Un nuevo capítulo para ustedes. Gracias por sus comentarios, agregarme a alertas y favoritos.
Capítulo 7
El maldito timbre del apartamento interrumpió mis sueños. Por la manera de tocar supuse que Alice estaba de vuelta.
Edward dormía a mi lado. Estaba teniendo turno de noche esa semana y había llegado hacían pocas horas. Lo sentí removerse al escuchar nuevamente el timbre, corrí a abrir antes de que despertase.
-Bella, son las once de la mañana y tú duermes. Que no tienes una boda que preparar – la vi entrar como un energúmeno ignorando mis señas de que se mantuviese en silencio.
-Hola Alice – susurré y caminé a cerrar la puerta de mi habitación – Edward esta con turno de noche y llegó hace pocas horas, te agradecería que bajaras los decibeles – dije señalándole con la mano que se sentara – ¿quieres algo? – negó con la cabeza. Caminé a la cocina a preparar café.
-Bella, hablé con Rose esta mañana y me dice que piensas casarte en menos de dos meses. No me quedará tiempo de hacer nada – me miró alarmada mientras me sentaba a su lado.
-No tienes que hacer nada Alice – enarcó una ceja – ya tengo casi todo cubierto, sólo necesito que me ayudes a terminar algunos detalles – rodó los ojos.
-Necesito ver lo que tienes. No permitiré que el matrimonio de mi hermana aparezca en los rankings de los peores de la historia. Conociéndote es muy probable que quieras casarte con un vestido ecológico en la playa cerca de Forks – agaché la mirada, algo de eso había.
-Lo de Forks no se me había ocurrido – sonreí inocentemente.
-No, no y no. No puedes casarte si no usas un Valentino – me miró con ojitos tiernos - A ti también te gusta la alta costura, no entiendo por qué te gusta hacerme sufrir – la ignoré y bebí un poco de mi café – Bella, entiende. Qué dirán los medios – debía frenarla.
-Alice, será una boda íntima. Sin medios. Además el vestido es hermoso. Lo compre en un evento a beneficio de la agrupación "Protege al bosque nativo". Es totalmente hecho de materia reciclado – me acerqué un poco a ella - Cuando Edward salga, después de almuerzo, te lo muestro. Te encantará – la vi dudar, pero Edward se asomó por la puerta del dormitorio y ella tuvo que callar.
Se veía tan guapo recién despertado. Su cabello totalmente revuelto, más de lo habitual, era mi perdición. Además ese pijama a rayas con un solo botón abrochado lo hacían parecer un modelo de Calvin Klein. Entonces se sonrojó al notar que no estábamos solos y volvió a la habitación susurrando un "lo siento". Adorable.
Luego de eso, dejamos el tema de la boda y Alice monopolizó la conversación para contar detalle por detalle su luna de miel. Parecía una bitácora de viajes parlante, pues sólo le faltaba mencionar el peso exacto de cada plato de comida que se servían.
Edward se unió a nosotras para almorzar, pero tampoco tocamos el tema de mi matrimonio. Alice recién iba en el día tres de su relato, o sea que faltaban siete días de descripciones sobre la belleza de Cancún y sus alrededores.
Nosotros fingíamos escucharla, pero noté que Edward lentamente acercaba los audífonos de su Ipod al oído que Alice no veía y yo fantaseaba con nuestra próxima luna de miel en Las Torres del Paine(1).
Cuando Edward llegó con los folletos hacía dos días no pude evitar adorar el lugar. Se veía que era un lugar muy tranquilo en el que se podían hacer actividades extremas, caminatas y cabalgatas. Además pasaríamos después un fin de semana en Buenos Aires para recordar nuestros primeros momentos juntos.
Después de una hora más, Edward tomó un libro y salió a caminar un rato por Central Park. Sabía que las visitas de Alice lo agotaban, ella podía llegar a ser muy exasperante si se lo proponía, y con Edward siempre estaba dispuesta a serlo.
Rose llegó poco después y tuve que volver a escuchar a la bitácora parlanchina de mi hermana durante otras dos horas. Luego de eso, de manera estoica, Rose fue capaz de cambiar olímpicamente de tema, el problema es que el tema nuevo era mi boda.
Flash Back
-¡Alice! – grité desesperada. Esto tenía que ser una broma - ¡Alice!
-Salió – dijo mi abuela desde la puerta – fue a la iglesia a dejar unas cosas – ¿Iglesia?, ¿cosas?
-Que no sea lo que estoy pensando – gemí – esta vez la mato.
-Qué hizo ahora – mi abuela entró y se puso junto a mí, frente al armario – ahora entiendo el por qué llevaba tantas bolsas – dijo para sí misma.
Yo desconecté. Sólo podía mirar mi armario convertido en el albergue de un sinfín de vestidos, zapatos y carteras de diseñador. Sólo en un rincón habían sobrevivido a este ultraje algunos jeans y un par de tenis. Había renovado mi armario sin siquiera preguntarme.
-Te gusta mi regalo de graduación – me miraba con ojos de corderito a punto de ser faenado desde la puerta – aún faltan algunas cosas, pero prefiero ir de compras contigo para que todo sea perfecto – sonrió – sé que debes estar odiándome, pero ahora que serás universitaria debes preocuparte más de ti y de tu look. Dime si no están lindos los vestidos – se acercó y tomó un vestido estival blanco con flores rosadas y otro azul con líneas blancas – Estos estaban recién llegando. Fue una suerte encontrarles – los miré y no pude negar que estaban hermosos.
-Gracias Ali – sonreí – pero debemos ir de compras. No transaré el usar tenis y pantalones cómodos. Los vestidos serán para de vez en cuando – ella empezó a dar saltitos.
-No te preocupes. Iremos mañana mismo – me abrazó y se me colgó en brazos.
Caímos en medio del armario riendo como locas. Era imposible no contagiarse con las locuras de Alice.
Fin flash Back.
-¿Qué es eso? – dijeron ambas al unísono al ver con espanto mi vestido de novia y el ramo que pensaba llevar.
Era strapless, de color beige con adornos verdes, ajustado hasta la cintura y ancho hasta los talones que parecía de papel y mi ramo era de género y botones de colores comprado en una convención de lectura para niños con cáncer.
-Mi vestido, a qué es lindo – dije con una sonrisa. Siempre quise casarme con algo excéntrico y el vestido era hermoso.
- Esto es peor de lo que pensaba – Alice tomó su celular e hizo un par de llamadas. No entendí mucho que decía – listo – sonrió con malicia.
-Alice, no voy a ceder – dije firme mientras Rose se reía.
-Bella, esta vez se te cayó un tornillo – dijo Rose – no puedes pretender casarte con eso – me miró con gesto de disculpa.
-Hace un par de semanas encargué un Valentino para una clienta, pero no le quedó bien. Llamé a Renata para que lo guardase. Mañana irás a probártelo sin compromiso – Alice puso ojitos suplicantes – si no te gusta no insistiré, vale – sonreí y asentí. No perdería nada – Vera Wang hará tu ramo y en eso no discutiremos – era al mejor acuerdo que podía llegar.
-Está bien, pequeña demonio – murmuré y ella me abrazó.
Estaba agotada. Rose y Alice podían ser muy demandantes cuando se lo proponían. Me estuvieron ayudando a elegir el vestido, desde un catálogo, para la despedida de soltera. El local aún no lo teníamos pues la lista de invitados había crecido un poco, gracias a Alice, así que esperaríamos hasta la semana siguiente para decidir entre las tres alternativas que teníamos.
Edward había llegado a cenar y había partido al hospital de nuevo. Sería una noche más que casi no pegaría un ojo. Aunque encendiera la luz, el sentirme sola no me dejaba conciliar el sueño por muy cansada que estuviese.
Música recomendada: Supervisor de tus sueños – A punto 5
Flash Back
-No apagues la luz – Edward se giró a mirarme y vio el pánico en mis ojos.
-¿Qué ocurre mi Bella? – me abrazo pero sin dejar de ver mis ojos.
-No me gusta la oscuridad – sabía que le parecería una niña y que quizás me tomara por loca – sólo déjala encendida hasta que me duerma – me acurruqué entre sus brazos.
Sentí igualmente el clic de la lámpara y al abrir los ojos estaba todo oscuro. Me recorrió un estremecimiento en todo el cuerpo, me sudaron las manos y mi respiración se hizo irregular. ¿Por qué Edward me estaba haciendo esto?
-Tranquila Bella – susurró en mi oído – sólo cierra los ojos y abrázame fuerte – hice lo que me pidió – mientras yo esté a tu lado no dejaré que nada malo te pase – acarició mi cabello – sólo duerme. Yo velaré por tu sueño - empezó a tararear una canción
Así por primera vez en más de trece años pude dormir con las luces apagadas.
Fin flash Back
Sentí sus pasos al entrar a la habitación. Había pasado otra noche en vela y me quedaban tres más esa semana. Sentí que la cama se hundía de su lado y me volteé para mirarle mientras se quitaba la ropa. Cuando volteó y me miró, sus ojos se hicieron sombríos y negó con la cabeza.
-No has podido dormir – susurró suavemente. Negué con la cabeza – última semana que haré turnos de noche –dijo decidido. Se acostó y me abrazó.
-No puedes hacer eso – me amoldé a él y bostecé – ya me acostumbraré – rebatí a punto de la inconsciencia.
-Llevas cinco años igual, Bella – besó mi frente – No hay discusión, dejaré los turnos en la noche y punto. Ahora duerme – y con sus dedos acariciando mi pelo y sintiendo su respiración en mi cabeza, me dormí.
Estaba frente a un espejo de cuerpo entero en uno de los vestidores de la boutique de Alice. Trataba de encontrarle defectos, pero era imposible. Sin dudas mi hermana sabía que el vestido sería total y absolutamente de mi gusto. No se parecía a ninguno que hubiese visto antes y no pude evitar el derramar algunas lágrimas cuando me vi tan hermosa. Definitivamente el vestido ecológico no vería la luz en este matrimonio.
Alice daba saltitos y reía pagada de sí misma. Estoy segura que la muy malvada había mandado a hacer este vestido para mí en caso de que Edward se decidiera. No era posible que se ajustara de manera perfecta a mi cuerpo y a mis gustos.
Me quité el vestido y pedí que me lo enviaran a casa. Alice y yo nos reuniríamos con Rose y Emmet en un restaurant cerca de la corporación C.C. Había llamado a Edward para que nos acompañara, pero me respondió con un quizá. No le obligaría, sabía lo mucho que le estaba costando llevar la fiesta en paz.
Cuando llegamos al restaurant me sorprendí gratamente a Edward y Emmet hablando y riendo de manera cómoda. Rose no estaba menos impresionada, pues desde que se conocieron que entre ellos se palpaba una cierta tensión. Nos miramos las tres y encogimos los hombros en señal de desconcierto.
Edward me vio y se levantó para saludarme y retirar mi silla y la de Alice. Siempre comportándose como un típico caballero de la literatura de fines del siglo XIX.
Edward miró hacia un televisor de plasma que había en el lugar y se tensó. Le seguí con la mirada y me vi junto a él en la pantalla. No se escuchaba que decían de nosotros, pero en la parte inferior de la pantalla se leía "ISABELLA SWAN Y SU NOVIO DE SIEMPRE POR FIN LLEGAN AL ALTAR".
Era lo que nos faltaba. Yo que quería estar tranquila para poder organizar mi matrimonio y ahora con eso tendría a los periodistas tras mis pasos día y noche. Edward me miró y vi en sus ojos que pensaba lo mismo. Lo lamentaba por él. La famosa acá era yo y siempre lo estaba arrastrando a convertir cada momento juntos en el comidillo de los medios.
-Cariño no te preocupes – me susurró – yo estoy tranquilo – apretó mi mano.
-Pero yo quería que esto fuera especial – agaché la mirada – los medios no me dejaran en paz – todos nos miraban preocupados.
-Creo que lo mejor es que des una entrevista y le des la exclusiva a alguna revista – sugirió Alice – es lo más recomendable en estos casos – siguió.
Miré a Edward y él asintió con un amague de sonrisa, aunque pude ver en sus ojos que a él le agradaba la idea mucho menos que a mí. Saqué mi teléfono móvil y marqué a Ángela, mi asistente, para que acordara, con la revista que estimase conveniente, la exclusiva de mi boda.
(1) El Parque Nacional Torres del Paine es uno de los componentes del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado de Chile. Es uno de los parques más grandes del país y uno de los más importantes. Es el tercero con más visitas en todo el mundo.
Espero sus comentarios.
Las quiero
Un beso
Bye
