Naruto no me pertenece.

Otro Hidan x Deidara muy bizarro.

Para mi seme, hare que te guste la pareja y te obsesiones, jum.


Después de mucho tiempo de que ambos estuvieran ocupados o en países distintos por fin había conseguido que ambos pasaran una noche juntos.

Había consultado todo aquello con Konan ya que ella era la que mas parecía saber del tema del grupo y al final todo había resultado infructuoso, solo le había hecho un par de recomendaciones de no usar nada explosivo, lo cual era una pena ya que su perfecta noche romántica no seria nada artística pero algo le decía que Hidan no sabría apreciar su arte.

Itachi había escuchado su conversación con Konan y se había metido sin ser invitado recomendándole que preparara una bañera con rosas lo cual aunque había jurado no hacer había acabado haciendo, solo esperaba que Zetsu no se lo contara… aunque bien pensado así tendría la oportunidad de convertirse en arte.

Mientras Deidara se paseaba por la habitación reflexionando sobre todo lo que había tenido que pasar para preparar todo aquello Hidan entro en la habitación de forma escandalosa gritando algo sobre su dios y sobre lo idiota que era Kakuzu, cosas que por supuesto no entendió, pasó a su lado sin fijarse en su presencia y se dirigió al baño.

El rubio le maldijo en su interior ya que aun no era el momento de que viera su obra maestra de la bañera. Un momento después escuchó como la bañera era vaciada y abrió el baño de golpe contemplando como Hidan había quitado el tapón.

-¡Tú! ¡¿Qué se supone que haces, hum?

-¡ZETSU HABIA INVADIDO TU BAÑERA CON SUS CRIAS!

Deidara automáticamente frunció el ceño.

-IMBECIL, hum ¡No eran sus crías! ¡Yo lo había preparado, hum!

-¿ERAN FLORES EXPLOSIVAS ENTONCES?

-No lo eran, hum, serian más hermosas entonces, hum

El peliblanco decidió dejar de escuchar lo que decía el otro hombre y salio del baño. Deidara suspiró y trato de recoger los restos de pétalos de la bañera para que el desagüe no se atrancara, bien mirado lo de las flores explosivas no era una mala idea…

Un rato después salio del baño, al no encontrar a Hidan en ningún sitio se dirigió al dormitorio donde el otro había colocado todas las velitas con las que había adornado la habitación de forma que reproducían uno de los círculos de adoración a su dios.

Llevaba menos de una hora allí y ya le había sacado de quicio, realmente no soportaba a aquel cretino. Después de tantos esfuerzos llegaba él y… Decidido, iba a echarle de allí y a convertirle en arte.

A la mañana siguiente…

El rubio se despertó frotándose los ojos con el dorso de la mano y abriéndolos con lentitud. La ropa de ambos hombres estaba repartida por la habitación y el peliblanco dormía ocupando prácticamente toda la cama y murmurando incoherencias a su lado, se maldijo internamente recordando las horas de sexo descontrolado con el otro mientras observaba las marcas en su cuerpo.

Suerte que un artista no necesitaba fuerza de voluntad…