Nuevo capítulo. Gracias por sus comentarios.
Música recomendada: Eres tan distinta a todas – Pablo Herrera
Capítulo 3
Ya habían pasado tres semanas desde que Rose llegó y faltaba sólo una para el matrimonio de mi hermana. Ella por supuesto estaba histérica, con úlceras, con taquicardia y por ende nos arrastraba a nosotras y nos contagiaba su estado de ánimo.
Alice y yo éramos muy inquietas e hiperactivas de pequeñas. Luego de la muerte de mis padres, yo me volví más retraída y el golpe me hizo madurar veinte años en uno. Ella, en cambio, pareció recibir la dosis de movimiento que yo dejé y así como yo maduré, ella se volvió aún más niña.
Edward y yo estábamos arreglándonos para la despedida de solteros de los chicos. Primero habría una cena de ensayo en el local donde se celebra la boda y después los hombres se irían a un bar de estos con mujeres en poca ropa, pero no vulgar. Nosotras iríamos a ponernos en ridículo a un karaoke.
No sabía si preguntarle a Edward o no por el marido de Rose, pero me moría de curiosidad de saber algo de su familia.
-Cariño, te conté que Rose se casó – dije restándole importancia mientras me acomodaba el cabello frente al espejo.
-Creo que lo has repetido unas veinte veces desde que lo supiste – dijo riendo acercándose a mí y me dio un casto beso. Yo respiré profundo para soltarle lo demás.
-Pero no te dije con quien – empezó a besar mi cuello y a acariciarlo con la nariz – Edward – me separé de él – te recuerdo que en media hora debemos estar allá. Sabes como está Alice con todo esto – me quité la bata para ponerme el vestido.
-Me vas a decir o no con quién se casó – preguntó mirando para otro lado. Seguramente para no tentarse mientras me ponía el vestido.
-Con un familiar tuyo – hice como que pensaba, aunque el nombre lo recordaba perfectamente – Emmet Cullen – lo noté tensarse, pero se volvió luego con una sonrisa. Sonrisa que no borraba lo nublado de sus ojos.
-No sé quién es. Debe ser un familiar lejano – se puso a mi lado para acomodarse la corbata – ¿Estará allí esta noche? – preguntó tratando de parecer casual.
-Claro cariño, es el marido de nuestra mejor amiga – respondí terminando de acomodar el vestido.
-Vámonos mejor, mira que lo único que deseo es arrancarte ese vestido y hacerte mía – me sonrió de lado y me extendió su mano para salir.
Mi vestido era lindísimo. Negro, de corte asimétrico, con un solo hombro y la caída ligeramente drapeada. Me llegaba un poco más debajo de la rodilla. Fue un regalo que John me había mandado para la celebración del aniversario de la ciudad, pero que lamentablemente no alcanzó a llegar para esa ocasión. Alice me exigió usarlo en su despedida de soltera.
Ya en el auto noté cierta tensión en mi novio. Entre más nos acercábamos al lugar, más nervioso estaba. En los semáforos se llevaba inconscientemente las manos al cabello y el volante lo llevaba fuertemente agarrado. A pesar de todo se veía guapísimo enfundado en un traje de tres piezas negro, con leves rayas grises verticales, una camisa negra y una corbata gris. Irresistible y sexy.
Flash back
-Edward relájate, no te va a pasar nada – íbamos en una limosina al lanzamiento de mi tercer libro. Edward iba nervioso, odiaba ser el centro de las miradas, pero lo hacía por mí.
-No puedo, sólo espero que esta noche pase pronto – sus palabras sin querer me dolieron. Yo que esperé con tantas ansias este día y él lo único que quería es que acabara pronto.
-Podrías haber dicho que no te importaba y nos hubiésemos ahorrado la farsa – vi mi propio dolor reflejado en sus ojos.
Me miró fijamente y acarició mi mejilla. Sólo ahí noté mis lágrimas que estaban cayendo. Se acercó y besó mi frente, sus dedos se enredaban en mis cabellos.
-Lo siento – susurró – soy un maldito cobarde que le teme a un par de cámaras – extendí mis manos para acariciar su mejilla – sé lo importante que es esto para ti – llevó una de sus manos a sus cabellos - maldita sea Bella, no hago más que arruinarte la vida – puse un dedo en sus labios.
-Shh...Estás nervioso, estoy nerviosa, eso es todo – acuné su cara entre mis manos y lo miré fijamente – Y jamás vuelvas a decir que me arruinas la vida. Me oíste, nunca más – le di un pequeño beso en los labios.
Llegamos a la biblioteca en la que siempre lanzaba mis libros. Limpié de su rostro los restos de lágrimas y luego limpié el mío. Respiramos profundo y salimos de la seguridad del vehículo.
Fin Flash Back.
Llegamos pronto al lugar del evento. Por supuesto había una gran cantidad de periodistas y fotógrafos, un evento muy al estilo de Alice. Edward tomó mi cintura y me guió al interior con una sonrisa fingida en los labios. Los periodistas hacían la pregunta de siempre, "Bella, ¿Serás tú la próxima en contraer el sagrado vínculo?", sólo sonreí y por fin ya estábamos dentro.
La decoración del local era una verdadera obra de arte. Las mesas, redondas, enfundadas en manteles blancos, con lazos rosados antes de llegar a los ruedos, y las sillas forradas con tela blanca y lazos rosados daban el ambiente de castillo de cuento. Los centros de mesa eran de rosas en color fucsia, contrastando con el pálido de lo demás.
-Veo que Jasper aportó bastante – dijo Edward irónicamente, al notar que el sello de Alice era todo lo que resaltaba.
-Más te vale que no le hagas ningún comentario desagradable – le advertí. El sólo levantó las manos en señal de inocencia.
No podía creer que las dos personas más importantes de mi vida, no se trataran. Alice no pierde oportunidad de criticar a Edward, mientras que Edward ignora completamente a Alice. Tanto para Jasper como para mí es bastante incómoda la situación. A veces pienso que todo se solucionaría si Edward y yo diéramos el paso, pero yo no me atrevo a tocar el tema seriamente con él y él tampoco lo ha mencionado nunca.
Se nos acercó un maestro de sala para guiarnos a nuestra mesa. Al parecer éramos de los últimos en llegar, todas las mesas estaban ya ocupadas. Más de setecientas personas, y eso quedó luego de reducir la lista tres veces. Llegamos a la mesa principal, en ella estaban Alice, con un vestido lila y Jasper con un traje gris y la corbata del tono del vestido de Alice, por supuesto. También estaban los padres de Jasper. La señora Whitlock con un traje azul piedra de dos piezas y su marido con un traje negro.
En la misma mesa estaban mis primos Rachel, con un vestido celeste, y Jacob. Tambié mi tío Billy su padre. Ambos vestían trajes negros con rayas verticales blancas. Eran la única familia que nos quedaba. La madre de los chicos, tía July era hermana de mamá y había muerto de un cáncer dos años después del deceso de mis padres. Rachel se parecía mucho a mí, pero con el cabello más rubio y un poco más alta. Jacob, en cambio, heredó cada gen de su padre. Alto, fornido, de piel morena y ojos negros, con una gran sonrisa siempre. Mi tío Billy era ya un hombre mayor de 54 años, una artritis degenerativa lo dejó en silla de ruedas muy joven, pero aún así no perdía su encanto, ni tampoco su sonrisa.
Rose y su marido, que debían estar con nosotros también, aún no llegaban.
- Bella, te dije que llegaras temprano – dijo Alice en cuanto nos sentamos.
-Faltan cinco minutos para las nueve – respondí – no crees que estás exagerando.
-No Bella. Yo no exagero. Ya te quiero ver a ti organizando tu boda – me chillo en tres tonos más altos de lo normal – pero claro, así como vas no creo que eso llegue a pasar – no llevaba ni cinco minutos en el lugar y ya me quería ir.
Edward tomó mi mano y la apretó para darme fuerza y no responderle a mi hermana. La adoro, pero muchas veces paso de de ella. Aunque trato de ser indiferente, sus comentarios me hieren. No sé que tiene en contra de Edward, él nunca se ha comportado mal con ella. Incluso cuando yo me molesto y le dejo de hablar por algunos día, él me pide que arregle las cosas y que le tenga paciencia.
Flash Back
Acaba de cumplir cuatro años relación con Edward. Estaba feliz, la noche había sido perfecta. Pasé por la tienda de Alice a saludar y a buscar unos encargos, pero me encontré con Alice desenvolviendo un vestido de novia.
-Alice, es hermoso – dije cuando lo vi.
-Te gusta, es para ti. Lo hizo John con algunas sugerencias mías – no podía ser cierto, esta vez se había pasado.
-Y para qué voy a querer eso. Te das cuenta que te estás inmiscuyendo demasiado en mis asuntos – respondí bastante molesta.
-Perdón – me miró con carita de perrito faldero – pensé que este año te pediría matrimonio y se me ocurrió hacerlo todo con tiempo – casi lloraba – pero puedo cancelar todo y devolver el vestido – y cayó una lágrima por su mejilla.
-O sea que no sólo es el vestido – le grité – y no me pongas esa cara, sabes que conmigo no funciona. Esta vez te extralimitaste. Entiende Alice, eres una adulta y debes comportante como tal. No puedes seguir jugando a la organizadora de bodas. No me llames ni me busques. Cuando esté lista para hablar contigo como personas adultas vuelvo – salí cerrando la puerta lo más fuerte que pude.
Conduje más rápido de lo normal. Estuve en casa en veinte minutos, cuando lo normal eran cuarenta. Entré, tiré la cartera y las llaves al sofá. Me quité los zapatos y me tiré en el sofá.
-No la soporto. Hoy reventó mi paciencia – grité hecha una furia con lágrimas en mis ojos
-Cariño que pasó – me sobresalté con la voz de Edward. Él siempre llegaba más tarde.
-No te sentí – pestañeé un par de veces – no es nada amor.
-Bella, estas alterada – se acercó y me levantó de los hombros para sentarse y dejar mi cabeza apoyada en sus piernas – si me cuentas te sentirás mejor, ya verás – acarició mis cabellos.
-Es Alice. Insiste con meterse en mi vida – dije más calmada – puedes creer que lleva quizás cuanto tiempo organizando mi boda. Es que no entiende que no pensamos en eso aún. A veces pienso que tiene problemas mentales, de verdad – Edward siguió acariciando mis cabellos – Esta vez se pasó, no sé cuándo podré volver a verla de nuevo sin golpearla, hoy tuve que usar todo mi autocontrol para no hacerlo – lo oí suspirar.
-Bella, es tu hermana. Es la única familia que tienes. No seas dura con ella. Ella sólo quiere ayudarte, no creo que lo haga con mala intención – me levanté y me senté en sus piernas.
-No me pidas eso. Alguien debe enseñarle a no meterse en la vida del resto – rebatí mientras le daba un pequeño beso.
-Ya debe haber aprendido la lección. No es bueno que pelees con tu única hermana. Yo daría lo que fuera por tener uno – me besó la frente – hazlo por mí – sus palabras me calaron hondo.
-Está bien – sonreí.
-Esa es mi Bella – respondió y me besó.
Fin Flash Back
Sonreí al ver que mi amiga Rose se acercaba. Venía radiante con un vestido rojo. A su lado, tomando su mano, un armario de dos metros. El marido de Rose nos dejó a Alice y a mí con la boca abierta. Alto, con músculos de infarto y pose de chico sexy de calendario. Cuando se acercó distinguí su cabello negro, en contraste con su piel blanca y unos ojos azules intimidantes. Entonces sonrió y entendí porque Rose se encantó, su sonrisa formaba en sus mejillas pequeños hoyuelos que lo hacían parecer un niño pequeño.
Rose lo presentó, aunque todos sabíamos su nombre pues fueron el tema del mes. Él amablemente se acercó a cada uno. Fue muy cariñoso, como si compartiera una gran amistad con todos. Cuando me saludó, halago mi atuendo y me dijo que ayudaría a mi novio a espantar a todo aquel que quisiera acercarse. Alabó mis libros diciendo que son los favoritos de su madre. Cuando se acercó a saludar a Edward, este se tensó y sólo le dio un frío saludo, Emmet lo miró desconcertado.
Estábamos compartiendo una grata velada. Edward no había abierto la boca y lo notaba más tenso de lo normal. De hecho no había probado bocado, siendo que en casa se había quejado de hambre. Pero además de lo incómodo, estaba triste. Sus ojos no me mentían.
-Cariño – no me respondió – cariño - le toqué el antebrazo haciéndolo saltar. Me miró en señal de que me escuchaba – estás bien. No has comido nada.
- Sólo estoy cansado. No te molesta si me voy a casa después de la comida – me miró suplicante.
-Sólo si prometes hablar de ello más tarde – respondí – sé que hay algo más cariño.
- Está bien. Te amo – sonrió, aunque la felicidad no llegó a sus ojos.
-Bella – chilló Alice – es hora.
Maldita la hora en que acepté ser la madrina. No es que no me guste hablar en público, pero Alice estresaba a cualquiera. Para empezar exigió leer antes lo que yo diría. Me hizo cambiar tres veces el discurso argumentando que no le gustaba como sonaban ciertas cosas.
Empecé a leer todo lo que habíamos planeado. Alice sonreía al ver que todo salía tal y como ella quería. Al final de una frase se me escapó decir "Menos mal que es en una semana, ya no soporto los ataques de mi hermanita". Alice me fulminó con la mirada.
Pero, lo que hizo que poco y más me quite el micrófono, fue el cómo concluí:
"Alice, sé que este es tu sueño, pero no olvides que el amor se debe cultivar día a día. No por tener el papel en la mano debes olvidarte de los pequeños detalles. Muchas veces todo se estropea con el felices para siempre, no dejes que te pase. Que seas muy feliz hermanita mía"
Me bajé del estrado y caminé hacia ella. Ella estaba enojada, pero sonrió e incluso fingió lágrimas. Me abrazó, un poco más fuerte de lo normal.
-Qué fue eso Bella, un atentado en contra del matrimonio – me susurró hecha una furia.
-No. Sólo contestaba a tu comentario en la mesa – respondí y la solté para que nos hicieran las fotos de rigor.
Hubo un número musical, el cual ignoré. Estaba pendiente de Edward que no se estaba quieto. Acaricié su mejilla y él besó mi sien susurrando un "gracias". Nunca lo había sentido así. Él no era muy cariñoso en público, pero hoy sentía que me necesitaba más que nunca.
-Bella, hora de irnos – dijo Rose que estaba parada frente a nosotros con su marido.
-Nosotros nos vamos a casa. Edward no se siente bien – susurré – procura cubrirme con Alice.
-Pero Bells – chilló Emmet – te puedo decir así verdad – yo asentí – cómo te vas a ir, es recién medianoche – miró a Edward - Discúlpame viejo, pero eres un aburrido – rió fuerte.
Edward apretó los puños y lo miró con un odio que me hizo estremecer. Emmet se puso serio de inmediato y Rose me miraba sin entender nada. Edward se puso de pie y se ubicó a escasos centímetro de Emmet.
-Lo siento, pero lamentablemente yo trabajo y estoy cansado. No tengo la suerte de vivir con los millones que mis padres les han robado a otros – respondió furioso. En mi vida lo he visto así.
-Que insinúas – lo desafió Emmet. Edward lo ignoró y se dirigió a mí.
-Me voy a casa cariño. Diviértete – besó mi frente y me abrazó tratando de calmarse – cuídate mucho – y salió como alma que lleva el diablo hacia el exterior.
Miré a Emmet en señal de disculpa y le susurré a Rose que me cubriera con Alice. Salí rápidamente en busca de Edward, pero ya no estaba. Salí de entre la gente a buscar un taxi. Caminé una cuadra, más que nada para evitar a Alice, y me paré a esperar. En menos de cinco minutos ya iba camino a casa. Sólo esperaba que Edward estuviese ahí.
Después de una hora, por culpa de un accidente en la vía, por fin estaba en el edificio. Subí al ascensor maldiciendo en voz baja por lo lento que iba. Cuando por fin paró en mi piso, salí corriendo como si mi vida dependiera de ello. Tomé las llaves y después de un par de intentos por fin entré.
Música recomendada: Abrázame – Mario Guerrero.
El departamento estaba en completo silencio y a oscuras. Avancé dos pasos para cerrar la puerta pero tropecé con algo. Edward estaba aovillado en el piso, ignorando mi presencia. Me rompió el corazón sentir que un sollozo escapaba desde su interior. Me agaché y acaricié sus cabellos. Aún así su cuerpo no reaccionaba.
-Cariño – lo moví, pero el sólo se sujetaba el pecho y seguía llorando – Edward, estoy aquí, como siempre. Déjame ayudarte cariño – lo moví un poco más fuerte.
De pronto se enderezó, quedó de rodillas y me rodeó con sus brazos, escondiendo su rostro en mi cuello. Lo abracé con todas mis fuerzas. De alguna manera quería aliviar eso que lo estaba destrozando. Él me apretó más fuerte y lloró como nunca había oído llorar a nadie. Lloraba con tristeza, con odio, con rabia. Su dolor, como siempre, era el mío propio. Me sentía impotente por no saber qué hacer.
Después de treinta minutos, tenía mi hombro humedecido por las lágrimas y las piernas entumecidas por la incómoda posición. Edward seguía sollozando en mi hombro, ajeno a todo lo demás. Me dolía el alma, Edward nunca me pareció tan indefenso como en ese momento. Es como si llevara años conteniendo la rabia y el dolor.
-Arruiné tu vestido – tartamudeó y se separó unos centímetros de mí - lamento que hayas tenido que presenciar esto – me miró con sus enrojecidos ojos.
-Edward, no lo sientas. Estoy aquí para lo que necesites – sonreí acariciando su mejilla – quieres hablar sobre lo que te puso así – pregunté cautelosa.
- Mañana, hoy sólo quiero que me abraces - se levantó y me ayudó a levantarme. Nos abrazamos y así, bien pegados, nos fuimos a la habitación.
Nos desvestimos en silencio. Me puse pijama y él se quedó en bóxer. Nos metimos a la cama. Él cruzo su brazo por mi cintura y yo imité la acción. Él se durmió enseguida. Mi mente no me dejo dormir hasta unas horas después. Necesitaba encontrar la forma de volver al tema, pero a pesar de la curiosidad, no quería volver a verlo así de mal.
La luz de la mañana me despertó temprano. Edward dormía profundamente a mi lado. Me levanté al sentir el teléfono de casa. Corrí a contestar para que él pudiese dormir un poco más. Nada más levantar el auricular un chillido "made in Alice" me retorció mi tímpano derecho.
-Me dejaste sola. Soy tu única familia y me dejas sola – gritó.
-Alice, Edward no se sentía bien – me cortó.
-Edward, Edward, Edward. Edward esto, Edward aquello – hubo un pequeño silencio - Hasta cuándo Bella. Te vives postergando por su culpa – dijo más calmada.
-Alice, él no está bien, me necesita. Tú tienes a Jasper, Rose, Rachel, Jake, tío Billy. Él sólo me tiene a mí – esperé respuesta, pero ella no dijo nada – ¿Alice sigues ahí? – pregunté.
-Lo siento Bella, es que te eché de menos. Tú siempre pones todo en orden y anoche me hiciste falta, eso es todo – suspiró – tengo mil cosas que hacer. Nos vemos. Te quiero – chilló con su alegría característica y colgó.
Volví al cuarto, Edward seguía dormido, pero su rostro no reflejaba descanso, seguía reflejando el dolor y me partía el alma el no saber cómo ayudarle. Me fui a nuestro baño y comencé a llenar la bañera, el hidromasaje le haría bien para liberar tensiones. Agregué sales con aroma a fresas y rozas y volví a la habitación a despertarlo.
Al entrar al cuarto me encontré con sus verdes ojos abiertos, perdidos en el techo, ausentes. Me acerqué en silencio y me acosté a su lado pasando un brazo por su cintura. Él sonrió y volteó a mirarme. Besó mi frente y me acercó a él para apretarme fuerte en su regazo.
-Te preparé un baño. Te hará bien – susurré para no romper el momento.
-Sólo si tú me acompañas – se levantó y me tendió la mano para ayudarme a levantarme.
Nos desnudamos y nos metimos a la tina. Me senté entre sus piernas con mi espalda pegada a su pecho y sus brazos rodeando mi cintura. Quería preguntarle qué era lo que estaba pasando con él, pero no sé si podría soportar verlo otra vez como lo había visto la noche anterior.
Apoyé mi cabeza en su hombro y él repartía besos en mi cuello. Cada ciertos segundos exhalaba su aliento provocando escalofríos. Sin querer un suspiro de frustración salió de mi garganta y eso lo hizo tensarse.
-Supongo que quieres saber qué me ocurrió anoche – dijo con voz apagada.
-Sólo si tú lo deseas – me apegué más a él – cuando estés preparado estaré acá para escucharte.
-Eres un ángel – acarició mi mejilla – quiero hacerlo, aunque sea de a poco quiero que me conozcas – su voz otra vez reflejaba el dolor que sentía su corazón.
-Te amo tanto Edward – apreté su mano y el afianzó su abrazo a mi cintura.
-Emmet Cullen es mi primo. Él no me conoce, pero yo sí. Es hijo de Carlisle Cullen, hermano de mi padre y a la vez el hombre que lo dejó en la calle. Por su culpa yo me convertí en el niño más infeliz del mundo. Pasé hambre, frío y malos tratos, mientras su hijo vivía con los más grandes lujos – Me quedé muda, no podía creer todo lo que sufrió Edward – No llores Bella, no quiero que esto te duela a ti también – si él no lo dice, yo no noto que estaba llorando – y sabes lo que más me duele, que su hijo sigue viviendo a expensas de esa fortuna sin trabajarle un peso a nadie. Que irónico no crees – no es para menos, yo me sentiría peor si algo así me hubiese pasado – aunque Emmet no sea culpable de lo que hizo su padre, lo odio por el solo hecho de haber vivido con lo que era mío por derecho – deshizo su abrazo e hizo el amague de levantarse, pero volteé más rápido y lo detuve.
-Cariño, déjame ayudarte a superar esto. No te hace bien – dije sabiendo que esto debía ser sólo una pequeña parte de su historia, aunque era suficiente por el momento.
- Lo has hecho, créeme que lo has hecho – me acercó a él y me besó – déjame hacerte el amor Bella, te necesito – lo besé y nos dejamos llevar.
Quería, con mi cuerpo, reiterarle que siempre estaría con él.
A las que comenten les envío un adelanto. El próximo capítulo estará en la red el lunes.
