Un nuevo capítulo para ustedes. A las que comentan sin tener cuenta en fanfiction mándenme a mi correo (perfil) su mail para enviarles los adelantos.


Capítulo 6

- ¿Cómo fue? – Rose me miraba impresionada mientras bebía un poco de su café.
-Me lo dijo en el matrimonio de Alice, pero ayer preparó una velada romántica y me dio el anillo – sonreí como lo llevaba haciendo todo el día – fue tan mágico – agregué.
- No lo creo – alcé una ceja - O sea no es que no te crea, pero Edward me parece cualquier cosa menos romántico – comió una galleta – incluso antes me daba la impresión que tu le soportabas porque es bueno en la cama…
- ¡Rose! – Me sonrojé – es mi vida privada – ella rió.
-Bella, que tú no me cuentes no quiere decir que no me dé cuenta – se acercó para hablarme más bajo – Cuando tienes una noche movida, tu cara de "mañana post orgásmica" al día siguiente te delata – me sonrojé aún más – además sabes que tengo buen ojo para eso y en cuanto vi a Edward te dije que sería bueno en la cama y que por fin alguien mancillaría tu virtud – se echó para atrás – y no me equivoqué – sonrió pagada de sí misma.
-Pero es mucho más que eso. Ha sido difícil derrumbar sus barreras, pero en estos seis años lo he visto evolucionar y vencer cada uno de sus miedos para conmigo – suspiré – es sólo que es un poco antisocial y le incomoda estar rodeado de mucha gente – me reí – además tú y Alice cohíben a cualquiera – agregué.
-Me ofendes – puso cara de fingida indignación – Alice y yo sólo somos amorosas, simpáticas, divertidas – la interrumpí.
-Buenas para reírse de los defectos ajenos, chismosas – me interrumpió.
-¡Oye para! Se supone que somos amigas y estamos acá para hablar de tu próximo matrimonio – reímos juntas.

Flash Back

-No tenías que ser tan pesado – le grité – ellas sólo trataban de ser amables – iba cerrar la puerta pero su pié me lo impidió.
-Bella, sé que a veces te parezco un tanto huraño. Sé que no le agrado a ni tu hermana ni a Rose por lo mismo. Ustedes tres son tan libres, felices que me asustan. Aunque trate de soltarme me aterra no parecerles agradable o que tú misma te des cuenta que no soy lo que pensabas y me dejes – tenía lágrimas en los ojos, lágrimas que me partieron el alma.
-Edward, lo que siento por ti no va a cambiar, pero necesito conocer con quién estoy saliendo. No puedes pretender soltarme todo ese discurso de que no puedes dejar de pensar en mí y luego olvidarte de todo y comportarte como si fuésemos desconocidos – lo dejé entrar y nos detuvimos tras la puerta – salimos juntos hace cinco meses y a penas me hablas. Es como si me tuviera miedo – empecé a llorar – ya no lo aguanto – me abrazó.
-Te amo – susurró tan bajo que no estaba segura de haberlo escuchado – te amo – dijo más fuerte – te amo desde el primer momento que te vi. En las mañanas eres mi primer pensamiento y en la noche el último. Incluso en sueños - me gritó.
-Yo también. Aunque he sido tan obvia que tu debiste notarlo hace mucho – me separé para mirarlo – yo creí que te habías arrepentido y que te parecía tan aburrida que no querías ni hablar conmigo – me abrazó otra vez.
-Eso nunca. Bella te amo más de lo que nunca he amado a nadie – se separó y me besó desesperado.

Sentí una tos fingida cerca. Nos separamos entre riendo y llorando para mirar quién nos interrumpía el momento. Mi abuela Marie miraba la escena con una sonrisa y nos guiñaba un ojo mientras caminaba hacia la cocina. Edward y yo nos miramos y nos besamos de nuevo.

-Te gustaría hacer un viaje conmigo – preguntó sonrojado.
-Hasta el fin del mundo – respondí y lo besé otra vez.
-Casi – dijo riendo – tengo un congreso en Buenos Aires el próximo fin de semana. Me ayudará con mi especialización – me miró y yo sólo asentí y volví a besarlo.

Ese beso me estaba sabiendo a algo más. Un calor nunca antes sentido me estaba matando y necesitaba apagarlo de alguna manera.

Lo fui empujando hasta que terminó sentado en el sofá y yo me encaramé a horcajadas sobre él. Gimió aún en mis labios y puso un de sus manos en mi muslo, descubierto por el corte de mi vestido, y con la otra me empujó más hacia él.

-Chicos, la casa tiene siete habitaciones ¿Es necesario ultrajar mi sofá favorito? – me sonrojé al escuchar la voz de mi abuela.
-Lo siento Señora Swan – Edward se levantó y caminó hasta la puerta – creo que debo irme – salió sin decir nada más.
-Me gusta para ti, Bella – mi abuela sonrió y caminó por el pasillo que llevaba a su habitación.

Fin flash Back

-¡Bella! – Volví a mi realidad – odio cuando se te va la olla – la miré con gesto de disculpa – no es agradable hablar sola, deberías saberlo – agaché la mirada.
-Lo siento Rose – tomé aire – es sólo que mi abuela estaría tan feliz. Ella adoraba a Edward – siempre se me aguaban los ojos al recordarla - Me hace tanta falta en estos momentos. Era la única que podía detener a Alice – reímos juntas.
-Era una gran mujer – concordó Rose – y siempre estaba dispuesta a cubrirme las espaldas con mi madre - rodé los ojos – y qué has pensado de tu boda – preguntó.

Me explayé hablando. Le expliqué que quería algo sencillo, pero con muchas flores. Nada de reporteros. Deseaba algo íntimo. Sólo con nuestros seres queridos, aquellos más cercanos. No quería publicar nada, ni en diarios ni en revistas, que pudieran dar indicios del lugar o la hora. Quería que Edward se sintiera cómodo, además no tenía intensiones de convertir mi boda en un circo.

-Crees que Alice lo permitirá – cuestionó Rose – recuerda que yo la excluí. No permitirá lo mismo otra vez – rió con malicia.
- Tendrás que ayudarme con eso. Quiero que me ayude, pero que me deje a mí escoger – no permitiría que Alice se entrometiera demasiado, sabía lo peligrosa que podía llegar a ser.
-Lo intentaré – me respondió – debo volver a casa, Emmet me espera – vi ese brillo en sus ojos y supuse para qué la esperaba.

Pagamos la cuenta y caminamos hacia la salida. Me agradaba esta Rose casada. Antes ella hubiese insistido en salir de parranda luego de esta junta, pero desde que volvió de Las Vegas se nota que cuenta las horas para volver a casa.
-Diviértete - le guiñé un ojos y me despedí, caminando en dirección contraria a ella.

Aún era temprano. Me desvié y me fui a pasear un rato a Central Park. Me senté en una banca y disfruté mirando parejas de la mano, niños jugando con sus padres, abuelitos dando de comer a las palomas y tanta felicidad contrastando con la fría y ajetreada Nueva York.

Volví al apartamento cerca de las ocho. Edward llegó pocos minutos después con la cena. Se le notaba feliz y me alegraba ser la culpable de tanta dicha que irradiaban sus ojos.

Él partió a ducharse y yo le seguí hasta la habitación a juntarle la ropa. Me encantaba mimarlo y hacerlo sentir querido. Tenía la impresión que nunca nadie se preocupó de esa forma por él.

Luego, sentada en la cama, miraba mi anillo con devoción. Era increíble cómo una cosita tan pequeña podía hacer feliz a tantas mujeres alrededor del mundo. Siempre me encontraba con lo mismo cuando investigaba acerca de los perfiles sicológicos de mis personajes. El anillo de compromiso era, sin dudas, uno de los objetos que hacía sentir más segura a una mujer. Yo me incluía en ese grupo, obviamente.


Música recomendada: Sound of Pulling Heaven Down - Blue October


-¿Te parece muy apresurado si nos casamos en dos meses? – preguntó Edward desde la puerta del cuarto de Baño.

No pude responder. Era imposible desviar la vista de su cuerpo cubierto sólo por una pequeña toalla. Él me dedicó una sonrisa pícara y caminó hasta la cama aguardando mi respuesta. Se quitó la toalla y me obligué a levantarme y mirar a cualquier lugar menos hacia él.

-Cualquier fecha estará bien – respondí al fin – pero, por qué quieres que sea en dos meses - volteé a mirarlo y sonrió.
-Sé que en tres meses debes empezar la promoción de tu libro. Tendríamos que esperar y no quiero – sonreí al ver que él quería que fuera lo más pronto posible – quiero que a dónde vallas sepan que eres la Señora Cullen – reímos juntos, sonaba demasiado bien.

Caminamos juntos al comedor. Nos servimos la cena riendo. Le conté que había llamado a Alice y que ya la podía imaginar estresada por mi próxima boda. Él me comentó que en hospital todo el mundo le preguntaba por qué estaba de tan buen humor. Es que era imposible no notar lo feliz que estaba Edward con el matrimonio, y yo que pensaba que él no quería casarse.

-Había pensado en algo íntimo – dije – sólo con nuestros cercanos – agregué – no quiero que mi boda se convierta en un circo – Edward me miró asombrado.
-Crees que con Alice eso sea posible – Por qué nadie confiaba en mi carácter para detener a Alice - estoy seguro que me culpará y no tengo intensiones de pelear con ella – rió a carcajada limpia.
-Tendrá que entender – cerré el tema Alice por un momento – he hecho una lista, van unas setenta personas, no creo que falten muchas más – me levanté a buscar la carpeta que destiné para la preparación de mi boda y volví en dos segundos – mientras llegabas estuve buscando algunos locales, incluso si la lista no pasa de los cien podríamos hacerlo en la sala de eventos de este edificio – Edward me miró con devoción y asintió.
-Como tú digas estará bien. Tú sabes más de estas cosas – respondió – pero hazlo como a ti te guste, no quiero que te estés limitando por mi causa – tomó una de mis manos.
-Lo quiero así. De hecho, si se pudiera, quisiera que el momento fuera sólo de nosotros, solos tú y yo – él se levantó y me hizo levantarme para besarme.

Ya no pude decir nada más porque Edward me llevó en brazos a la habitación.

No era posible que Edward me tocara y yo ya quisiera tenerlo dentro. Y él parecía satisfecho pues se dedicaba a torturarme bastante antes de hacerme suya.

Esta vez se dedicó a masturbarme con su boca de manera brutal. Su lengua separaba mis pliegues y entraba en mí lo poco que alcanzaba. Yo sólo apretaba las sábanas con mis manos y mordía mis labios para no gritar. Esperaba que estando casados nuestras noches siguieran así.

-Te amo – susurraba Edward enviando descargas a mi zona más sensible.

Pronto llegué a mi primer orgasmo de la noche. Luego Edward me hizo llegar a dos más mientras me penetraba. No podría imaginar un paraíso mejor que estar con Edward entre mis piernas.

Pasados algunos minutos, descansaba en su pecho con una de mis manos acariciando los vellos de este. Él como siempre acariciaba mi espalda con sus largos dedos y soplaba mis cabellos para apartar los que quedaban pegados en mi frente a causa del sudor.

– Sabes una cosa – susurró. Me enderecé para mirarle – desde que tengo diez años no me sentía tan seguro como me siento ahora – tragué saliva al ver que sus ojos se oscurecían de dolor, no encontraba las palabras adecuadas para responderle – no digas nada, sólo promete que estarás siempre conmigo – me abrazó con fuerza.
–Siempre estaré contigo – sonreí y volví a acomodarme en su pecho.

Me dormí finalmente rodeada por los fuertes brazos de mi prometido. La vida no podría irme mejor.


Espero sus comentarios. Un beso.