Gracias a todas las que le han dado una oportunidad a esta historia.

y sophia18, Gracias por sus comentarios


Música recomendada: Suavecito – Ricardo Arjona


Capítulo 2

Flash back

Era un día especial, mi abuela cumplía ochenta años. Estaba en nuestro departamento esperando que Edward llegara del hospital para irnos juntos a la celebración. Llevábamos seis meses viviendo juntos.

Edward se llevaba muy bien con Marie. Cuando todos mis conocidos se quejaban del carácter huraño de mi novio, ella lo defendía con uñas y dientes. Aún así este tipo de celebraciones lo ponen nervioso, siente que demasiada gente está pendiente de lo que hace, de lo que dice. En parte me siento culpable, pues gracias al éxito que están teniendo mis libros, yo lo empujo a esa situación.

Mi móvil sonó, sin ver la pantalla ya sabía qué pasaba, tendría que irme sola, él tenía una emergencia.

Fin Flash back

-Bella – su voz interrumpía mi sueño, pero no podía abrir los ojos - amor despierta, te lastimarás el cuello – sentí que me elevaba y desperté de golpe.
-Cariño – le di un casto beso en los labios – me dormí lo siento – lo miré y noté que tenía los ojos sombríos. Se sentía culpable. Tomé su rostro entre mis manos – Amor no es tu culpa, es tu trabajo y lo entiendo – suspiré al ver que su rostro se relajaba un poco – ahora bájame para calentar la cena, debes estar hambriento.

Me bajó pero siguió con sus manos aferradas a mi cintura. Subió una lentamente a través de mi cuerpo, dejándola descansar en la parte posterior de mi cuello. Se fue agachando y yo me fui poniendo en puntillas para, finalmente, fundirnos en un beso. Su lengua comenzó a delinear mis labios y yo los abrí para darle paso a encontrarse con la mía. Yo tenía mis manos enredadas en su despeinado cabello y el afianzó aún más su abrazo.

-No sé que he hecho para merecer una mujer como tú – dijo jadeando cuando rompimos el beso – Te amo Bella, te amo más de lo que nunca creí amar a nadie – me abrazó y escondió su rostro avergonzado entre mis cabellos.
-Edward, no te sientas mal por decirme esas cosas – se separó para mirarme a los ojos – Yo te amo y me encanta escuchar que tú también a mí – sonreí y me separé rumbo a la cocina.

Pasaban las dos de la madrugada, pero ahí estábamos nosotros, en la terraza riendo mientras abríamos una botella de vino espumoso para celebrar. Cada diez palabras, Edward se inclinaba a besarme y decirme lo bella que estaba. El verlo así de contento me daba la fuerza y la paciencia para esperar por él cada noche, para soportar su trabajo y para entender, en parte, su rechazo a llevar una vida social activa.

En un principio me molestaba un poco que no quisiera acompañarme a los eventos, que por mi trabajo, estaba obligada a ir. Hizo el esfuerzo de acompañarme algunas veces, pero nunca lo veía cómodo. Odiaba los flashes, las preguntas ácidas de los periodistas, las conversaciones banales en las que muchas veces nos veíamos envueltos y eso lo hacía perder el brillo especial, ese brillo del cual me enamoré.

-En qué piensas amor – me sacó de mis cavilaciones.
-En que me encanta ver ese brillo en tus ojos, ese brillo especial que me enamoró – me incliné y lo besé otra vez.

Nunca me cansaría de sus labios. Él se separó antes de lo que yo quisiera. Me quito la copa y la dejó junto a la suya en la mesa. Me levantó de la cintura y yo rodeé la suya con mis piernas. Caminó conmigo hasta la habitación, mientras besaba mi cuello. Era tan jodidamente perfecto sentir sus caricias en mi piel. Siempre tan delicado y a la vez tan salvaje. Nunca podría compartir mi cama con otro hombre.

Una vez en el cuarto, me dejó en el suelo y empezó a desnudarme. Quitó el vestido con mucha delicadeza, dejándome con un conjunto de ropa interior azul. Me volteó y comenzó a besar y lamer mi espalda, mientras que sus manos iban desde mis pechos hasta mis caderas. Volteé rápida y desesperadamente para cazar sus labios e intentar quitar su ropa que ya me estorbaba.

Una vez desnudos, me recostó sobre la cama y él se puso sobre mí. Besó nuevamente cada parte de mi cuerpo, deteniéndose en mi centro, donde lamió y besó mi vagina. Ya no aguantaba más.

-Edward, hazme el amor – dije con poca voz.

Siguió subiendo con sus labios hasta llegar a los míos, los besó, los chupó y los mordió, mientras su lengua entraba lascivamente en mi boca. Entró en mí lentamente. Dejó mis labios y me miró a los ojos. Acarició mi mejilla con el dorso de su mano y me sonrió con ternura.

- Mi niña hermosa, sé que nunca me dejarás caer – y sin más comenzó a moverse dentro de mí.

Su respiración se mezclaba con la mía y su frente estaba perlada por una capa de sudor. Eran estos los momentos en que Edward me parecía más arrebatador, pero eran también en estos momentos cuando lo sentía más vulnerable y cuando su pared parecía derrumbarse.

Sus movimientos se hicieron más rápidos, yo sentía que el clímax estaba por llegar. Los músculos de su pecho se contraían y sus brazos me parecían más duros que de costumbre mientras los sostenía. Pero, sin dudas, la mueca de placer en su rostro y sus ojos fijos en los míos me hacían estremecer.

Su pecho presionó aún más sobre mis senos, sus manos se anclaron en mis caderas y su pelvis rozaba levemente mi clítoris. Yo encogí mis piernas pegando mis pies a la cama. Su frente se pegó a la mía y en un grito de placer llegué a uno de los mejores orgasmos de mi vida, viniéndose él detrás de mí.

Él fue el primero y, sin dudas, sería el último.

Flash Back

- Bella, te quiero, te amo, te deseo – dijo para entrar lentamente en mí.

En mi vida había sentido un dolor más grande, pero traté de fingir para no preocuparlo. Nunca le dije que era virgen. Cuando él lo notó se detuvo y quiso salir de mí, más no se lo permití.

-Bella por qué no lo dijiste, hubiese sido más cuidadoso – de mis ojos empezaban a salir las lágrimas.
-Sólo sigue, después haces las preguntas – respondí, quería que apagara la llama que lentamente se estaba encendiendo.

Me hizo el amor de la forma más tierna y delicada. Después del dolor inicial no sentí nada más que un enorme placer.

-Ha sido el momento más maravilloso de mi vida – dijo cuando logramos respirar con calma – Bella no sabes todo lo que has hecho por mí, eres el sol que llegó a iluminar mis oscuros días y la luna que vino a calmar mis tormentosas noches. Te amo mi pequeña y me alegra ser el primero – me acurruqué entre sus brazos mientras él acariciaba mi espalda.

Fin Flash Back

-Cariño, ¿estás dormida? – preguntó en un susurró. Me apegué más a él y apoyé mi cabeza en su pecho.
-No – se levantó dejando un vacío en la cama.

Volvió a los cinco minutos con una bolsita en sus manos y una sonrisa en el rostro. Aunque lo que me distraía más era verlo pasearse desnudo por la habitación. Nunca me acostumbraría a tal grado de perfección.

Se volvió a acostar a mi lado. Nos tapó con la sábana y la colcha. Sacó de la bolsita una pequeña caja y se volvió al velador a dejar la bolsita. Abrió la caja bajo mi atenta mirada y la puso delante de mis ojos.

-Tu regalo – en el interior había una gargantilla con una especie de colgante esotérico redondo plateado que al moverlo sonaba levemente como pequeñas campanillas – es un "llamador de ángeles". Me lo regaló mi madre cuando era pequeño, me ha acompañado siempre y ahora quiero que lo conserves tú – Mis lágrimas empezaron a caer, era un hermoso detalle – quieres escuchar la historia que me contó cuando me lo regaló – yo asentí.

Por primera vez me hablaba de su madre, aunque fuera poco, pero ya era un logro

– Cuenta la leyenda que hace miles de años unos duendes que compartían amistad con los ángeles, tuvieron que huir del bosque donde vivían. Por ello los ángeles como símbolo de protección les regalaron unos colgantes que sólo ellos podían llevar. Los ángeles les explicaron a los duendes que siempre que se viesen desprotegidos o en peligro deberían agitar la bola y ellos acudirían para protegerles - su voz era contenida, pero aún así no dejaba de ser hermosa.

-Es una historia muy linda Edward – lo abracé y lloré en su pecho. Edward estaba empezando a abrir su corazón para mí.
-Sé que no soy un ángel, pero quiero que esto represente lo que quiero ser para ti. Que cuando te sientas en peligro, triste, enferma o simplemente necesites la compañía de alguien, cuentes con que yo estaré aquí para protegerte.
-Te amo – lo miré a los ojos y el también tenía lágrimas– ayúdame a colocármelo – me senté en la cama y él abrochó la gargantilla tras mi cuello para después dar un corto beso al lugar.
-Te amo mi Bella, no te imaginas cuánto – volví a recostarme en su pecho. Comenzó a repartir caricias en mi espalda y a soplar mis cabellos. Me dormí en poco tiempo.

Flash Back

Estaba en mi armario, con el tiempo sobre mí y aún mi novela no estaba lista. Edward dormía en la habitación, había llegado hacia menos de una hora. Me sentí mal por no acompañarlo a comer, pero así era este trabajo, nunca sabes cuándo llegarán las ideas a tu cabeza.

-¡Bella! – sentí que me llamaba con pánico en la voz. Me levanté de inmediato.

Llegué corriendo a la habitación. Lo encontré intranquilo, con los ojos cerrados y bañado en sudor. Lo oía decir incoherencias y entre todas las palabras gritaba mi nombre. Tenía una pesadilla. Me acerqué y acaricié su mejilla, pero no se calmaba.

-Bella no me dejes – empezó a balbucear – no me dejes solo. Todos me han dejado solo. Tú no lo hagas por favor. Bella te necesito tanto – empecé a llorar de verlo tan indefenso.

¿Qué era lo que atormentaba a Edward?

Me acosté a su lado y lo abracé.

-Tranquilo cariño – susurré en su oído – nunca más estarás solo. Yo estaré siempre para ti – besé su mejilla y me acomodé entre sus brazos.

Se adaptó a mi cuerpo y pasó un brazo por mi cintura. Se tranquilizó por fin. Yo lo abracé fuertemente para infundirle fuerzas. Su respiración se calmó y yo me dormí prometiéndome a mí misma que mataría cada uno de sus fantasmas.

Fin Flash Back.

El timbre del apartamento sonó. Tanteé la cama, pero estaba sola. Abrí los ojos cuando sentí que volvía a sonar. Vi la hora, pasaba de las doce. Miré hacia la mesa que había en la recamara, había un hermoso ramo de flores en el florero. Además había un termo, una taza, pan y un vaso con jugo de naranja.

Me levanté ignorando el timbre y caminé hacia la mesa. Había una tarjeta, la tomé. La hermosa caligrafía me hizo sonreír.

Cariño no quise despertarte, estoy en hospital. Nos vemos a la noche. Te amo

Suspiré y tomé el vaso de jugo para ir a abrir la puerta. Esta vez la persona tenía su dedo pegado en el timbre. Corrí, podría ser algo urgente. Abrí la puerta y un torbellino llamado Alice entró rápidamente. No me sorprendió. Lo que me sorprendió es que tras ellas venía mi rubia amiga, Rose.

Rosalie Hale y yo nos conocimos en secundaria. Ella era la estudiante más hermosa del instituto y sigue siendo una de las mujeres más hermosas que conozco. Sus curvas son perfectas, y lo mejor que sin bisturí. Su rostro es como el de una muñeca de porcelana y sus ojos tienen un azul penetrante e intimidante. Su cabello rubio ceniza es brillante, con el volumen exacto y unas ondas deslumbrantes. Junto con Alice éramos las tres mosqueteras o las chicas súper poderosas. Ya de adultas los medios nos empezaron a llamar Los ángeles de Dior, pues John Galliano, su diseñador, hacía vestidos exclusivos para nosotras, gracias a su amistad con Alice.

-Rose ¿Cuándo llegaste? – la abracé y ella me correspondió.
-Ayer – respondió con una sonrisa – mis treinta los quiero celebrar con mis amigas, como corresponde. Además, hubo cambio de planes.

Rose es relacionadora pública en la importante empresa "CC Corporation", empresa que era dueña de medio Nueva York. Tenía carácter y buen trato, era ideal para esa profesión. Se suponía que estaría un mes de vacaciones en Las Vegas, pero habían pasado recién dos semanas. Su cumpleaños era en tres días.

-Y cuál sería ese cambio de planes – Rose sonrió más ampliamente y me extendió su mano derecha, en la que descansaba una hermosa alianza de matrimonio. La miré con los ojos abiertos a más no poder, esto debía ser una broma – ¡Noo! – chille alto y fuerte. Ella asintió – Pero, cómo, con quién – no lo creía.
-Arréglate y vamos a almorzar – me ordenó.

Rose se acababa de casar y Alice lo haría en un mes. ¿Algún día Edward y yo llegaríamos al altar? Siempre soñé con vestirme de blanco con un hermoso vestido. Llegar del brazo de mi padre, o en su ausencia de mi tío Billy y ver parado a mi príncipe azul esperando junto al sacerdote. Nunca lo hemos hablado, pero siento que no está en sus planes, después de todo un papel no me hará más feliz de lo que soy.

Flash Back

Celebrábamos nuestro aniversario número tres en casa. Habíamos invitado a Alice y Jasper a cenar con nosotros. La muerte de mi abuela nos tenía afectadas y se me ocurrió invitarlos para que ella se distrajera un poco. Ella como siempre hablaba mucho y de muchas cosas. En un instante y no sé por qué razón salió el tema de un próximo matrimonio al que estábamos invitados. Odiaba tocar el tema de matrimonios con ella, porque siempre terminábamos disgustadas.

-Y ustedes Bella, cuándo darán el sí – puso su mejor cara de cordero degollado, pero a mí no me engañaba, lo hacía sólo para disgustar a Edward, aunque él parecía ignorarla.
-Alice estamos bien así – miré a Edward y él me guiñó el ojo y sonrió – no entiendo por qué tendríamos que casarnos tan pronto – agregué.
-Por lo que se casan todas las personas Bella – imitó mi tono de voz y me miró como si fuera obvia la respuesta – Buscar estabilidad, seguridad, acceso a los seguros, tener hijos, proyectarse – iba a responderle pero Edward se adelantó.
-Con Bella somos una pareja estable, segura, tenemos al otro como beneficiario directo de los seguros, nos proyectamos juntos, en fin, un papel no hará la diferencia – dijo dejando callada a mi hermana – que nosotros no andemos a arrumacos todo el día como algunos matrimonios no quiere decir que no nos amemos de la misma forma – Alice iba a hablar, pero Jazz la hizo una seña para que no siguiera.

Les sonreí y apoyé mi cabeza en el hombro de Edward mientras analizaba sus palabras. Me extrañó que le respondiera a Alice, él nunca la tomaba en cuenta. Aunque no pasé por alto que en ningún momento tocó el tema de tener hijos, es que acaso no desea ser padre.

Fin Flash back.

-Y bien Rose, ya estamos aquí, nos vas a contar o no – dijo Alice en 5 segundos. Habíamos pedido una ensalada para almorzar y una primavera para tomar. Era muy temprano para beber alcohol.
-Bien, se llama Emmet Cullen – ¿había dicho Cullen?
-¿Cullen?, ¿será pariente de Edward? – pregunté.
-Sí, son primos. Pero no se conocen. Al parecer sus familias no se llevan bien, pero él no sabe que pasó – le restó importancia y yo fingí que también se la restaba – bien, la segunda noche en Las Vegas lo conocí en un casino. Entre trago y trago nos empezamos a conocer, más tarde seguimos celebrando en una discoteca. En conclusión terminamos liándonos y yo amanecí en su cama.

No era extraño en Rose. Ella era bastante activa sexualmente, y no es precisamente una mujer que se ate a un hombre así como así.

-Y qué pasó luego – Alice siempre tan impaciente. Yo, en cambio, agradecía que Rose fuera el centro de atención, si no hoy sería el día de "Bella, cumplieron seis años y aún no te pide matrimonio"
-Bueno los primeros dos días yo lo estuve esquivando, o sea jamás le prometí nada. Para mí había sido una noche. La tercera noche me invitó a cenar, yo no quería, ustedes saben que no soy de repetir, pero había algo en él que me hizo aceptar – sus ojos brillaban como nunca – cenamos y ahí me enteré que era el hijo del máximo dueño de la corporación en la que trabajo, me sentí un tanto VIP al ser una de las pocas personas que conocen a alguien de esa familia – sonrió con suficiencia. Los dueños de esa corporación eran una de las personas más buscadas por los medios – esa noche me llevó a mi hotel. Se despidió en la entrada con un beso en la mejilla y se fue. Ahí supe que él no sólo me quería para calentar su cama. A la semana me propuso hacer una locura y me regalo el anillo. Al otro día nos casamos – Rose tenía una sonrisa imborrable. Nunca la había visto tan ilusionada con algo.
-Me alegro tanto por ti – le sonreí y me levanté a abrazarla - y su familia y tu madre ¿qué dijo? – pregunté.
- Su familia aún no lo sabe, él se los va a decir esta noche cuando lleguen de un viaje. A mi madre la llamé anoche, ella está acostumbrada a que le de este tipo de sorpresas. Me felicitó y me dijo ahora debería ser más responsable – borró levemente su sonrisa – No sé si esto irá a resultar, pero quiero poner todas mis ganas para que así sea, si no resulta, bueno habrá que seguir buscando – Quien lo hubiera dicho, Rose casada.
-Y bueno Bella, cómo estuvo la celebración de tu aniversario – preguntó Alice. Respiré profundo para responderle, nunca era fácil tocar el tema con ella – por la sonrisa que traes hoy, me imagino que estuvo bien.
-Estuvo perfecta, él es perfecto – respuestas cortas que dicen mucho, Alice las odiaba, ella espera siempre detalles.
-¿qué te regaló? – tomé la cadena y se lo mostré. Ella lo miró como si fuera popo de caballo.
-¿Eso? – dijeron Rose y ella al mismo tiempo. Yo no borré mi sonrisa.
-Es algo que tiene mucho significado para él y ahora también lo tiene para mí – sonreí al recordar sus palabras.
-Y sigue sin aparecer el anillo – dijo Alice frustrada.
-Alice, podrías dejar el tema, hoy estoy demasiado feliz para pelear contigo – ella iba a protestar, pero alguien le tapó los ojos, su novio.

Jasper era un chico maduro, calmado y cariñoso. Alto, rubio y de ojos miel. Su sonrisa da mucha tranquilidad y siento que tiene el don de cambiar los estados de ánimo de las personas, no por nada es un excelente sicólogo. Alice no pudo escoger mejor, él es justo lo que necesita.

-Hola chicas – nos besó en la mejilla a cada una -Amor estás lista – preguntó a su prometida sentándose a su lado.
- Si cariño –Alice se levantó y tomó sus cosas con la agilidad que la caracteriza. Se despidieron de nosotras – nos vemos chicas, vamos a elegir las flores para la boda - nos chilló desde la puerta.
-Adiós Ali – respondimos al unísono.

Rose me miró y con un gesto entendí lo que me quería decir "no te enfades con ella, en el fondo sigue siendo una niña".


Próximo capítulo:

"- Bella, te dije que llegaras temprano – dijo Alice en cuanto nos sentamos.
-Faltan cinco minutos para las nueve – respondí – no crees que estás exagerando.
-No Bella. Yo no exagero. Ya te quiero ver a ti organizando tu boda – me chillo en tres tonos más altos de lo normal – pero claro, así como vas no creo que eso llegue a pasar – no llevaba ni cinco minutos en el lugar y ya me quería ir."