Un nuevo capítulo para ustedes. Espero que lo disfruten como yo disfruto de cada uno de sus comentarios


Música Recomendada: Todo estará Bien - Ricardo Arjona


Capítulo 10

Sólo faltaban tres días. Tres días y por fin Edward y yo seríamos marido y mujer. Deseaba que esto terminase pronto y poder volver a nuestra vida normal, como antes.

Desde aquella noche de sábado, hacían ya más de dos semanas, estábamos más lejos de lo que nunca habíamos estado. Intentaba acercarme, pero Edward parecía tener la cabeza en cualquier parte y a penas me prestaba atención. Cuándo le preguntaba el motivo de su introspección él respondía monótonamente "son los nervios por la boda", respuesta que no satisfacía mis dudas.

Estaba preparándome para la cena de ensayo de la boda, iba a ser una larga noche. Alice había insistido en utilizar su departamento de soltera, que aún no podía vender, para arreglarnos con calma. John había dado instrucciones para que las modistas de Alice dejaran nuestros vestidos perfectos y ya estaba deseando ver el resultado.

Edward pasaría por mí en dos horas. Las chicas se irían un poco después, con sus respectivos maridos. Estaba nerviosa, a Edward no le agradaban los eventos sociales muy concurridos, y esta vez seríamos anfitriones, y los flashes serían exclusivamente para nosotros. Quería estar con él para calmarle, pero estos últimos días eso había hecho el efecto contrario. Andábamos demasiado irritables, ambos.

Después de la cena, nos iríamos a un exclusivo Pub a despedir mi eterna soltería. Emmet se estaba encargando de la despedida de Edward, a saber qué estaría planeando.

-Bella, Renata acaba de traer los vestidos – Alice me sacó de mis pensamientos y me tendió una funda con, lo que se suponía, era mi vestido.

Abrí la cremallera y me encontré con mi bello vestido. Sonreí, era más hermoso de cómo le recordaba. Acaricié la tela con cuidado antes de enfundarme con él y sentir la delicadeza de la seda y la gasa sobre mi cuerpo.

El vestido era gris perlado, de seda forrada de pequeñas mostacillas plateadas brillantes, para terminar en una gasa transparente desde bajo el trasero hasta los talones. El vestido en sí caía como si estuviese envuelta en una sábana, pero entre los pechos tenía un agujero y de este salían varias cintas y se amarraban tras el cuello. Bajo el busto se ajustaba un cinturón del mismo tono del vestido, realzándolo.

Me miré luego de ponerme los zapatos, también de color gris perlado, y sonreí feliz por primera vez en semanas. Me veía realmente bien. Mi cabello estaba recogido en un alto moño, nada pomposo, muy elegante. El maquillaje era suave y los labios, al igual que las uñas, estaban cubiertos de un rosa pálido y brillante.

Alice se unió a mí en el espejo. Ella llevaba un vestido rosa chillón, con un solo hombro, de corte recto, que llegaba a medio muslo. Sus zapatos, que iban a juego con el chal de gasa, eran de color beige. Su cabello iba tomado en pequeños mechones, cuyas puntas se observaban por sobre su cabeza.

Rose iba de Azul eléctrico. El vestido era en palabra de honor, ajustado hasta la cintura y después caía libre hasta la rodilla. Los zapatos y la cartera que llevaba colgada eran de un azul cielo. Su cabello estaba recogido a ambos lados por pequeños peines perlados y caía luego sobre sus hombros.

Una de las estilistas se ofreció a tomarnos una fotografía. Nos hicimos varias. Estaba tan feliz y emocionada que no pude evitar derramar algunas lágrimas. Por fin, en tres días, seríamos las tres felizmente casadas.

El timbre sonó y supe de inmediato que era para mí. Corrí a abrir ante los típicos gritos de las chicas.

-Hola – dije sonrojándome al notar su escrutinio.
-Hola – besó mi mejilla – estás muy linda – me entregó esa sonrisa torcida que sólo utilizaba para mí.

Entonces aprecié su vestimenta. Edward llevaba un traje negro de dos piezas, una camisa gris perlado oscuro y una corbata de un gris perla claro. Sonreí, íbamos a juego.

-Alice me envió la corbata de regalo – dijo notando mi mirada – pensé que había sido sólo un gesto, pero veo que la intención era para combinar contigo – tendió su mano – estás lista – asentí y tome su mano para salir.

Nos subimos a una limosina, contratada por Ángela, porque era lo mejor. El que mi matrimonio fuese elogiado por los medios le daría un plus al lanzamiento de mi próximo libro. Ella sabía lo que hacía, aunque lo de la limusina lo encontré mucho, sin embargo ya estaba contra el tiempo para cancelarlo.

Entre más cerca estábamos del lugar, Edward parecía más nervioso. Una mano la llevaba fuertemente agarrada a la mía, mientras la otra jalaba una y otra vez su cabello, el signo más notorio de que ya no aguantaba más la situación.

-Tranquilo – susurré – en tres días estaremos volando a Chile y ni si quiera nos acordaremos de esto – sonreí intentando tranquilizarle.
-Eso espero – dijo más para sí mismo que a mí.

Odiaba esta situación. Edward se estaba cerrando más de lo que nunca había estado y yo cada vez estaba más histérica. Sabía que estaba nervioso por la boda, y esperaba que una vez terminado ese trámite se relajara. Soñaba con que todos sus males y tormentos pasaran a segundo plano cuando me viese entrar con mi vestido blanco a la catedral.

Flash Back

Llegué a casa pasadas las nueve. Estaba cansada y lo único que quería era un baño de agua caliente y luego mi cama. Edward no había dado señales en todo el día. Ni siquiera un mensaje. Le llamé varias veces pero su móvil estaba apagado y al llamar al hospital me dijeron que se había tomado el día. Era extraño que se hubiese tomado el día y ni siquiera me hubiese llamado pero no le di importancia, debía ser algo familiar.

Estaba ya secándome el cabello cuando unos tímidos golpes resonaron en el silencio de la habitación.

-Bella, Edward está en el salón – dijo mi abuela – no le veo bien, ¿le digo que pase para acá? – me levanté del tocador y asentí.

Mi abuela se había encariñado mucho con Edward en los nueve meses que llevábamos juntos y le quería como a un nieto más. Le encontraba maduro y centrado, además que era médico, carrera que ella quería para nosotras. Edward extrañamente tenía una relación cómplice con ella y varias veces les pillé cuchicheando como grandes amigos.

-Permiso – escuché la voz de Edward.

Salí del baño, después de dejar la toalla. Estaba sentándose en mi cama y me miró con esos profundos pozos verdes llenos de dolor. Instintivamente me acerqué y le abracé fuerte, aún sin saber que había pasado.

Edward buscó mis labios y me olvidé de mi objetivo de aplacar su dolor para enfrascarme en mis propios sentimientos. Sus labios eran avariciosos y su lengua quería abarcar cada rincón de mi boca. Mis manos viajaron a los botones de su camisa y las de él se fueron a reclamar mis pechos por encima de la tela del pijama.

Fin flash back.

La limusina aparcó y Edward bajó de ella para luego tender mi mano y ayudarme a bajar. Como era de suponerse estaba lleno de reporteros, que a falta de noticias importantes, habían hecho de mi boda el evento del año.

Mi prometido les estregó una falsa sonrisa, que me supo ácida y sin vida. Yo lo intenté mejor y sonreí más natural. Bien en el fondo estaba feliz de gritarle al mundo que en tres días me casaría con el mejor hombre del mundo.


La cena transcurría normal. Alice no paraba de hablar de los molestos síntomas del embarazo, Rose, Rachel y yo le seguíamos atentas para entenderle. Jasper, Jacob, tío Billy y Emmet estaban enfrascados en una conversación sobre los mejores coches estrenados en no sé qué feria. Edward estaba ausente, bastante más ausente que de costumbre.

De pronto Alice se puso de pié. Ella era mi madrina y le estaba haciendo señas al de sonido para que le acercara el micrófono. El fotógrafo se acercó también para inmortalizar el momento. Por mi bien y el de Edward mi matrimonio no sería grabado, por nada del mundo quería que se infiltraran detalles más íntimos.

-Bella – comenzó Alice – Por fin te ha llegado la hora hermanita. Sé cuando trabajo le has puesto a esto para que salga bien y hoy es sólo un adelanto de que todo saldrá perfecto – tomó un trago de su bebida – Siempre fuiste como mi madre. Estabas ahí para sostenerme y guiarme. Me tienes paciencia como ninguna – estaba empezando a emocionarme – Sé que muchas veces quisieras arrancarme la cabeza – noté una leve risita proveniente de la boca de Edward – pero finalmente me consientes y me apoyas como ninguna. Te amo hermanita y espero que seas muy feliz.

Me levanté y le di un gran abrazo a mi hermana. Todos los demás aplaudían y vitoreaban por el discurso de Alice. Rose se unió a nosotras y convertimos el abrazo en colectivo. Finalmente se nos unieron Emmet y Jasper, pensé que Edward también lo haría, pero él seguía ido en su lugar.

Caminé al baño, único lugar en el que no tendría al fotógrafo frente a mí. Necesitaba despejarme y sacarme un poco la frustración que tenía desde hacían varios días. Edward se estaba comportando como un niño. Si no fuera por Alice, hubiese tenido que organizar mi boda sola, estaba cansada y llevaba dos meses durmiendo poco, pero él se empeñaba en aumentar mis preocupaciones con esa actitud de "a nadie le importo y mis problemas son sólo míos".

Flash Back

Yacíamos desnudos en mi cama. El acariciaba mi espalda con gesto ausente y yo acariciaba su musculado pecho. Le sentía tensarse cuando mis manos se enredaban en sus pocos vellos y sonreía pagada de mi misma.

No era primera vez que Edward se quedaba en mi casa a dormir. Según él su departamento era tan impersonal que prefería quedarse acá conmigo. Claro, a la mañana siguiente era yo la que debía soportar las bromas de Alice y mi abuela.

-¿duermes? – preguntó en voz baja.
-No – me incorporé levemente para mirarle a la cara. Se veía preocupado por algo - ¿estás bien? – pregunté alisando su frente.
-Estando contigo siempre está todo bien – respondió y volvió a abrazarme – ¿A Marie no le molesta que me quede aquí? – preguntó.
-Ella te adora – rió levemente – y a parte de molestarme y hacer bromas a mi costa cada vez que te quedas, no hay mayores inconvenientes – apagó la luz. Como acto reflejo me abracé fuertemente a él.
-Mientras me abraces estará todo bien – no supe si lo decía por mí o por él, pero aún así me dormí abrazada a él.

Fin flash back.

Eso era. Estábamos a veinte de junio. ¡Cómo no lo recordaba!, desde que conozco a Edward que esa fecha lo anda trayendo de malas pulgas. Después del tercer año en lo mismo, esperaba la fecha pacientemente hasta que simplemente pasaba y Edward volvía a ser el mismo, pero este año no estaba preparada, en parte por la boda, y me olvidé.

Salí del baño a buscar a Edward. Nunca me había dicho el por qué esa fecha lo ponía tan irritable, pero si sabía que fuese lo que fuese, me necesitaba más que nunca.

-Alice has visto a Edward – pregunté de camino a mi hermana, pues no le veía por ninguna parte.
-Está en la terraza – contestó simplemente – en media hora nos vamos al pub para empezar la despedida de soltera – añadió.

Cuando llegué a la terraza, Edward estaba apagando un cigarrillo sentado en una silla. Jamás le había visto fumar, ni siquiera le había encontrado olor a cigarro nunca. Esto no estaba nada bien.

-No sabía que fumabas – dije cuando llegué a su lado. Se sobresaltó.
-Desde que empezamos a salir no lo hacía – respondió – pero tantas cosas me están sobrepasando. Nunca pensé que esto de la boda sería tan caótico – su mirada precavida se clavó en mis ojos – vámonos de aquí y nos casamos solos en Las Vegas – abrí los ojos a más no poder – para contraer matrimonio no necesitamos a ese montón de gente, quiero que seamos tú y yo, y que ellos celebren por nosotros acá y aprovechen la fiesta - no sabía si reír o asustarme.
-Es una broma o debo asustarme – su rostro dejo claro que hablaba en serio – Edward, he trabajado mucho para que este todo listo para este sábado, no puedes decirme esto ahora – agachó la cabeza.
-Lo siento – me miró – pero no perdía nada con intentarlo – se levantó y me abrazó – ¿puedo pedirte esta noche para mí?, te necesito Bella – acaricié su rostro.
-¿Qué pasa cada veinte de junio para que estés así? – me atreví a preguntar.
-Te has dado cuenta – me miró entre asombrado y precavido. Yo asentí – Un veinte de junio, hace veintidós años, mis padres murieron en un accidente de coche. En realidad no fue un accidente, alguien puso una bomba en el carro y los mató – sentí sus manos apretarse en puños tras mi espalda cuando volvió a abrazarme. No diría nada más.

Me empezaron a correr una lágrima tras otra. Yo había sufrido mucho por la muerte de mis padres, pero al menos tenía la certeza de que había sido un accidente. El saber que alguien los arrebató de mi lado de esa forma tan cruel me hubiese vuelto loca y habría terminado como un delincuente juvenil tratando de que el mundo pagara mi desgracia.

Edward en cambio fue capaz de convertirse en médico y hacer algo bueno por la sociedad. Era un hombre noble y bondadoso, que cada vez me sorprendía más.

-Vámonos Bella – se separó y me miró – olvídate de todo y vamos a casa esta noche. Alice y Emmet sabrán arreglárselas - me miró suplicante, pero esta vez no podía complacerle.
-Lo siento Edward, pero soy la novia, somos los novios – dije como si fuera obvio – no podemos hacer eso. Intenta olvidarte de todo y disfruta. Emmet se sentirá mal si le haces un desaire como ese – de un momento a otro su mirada se hizo fría.
-Ya hable con él y lo entendió – comenzó a caminar.
-¿A dónde vas? – pregunté alarmada, alcanzándolo.
-A casa. No estoy para fiestas – dijo secamente y desapareció.

Me quedé pasmada. Qué se creía. Desde que le conozco que me paso la vida intentando complacerle, que se sienta mejor y que pueda superar las trancas que no le dejan seguir, todo sin pedirle nada más que un poco de su amor.

-Sólo está nervioso por la boda – dijo de repente Emmet frente a mí. Me asusté e impresioné al mismo tiempo – Ya verás como en la luna de miel se desahoga – movió las cejas de arriba a abajo repetidas veces. Reí y le día un golpe en las costillas – ¡auch Bells! – Se sobó el lugar – Rose dice que es hora de irse – dijo luego.

Esperaba que Emmet tuviese razón. Estaba dispuesta a convertirme en una esclava sexual en mi luna de miel con tal que Edward volviese a ser el mismo.

La noche prometía ser larga, así que opté por reprimir la actitud de Edward de mis pensamientos y disfrutar de la velada que las chicas habían organizado con tanto cariño para mí. Mañana me preocuparía por él otra vez. Con ese pensamiento caminé en busca de Rose para irnos.


En un rato subo al Blog el adelanto del próximo capítulo y la imágen del vestido de Bella.