Un nuevo capítulo para ustedes. Espero que les guste.


Capítulo 8

El tiempo se me estaba yendo a pasos agigantados. Sólo faltaba un mes para la boda y aún quedaban por hacer un sin número de cosas.

Hacía una semana que la lista de invitados había sido entregada a la agencia encargada de la organización de mi matrimonio para que se pusieran a trabajar en las invitaciones. Alice vendría en un rato para acompañarme a buscarlas.

Edward casi no opinaba. Muchas veces quise integrarle, mostrándole los avances o haciéndole elegir sobre alguna cosa, pero él sólo respondía que lo hiciera como a mí me gustase. No quise debatir y hacer una pelea sobre eso.

-¡Bella! – pegué un salto.

Estaba tan distraída que no había escuchado nada de lo que Edward estaba diciendo. Ahora me miraba entre herido, enojado y confuso.

-Lo siento cariño. Estaba en otra parte – me excusé poniendo cara de arrepentida – Qué decías – pregunté.
-Nada – respondió arisco – voy a salir un rato – dijo luego.
-Edward – no respondió – Edward lo siento de veras – dio la vuelta – qué ocurre cariño – me acerqué y tomé su mano para que se sentara conmigo en la cama.

Edward no decía nada. Estaba como el típico niño taimado que se enoja cuando no le prestan atención. Sus labios eran una línea recta y sus cejas casi se juntaban mientras fruncía el ceño mirando al vacío.

-Edward, de verdad lo siento – tomé su cara entre mis manos – Qué está pasando contigo – volví a preguntar.
-Es sobre Emmet – y ahí caí en cuenta.

Había estado tan preocupada con los preparativos de la boda que ni siquiera había tenido tiempo de analizar el por qué ahora Edward y Emmet parecían amigos de toda la vida.

-Él dice no saber el por qué nuestras familias se distanciaron. Ambos éramos demasiado pequeños – prosiguió – y a decir verdad yo tampoco sé los detalles – se llevó las manos a su cabello en señal de nerviosismo – me invitó a cenar a su casa el sábado – acaricié su mejilla en señal de apoyo – por una parte quisiera ir y decirle a Carlisle lo mucho que le odio y que aunque ellos nos dejaran en la calle yo logré salir adelante – suspiró frustrado – pero Emmet no se merece algo así. Es un buen chico y no quisiera bajarle a su padre del pedestal en que lo tiene. Él no es culpable de nada – ahora entendía algunas cosas.
-Yo creo que deberías ir en son de paz. Quizás las cosas no son como piensas – lo último lo dije en susurro por miedo a su reacción.
-¿Me acompañarías tú? – acarició mi mejilla.
-Claro cariño, sabes que siempre – respondí.

Seguimos hablando de cosas triviales. Hacían varios días que casi no nos hablábamos. Los preparativos de la boda me sacaban de la cama muy temprano y no me dejaban volver a ella hasta pasada la medianoche.

Edward empezó a hacer preguntas sobre los preparativos. Le comenté que nos casaríamos en la misma catedral que lo hizo Alice. La comunidad de católicos en Nueva York no era muy grande y ese era el único lugar con capacidad suficiente. Edward al no ser creyente aceptó casarse según mis dogmas.

Estaba todo tranquilo hasta que llegó a la pregunta que había evitado responder a toda costa, el número de invitados. Al enterarse la prensa de nuestra boda fue inevitable aumentar el número de asistentes, meros compromisos que uno no puede eludir si quiere seguir creciendo como escritora. Una mala decisión en estos casos puede significar que tu carrera se hunda para siempre.

-Cuatrocientas personas – dije rápidamente casi sin abrir la boca.

Vi el pánico en sus ojos y podría jurar que dejó de respirar los siguientes dos minutos. Empecé a repasar mentalmente sus consejos en caso de emergencia y en cómo practicarle primeros auxilios a una persona, pero entonces sacudió la cabeza y me miró con reproche.

-En qué momento pasamos de setenta personas a cuatrocientas – su rostro pasaba de la rabia a la resignación – ni siquiera conocemos a tantas personas – luego dudó – en realidad no sé por qué me sorprendo. Era obvio que ocurriría esto con Alice de por medio – Edward a veces resultaba ser peor que Alice.
-Esta vez no tiene que ver con Alice – cómo se atrevía a culparla - ¡Ella casi ha permanecido al margen! – Subí un poco la voz – con la prensa de por medio es difícil… -
-¡Nadie me quita de la cabeza que ella está detrás…! -
-¡Eres tan absurdo! – le corté y salí de la habitación.
-¡Sabías que ella haría lo posible por hacer de tu boda el evento del siglo! - gritó desde la habitación mientras yo salía por la puerta principal.

¿En qué momento la conversación se transformó en una discusión sin motivo?

Sabía que a Edward le ponía nervioso que la boda fuera tan concurrida, pero con culpar a Alice se pasó de la raya.

Así como lo defendía a él cuando mi hermana lo atacaba sin motivos, está vez defendería a Alice de las acusaciones infundadas de mi prometido.

No entiendo esa constante necesidad de descargar sus frustraciones culpando a los demás de sus desgracias. Siempre está dudando de todo el mundo y cree que todos están conspirados en su contra. Lo amo, pero a veces me desconciertan sus cambios de humor.

Flash back.

La cena estaba sucediendo como cualquier otra. Era la rutina, una vez a la semana debíamos juntarnos. Esta vez Rose con su pareja de turno, que por más que repitió su nombre no logré recordarlo; Alice con Jasper, discutiendo en voz baja por alguna tontería; y yo mirando intermitentemente entre la puerta de restaurante y mi reloj. Edward nuevamente tenía una emergencia en el hospital, pero estaba casi segura que era una escusa para evitarnos.

Sabía que ya no llegaría y me había resignado a que esa noche volvería en taxi. Estaba necesitando con urgencia un coche, pero eso no lo reconocería nunca. No sería yo la que aportaría con más carbono a un planeta saturado de él.

-Lamento la tardanza – Edward se notaba cansado. Me dio un casto beso y saludó al resto – Qué comes – me preguntó – muero de hambre
-Por si no te das cuenta cuñadito ya estamos en el postre – respondió Alice por mí. Jasper le apretó la mano para que callara.
-Bella – Edward me nombró con intensión de dejar claro a quien se dirigía – puedo pedir algo de comer o ya quieres marcharte – me sonrió y yo negué.

Edward pidió un trozo de torta y un café, creo que para no desentonar con lo que nos servíamos los demás.

Nosotros seguíamos conversando, en realidad Alice seguía conversando y nosotros fingíamos oírla, mientras que Edward estaba ausente de todo. A pesar de querer mostrarse sereno, ni a Jasper ni a mí nos engañaba.

Fin flash back

Paseando y respirando el aire puro de Central Park la pelea me parecía una estupidez. Si yo estaba nerviosa por la boda, era obvio que Edward lo estaba también.

Me senté en un banquillo y me eché hacia atrás cerrando los ojos. Quizás no había sido buena idea casarnos. Estábamos bien antes de todo este trámite de la boda. Hacían dos semanas que ni siquiera hacíamos el amor por culpa del evento, además de casi no dirigirnos la palabra.

Lo peor es que aún quedaban tantas cosas por hacer. Debía elegir las flores, la música, el menú. No sé en qué momento Edward me convenció de que la boda fuese tan pronto. Jamás creí que demandara tantas cosas el contraer matrimonio.

-Lo siento – me sobresalté al escuchar su voz a mi lado – es sólo que estoy nervioso – siguió.

Volteé a mirarle y él me miraba con arrepentimiento. El verle así me hizo olvidar todo lo demás y lanzarme a sus brazos. Odiaba ver su cara atormentada, me partía el alma. El me abrazó y descanso su barbilla en mi sien.

-¿Estoy perdonado? – preguntó.
- Sólo si prometes no seguir culpando a Alice de todo – respondí

Flash back

-Y qué fue esta vez, Edward – preguntó irónica mi hermana – un niñito con un hueso roto – abrió los ojos con terror fingido – o un bebé con dolor de oídos - se puso la mano en pecho – me cae una lágrima sabes – se secó una falsa lágrima.

Se notaba que los dos Martini que tomó se le habían subido a la cabeza. Edward apretó la servilleta con un puño y respiró dos veces antes de seguir comiendo, ignorándola.

-Alice, no es gracioso – respondí molesta.
-Bella, todos trabajamos – Jasper intentó callarla - ¡No Jasper! – le alejó de ella – todos tenemos obligaciones, pero nos hacemos el tiempo para compartir con los demás – Edward estaba a punto de explotar – se ve la importancia que tienes para él, Bella – tomó un sorbo de su copa como si nada.
-¿Qué sabes tú de lo que es trabajar Alice? – dijo Edward poniéndose de pie – ¡tienes un sucucho con un montón de trapos implementado con la herencia de tus padres y lo atiende un montón de empleados innecesarios! – Golpeó la mesa al dejar caer la servilleta – a eso le llamas trabajo – espetó apuntándole con el dedo – qué es lo más grave que puede pasar – con una teatralidad que no le conocía fingió pensar –que un vestido se te manche. ¡Qué terrible! – Empezó a recoger sus cosas –No sabes lo que es tener una verdadera responsabilidad – ya mucha gente miraba en nuestra dirección - Ni siquiera eres capaz de hacerte responsable por ti. Llamas a Bella a las tres de la mañana borracha y pretendes que ella siempre esté dispuesta a recogerte – Mi hermana empezó a encogerse en su asiento – de esa forma le demuestras cuanto la quieres – Alice estaba llorando a mares, pero Edward no se detenía – Eres demasiado cara dura – tomé su mano.
-Es suficiente Edward, ya entendió - sabía que Alice se lo merecía, pero igualmente dolía su dolor.

Salimos del lugar, cabizbajos. A Edward, en cuatro años que llevamos juntos, jamás habían podido sacarlo de sus casillas de esa forma. Cuando se le pasara la rabia, se arrepentiría, lo conocía muy bien, en ese aspecto al menos.

Subimos al coche y en diez minutos estábamos en el departamento. No pronunciábamos palabras, pero sabía que a Edward debía de pasarle algo para comportarse así. Él es un caballero y por muy exasperante que sea Alice él jamás le hubiese hablado así en un momento normal.

Caminé al dormitorio con el detrás. El se fue a la ducha y yo me puse pijama. Sentí un grito mezclado con el sonido del agua, pero no estaba segura si había sido así.

Edward salió del baño y yo me hice la dormida. No quería hablar con él. Alice se lo merecía, pero ante todo es mi hermana y no fue agradable escuchar como Edward le insultaba.

Sentí hundirse la cama y le escuche resoplar.

-Bella, lo siento – no hice nada – sé que estás despierta y entiendo si estas molesta – no le miré.
-No entiendo que te pasó – dije con los ojos cerrados – tú no eres así…-
-Hoy atendí a un pequeño – le miré extrañada por el cambio de tema. Tenía los ojos rojos – sobrevivió a un accidente de coche. Sus padres murieron de inmediato – pude ver el dolor en sus ojos y no pude evitar abrazarlo – el niño está en coma, pero fuera de peligro. ¿Qué le voy a decir cuando despierte? – me apretó más hacia él – tiene ocho años y se quedó solo en el mundo. No hemos podido comunicarnos con nadie de su familia. Estuve en eso toda la tarde, por eso llegué tarde – no pude evitar derramar algunas lágrimas – terminará en una casa de acogida – susurró tragando sonoramente – a veces esta profesión es tan amarga – se acomodó y apagó la luz – buenas noche Bella – susurró.
-Buenas noches – dije apegándome más a él.

Fin flash Back.


-Bella, me ofendes – me miró indignada.

Sabía que ella no tenía nada que ver, pero no pude evitar preguntarle. Me arrepentí de inmediato al ver la tristeza de sus ojos ante mis palabras. Alice podía ser imprudente, pero jamás me traicionaría de esa forma.

-Una cosa es querer que tu boda esté a la altura, pero otra muy distinta es soplarle a la prensa los detalles. Jamás haría algo así y lo sabes – agaché la mirada avergonzada – esto debe ser cosa del gilipollas de tu prometido – agregó irritada.
-Alice, lo siento. Podemos cambiar el tema ahora – respondí para evitar enemistarla más con Edward.

Nos enfrascamos luego en la prueba del vestido que usaría en el ensayo de la boda. No podía creer que ya faltara menos de un mes para que mi mayor sueño se cumpliera. Me casaría con el hombre más maravilloso del mundo, con el vestido más lindo del mundo en la boda más linda del mundo. Nada podía estropear mi felicidad.

El vestido era un Dior precioso, hecho a medida, aún faltaban los últimos detalles que John arreglaría dos días antes del ensayo, fecha en que estaba programado su arribo. Alice le pidió que se encargara personalmente de los últimos arreglos de todos nuestros vestidos, menos el de novia, que estaba perfecto ya.

-Bella, serás la novia más linda… -

Mi móvil me interrumpió y tuve que hacer callar a Alice. Tomé el aparato, era Ángela, apreté el botón verde y lo llevé a mi oído derecho.

-Diga…- dije para establecer comunicación.
-Bella, acabo de enviarte tu agenda de la semana al correo – suspiré, esta sería la peor semana de todas – para el miércoles quedó la sesión fotográfica con Vogué y el sábado en la tarde la entrevista con el New York Time – bufé – estaré ahí apoyándote. Mañana te enviaran las preguntas para que elijas que responderás y que no – que haría yo sin mi asistente, nada.
-Gracias Ángela – pronuncié de corazón – nos vemos el miércoles
-Adiós Bella – respondió y colgó.

Sin tener que revisar mi agenda ya me hacía a la idea que esta semana no tendría vida propia. ¡Maldita prensa!