Me adelanté con el capítulo. Gracias por los comentarios. Un beso y disfruten el capítulo.
Capítulo 5
El tibio sol de abril me despertó. Como cada mañana estaba sola en la cama, Edward siempre salía temprano al hospital. Mi cabeza era una desgreña y dolía horrores. Habían sido demasiados Martini para una sola noche.
Recordé las palabras de Edward diciendo que quería casarse conmigo y me olvidé de todo lo demás. El sol ya no molestaba, la cabeza ya no dolía, el mundo ya no giraba. El solo hecho de escuchar de sus labios eso que yo estaba esperando hacía tantos años hizo que todo lo demás diera igual.
Pero, yo había bebido bastante. Quizá todo había sido producto de mi sobrevalorada imaginación, que junto al alcohol me habían hecho alucinar con aquello que yo más quería escuchar. El pánico inundó cada parte de mi cuerpo. Y si sólo fue un sueño. Y si Edward no lo vuelve a mencionar, si es que alguna vez lo mencionó. Mi corazón no soportaría algo así.
-Bella, estás bien – me sobresalté. Se suponía que estaba sola – estás roja y agitada, estás enferma, quieres ir al hospital – no podía responder, mis lágrimas se estaban acumulando, no quería darme cuenta que todo había sido producto de mi imaginación – Bella, respóndeme – me sacudió un poco y algo hizo clic en mi cabeza obligándome a contestar.
-Sólo me asusté, creí que estaba sola y de repente te escucho – balbuceé – lo siento – bajé la mirada avergonzada del ridículo que estaba haciendo.
-Cariño los domingos no trabajo - me abrazó – lo siento, no quería asustarte – besó mi sien – es sólo que ayer bebiste más de la cuenta, luego te dormiste y pensé que habías amanecido enferma – sonreí ante su preocupación, siempre me hacía sentir como una niña pequeña, aunque fuese él quien más necesitase protección – te traje desayuno, algo liviano para tu estómago – lo abracé y besé su mejilla susurrando un "gracias".
Me levanté a lavarme las manos y me senté en la pequeña mesa que teníamos en el cuarto para desayunar. Nunca he probado un café más rico que el que prepara Edward. Jamás me ha podido quedar así, ni el aroma se le parece.
Comimos comentando la boda de Alice. Nos reímos un poco de las anécdotas e incluso Edward hizo referencia a la ridícula forma de bailar de Emmet. Sé que Edward trataba de odiarlo, pero Emmet con una sola sonrisa era capaz de ganarse el corazón de cualquiera, es una persona con el corazón puro y no tiene la culpa de lo que hayan hecho sus padres, algo que Edward está empezando a entender.
Nos levantamos a ordenar un poco la casa, ya que, luego de una hora, Edward seguía sin mencionar el tema y yo me estaba muriendo de angustia y a él lo notaba nervioso. Es que acaso se estaba arrepintiendo, o mi teoría del sueño estaba en lo cierto.
Pedimos comida china a domicilio para almorzar, y aunque estaba deliciosa, no pude disfrutarla porque la boca se me hacía lana de tanto devanarme los sesos buscando una escusa para sacar el tema de nuestro matrimonio.
La tarde la pasamos viendo películas. En realidad yo vi películas y Edward se burló de mí por llorar en escenas que, según él, eran más predecibles y más falsas que dramas de telenovela mexicana. Yo sólo le lanzaba cojines en la cara y me sorbía la nariz avergonzada de ser tan llorona.
Cuando el reloj marcaba minutos para las ocho Edward recibió una llamada. Una emergencia, fue lo primero que pensé, pero me miró con ojitos de cordero degollado y un puchero, eso me hizo temer, porque esa cara siempre significaba que quería que hiciera algo desagradable por él.
-Cariño – estiró aun más su labio inferior – llamaba el conserje - se acercó y me dio un pequeño beso – dice que olvidamos pagar los gastos del mes - suspiré, sabía de antemano que tendría que ser yo quien solucionara el enredo.
- Pero si lo pagamos, incluso la factura todavía está en la pizarra de recados – caminé hasta ella y quité la factura – por qué no vas tú – lo miré tratando de parecer convincente, pero me quede en el intento.
-No quiero, tu estás tan linda y yo parezco un estropajo – reí ante su argumento, Edward podría andar con una camisa con flores de color rosado y seguiría siendo sexy – ni siquiera me he puesto zapatos – estiró sus pies descalzos – anda no seas malita – asentí, incapaz de resistirme a ese par de ojos penetrándome.
Salí refunfuñándome a mí misma por mi debilidad emocional, Edward tenía el poder de destruirme si así lo quisiera. Caminé hasta el ascensor, tenía un letrero enorme de que estaba en mantención. Caminé hasta el siguiente. Se demoró un montón en llegar, Edward me debía una buena sesión de masajes por hacerme salir de casa un domingo en la noche.
Me subí y el ascensor comenzó a bajar. Lentamente fue pasando piso por piso, pero cuando iba en el piso cuarenta se detuvo. Pensé que iba a subir alguien, pero las puertas no se abrían y el ascensor seguía detenido. Respiré profundo y me dije "Bella está todo bien, tranquila", pero después de diez minutos comencé a desesperarme y a gritar. Lo único que esperaba es que no se apagaran las luces, le tenía pánico a la oscuridad.
Flash Back
-Bella, Bella debes ver esto – gritó Jessica desde el sótano de su casa.
Jessica nunca me había caído bien, debe ser porque siempre me molestaba y se reía de mis frenos. A Alice tampoco le agradaba, pero nuestros padres eran muy buenos amigos con los suyos y nos obligaban a asistir a sus cumpleaños o cuanta fiesta montaran en su casa.
Ese día Alice fingió un dolor de oídos. Su cara de enferma era tal, que si yo no hubiese sabido también le hubiese creído. En conclusión, la torpe, fea e invisible Bella tendría que ir sola al cumpleaños número diez de Jessica.
Bajé las escaleras bajo la atenta mirada de varios chicos. Me alegraba que me estuviesen integrando a sus juegos. Cuando llegué a la puerta del sótano Jessica, que sostenía una linterna encendida en la mano, me guió hasta el interior. De pronto sentí un empujón que me hizo caer y luego varias risas y carreras, hasta que el lugar se sumió en la más absoluta oscuridad.
Reprimí las lágrimas. No les daría el gusto de hacerme llorar. Pero pronto el miedo llegó a mí, al notar que pasadas varias horas, nadie venía por mí. Empecé a llorar y a pedir ayuda, pero no sentía nada, era como si ese lugar estuviese olvidado. Sólo esperaba que mis padres vinieran pronto para poder irme de aquí.
Empezaba a hacer frío y las ratas hacían sonidos que me parecían espeluznantes. Había oído que las ratas incluso comen personas y comencé a pensar que me comerían viva. Lo peor era no poder ver lo que me rodeaba, siempre había sido ingeniosa para salir de los problemas, pero esta vez me sentía inútil y asustada, como un pequeño gatito.
Cuando creía todo perdido, se abrió la puerta y mi mamá entró y me sacó en brazos de ahí, prometiéndome que todo estaría bien y que nunca más me obligaría a ir esa casa. Yo no paraba de llorar, pero el calor de mi madre me decían que el peligro ya había pasado.
Esa noche sería la primera en que tuve que dormir con la luz de la habitación prendida.
Entre Alice y yo ideamos una venganza en contra de Jessica. Hicimos una mezcla con cinco colores de tintura para pelo, agua oxigenada, gotas para los oídos y algunas especias de cocina. Todo lo metimos en un globo gigante y se lo lanzamos a la salida de su casa con la ayuda de Jake. Su pelo nunca volvió a ser el mismo y su autoestima y arrogancia quedaron sepultadas para siempre.
Fin flash back
Después de por lo menos veinte minutos el ascensor se puso en marcha como si nada. Cuando llegó por fin al primer piso, no alcanzaron a abrirse las puertas cuando yo ya había salido de allí. Necesitaba respirar aire puro, o por lo menos no tan viciado.
Me acerqué al conserje para aclarar el malentendido de la factura e informarle lo del ascensor.
-Señorita Swan, disculpe por lo de la factura, fue un mal entendido – dijo apenado – llamé al señor Cullen hace un rato para aclararle el error y él me informó que usted ya había bajado – bufé frustrada, estas cosas sólo me pasaban a mí.
-No se preocupe – le resté importancia – sabe, debe revisar este ascensor, se detuvo conmigo dentro y estuvo por lo menos veinte minutos así – le planteé.
-Hemos tenido fallas de voltaje señorita, disculpe las molestias – respondió.
-No se preocupe, no es su culpa – suspiré, había bajado sólo a perder mi tiempo – espero que no se repita el malentendido de la factura… ahora me retiro – y sin nada más que agregar volví a a subir al ascensor.
Como siempre se demoró cinco minutos en estar en nuestro departamento. No había llevado llaves así que toqué el timbre. Pasaron por lo menos cinco minutos y Edward no se dignaba a abrir. Esto había colmado mi paciencia. Primero me manda a mí a solucionar un problema que es suyo, después el ascensor se detiene sin sentido alguno por más de quince minutos, luego el conserje me dice que ya no existe problema alguno y ahora Edward no me abre la puerta.
Sentí en clic de la puerta y entré hecha una furia para encontrarme con algo maravilloso. La estancia estaba totalmente iluminada con velas y pétalos de rosas. El aroma a "Hugo" de Hugo Boss inundó mis fosas nasales, mientras Edward me abrazaba por la espalda. Ahora entendía todo el montaje, él me estaba preparando esta sorpresa.
-¿Bailas? – preguntó mientras apuntaba con el control remoto hacia el equipo de sonido.
Música Obligatoria: Sin que se note – Alejandro Sanz
Me volteé y lo abracé tras el cuello al tiempo que él se aferraba a mi cintura y empezaba a cantar en mi oído con un perfecto español la hermosa canción que escuchábamos.
Le puse un poco de imaginación
No fue un milagro con perdón de Dios
Jamás sentí esa fuerza en mí…
Se me erizaron todos los vellos del cuerpo, Edward hablaba un español bastante fluido, pero escucharlo cantar en ese idioma hacía que mi alma se encogiera de tanta emoción. Edward tenía tantas facetas que cada día me sorprendía un poco más.
En tu mirar curé mi fiebre
Y fue de repente
Los naufragios me he tragado
Y las heridas ya no duelen…
Me sentía flotando en una nube, Edward me estaba diciendo muchas cosas con un par de frases musicales y yo no podía hacer otra cosa más que suspirar y llorar de felicidad por este hermoso y mágico momento.
Y al fuego eché miles de cartas y de palabras.
Tesoros que no valen comparados con tu alma...
No podía pedir más. Simplemente él era perfecto. Me sentía fatal por las veces que pensé que no me amaba, si con cada gesto me decía que yo era lo más importante para él. Esto era sólo una demostración de lo que cada día hacía por mí.
Sin que se note
Te miro y es sin que se note
Y la verdad que había en mí es tan intensa
Que no le teme a lo que quiere…
Se ha deshecho del disfraz con el que oculta su mirada
Se ha entregado a la ilusión de pelear por lo que ama
Corazones que se buscan en aquellas madrugadas
Son corazones, son montañas
Que no se esconden, que se hablan…
No aguanté más y lo besé. Esta había sido sin dudas la mejor demostración de amor que había recibido nunca, Edward me estaba diciendo en esta canción que yo lo había ayudado a superar sus miedos y a calmar el dolor de sus heridas.
Terminó la canción, pero nosotros nos seguimos besando frenéticamente como si nuestra vida dependiese de ese acto. Mis manos avariciosas se metían por el cuello de su camisa, intentando tocar más piel. Las suyas se perdían por debajo de mi camiseta, dejando huellas por donde pasaran.
Se separó de mí más pronto de lo que quería, sonrió y acarició mi mejilla.
-Para este momento quería la canción que bailamos en ese Pub en Buenos Aires, la misma noche que fuiste mía por primera vez, pero aún no la encuentro y en esas búsquedas encontré esta que me pareció adecuada para este momento – se metió la mano al bolsillo y sacó una pequeña caja cuadrada. Mi respiración se detuvo, por fin llegaba eso que tanto esperé – anoche ya te lo dije, pero quería hacerlo bien. Alice no me perdonaría si no hiciese todo como dice la tradición – rió nervioso y se arrodilló – Bella, aceptas casarte conmigo – abrió la caja dejándome ver un hermoso anillo de oro blanco con un solitario diamante.
-Acepto – dije con lágrimas en los ojos para después abrazarlo – te amo, te amo. Eres lo más maravilloso que me ha pasado en la vida – susurré en su oído.
Se separó de mí, se puso de pié y tomó mi mano. Puso el anillo con una delicadeza infinita, como si en algún movimiento en falso pudiera quebrarse mi mano. Luego la besó y volvió a abrazarme, escondiendo su rostro en mi clavícula.
-Gracias Bella, me has hecho el hombre más feliz del mundo – susurró provocando una corriente eléctrica en mi cuerpo – te amo, por lo que eres y por lo que soy cuando estoy contigo. Eres la mujer más maravillosa que conozco – me sonroje. Edward siempre provocaba las más infantiles reacciones en mí.
Lo abracé muy fuerte y empecé a repartir besos en su cuello. Lo deseaba y lo amaba más que a nada y quería sentirlo dentro de mí como una manera de creer que esto era real. Que no era un sueño del cual despertaría defraudada y desencantada.
Esa noche me hizo el amor como si fuese mi primera vez. Se mostró delicado y gentil. Me besó con ternura y repartió caricias lentamente por todo mi cuerpo. Sus manos me rozaron y me masturbaron como nunca, para darle paso a su abultado miembro hacia mi interior. Como amaba a ese hombre que me hacía sentir en el cielo con sólo tocarme.
Y así, desnudos, piel con piel, abrazados, nos dormimos, ambos con una sonrisa en los labios y mucho amor en el corazón.
La luz de la mañana me despertó, por supuesto ya estaba sola. Me levanté y me puse una bata para ir por un café a la cocina. Me serví una taza y me senté en el sillón a ver un poco de televisión. Llevaba más de una semana sin escribir nada por culpa de la boda de mi querida hermana. En tres meses empezaba la promoción de mi nuevo libro y ya no tendría tiempo de escribir y tenía la intención de terminar un nuevo libro antes de eso.
Pensé en Alice, más que pensar en ella, pensé si debía llamarla para contarle o no lo de mi próxima boda, después de todo era mi hermana y ella siempre me consideraba a mí para ser la primera en saber sus cosas. Después de un rato con el teléfono en la mano marqué el número de la habitación del hotel de Cancún en el que estaban de Luna de miel.
-Diga – escuché la voz somnolienta de mi hermana.
-Alice, habla Bella – dije con una sonrisa que no se borraba de mi rostro – disculpa que te llame a tu luna de miel – como siempre me interrumpió.
-Estás bien. Edward te hizo algo – siempre Alice pensando lo peor de Edward.
-Alice, me pidió matrimonio – alejé a tiempo el aparato, pues su chillido me hubiese dejado sorda de una.
-No hagas nada hasta que no vuelva, quiero ayudarte en todo. Va a ser tan lindo. Bella felicidades, no sabes cómo recé para que Edward se decidiera a dar el paso – rodé los ojos, había sido mala idea llamarla, lo sabía – Jasper dice que felicidades – agregó.
- Era eso Alice. Te quiero. Sigue pasándolo bien – me despedí.
-Espera, quiero saber cómo fue… - colgué antes de que me volviese loca.
Fui a la cocina a dejar la taza sucia y me encaminé a mi escritorio a escribir y adelantar algo más de mi próximo libro. Cuando llegué a encender mi laptop me encontré una rosa y una nota. Sonreí como una adolescente hormonada y la leí.
"Futura Señora Cullen:
Hice reservaciones en el restaurant del Waldorf a las ocho. Nos vemos allá para celebrar.
Siempre tuyo
Tu prometido"
Con la sonrisa en los labios abrí el archivo y me dispuse a escribir. Mi estado de ánimo estaba en las nubes o quién sabe, quizá estaba más allá.
Espero sus comentarios. Ya saben que hay regalo para la que comenta. :)
