Hola a todas. Espero que este capítulo sea de vuestro agrado. Bienvenidas a las nuevas.


Música recomendada: Hoy – Gloria Estefan


Capítulo 4

-Bella, no me cabe – gritó histérica – sabía que había engordado – lloraba – el vestido no me cabe – siguió chillando.

Estaba en el baño del departamento de Alice terminando de arreglarme, faltaban dos horas para su boda y la sentía gritar desde su habitación una serie de incoherencias. Rose, que ya estaba lista, trataba de calmarla, pero no lograba estarse quieta ni por cinco minutos.

Salí de mi escondite para saber exactamente cuál era el problema. Me la encontré llorando, con una barra de chocolate en la mano, mientras Rose intentaba meterla en el vestido por la razón o la fuerza.

Miré detenidamente la escena, era inevitable reír ante tanto caos. Rose sudaba forzando el vestido y Alice aguantaba la respiración para lograr su cometido. Ninguna de las dos se percataba que el problema no era que Alice estuviese más gorda, sino que faltaba abrir un cierre al costado del vestido.

-Chicas, haya paz – dije evitando la risa. Me acerqué, tomé el vestido y abrí el otro cierre – inténtalo ahora – Alice me miró incrédula y sonrió sorbiéndose la nariz.
-Qué haría yo sin ti Bella – me abrazó y volvió a la labor de ponerse el vestido.
-Sólo sé feliz – la miré con nostalgia. Alice siempre me parecería una niña.

Flash Back

Disfrutábamos de una exquisita tarde de sol, en el siempre nublado Forks. Habíamos convencido a la abuela de ir a pasar las vacaciones de verano a la que era nuestra casa cuando niñas. Era algo que Alice quería hacer, necesitaba encontrarse con su pasado. Acababa de graduarse y no tenía idea que quería estudiar, pensaba que el conectarse con su antigua vida le daría alguna idea.

Yo leía y mi abuela bordaba un mantel, cuando entonces la oímos chillar desde el segundo piso:

-Bella, Bella, Bella – seguiría así si no respondía – Bella…
-Qué pasa – grité yo.
-Bella, ya sé que es lo que quiero hacer de mi vida – bajó corriendo las escaleras – quiero montar una tienda, hacer contacto con los mejores diseñadores, ir a Europa un par de veces al año a encargar modelos exclusivos, de acorde a la personalidad de cada clienta – Yo la miré como si se hubiese vuelto loca, pero mi abuela la miraba con una mezcla de tristeza y orgullo.
-Encontraste las cosas de tu madre – Alice asintió – Yo te apoyo pequeña – miré alternadamente a ambas, no entendía nada. Alice me extendió una caja abierta, llena de cuadernos.

Eran bocetos de vestidos, recortes de revistas, una agenda con teléfonos y direcciones y dos pasajes a París sin utilizar. Eran de mi madre, pero seguía sin entender. Me fijé en la fecha que marcaban las cosas, eran de meses antes del accidente y los pasajes tenían fecha para tres semanas después del día del deceso.

Mi madre era una artista. Ella pintaba y muchos de sus cuadros, luego que falleció, se convirtieron en grandes sumas de dinero, pero nunca había sabido que también hiciera bocetos y diseños de ropa.

-Tú madre quería abrir en Seattle una tienda de alta costura. Estuvo meses haciendo contacto con diferentes agentes y tiendas europeas. Su idea era diseñar la ropa de acuerdo a los gustos de cada persona que entrase a su tienda y enviar los bocetos a Europa para que allá los realizaran. Era una gran artista – mi abuela estaba llorando – Yo la quería como una hija y estaba orgullosa de ella, estuvo ahorrando el cincuenta por ciento de cada cuadro que vendía durante diez años para abrir esa tienda, pero el destino no lo quiso así. Ahora Alice puede cambiarlo – Alice se acercó a mi abuela y yo la seguí, fundiéndonos en un abrazo colectivo.
-Pero antes jovencita – le dije yo – debes estudiar Administración de empresas o algo parecido. Debes aprender a llevar una tienda, si no al año te habrán robado todo – Alice me miró como si hubiese descubierto el mundo.
-Son las mejores. Gracias por querer venir conmigo. No sé qué haría sin ustedes – volvió a abrazarnos.
-Bella, cuida siempre de ella – me susurró mi abuela sin que Alice escuchara.

Fin flash back

Edward pasaría por mí cuarenta y cinco minutos antes de la ceremonia. Lo habíamos acordado así para evitar un encuentro privado con Emmet, quien iría a buscar a su esposa un poco más tarde. Emmet no era culpable del pasado de Edward y él lo tenía claro, pero no podía evitar el rencor que sentía hacia toda la familia de su tío, era un sentimiento más fuerte que la razón.

En la semana había podido compartir un poco con el marido de Rose, la verdad no me parecía mala persona, además que era el encargado de redacción de la revista que saca mensualmente la corporación, una revista que a mí me encantaba leer y en la que se me habían hecho críticas geniales. Para nada era un vago como pensaba Edward.

Alice me sacó de mi ensoñación, ya estaba lista. Parecía una princesa de cuentos o un hada. Su vestido strapless, era ceñido hasta las caderas y luego caía amplio gracias a un falso y a la gran cantidad de tul. Tenía pequeñas aplicaciones brillantes en la zona de los pechos y en las caderas. El diseño era de mi madre.

-Alice, estás bellísima – la abracé.
-Ni se te ocurra llorar – me miró amenazante – mira que esto es una fiesta.

No pude decir nada más, el timbre sonó y yo salí a abrir la puerta segura de que mi novio venía por mí. No me equivoqué, me bastó abrir la puerta para quedarme sin aire. Ahí estaba él, con un aire despreocupado y una sonrisa torcida en el rostro, vistiendo un esmoquin clásico, pero con un bolero en tonos grises sobre la camisa que le daba un aire juvenil.

Él me miró y sonrió aún más. Me tendió su mano y yo la tomé acercándome a besarlo. Él acarició mi mejilla y acercó sus labios a mi oído.

-Estás hermosa, Bella – susurró y luego besó mi cuello – te amo, lo sabes verdad.
-Tanto como yo – respondí – voy por mi bolso para irnos.

Corrí al interior, me puse los zapatos y me miré por última vez al espejo. Me veía bastante bien. Mi vestido era un Valentino de color rojo oscuro con corte asimétrico, afirmado de un solo hombro y una caída, hasta los talones, de tul en desnivel que me daban un aire fresco.

Salimos del edificio cuando faltaban treinta minutos para la ceremonia. La iglesia estaba a menos de un kilómetro de allí, por lo que en cinco minutos estaríamos en el lugar. Debía chequear que todo estuviese en orden.

Cuando por fin llegamos no pude evitar emocionarme. Estaba todo tan lindo. Las flores, la decoración de los bancos, el altar, en fin todo parecía de ensueño. También me embargó la tristeza. Yo no quería una boda con tanto glamour, pero también quería casarme y formar una familia con Edward.

Flash back

Mi quinto aniversario. Cinco años desde que nos conocemos y cuatro que vivimos juntos. Este año ya no hay expectativas, si el anillo no ha llegado antes, no tiene por qué llegar ahora. Definitivamente Edward no cree en el matrimonio o no me quiere lo suficiente. Pero qué sentido tiene que me quiera, somos tan distintos. Yo no hago más que agobiarlo. Trato de fingir que no me importa, que soy feliz así, pero cuando estoy sola y en silencio no puedo evitar sentirme frustrada por no lograr que Edward adquiera un compromiso mayor en esta relación. Es como si él no creyera en lo nuestro.

-Bella, ¿qué ocurre mi vida? – Se acercó y froto mi entrecejo hasta que lo suavizó – qué te tiene así – se sentó a mi lado. Estaba tan inmersa en mi monólogo interno que no le había sentido.
-Nada, es sólo que a veces pienso que estás tan lejos, es como si nunca me dejaras conocerte – lo miré a los ojos y traté de traspasarle mis dudas con esas palabras.
- Bella, sabes que te amo más que a nada. Eres lo más valioso que he tenido en la vida – tomó aire – es sólo que es… complicado. Yo te amo y tú me amas, ¿debería importar lo demás?– bajó la mirada, quién sabe qué estaba pasando por su cabeza porque una leve mueca de dolor cruzó su cara un segundo – es tarde y la cena se enfría. Algún día hablaremos de mí y mi pasado - se levantó y me tomó la mano, dando por finalizada la conversación.

Fin flash back.

Jasper llegó a los diez minutos junto a sus padres. Llevaba un traje en color blanco, según Alice para resaltar. Se veía bastante nervioso y ansioso, lo podía percibir, aun así, tenía una sonrisa de oreja a oreja en el rostro.

Alice llamó para avisar que estaba por llegar. Jasper respiró un poco más tranquilo y, del brazo de su madre, entró a la iglesia bajo la atenta mirada de setecientas personas.

Nos acomodamos en la primera fila de asientos. Edward tomó mi mano y me sonrió, queriendo mostrarme que no estaba llevando mal la cantidad de flashes que había sobre nosotros. Lo notaba un poco más feliz que otras veces en este tipo de eventos, aunque con Edward es difícil saber realmente qué está sintiendo.

Sonó la música y Alice entró del brazo de Jacob a la iglesia. Tío Billy no había querido ser él el que la condujera al altar por la incomodidad de la silla de ruedas. Conforme iban avanzando la gente se iba dando vuelta, siguiéndolos con la mirada. Yo no pude evitar que las lágrimas empezaran a aflorar, después de todo mi hermanita pequeña se estaba casando. Edward me abrazó por la cintura y besó mi sien en señal de consuelo.

Llegó al altar y Jasper la miró como si acabase de descubrir el mundo, ignorando a las cientos de personas alrededor. Estuvieron cinco minutos mirándose a los ojos y la iglesia se quedó en silencio para ser testigo de tan íntimo acto. El sacerdote tosió para llamar la atención y ellos se vieron obligados a voltear y empezar la ceremonia.

La misa fue conmovedora. El sacerdote dedicó en el sermón, a petición de Alice, unas palabras para mi abuela y mis padres. Edward sólo limpiaba mis lágrimas. Luego, en el momento de los votos, ambos se dedicaron a decirse lo mucho que significaban para el otro, que esto sellaba sus vidas en conjunto y le gritaba sin vergüenza al resto del mundo cuánto se amaban.

Finalmente el sacerdote dijo las palabras mágicas y los chicos se besaron con el sonido de muchos aplausos y vitoreos de fondo. Se voltearon y sonrieron al público. Pasaron por el pasillo recibiendo pétalos de rosas y arroz al pasar. Alice estaba que no cabía de dicha y Jasper se veía orgulloso de esta meta cumplida, faltaba que se pusieran a saltar de tan felices que se veían.


Pasaba la medianoche y todos se divertían bailando. Edward y yo también habíamos bailado un poco, pero ambos éramos más clásicos y no nos iban nada bien los ritmos modernos que estaban sonando.

En ese momento Alice se subió al escenario y tomó el micrófono. Agradeció a los presentes y a las revistas que tenían la exclusiva de su matrimonio. Les dedicó unas palabras a los de la empresa organizadora, al DJ, a mí, a Rose y a todo aquel que participó en su boda.

-Finalmente, quiero entregarle el ramo a mi hermana Bella – no lo creía, lo iba a hacer de nuevo maldita sea. Fingí mi mejor sonrisa – espero que seas la próxima – dijo sonriendo y bajó a entregarme el ramo entre aplausos. No le dije nada, era su noche después de todo. Con el micrófono en la mano añadió - ahora Jasper y yo nos vamos, pero la fiesta no acaba. Esta canción es para las solteras de esta noche – y comenzó a sonar la canción de Beyonce "Single Ladies".

Me alejé al baño más cercano, evitando llamar la atención, lancé el ramo a la basura y me senté en el suelo a llorar. Alice gozaba con hacerme sentir mal, Edward no quiere casarse conmigo y ella sigue con el tema, es odioso. Sé que lo hace para ayudarme y según ella darle el empujoncito que necesita, pero lleva años en eso y no es grato darte cuenta que Edward la ignora porque no desea casarse. Le he dicho en todos los tonos que no se meta en mi vida, aún así ella no pierde ocasión para hacerlo.

Flash Back.

El teléfono me despertó a las tres de la mañana. Edward se removió a mi lado por el sonido insistente. Me bajé de la cama para alcanzar mi celular que había quedado en mi bolso. Miré la pantalla y me asusté, Alice llamando a esa hora podía significar dos cosas: 1) Estaba borracha o 2) estaba en un hospital. Edward me miró con mi preocupación reflejada en sus ojos y yo le susurré "es Alice" antes de responder.

- Alice, estás bien – pregunté alarmada.
-Bella, me pidió matrimonio, se quiere casar, Bella – me dejó en sin palabras por un momento - ¿Bella estás? – preguntó.
-Si Alice, es sólo que… - suspiré frustrada – no pudiste esperar a mañana, Edward y yo intentábamos dormir – dije finalmente.
-Quería que fueras la primera en saberlo – respondió apenada – además que… - se quedó en silencio, eso era mala señal.
-Qué Alice – cuestioné.
-Con Jasper habíamos pensado que podríamos hacer una boda doble, digo Edward y tú, Jasper y yo – otra vez no.
-Alice, deja de meterte en mis asuntos. No tenemos planes de casarnos ok – bufó frustrada.
-Está bien – dijo apenada – desayunemos juntas mañana – preguntó.
-Está bien. Mañana a las diez paso por ti. Nos vemos – iba a colgar, pero mi conciencia me castigo y me hizo sentir mal por descargar mi frustración con Alice – Felicidades hermana.
-gracias Bells, buenas noches, lo siento – me colgó.

Volví a la habitación, tenía sentimientos encontrados. Alice y Jasper finalmente se casarían y me convertiría oficialmente en la única eterna solterona cuyo novio no quiere casarse ni formar una familia, valla patética vida para la escritora de la novela romántica más famosa de los últimos años.

-Qué pasó – Edward ya estaba levantado pensando que debíamos salir por alguna emergencia.
-Vuelve a la cama, es sólo que Alice se casa y no se aguantó hasta mañana para decirlo – ver cómo Edward se preocupaba por mí me demostraba que, a pesar de no querer casarse, él me amaba.
-wow, compadezco a Jasper. Alice es de temer – dijo riendo – no como mi Bella que es un ángel – me miró con ternura mientras me acostaba a su lado y pasaba mi mano por sus cintura para volver a dormir.

Fin flash back

Cuando estuve un poco más calmada, salí de allí con la frente en alto. Miré si alguien había reparado en mi ausencia, pero al parecer nadie se había dado cuenta. Edward conversaba animadamente con los padres de Jasper, Rose y Emmet bailaban ajenos al resto del mundo y mis primos estaban en la barra.

Tomé de una bandeja dos vasos de Martini. Uno me lo tomé al seco y el otro lo deje en mi mano para tomarlo de a poco. Después de media hora, cuando yo ya no llevaba la cuenta de cuántos vasos me había tomado, Edward me encontró.

-Te sientes mal – preguntó con cautela acercando una silla y sentándome en sus piernas – es por lo que dijo Alice – me miró con preocupación.
-No lo entiendo – respondí sin saber a ciencia cierta qué era lo que no entendía – no lo entiendo – repetí.
-Ella es así, no quieras cambiarla ahora, simplemente ignórala - dijo acomodándome un pequeño mechón de cabello que se había salido del peinado – yo lo hago todo el tiempo – agregó.
-Es fácil para ti - dije ácidamente.
-No entiendo por qué te reúsas tanto a la idea del matrimonio – lo miré descolocada, hasta dónde yo sabía era él quién no quería casarse.
- Tú eres el que no quiere casarse, jamás lo has mencionado – le reproché, el me sonrió.
-Al principio, digo hasta hace un par de años, me daba miedo dar un paso tan grande. Luego me lo planteé, pero te veía tan reacia a eso que creí que no era importante para ti o qué querías a alguien mejor, pero hace mucho tiempo que quiero casarme contigo Bella – empecé a llorar, o sea que él no lo pedía porque pensaba que era yo quien no quería.
-Y yo lo único que deseo es ser tu esposa – lo besé, abrazándome a él como si el mundo se fuese a acabar.

Me iba a casar. Nos íbamos a casar. Quería gritárselo al mundo, pero a la vez no deseaba que nadie lo supiese para no romper el momento de los dos. Tanto que había esperado el momento y por culpa de mis peleas con Alice él creía que yo no quería, valla enredo.

Nos separamos por la falta de aire, pero nuestras frentes quedaron pegadas y nuestros ojos se miraron de una forma totalmente nueva, como si ahora tuviéramos la certeza que nos perteneceríamos para siempre.


La próxima actualización será el miércoles después de las 22:00 horas (Chile). Espero sus comentarios para enviarles mañana un adelanto del próximo capítulo.