Hola a todas. Acá va un nuevo capítulo.


Capítulo 11

Flash Back

-No sé qué hacer. Ya son casi dos años y aún es un desconocido – mi abuela me miró y sonrió – no le veo la gracia – fruncí el seño.
-Es que acaso te trata mal – negué con la cabeza – no te presta atención – volví a negar – te humilla, te ningunea, te avergüenza…-
-Ya basta – dije para evitar que siguiera – Es un ángel conmigo si es a eso a lo que te refieres, pero necesito saber más de él – mi abuela se levantó del sitial en el que estaba y se sentó en el sofá conmigo.
-Paciencia Bella, él te ama - acarició mi mejilla – es un buen muchacho, pero tiene miedo…-
-Pero por qué me teme – ella negó.
-No de ti bella, él tiene miedo de sí mismo – le miré interrogante – él teme no estar a tu altura y que en cualquier momento encontrarás a alguien mejor…-
-Pero eso es imposible, jamás podré amar a otro…-
-No le presiones, él se dará cuenta solo de que es así y cuando se sienta preparado te hablará de él. Sólo quiérelo mucho Bella…- se levantó – Tengo panecillos recién hachos, vamos al comedor y te sirvo – dio por concluida la conversación.

Fin flash back

Respiré un par de veces y caminé en bata hasta el tocador del departamento de soltera de Alice, la estilista ya estaba esperando por mí. Las chicas ya estaban listas, sólo faltaba que se pusieran sus vestidos.

La muchacha empezó a trabajar en mi cabello. Yo estaba ajena a lo que mi amiga y mi hermana platicaban, sólo podía pensar en Edward y lo mucho que lo extrañaba. La noche posterior a mi despedida de soltera había dormido en mi departamento, pero sólo me encontré su indiferencia. No quise decirle nada. La siguiente la pasé donde Alice por cosas de tradición y eso que no puedes dormir con el novio la noche antes de la quedé tranquila que antes de salir de casa me dio un beso y me dijo que nos veríamos hoy a las siete, por lo menos aún quería casarse.

Quería que pasara pronto todo esto para recuperar al Edward de siempre. Ya no soportaba su indiferencia conmigo y no me atrevía a contarle a nadie tampoco para desahogarme, porque las chicas sólo le criticarían y no necesitaba abrumarme más con esas cosas.

Mi teléfono celular comenzó a sonar en algún lugar de la habitación, pero para cuando me quise dar cuenta Alice ya lo había apagado.

-No puedes pretender estar atendiendo llamadas el día de tu boda – me dijo ante mi mirada amenazante.
-Y si es una emergencia – recriminé.
-Llamarán a Rose o a mí – sonrió y yo seguí en mi mundo.

Flash Back

-Por qué no confías en mí – dije con lágrimas en los ojos – yo intento que esto funcione, de verdad, pero también necesito que lo intentes tú… -
-Bella, no hay nada que contar. Por qué crees que te oculto algo – dijo dolido sentándose a mi lado en el sofá.
-Por qué nunca me hablas de ti, de tu familia, de tus sueños, de tu vida antes de mí. Siento que en estos dos años no te he conocido nada, mientras que tú en un mes ya habías desnudado mi alma – un sollozo lastimero salió de mí y él me abrazó con fuerza.

Estuvimos en esa posición durante el tiempo que mis lágrimas se abrían paso por mis ojos. Esa era la manera en que siempre terminábamos de discutir. Yo patéticamente lloraba y él me abrazaba como si así pudiese olvidar lo que me atormentaba el no saber de él.

-Sólo tengo miedo, Bella – susurró – tengo miedo a despertar y darme cuenta que sólo fuiste una estrella fugaz en mi vida – se separó de mí y miró directo a mis llorosos ojos – miedo a desnudarte mi vida y que después me dejes solo – acaricié su mejilla. No me gustaba esa mirada llena de miedo y dolor - tengo miedo a que te des cuenta que no soy el indicado para ti, a no estar a tu altura, a no ser lo suficiente…-

Lo callé con un beso. Odiaba que se menospreciase así, él era un hombre inteligente, guapo y con una carrera prometedora, y decía no estar a mi altura. Era yo la que jamás estaría a su altura.

-Dame tiempo Bella – susurró sobre mis labios – sólo dame tiempo – asentí y volvió a besarme.

Flash back.

-Listo Bella – dijo la mujer que me estaba arreglando.

Me levanté y me miré al espejo. Mis ojos estaban maquillados con una fina capa de sombra beige y sobre los párpados se iban oscureciendo en degradé hasta terminar en un café claro. Mis labios cubiertos por un labial color uva y un poco de gloss. Mi cabello estaba tomado en un recogido sobre la nuca despejando la parte superior de mi cabeza. Mis uñas estaban perfectamente pintadas del mismo color de mis labios.

Alice corrió al armario a buscar los vestidos, mientras yo me encerraba en el baño a ponerme mi ropa interior. El conjunto que había escogido era un corpiño firme para que se sujetara sin tirantes y unas pantaletas, ambos en encaje blanco. Como agregado puse un liguero y unas medias que llegaban a medio muslo.

Pasaríamos la noche de bodas en una suite del Hotel Waldorf y al otro día temprano viajaríamos a Chile para nuestra luna de miel en uno de los lugares más lejanos del mundo. Cada vez faltaba menos y tenía los nervios a flor de piel.

Al salir del baño, las chicas ya estaban listas. Alice llevaba un vestido azul con escote en uve amarrado tras el cuello, ceñido hasta medio muslo con media espalda visible, destacando cada curva que poseía su cuerpo.

Rose iba con un vestido con drapeado hasta las caderas, sin espalda y largo hasta los talones con un tajo que mostraba su pierna derecha completa, en gasa de color vino.

Yo me acerqué a la cama donde descansaba el mío. Alice me ayudó a colocármelo y a abrochar el cierre. Me acerqué al espejo y me observé con detenimiento. Era hecho de raso que a la luz pareciera que la tela fuese rayada en distintas tonalidades de blanco. En palabra de honor, la tela daba la impresión de cruzarse bajo mis pechos para luego caer ancho hasta mis pies. Por atrás era un poco más largo y se hacía una especie de cola. Un Valentino muy de mi gusto.

Los zapatos eran blancos, terminados en un sacado que dejaba al descubierto dos dedos de mis pies. Los guantes eran sin dedos, tapando mi palma y dorso de la mano y enganchados en mi dedo anular para terminar debajo del codo.

Busqué entre mis cosas el collar y los aretes de perlas cultivadas que eran de mi abuela y finalmente puse sobre mi cabeza la tiara de plata con el que se casó mi madre.

El ramo aún no lo veía, pues Alice se lo encargó a la mayor florista del mundo, Vera Wang, y no me había dejado verlo, pero pronto acabó el misterio y mi hermana llegó con él en la mano, listo para entregármelo. Era hecho en rosas blancas y rosadas, rellenado con unas florecitas silvestres blancas y unos botoncitos verde para hacerlo más inflado. Todas las flores estaban unidas por una cinta verde con amarillo.

-Algo viejo – dijo Alice repasando.
-El conjunto de perlas y la tiara…-
-Algo azul…-
-Toma…- dijo Rose colocando en mi mano una pulsera de oro blanco y lapislázuli – es mi regalo de bodas para ti – la abracé.
-Algo prestado – Alice tomo su diminuto bolso plateado tipo sobre – toma – me tendió una liga blanca – fue un regalo así que dile a Edward que controle sus dientes cuando la retire – sonreí y me la coloqué.

Emmet y Jasper llegaron pronto a buscar a las chicas y me quedé sola en el lugar esperando a mi primo Jacob que me conduciría por el altar.

Me miré al espejo una vez más, el vestido era cómodo y me permitía moverme con libertad. Esperaba que el humor de Edward, una vez casados, mejorara y así poder disfrutar de mi fiesta y bailar mucho hasta altas horas de la noche. Había escogido música bastante atemporal para gusto de todos.

Sonó el timbre y respiré profundo. Faltabas cinco minutos para las siete y tenía un nudo en el estómago. Abrí la puerta y me encontré con Jake perfectamente vestido con un esmoquin negro, una camisa blanca y una pajarita color vino.

-¿Lista Bells? – sonrió. Yo asentí – estás guapísima prima, Edward va a querer sacarte el vestido antes de que empiece la ceremonia – le aticé un puño que me dolió más a mí y salimos del lugar.

Una limosina blanca nos esperaba en la puerta y, como era de esperarse, un montón de reporteros se peleaban con los de seguridad por captar alguna imagen de mi matrimonio.

Ya dentro del coche, pude respirar más tranquila. Estaba roja por lo rápido que nos habíamos movido y Jake reía creyéndose una celebridad.

Busqué mi móvil para llamar a Alice y decirle que ya iba para allá, pero caí en cuenta que ella me lo había quitado y a saber dónde lo había metido.

-Jake, llama a Alice y dile que ya vamos – mi primo hizo lo que le pedí y mi hermana le respondió que estaba todo listo, que en cinco minutos me esperaban.

La limusina dio un par de vueltas y, en un momento que me pareció eterno, estacionó frente a la catedral. Jake bajó y tendió su mano para ayudarme a bajar. Yo desde adentro veía el alboroto que se había formado en los alrededores, incluso habían puesto protecciones de fierro por todo el contorno del lugar. Tomé una bocanada de aire bien grande y baje del ostentoso coche.

Bien sujeta del brazo de Jake caminé hacía el interior. Sentí cerca de cuatrocientas miradas sobre mí en el momento que entré, pero yo sólo me preocupé de una. Esos profundos ojos verdes me observaban desde el altar con gesto preocupado, supuse que por la cantidad de gente que estaba pendiente de nosotros.

Me fije en su atuendo. Llevaba un esmoquin negro, camisa gris y pajarita negra. Se veía guapísimo como siempre.

Cuando llegué a su lado y Jake puso mi mano sobre la suya, él sonrió, la besó, tomó su olor y luego la pasó por su mejilla. Sólo después se volteó hacia el padre que ya estaba listo para comenzar la ceremonia.

Durante los primeros momentos y la prédica casi no presté atención. Sólo me preocupaba el gesto ausente de Edward. Después lo sentía temblar y en sus ojos veía miedo, dudas y dolor. Me estaba asustando y mis manos empezaron a sudar.

Sólo falta media hora y todo estará acabado, me dije a mí misma, pero Edward me estaba traspasando todos sus nervios y ya estaba que me ponía a chillar. No se suponía que tu boda era uno de los momentos más felices de tu vida.

-Edward los votos – susurró el padre.

Edward movió la cabeza como para despejarse y me miró a los ojos. No me gustó lo que vi, sus ojos verdes no brillaban. Empecé a temblar sin saber bien por qué.

-Bella, no puedo hacer esto – susurró claramente asustado.
-No importa cariño, supongo que un "te amo" estará bien, sé que no te gusta hablar en público – susurré también.
-Lo siento pero no puedo casarme, Bella – creo que dejé de respirar y las lágrimas empezaron a amontonarse en mis ojos.

¿Cómo que no quería casarse?

Es que acaso me dejó de querer de un día para otro y recién ahora se dio cuenta.

-Ya no me amas – dije al borde del colapso. El cura nos miraba atónito.
-Te amo más que a nada…-
-Entonces…-
-Bella, mírate, mírame, mira a tu alrededor. Estos no somos nosotros. No conozco ni a veinte personas de las que están aquí. Convertiste el momento más importante de mi vida en un circo de farándula barata – mis lágrimas empezaron a caer – me abandonaste y te enfrascaste en una fiesta que ni siquiera querías. Hace tres semanas que ni siquiera hacemos el amor…- el cura carraspeó.
-Por favor Edward, no me humilles así. Te juro que mañana anulamos todo y te doy el divorcio, pero no me hagas esto – la voz casi no me salía.
-Eso es lo único que te importa, que el gran evento no se vea arruinado – dijo con ironía – Te amo Bella, pero no quiero esto, me superó, lo siento…-
-Por favor…-puso un dedo en mis labios.
-Espero que me perdones por esto algún día, pero si me caso quiero que sea con mi Bella, no con la Bella diva de Nueva York – me dio un casto beso y sentí sus lágrimas caer.

Se separó de mí y caminó por el largo pasillo bajo la asombrada mirada de todos. Se iba, me dejaba acá sola después de haber tomado todo de mí.

Dejé de sentir mis piernas y todo a mi alrededor. Sólo sentía mi dolor en lo más profundo de mi alma. Me dejó plantada en el altar, delante de cuatrocientas personas que se darían el festín de sus vidas con esta situación.

Humillada, herida, decepcionada, con las ilusiones rotas, así era como me sentía. Sólo quería que la tierra me tragara en ese momento. No quería sentir las miradas de lástima que me entregaban los demás. ¿Cómo pude ser tan estúpida? ¿Cómo no me di cuenta de lo que estaba sucediendo?

Sólo esperaba que alguien me dijera que esto no era más que una terrible pesadilla. Necesitaba despertar, que sus brazos me rodearan y que de su boca saliera un "todo está bien", tal como lo hacía siempre.

Pero esto no era una pesadilla. Quizás lo hubiese creído, pero cuando los brazos de Alice me rodearon y me condujeron hacia afuera de la iglesia, comprendí que era la estúpida realidad, él me había dejado.


Música Recomendada: Equivocada - Thalia


Bien Chicas, en el blog estaran en un rato las imágenes y la música. El adelanto del próximo capítulo estará mañana a eso de las 10 de la noche (Chile). Nos leemos