasuke-kun ¿Qué te ordenaban para que… quedaras así? —pregunté, no sabía cómo explicarme sin intentar llamarlo "traumado". Me miró con esa expresión que cierra y esconde todos los sentimientos, dejando su rostro como una hoja en blanco, en la que no podía ver o descifrar lo que pensaba.

— ¿De verdad quieres saberlo? —preguntó, y me sonó como una advertencia de que no me iba a gustar.

—Sí —dije, quería saberlo.

—Al principio, cuando aun no sabían que era su Guardián, era normal, me pedían cosas como comprar un helado o dulces, cosas así. Pero siempre, siempre que lo descubrían, o se los decía, ellas cambiaba drásticamente, algunas me ordenaba que limpiara su cuarto, sólo yo, y ella era princesa así que tenía una pieza gigantesca, fue la Haruno más mala y desquiciada que jamás conocí, una vez me ordenó matar a su ex, y lo hice. Otras me ordenaban para que las besara, o que me hiciera pasar por su novio falso, aprovechándose por donde podía, otras… fueron unas diez, que me ordenaron que me acostara con ellas… —sin querer se me escapó una inspiración demasiado notoria, y él me miró fijamente.

—Les dije que no —respondió, aliviándome a propósito.

—Pero ¿Por qué no le decías que no a las otras? —pregunté.

—Porque no podía, no podía decirles no, era su Guardián, tenía que obedecerlas…

—No, no era eso —dije segura— Te habías enamorado de ellas —concluí, y al ver la reacción de Sasuke, me confirmó todo, se había enamorado de cada una, de cada Haruno que había llegado al mundo junto a él, y no podía decirles no… si las amaba.

—Sí —dijo frunciendo el ceño y con voz grave, como si se arrepintiera de ello— De todas excepto una, con la que me llevé tan mal como no podrías imaginártelo, pero logré mi misión y la protegí como a las demás. Mi cabeza daba vueltas, Sasuke había besado a mis bisabuelas, a mis tátara, tátara abuelas y así sucesivamente hasta la primera. Dijo que no se acostó con ninguna, pero ¿Cómo saber si no hizo algo antes de llegar a eso? ¿Cómo saber si las tocó? ¿Cómo saber cuán grande fue el amor de él para cada una? ¿Cómo podía sentirme amada, si él había amado hasta a mi madre?

—Sakura —llamó, mirándome fijamente, parecía más relajado, estaba calificando mi expresión, la cual no sabía qué aspecto tenía— No te culpo si me odias —dijo, luego se levantó caminando hacia la puerta y no me di cuenta, cuando descubrí que estaba tomando su brazo para que no se fuera, pero… no sabía qué decirle, ni cómo mirarle, qué cara poner ahora. Sólo podía mirar el suelo, todo era muy confuso, muchas preguntas, mi cabeza seguía dando vueltas, mil preguntas azotaban mi cabeza, sentimientos enredados sin saber cuál elegir, de repente, me di cuenta que estaba llorando, las lágrimas se desprendían de mis ojos y caían contra la baldosa, mis hombros temblaban y mi respiración se entrecortaba, veía borroso. Reconocí un brazo de Sasuke que se había extendido, quizás a consolarme, pero luego lo dejó caer a un costado. Quería que me abrazara, que me dijera sus sentimientos sinceros, pero… con esta historia todo era diferente, sin embargo, me hiso darme cuenta de lo egoísta que era, mientras escuchaba a Sasuke mis celos crecían así como mi enojo, quería a Sasuke sólo para mí, quería sus brazos, sus labios, su cabello, sus ojos y su voz sólo para mí, todo para mí, no quería compartirlo con nadie, deseaba que ojalá no hubiera otras antes que mí, pero… esas mismas personas de las que estaba celosa, las llevaba en las venas, eran mi sangre, mi familia, lo que lo complicaba aun más.

—Sakura —dijo, tomando mi hombro, no podía parar de llorar, ni si quiera podía formular una palabra, mis sollozos me lo impedían. Sasuke me levantó en su abrazo, y me sentó en la cama, mientras me pasaba confort para secar mis lágrimas— Lo siento, yo… no quería que lo supieras —dijo, y me dieron ganas de golpearle.

—Sasuke…kun…idiota… —dije entre lágrimas, sollozos y saltitos— Sólo… me… me quieres…por…porque… me… parezco…a…ellas… —logré decir, y la fiera se lanzó sobre mí, dejándome acostada sobre la cama.

— ¿Eso crees? —preguntó desafiante, pero era incapaz de responder— Te equivocas Sakura, eres totalmente opuestas a ellas, y no… no te quiero porque te parezcas a ellas, al contrario, porque eres diferente. —dijo, estaba apoyado en sus rodillas y sus codos a los costados de mí.

— ¿Diferente como qué? —dije, algo más controlada.

—Todas ellas tenían el capricho de que por ser princesas, pensaban que podían tenerlo todo. Pero tú no, no naciste en el Palacio, eres común ante los ojos de los demás, pero para mí… eres diferente, hermosa y gentil, tu diferencia fue lo que me llamó a ti —dijo, luego se acercó a mi mejilla y la besó, hiso un caminito por mi cuello, besándolo por donde pudiera, besó mi mentón, mi frente, lamió mi lóbulo, besó la comisura de los labios y, por fin, llegó a mis labios, besándolos con suavidad y cariño, secando mis lágrimas con la yema de sus dedos, lentamente, mis labios entreabiertos aspiraron la droga de su aliento enloquecedor, mi mente daba vueltas al encontrarse cautiva otra vez en sus besos, sentía sus cabellos sobre mi frente, podía oler el perfume de su cuello, escuchar sus latidos, sentir sus sentimientos sinceros, tocar sus cabellos suaves, saborear sus labios dulces y seductores. Pero la felicidad no podía durar para siempre.

— ¡¿Qué le estás haciendo a la princesa? —exigió saber alguien, mi mente estaba descolocada, por lo que no reconocía la voz.

— ¿No es obvio? La estaba besando —dijo Sasuke, sin moverse ni un pelo, más que para mirar a Taisho.

— ¡Sal de encima de ella! —ordenó.

Sasuke suspiró, se sentó en la cama y me ayudó a incorporarme en el presente.

— ¡Princesa! ¡¿Qué más le ah hecho este plebeyo? —preguntó enfatizando la palabra "este".

—Nada —dije al fin, me costaba encontrar las palabras.

— ¿Está segura? —preguntó dudoso.

—Déjala respirar, ¿No ves que está mareada? —dijo Sasuke, pasando su brazo sobre mis hombros.

— ¿Dejarla respirar? ¡Pero si eras tú el que la estaba ahogando! —ardió Taisho.

— ¿Y eso qué? , estábamos bien hasta que llegaste —dijo mientras me atraía más a él.

— ¡No es cierto! —dijo Taisho.

— ¿Cómo lo sabes? ¿A caso lees los sentimientos de ambos? —rugió Sasuke.

—Taisho, por favor, sal de la habitación —pedí más o menos controlada.

—Pero princesa…

— ¡Dijo que te largaras! —echó de un solo grito.

No vi si se había ido ni la expresión de su rostro, pero sólo escuché la puerta cerrarse.

—Este tipo se le ocurre aparecer en los momentos menos esperados —se quejó Sasuke, sentí que me miraba, pero mi vista estaba clavada al piso, se acercó a mi oído— ¿Estás bien? —preguntó con voz suave. En estos momentos no sabía qué sentía, si seguía molesta o la cabeza me daba vueltas por los besos de Sasuke, pero… sabía que algo tenía que hacer, después de todo, no creo que se pueda mantener una relación si hay mentiras de por medio.

—Sí, pero… —me armé de valor para mirarle a los ojos, para que viera que hablaba en serio. Su expresión se tornó seria, pero no enojada— Sasuke-kun, yo… no, no quiero que esto siga —dije, y su rostro me dio a entender que había comprendido otra cosa— No me refiero a nuestra relación, si no… a las mentiras, y secretos —su rostro se relajó, aliviado.

—Te propongo algo —dijo— Hoy responderé cada pregunta que me hagas, y tú responderás las mías —dijo, y casi no creía que él tuvieras preguntas para mí, siendo que yo pensaba que él lo sabía todo de mí— Y mañana, comenzaremos de nuevo —concluyó viéndome a los ojos, con voz decidida.

—Bien —acepté.

—Y bien, ¿Qué quieres preguntar? —dijo sonriendo de medio lado, y mi corazón dio un respingo.

— ¿Podríamos, tomar desayuno primero? —pregunté, y él soltó una risa audible, asintiendo.

Nos sentamos en el living, tomando el desayuno que nos había traído Tamotsu, eran galletas con queque y leche de chocolate, con dos panes vacíos y mermelada. Lo comimos son hablar, quizás él estaba formulando preguntas en su interior así como yo. Cuando terminamos, Tamotsu apareció como si lo hubiéramos llamado.

—Ya han terminado, ¿Desean algo más? —preguntó sonriendo gentilmente.

—No viejo. —dijo Sasuke.

—Tamotsu, ¿Sabes de algún lugar tranquilo? —pregunté, y él me miró curioso.

— ¿Fuera o dentro del Palacio? —preguntó.

—Donde sea, pero que sea un lugar tranquilo.

—Podría ser, bajo el cerezo, está en el centro del Salón de Baile, nadie va ahí sin el permiso de la princesa —dijo, entonces una sonrisa iluminó mi rostro, era perfecto, sólo tenía que ordenarles que nadie entrara mientras yo estuviera dentro.

—Excelente, dile a los demás que no entren —dije.

—Dígaselo a los guardias de las puertas, ellos no dejarán pasar a nadie —aconsejó, entonces tomé a Sasuke de la manga de la ropa, luego recordé algo.

— ¿Dónde queda el Salón de Baile? —pregunté algo avergonzada, se supone que soy la princesa, pero no tengo idea de donde se encuentra cada parte del Palacio, definitivamente necesitaré un mapa.

—Vengan —dijo mientras salía de la habitación, junto a Sasuke lo seguimos por los largos pasillos alfombrados, limpios, llenos de muebles y ventanas, cortinas largas, cuadros hermosos, mucamas y sirvientes por doquier. Hasta que llegamos al Salón de Baile, que al abrirlo parecía una de las otras puertas más, grandes y hermosas con detalles magníficos en las puertas, entonces los guardias la abrieron, era increíble, casi indescriptible con palabras, tan grande como nunca me lo hubiera imaginado, la baldosa parecía un espejo de lo limpia que se encontraba, unos gigantesco ventanales dejaban entrar la luz de la mañana, muebles en las orillas de gran salón con adornos, paredes de mármol amarillo, el techo era tan, pero tan alto como en ningún otro lugar, media unos cuatro metros, donde habían dibujado una puesta de Sol, tan real que casi podía sentir los rayos del Sol que se estaba ocultando tras las nubes espesas, las tonalidades rojizas y anaranjadas le daban el toque especial.

—Es hermoso —dije mientras no dejaba de mover mis ojos de un lado a otro, hasta que se quedaron clavados en el cerezo que estaba justo en medio del gran salón, rosado como el de mi cabello, grande y frondoso, ninguno de sus pétalos estaba en el suelo, con ciento de ramas cubiertas de flores rosas, caminé hacia el cerezo, contemplando su belleza, memorizando cada flor, su hermosura impactaba— Increíble —dije tocando su tronco grueso, era áspero.

—Aquí está bien —escuché que dijo Sasuke a Tamotsu, entonces oí cuando cerró la puerta, ahora estábamos solos.

— ¿Ya pensaste en alguna pregunta? —comentó mientras se acercaba a mí.

—Em. Bueno, no tengo muchas por el momento, pero, te haré algunas —dije, entonces él esperó a que ordenara mis ideas— ¿Te enamoraste de mi madre? —pregunté, él se sentó al lado del cerezo, apoyando su espalda en el tronco.

—Sí —dijo tranquilo.

— ¿Y ella de ti? —pregunté, pero él negó con la cabeza.

—No, ella se enamoró de tu padre, fue uno de los príncipes que conoció en su infancia. Ella siempre supo lo que sentía yo, pero me dejó en claro en seguida, ni si quiera alcancé a decírselo, nunca se me pasó por la cabeza decírselo, pero ella dijo con su sonrisa de siempre "Eres mi mejor amigo", su expresión me dijo lo suficientemente obvio para que entendiera que ella me decía indirectamente que estaba enamorada de otra persona, y que nuestra relación nunca pasaría a más —dijo, pero no parecía dolido o algo así, estaba muy relajado.

—Oh —dije sin saber qué más decir, entonces una pregunta iluminó mi mente— Ahora que recuerdo, tú me dijiste que cuando tu Mamoru muere, tú también, sin embargo, mi madre no ah muerto pero tú sí lo hiciste y renaciste —dije, entonces él asintió.

—Sí, verás, hay dos formas en las que podemos morir, pero les damos más énfasis a una de ellas solamente, porque es la más… grave, me refiero a cuando muere el Mamoru y luego el Guardián, esa la más grave, en cambio, la otra es como "una buena noticia", cuando el Mamoru ya tiene confirmada la otra generación que son sus hijos, el Guardián muere sabiendo que volverá a renacer a cuidar a la hija o hijo de su antiguo Mamoru —comprendí lo que me dijo, y me concordé con él, ya que parecía una "buena noticia" esa forma de "morir"— La diferencia de estas dos muertes, es que en una renacemos, y la otra, es una muerte eterna —concluyó.

—Entonces, ¿Cuándo moriste sabías que mi madre estaba embarazada? —pregunté.

—Sí, ella misma me lo dijo, entonces supe que mi misión había terminado con esa generación —respondió.

— ¿Cuántos Guardianes crees que queden vivos? —pregunté.

—Supongo que unos diez —dijo pensativo.

— ¿Y cuántos eran al principio?

—No sobrepasábamos los ochenta y algo, no éramos muchos.

—Oh…Em.…, me dijiste que los Haruno se hicieron reyes e hicieron a los Hyuuga su mano izquierda y a los Uchiha su mano derecha ¿No? —pregunté algo dudosa.

—Sí, a la cuarta generación de los Haruno, se hicieron Reyes, y como se llevaban tan bien con los Hyuuga, los convirtieron su mano izquierda, y obviamente que no podían dejar a los Uchiha de lado, así que los nombraron como mano derecha.

— ¿Pero qué pasó con los Hyuuga? ¿Siguen siendo la mano izquierda? —pregunté.

—Lo siguen siendo, pero la relación de amistad se ah perdido, a excepción de esta generación, ya que tu mejor amiga es Hinata, es la segunda vez que los Haruno se llevan bien con los Hyuuga. Los últimos años su relación ah sido muy distante, y sólo se hablan cuando tiene que ver con el dinero, de otra forma, nunca se hablan. De hecho, creo que tu madre no se llevaba muy bien con el padre de Hinata, según Haruno, era muy malas pulgas —comentó.

—Ya veo, pero si siguen siendo la mano izquierda de los Haruno, ¿Por qué su padre vive en endeudado? —pregunté.

—Ah bueno, cinco generaciones antes que tú, es decir, tu tátara abuela, disminuyó la paga de los Hyuuga, ya que ellos habían intentado manejar el dinero para su beneficio y ganar más a escondidas. Tu madre intentó arreglar el asunto, pero, bueno, supongo que conoces al padre de Hinata —dijo, sin querer comentar sobre él, ya que al parecer le caía igual de mal que como a mi madre.

— ¿Qué pasó con los Uchiha? ¿Aun siguen siendo la mano derecha de los Haruno? —pregunté, entonces su mirada se fijó en el suelo, cerrando los ojos.

—Nuestro apellido murió hace ya muchos años —dijo con tono triste.

— ¿Cómo? —me sentí mal al obligarlo a hablar de algo que le hacía sentirse triste, pero mi curiosidad me era impulsiva.

—Fuimos asesinados, éramos los guardaespaldas de los Haruno, y un grupo que se hacían llamar "Los Hankoosha", quienes eran los que estaban en contra del reino para los Haruno, hicieron un plan para matarnos a todos, estaba muy bien elaborado, y en un día… todos murieron…—Me senté más cerca de él, y tomé su mano, no encontraba las palabras adecuadas para el momento, y lo único que se me ocurrió fue tomarle la mano, como, intentando brindarle fuerzas.

—…yo no estaba con ellos, estaba con Kaoru Haruno, que era la princesa aquel tiempo, los Uchiha vivíamos atrás del Palacio, teníamos nuestro propio "pueblo" privado, donde vivíamos todos los Uchiha, mis tátara abuelos, todos. Luego de haberlos matado a todos, entraron al Palacio, mis instintos felinos me advirtieron que algo no iba bien, ya que el olor a sangre estaba en todo el ambiente, en tanto me di cuenta de que habían intrusos en el Palacio, me llevé a la princesa conmigo, y escapamos del Palacio con unos cuantos guardias, y con nosotros también nos llevamos a Lydia Hyuuga, que era la heredera a la riqueza de los Hyuuga. Escapamos con éxito, luego de avisar a Seguridad Nacional, hicieron justicia con Los Hankoosha, y pudimos volver al Palacio, fue un año terrible para todos, ya que todos habían muerto, tanto mi familia como la de Haruno y Hyuuga.

— ¿Y qué hicieron con el trono? —pregunté asombrada.

—Kaoru no quería tomar el trono, se rehusó a hacerlo. Por ello Konoha comenzó a decaer drásticamente, fue un mal año para los ciudadanos también.

—Pero, si ella no tomó el trono ¿Qué hicieron entonces? —pregunté.

—Ahí se las arreglaron, no tomé en cuenta esas reuniones —dijo relajado— Cambiado el tema, ¿Desde cuándo que estabas enamorada de Sai?

Su pregunta me pilló desprevenida, quedé en blanco por un momento, un momento que me pareció eterno, hasta que pude volver a controlarme y por fin responderle.

—Desde… desde sexto básico —dije, viendo cada movimiento que hacía él, pude notar un pequeño movimiento de sus cejas, una de ellas se había elevado rápidamente, pero luego volvió a la normalidad.

—Eso es mucho —comentó, su voz parecía algo enojada. Quería cambiar el tema, no quería que se enojara, así que pensé en otra cosa.

—Sasuke-kun, ¿Cómo me encontraste?, ¿Cómo supiste que era yo tu Mamoru? —pregunté, me miró por unos momentos.

—No fue muy difícil, para empezar nací en la misma ciudad, y tu cabello resalta sobre los demás.

—Sí, pero… ¿Me buscaste, o me encontraste por casualidad?

—Te busqué, busqué por todos los rincones de la ciudad, cada callejón, cada calle, cada plaza y cada colegio, pero al primer lugar al que fui fue al Palacio, me sorprendió no encontrarte. Hasta que un día, iba vagabundeando por ahí en la calle y unos perros comenzaron a seguirme, corrí como no lo había hecho en siglos pero… me salvaste…

— ¿Qué? ¿Cómo?

— ¿No lo recuerdas? Nuestro primer encuentro, los perros me seguían y entré a un mercado, tú ibas saliendo con unas bolsas y espantaste a los perros gritándoles y pateando el suelo, después de eso, te acercaste a mí, me acariciaste y me diste una galleta, luego te fuiste.

— ¡¿Eras tú? —pregunté sorprendida, recordaba perfectamente aquel gatito crispado y sucio.

—Sí —dijo, algo avergonzado— Nuestro segundo encuentro, fue cuando iba por la calle, estaba enojado porque no podía volver a encontrarte, los humanos pasaban por mi lado y los rasguñaba, luego corría para que no me atraparan, y en una de esas huidas, entré a un callejón… entonces, de repente todo se achicó, y me di cuenta de que me había vuelto humano…

— ¿Qué tiene eso?

—Es una especie de señal, al transformarme en humano quería decir que tú estabas cerca.

— ¿Entonces me buscaste?

— Me volví a convertir en gato, y salí a buscarte…

— ¿Pero porqué no me buscaste con forma humana? Habría sido más fácil así, y me habrías podido hablar ¿No crees? —pregunté, entonces me miró de reojo, luego se sonrojó levemente.

— ¿Cómo iba a hablarte si no tenía ropa? —preguntó mirando hacia otro lado.

— ¿No…Tenías….? —me callé, y miré el suelo, luego recordé algo— Pero, una vez, cuando estaba en el hospital tú te transformaste justo frente a mis ojos, y tenías ropa —dije.

—Sí, pero cuando muero… la ropa desaparece, en cambio cuando sólo me transformo en gato o en humano durante mi vida, la ropa permanece.

— ¿Cómo haces eso?

—No lo sé, el mago loco tenía sus trucos para esto —dijo.

—Oh… y, ¿Cómo fue nuestro segundo encuentro? —pregunté, volviendo al tema.

—Ah, me convertí en gato y salía a buscarte, hasta que te encontré fuera de tu casa, estabas limpiando con la puerta abierta, después esperé hasta que oscureciera… necesitaba confirmar si eras tú o no… entonces cuando ya era de noche, fue un apagón, lo que me ayudaría a entrar a tu casa sin que me vieras, sobre el techo me transformé en humano, entre a tu casa… a pesar de que ya sabía que eras tú mi Mamoru, bajé las escaleras y te encontré frente a la estufa a leña, me quedé muy cerca de ti, pero al parecer no me notaste, entonces me fui y busqué una caja cualquiera en los basureros, salté tu reja, me convertí en gato y me metí dentro de la caja, luego comencé a moverla para hacer ruido… entonces abriste la puerta y me encontraste.

—Espera… ¿Eras tú? —pregunté recordando aquel sentimiento de pánico que me invadió en ese momento, cuando estaba sentada frente a la estufa a leña y escuché una respiración, muy cerca de mi oído, se me erizó la piel en ese momento… casi me da un paro cardiaco, y más encima, después tocan la puerta haciendo un ruido tan raro que casi me parte el alma. Entonces fruncí mi entre cejo— ¡A sí que eras tú el bromista! —dije enojada, Sasuke me miró sin comprender.

— ¿Bromista?

— ¿Tienes idea del pánico que me dio al escuchar una respiración tan cerca de mí, y más encima, después escuchar que tocaban la puerta? ¡Eso se parecía a las películas de terror! ¡Casi me muero del miedo! —me quejé, él me miraba con ojos grandes.

—Yo, no sabía que te ibas a asustar, y… tampoco sabía que me habías escuchado cuando me acerqué —dijo, con tono relajado. Pasó un momento en silencio, quizás ambos pensábamos lo mismo ¿Qué pregunta hago ahora?

— ¿Cómo conociste a Naruto? —pregunté, entonces él me miró con expresión de estar ordenando las ideas.

—Vivimos en la misma época, éramos amigos de la infancia. Con la pequeña diferencia de que fui la primera mascota —dijo, con un ligero gesto de molestia en su rostro con la última palabra.

— ¿Quién vino después de ti? —pregunté.

—Era… Asami, la chica que podía ser tan fuerte como un elefante —dijo, pero su expresión parecía como si le fuera difícil hablar del tema.

— ¿Estás bien? —pregunté.

—Sí, es sólo que… tantos años, se me olvidan los recuerdos —dijo cerrando los ojos, mientras que con una mano se tocaba la frente— ¿Viviste siempre sola? —preguntó.

—No siempre, mis primeros doce años los viví con Tsunade-sama, en su casa. A veces iban mis padres a visitarme, pero luego de eso, dijeron que tenía que tener mi espacio… ya que dormía en la misma pieza de Tsunade-sama en su departamento. Por eso me compraron una casa, me mandaban el dinero necesario para que mantuviera la casa en pie, pagara el colegio, comprara comida, pagara la luz y el agua, y lo que quedaba era mi mesada, todo eso mientras ellos estaban fuera —comenté.

— ¿No te enojaste con tus padres por ello? —preguntó.

—Los primeros años sí, porque estaba completamente sola, no podía traer a Hinata a quedarse a vivir conmigo. Pero luego comprendí que era su trabajo y que no tenían la culpa de ello, además de que su contrato era indefinido. —respondí, basándome en lo que pensaba antiguamente.

— ¿Estás preocupada por tus padres, no? Lo pregunto porque no pareces estarlo —comentó.

—Lo estoy, pero… intento no mostrarlo, no quiero preocupar a los demás…—dije pensando en todos los que estaban en el Palacio, preocupados de seguro, y mi intención era no preocuparlos.

Continuará


En el próximo capítulo: "Interrumpidos y una confesión"

- ¿No iré al colegio?

- Ese maldito Taisho

- ¡¿Cómo se supone que voy a casarme con alguien de la realeza que nunca eh conocido?