Sin más rodeos empezamos la historia. El miércoles habrá nuevo capítulo.
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Capítulo 1
Mi nombre es Isabella Swan, tengo 29 años y puedo decir que mi vida es perfecta. Soy una reconocida escritora y básicamente le escribo al amor, debe ser por el hecho de estar enamorada.
No soy una mujer escultural, pero tampoco soy fea. Mido un poco más de un metro con 60 centímetros. Mi cabello es largo, ondeado y de color castaño. Mis ojos son de color café achocolatado y creo que son lo más rescatable de mí. No tengo grandes curvas, pero no estoy tan mal tampoco.
Hoy es un día especial. Hoy se cumplen cinco años desde que mi novio y yo decidimos vivir juntos, y seis desde que empezamos a salir. Nunca pensé encontrar a alguien como él, pero el destino lo puso en mi camino de una manera inusual y hasta hoy estoy agradecida por ello.
Flash back
-No puedo creer que hayan vendido el vestido, yo lo encargué hace meses – estaba molesta. Mejor dicho podría matar a aquella que osó en comprar mi vestido.
Hace meses vine a la tienda a revisar la última colección. Vi en el catálogo un hermoso vestido en color plata, lo encargue de inmediato, era justo lo que necesitaba para el evento. Lanzaba mi primer libro y quería estar perfecta.
-Lo siento señorita, pero soy nueva y el computador no me marcó que el vestido estuviera encargado- dijo la joven vendedora con ojos aterrorizados – pero hay otro muy lindos de esta colección, vienen recién llegando – yo no quería otro vestido.
-No quiero otro vestido, así que mueve tu precioso culo y tráeme a Alice, me encargaré de que pierdas tu nuevo empleo por ineficiente – no acostumbraba a ser tan descortés, pero era mi vestido, con el que había soñado hace meses y esta ineficiente lo vende.
- Sabes, yo creo que ese vestido azul te quedaría mucho mejor – me volteé para saber quién osaba en entrometerse en mis asuntos el peor día de mi vida.
Me tuve que tragar los insultos que tenía para él. Frente a mi tenía al hombre más hermoso que había visto en mi vida. Su cabello tenía un color rubio broncíneo único y a pesar de estar todo revuelto, daban ganas de perderse entre sus hebras. Su nariz respingada, su mandíbula recta y sus labios carnosos rodeando su perfecta sonrisa, casi me hacen desfallecer. Muy alto, por lo menos unos 30 centímetros más que yo y se veía bastante fuerte, sin llegar a parecer amenazante. Pero, sin dudas, sus ojos verde esmeralda fueron los que me hipnotizaron, eran tan profundos que estaba segura que me dejaban ver su alma.
-No creo que sea de tu incumbencia – dije cuando pude recobrar la conciencia.
-¡Edward que sorpresa! – Alice venía dando saltos a encontrarse con nosotros – Bella ¿qué ha ocurrido con Renata? La pobre llegó a mi oficina de rodillas suplicándome que no la despidiera – Y ahora la muy inepta se hacía la victima sabiendo que Alice era más buena que el pan.
-Vendió el vestido que encargué hace meses. Te dije que no dejaras escapar a Jane, era mucho más eficiente – casi lloraba – te das cuenta, en menos de una semana lanzo mi primer libro y no tengo que ponerme – Alice se acercó – toda la decoración y mis accesorios eran en torno a ese vestido –
Alice caminó hacia un colgador y sacó el vestido azul que antes el señor guapo me había sugerido.
-Yo creo que este te quedará mejor, el otro era demasiado largo para ti – el hombre sonrió con suficiencia – por cierto no los he presentado, Bella él es Edward Cullen, Edward ella es Bella, mi hermana mayor.
Él me tendió la mano y yo acerqué la mía para tomar la suya, una corriente eléctrica me azotó entera tras ese gesto. Edward también lo notó y sonrió sin dejar de mirarme a los ojos. Fue algo mágico e intenso. Ahí comenzó todo.
Fin flash back
Una sonrisa tonta se dibuja en mi rostro al recordarlo, nunca más pude ver esta tienda de la misma manera. Después de conocerlo, pasó a ser uno de mis lugares favoritos en el mundo.
-Alice llamando al planeta Bella – Alice era la dueña de la boutique más rentable de la ciudad de Nueva York. Si querías verte bien y tenías el dinero suficiente, el paraíso de Alice era un lugar obligado a visitar.
Alice y yo siempre fuimos muy distintas, pero a la vez inseparables. Ella es más baja que yo, tiene el pelo negro azabache, corto y desflecado. Sus ojos como aceitunas de color caramelo y sus pequeñas facciones le dan un aspecto de hada de cuentos. Es igual de pálida que yo, pero no tiene las mejillas constantemente sonrojadas.
-Alice lo lamento, estaba acordándome de cómo conocí a Edward – dije más para mí – te acuerdas que entró a tu tienda sólo a decirme que el vestido azul me quedaría mejor – reí al recordarlo.
Edward me había visto desde la vitrina y no supo por qué en un segundo estaba dentro de la tienda tras de mí.
-No entiendo a Edward – respondió Alice, poniendo cara de análisis – lo conocí en la universidad, es el mejor amigo de Jasper. Muchas chicas andaban babosas tras sus pasos, pero él no salía con nadie, de hecho me extrañó que nada más al verte se haya acercado, pero más extraño es que ustedes dos nunca se hubiesen visto si todos estudiábamos en la misma universidad. Es muy retraído y es raro que a pesar de que nos conocemos hace casi diez años, no habla más de dos minutos conmigo sin sentirse incómodo, Jasper dice que ni siquiera con él comparte mucho.
Alice tenía razón, Edward jamás compartía nada con nadie. A mí, que creo conocerlo bien, a veces me desconcierta. Siempre he sentido que oculta algo, pero no me atrevo a preguntar, es como si hubiese una pared invisible entre nosotros. Llevamos cinco años viviendo juntos, pero a pesar de saber que me ama y que yo lo amo más de lo que imaginé que llegaría a amar a alguien, nunca sé si lo que me dice es lo que realmente está pensando o simplemente dice lo que yo quiero oír.
-Además – siguió Alice con su monólogo – llevan seis años juntos y cinco años viviendo bajo el mismo techo, y jamás te ha hablado de su familia – la interrumpí.
-Creo que a él no le hace bien hablar de eso, tú misma dices que Jasper lo conoce hace quince años y sabe menos que yo, a mi no me importa, sé que algún día me dirá qué es lo que le atormenta – Esta vez Alice me interrumpió.
-Pero que me dices de ustedes, Bella después de cinco años viviendo juntos y ni siquiera ha mencionado la palabra "Matrimonio" - dibujo comillas en el aire - no digo que tengan que casarse ahora, pero por lo menos definir qué tipo de relación quieren llevar, proyectarse, pensar cuántos hijos quieren tener – Sabía que no era buena idea pasar por la tienda de Alice, desde que nos fuimos a vivir juntos se empeña en sacar este tema por lo menos cada seis meses.
-Alice, por favor. Soy feliz así como estamos – simule una sonrisa – no quiero inmiscuirme en sus asuntos, él debe tener sus razones para ser así. Yo permaneceré a su lado hasta que él lo quiera así, y estaré para lo tenga que decirme en el momento que lo decida – Edward me preocupaba demasiado, a pesar de ser dos años mayor que yo a veces era tan vulnerable que parecía un chico indefenso, sobretodo mientras dormía y hablaba en sueños.
- Tú verás, pero creo que deberían hablarlo. Tú siempre soñaste con entrar vestida de blanco del brazo de papá a una iglesia, mientras en el altar te espera tu apuesto caballero. ¿Dónde han quedado tus sueños Bella? – Alice nunca había ido tan allá, siempre trataba de ser sutil, sin embargo hoy estaba empeñada en hacer de mi cabeza una mazamorra de dudas y respuestas a medias.
-Te recuerdo que papá murió hace años –recalqué.
Charlie y Renée, nuestros padres, habían muerto en un accidente de tránsito cuando Alice tenía diez años y yo tenía doce. Luego de eso, mi abuela Marie Swan se hizo cargo de nosotras. Ella falleció hacían tres años.
–Estaba demasiado pequeña y todo era idealizado. Ahora soy adulta y sé que las cosas no siempre son como queremos – proseguí con mi defensa.
-Bella, sabes a lo que me refiero – debía cortarla si no quería arruinar esta noche especial.
-Alice, cariño se me hace tarde, debo prepararme para la noche – la abracé y di un beso en su mejilla – Cuídate mucho. Saludos a Jazz – Jasper era el prometido de mi hermana, se casaban en un mes.
-Te quiero Bells – se separó de mí – ojalá hoy por fin Cullen llegue con el anillo a casa – murmuró con rabia para ella misma.
-Alice – dije en tono de reproche. Ella sólo me miro con ojos de cachorrito indefenso mientras yo salía de la tienda.
flash back
- Bella – captó mi atención - hay algo que quiero decirte.
Edward, el tipo que había conocido en la tienda de Alice, de alguna manera (Jasper, que a su vez se lo pidió a Alice) se había conseguido mi número de celular y me había invitado a cenar. Yo acepté, era muy guapo y todo un caballero. Ya estábamos en el postre y lo veía removerse nervioso en su asiento.
-Tú dirás – lo miré a los ojos y en ellos vi tantas cosas que me asuste. Veía un debate interno, como si tuviera miedo de decir lo que diría.
- No sé cómo hacer esto – dijo frustrado – Bella – respiro, me miró a los ojos y tomó mi mano sobre la mesa – me gustas. Desde que te vi peleando con la vendedora de la tienda de Alice no puedo dejar de pensar en ti. Iba pasando por ahí y cuando te vi no supe cómo, pero en tres segundos estaba tras de ti buscando una escusa para hablarte. No es fácil para mí decirte esto y entiendo si me rechazas y te parezco un loco de remate, pero creo que te quiero y nunca había sentido nada tan intenso como esto. Es tanto así que tengo terror de lo que me pasa y de la influencia que ya estas teniendo en mí – tomó aire y lo botó enseguida bajando la mirada.
Me quedé petrificada. No todos los días un chico guapísimo te suelta algo como eso. Nuestras manos seguían unidas, pero su mirada estaba perdida en las flores bordadas del mantel. Un segundo después levantó su rostro y me traspaso con esos pozos verdes hasta calarme los huesos. Fue ahí cuando supe que Edward Cullen era el hombre de mi vida.
Fin flash back
Mi móvil sonó, conecté el "manos libres" sin ver quién era y contesté:
- Diga – solo oí un suspiro del otro lado que me indicó lo que venía – Edward no lo digas.
- Bella, lo siento. Es mi trabajo y esto salió de repente, debo entrar a pabellón ahora, no es una operación complicada, antes de las once estaré en casa – y otra vez lo hacía.
A veces pienso que sólo está conmigo para no estar solo. Siempre que tenemos algo importante que celebrar o que hablar, a él casualmente le aparece una urgencia en el hospital. Sin embargo nunca me sentiría capaz de reclamarle nada.
-No te preocupes, atrasaré la cena y me arreglaré linda para ti. Espero que no llegues muy cansado - lo oí reír y pude imaginarme su ojos rodar.
- Ya eres linda Bella – me sonrojé, a pesar de ir sola en el coche – te amo Bella, gracias por soportarme estos seis años – y una lágrima bajó por mi ojo – Nos vemos en casa.
-Te amo y te estaré esperando siempre, ya lo sabes - se cortó la llamada.
Seis años habían pasado, pero para mí es como si fuera un segundo. Me encanta que el Edward tímido que todos creen conocer cambie al traspasar la puerta de nuestra casa y me muestre al Edward que sólo yo logro sacar, el verdadero; me encanta que me sorprenda, más que con regalos caros, con pequeños detalles que lo hacen especial; me encanta cuando lo descubro mirándome dormir y él se sonroja avergonzado; pero, por sobre todo, me encanta que yo sea la elegida de compartir cada una de sus noches y recibir cada uno de sus gestos de placer.
Llegue al departamento. Vivíamos en el piso 125 de un edificio en la Quinta Avenida, con vistas al Central Park. Era pequeño, de un ambiente para la sala, el comedor y la cocina americana, todo decorado con vanguardia minimalista. Con una habitación, dos Baños y un armario gigante. Es que no hay cosa que me moleste más, que salir con la ropa arrugada por tener que guardarla toda apretujada. Además al fondo de mi armario, tenía mi escritorio con mi laptop. Puede sonar frívolo, pero entre mis vestidos de diseñador es donde me inspiro mejor. A veces también salgo a escribir a la terraza, tengo acceso a ella desde la habitación o desde la sala.
Flash back
-Bella, desde aquí tendré que taparte los ojos – detuvo el auto en una esquina y me vendó los ojos.
-Edward, sabes que no me gustan este tipo de cosas, sabes que le tengo miedo a la oscuridad – tomó mi mano.
-Mientras estés conmigo no te va a pasar nada. No dejaré que nunca te pase nada – siguió con mi mano tomada mientras pasaba el cambio y echaba a correr el coche otra vez.
Dimos un par de vueltas más. Luego de quince minutos detuvo el coche en lo que suponía un estacionamiento subterráneo. Abrió mi puerta y tomó mi mano para ayudarme a bajar.
Caminamos un poco y subimos a un ascensor. Lo sentía temblar, aunque con los ojos vendados no podía estar segura.
-Edward, de qué va todo esto – pregunte ofuscada, se suponía que hoy celebraríamos nuestro primer año juntos – cuál es la sorpresa, traerme a un hotel con los ojos vendados – dije irónicamente.
-No es un hotel – respondió con voz monocorde – y ya estoy lo suficientemente nervioso como para que tú me pongas más – el ascensor se detuvo y él me guió fuera.
Caminamos en silencio, estaba nervioso y no quería complicarlo más. Nos detuvimos y sentí el sonido de llaves, luego dimos un par de pasos más y entonces me destapó los ojos.
Frente a mí tenía el departamento más hermoso que había visto, junto a la mejor propuesta que me habían hecho nunca, la de compartir cada noche con Edward.
Fin flash back
A las 21:30 la cena ya estaba en el horno y la mesa estaba puesta, sólo faltaba encender las velas. Me fui al cuarto a decidir qué ponerme. Finalmente opté por un vestido azul strapless con un recogido en el canalillo de los senos que los hacía verse más grandes. La tela caía libre hasta que al final se enangostaba para dar el efecto globo. Alice me lo regalo para mi cumpleaños hacía dos meses y encontré el momento perfecto para usarlo.
Me di un relajante baño de tina, luego me maquilé, me peine y me puse mi ropa interior, comprada esta misma tarde en "Victoria's Secret". Finalmente cuando faltaban diez minutos para las once estaba lista para esperar a mi amado.
Me senté en el sofá y encendí el televisor para esperarlo. A las 23:10 me levanté a encender las velas, seguramente ya venía en camino. La última vez que vi la hora eran las 23:40, pero los ojos se me cerraban y luego después me dormí.
Adelanto del próximo capítulo:
"-Rose ¿Cuándo llegaste? – la abracé y ella me correspondió.
-Ayer – respondió con una sonrisa – mis treinta los quiero celebrar con mis amigas, como corresponde. Además, hubo cambio de planes.
Rose es relacionadora pública en la importante empresa "CC Corporation", empresa que era dueña de medio Nueva York. Tenía carácter y buen trato, era ideal para esa profesión. Se suponía que estaría un mes de vacaciones en Las Vegas, pero habían pasado recién dos semanas. Su cumpleaños era en tres días.
-Y cuál sería ese cambio de planes – Rose sonrió más ampliamente y me extendió su mano derecha, en la que descansaba una hermosa alianza de matrimonio. La miré con los ojos abiertos a más no poder, esto debía ser una broma – ¡Noo! – chille alto y fuerte. Ella asintió – Pero, cómo, con quién – no lo creía"
