Música recomendada: Por tanto amarte - Ricardo Arjona


Capítulo 12

Sentía el sol sobre mi cara y mi cabeza pesaba como si alguien estuviera sobre ella. Escuchaba murmullos, pero no podía despertar del todo.

Las voces se fueron acercando, ya podía escuchar lo que decían, pero no podía abrir mis ojos. No me sentía capaz.

-Lleva dos días así…-
-Yo…no quería…lo siento tanto…-
-No es a mí a quien debes decirle todo eso…-
-Gracias por dejarme entrar…-
-Espero que Alice no llegue antes, porque dejó claro que no te dejara acercarte a Bella…-

Dejé de escuchar y pronto el sopor del sueño volvió a golpearme. No duró mucho, pronto sentí unas manos frías sobre mis mejillas. No quería abrir mis ojos, sabía que si lo hacía ya no habría vuelta atrás y tendría que afrontar la vergüenza.

-Bella – no podía ser él – Bella, lo siento – abrí lentamente los ojos.

Ahí estaba él. Su cabello bastante revuelto, sus verdes ojos rodeados de manchones rojos y bajo ellos unas enormes ojeras, una barba de de tres días, y su piel parecía que perdía el color a cada segundo.

-¿Qué haces aquí? – me alejé de su contacto.
-Necesitamos hablar…-
-De qué – intenté parecer indiferente – dejaste todo claro el sábado…-
-Bella, entiende…yo no quise…me sentí sobrepasado…lamento haberte dañado de esa forma…intente llamarte antes pero no respondías y creí que podría hacerlo…Bella, necesito tu perdón, me estoy volviendo loco…-
-Por favor – le interrumpí y me levanté– No sigas con esto – empezaron a correr las lágrimas – Lo que me hiciste no tiene perdón – empecé a subir el tono de mi voz – me humillaste, me dejaste como el hazme reír de la ciudad… lo único que te pido es que desaparezcas de mi vida – vi que quería acercarse – ¡No me toques!... No hagas más difícil todo.

Ya no soportaba tenerle cerca. Necesitaba envolverme en sus brazos y perderme en sus besos, pero él se había reído de mí y ya nada tenía sentido entre nosotros. Se comportó como un idiota y me dejó sola plantada en el altar frente a cuatrocientas personas que se jactarían delante de todos el ser testigos de tan vergonzoso momento.

-No sé cómo tienes el descaro de venir después de haberme hecho esto – dije intentando alejarme lo más posible de él – Te quiero fuera de mi vida para poder seguir – iba a hablar - que no lo entiendes, entre nosotros ya no puede haber nada…-
-Bella, te doy el tiempo que necesites, pero dime que algún día podrás perdonarme – sus ojos también estaban anegados en lágrimas – Pequeña, yo no puedo vivir sin ti. Por favor – no me gustaba verle triste, pero esta vez yo no podría perdonarle nunca, a pesar de que mi corazón siempre sería suyo.
-Ni en mil años Edward, esto es algo que nunca voy a olvidar y el estar contigo sólo me lo recordará con más ímpetu. Necesito tranquilidad y tu presencia no ayuda a mi objetivo. Vete, por favor, vete – dije lo último en un hilo de voz.
-Bella, te amo…-
-¡No digas que me amas! – Grité – si me amaras hubieses soportado casarte conmigo – abrí la puerta del cuarto – Vete, no te quiero ver nunca más en mi vida…-
-Bella, te lo suplico…-
-¡Que te vayas, maldita sea!... –

Atravesó la puerta pero volteó y me pilló desprevenida estampando sus labios sobre los míos. No respondí, pero tampoco lo aparte, por más que quisiera no podía rechazarle. Cuando comprendió que no respondería se separó de mí con las lágrimas corriendo por sus mejillas.

-Te amo – dijo para luego voltear y caminar por el pasillo.
-¡Y yo te odio por cobarde y poco hombre! – le grité para luego caer de rodillas en medio del pasillo y verlo perderse de mi vista.

Me quedé llorando y maldiciendo en medio del pasillo hasta que sentí los brazos de Alice rodearme por el cuello y acercarme a ella. "Lo siento" le escuchaba decir mientras yo lloraba en su hombro. Luego sentí que me elevaba y me depositaban en la cama. Lloré un poco más y luego por el cansancio me volví a dormir.

Siempre lo supe, Edward tenía el poder de destruirme y lo hizo.
.

.

.

.

Dos días después estaba frente al computador de Alice buscando en los avisos clasificados un departamento. Lo quería lo más lejos posible de mi antiguo departamento y del Sinaí (1). No quería encontrarme con Edward en ninguna parte.

Después de un par de horas, tenía varias direcciones que visitar y un motivo para distraerme. Quería irme de la casa de Alice, me sentía intrusa, ajena, además que verla junto a Jasper me recordaba una y otra vez lo que no pudo ser con Edward.

Salí y me encantó sentir el sol del verano en mi piel. Hacía calor, pero no en exceso, lo que me permitía llevar un vestido cómodo y unas sandalias planas.

Pasé primero a un centro comercial. No tenía nada de ropa y no tenía fuerzas para ir por mis cosas al departamento, eso sería retroceder y ya me es suficiente con llorar por las noches al extrañar su calor.

Flash Back

Dos de febrero, mi cumpleaños número veintiocho. Estaban todos, Jasper, Alice, Rose, Ángela y las parejas de turno de las últimas. Edward aún no llegaba, ya era hora de servir el pastel y como siempre, una emergencia lo tenía en el hospital hasta tarde.

Serví café y Alice encendió las velas del pastel para comenzar a cantar. Apagaron las luces y entonaron la tan conocida melodía. Entre las voces distinguí aquella que moría por escuchar y pronto sentí sus brazos rodearme cuando la canción terminó. Apagué las velas y volteé para abrazarlo y darle un beso.

-Lo siento – susurró – se me hizo tarde – le besé.
-No te preocupes, lo entiendo – me separé de él para disfrutar de mi pastel.

Jamás podría reprocharle nada. Me amaba y aún no le encontraba sentido a ese hecho. Todo lo demás era un agregado.

Fin flash back

Mi problema con Edward había sido el amarlo mucho. Me olvidé de mí por siempre estar pendiente de él y sus necesidades. Fue un error, él sabía que podía hacer conmigo lo que quisiera y se aprovechó de ello.

Finalmente, ninguno de los departamentos que visité me gustó. Creo que esperaba encontrarme con una réplica del que compartí con Edward, pero a la vez uno que fuera diferente, por lo que terminé de mal humor y con una frustración tremenda.

Al llegar a casa de Alice, tanto ella como Jasper, notaron de inmediato mi descontento. Vi como Jasper le daba una mirada extraña a Alice, pero ella le ignoró y se levantó para seguirme a la habitación de huéspedes.

-Por qué no dijiste que irías de compras, te hubiese acompañado – dijo Alice al verme sacando cosas de las bolsas.
-Necesitaba soledad – respondí – además iría a ver algunos departamentos…-
-No es necesario, te puedes quedar acá el tiempo que desees…-
-Lo necesito, Alice – ella me observó por un momento – estaré bien – agregué.
-Pero… está bien, si es lo que quieres – dijo pensativa – ¿Y si te quedas con mi departamento? Aún no puedo venderlo y sé que a ti te gusta – sonreí por primera vez desde que ocurrió todo.

El departamento de Alice estaba en la Avenida Madison frente al Marcus Garvey Park. El edificio era sólo de cuatro pisos y si le mirabas desde afuera parecía una casa demasiado grande en color ladrillo. Era un barrio hermoso, no demasiado alejado, pero lo suficiente para no coincidir en el camino de Edward.

-¿Quieres que vallamos por tus cosas? – preguntó temerosa.
-Sólo necesito mi coche y mi laptop. No quiero nada más de esa casa – dije seriamente.
-Y los cuadros de mamá – yo asentí.
-Esos también – respondí.
-Bella, esto es tuyo – me entregó mi móvil – me quedé con él y supuse que lo necesitabas…-
-Puedes tirarlo, no necesito nada que me recuerde mi antigua vida. He comprado uno nuevo – suspiré – nueva vida, allá voy – dije con sarcasmo.

.

.

.

.

Entré con una pequeña maleta a mi nuevo hogar. Retiré las sábanas que cubrían los sofás de cuero blanco con cojines azul claro. Alice entro tras de mí con un montón de bolsas de supermercado para tener con que alimentarme. Si no fuera por ella no hubiera estado saliendo a flote. Jasper con su silencio también ayudaba mucho.

-Acá están tus cosas – dijo Jasper con un par de cajas y el bolso con mi laptop – Tu auto está en el garaje – dejó las cosas en la sala.
-Gracias – tomé mi laptop – extrañaba mi computador – dije abrazándolo.
-Alice se nos hace tarde – dijo Jasper a su esposa – mis padres nos esperan…-
-Ohh los estoy reteniendo – dije preocupada- no te preocupes Alice, estaré bien…-
-No quiero dejarte sola Bells…-
-No te preocupes, es algo que debo hacer – dije más para mí misma que para ella.

No discutieron más y me dejaron sola. Lo necesitaba. Por el tamaño de las cajas sabía que Edward había mandado más cosas de lo que había pedido y quería desembalar todo sola, para poder derrumbarme y llorar si las circunstancias lo pedían.

Comencé con una de las cajas. Al abrirla me encontré con los cuadros de mamá. Los colgué inmediatamente. Alice tenía en los mismos ganchos los de ella, que luego llevó a su casa de casada. Los míos eran dos cuadros, en uno estábamos pintadas Alice y yo cuando ella tenía un año y yo tres. En el otro estaba nuestra casa en Forks.

Abrí la otra caja y lo que me encontré fue un duro golpe a mi corazón. Estaba lleno de cosas que Edward me había regalado. Varias cajitas con joyas que no tenía las fuerza para abrir. Mi colección de libros de Jane Austen estaba en el fondo y logré sonreír tristemente al ver un oso gigante que él ganó en una feria para mí.

Por qué tuve que amarle tanto. Siempre postergué mi felicidad para hacerle feliz a él y aún no podía creer que por haber hecho una cosa a mi modo él me hubiese dejado. Sabía que me iba a costar vivir sola, y ya el silencio me estaba volviendo loca, pero debía madurar y asimilar que me quedaría así para siempre.

Tomé entre las cosas un CD con los mejores éxitos de Bon Jovi. No alcancé a escuchar una canción cuando el vacío en mi alma clamaba por un abrazo, pero no cualquier abrazo, necesitaba un abrazo de él.

Me resigné y apagué el equipo de sonido. Si Edward quería hacerme sufrir aún más enviando esto, lo había conseguido con creces.

Flash Back

-Bella, me dirás algo. Tú silencio me está matando – apretó el volante.
-No sé qué decir. Me tomas por sorpresa – vi sus ojos preocupados – no puedo negar que también me gustas mucho, estaría ciega si no viera en ti lo que cualquier mujer desea, pero apenas nos conocemos.
-Eso se puede arreglar, podemos salir este fin de semana y jugar a las veinte preguntas – reí ante su comentario.

Detuvo el auto y me percaté que ya estábamos frente a mi casa. No podía negar que su compañía me gustaba y que el tiempo a su lado se había pasado volando. Aún así encontraba demasiado precipitado esto. Nos conocíamos de apenas tres días y era primera vez que hablábamos. No era de las que creía en el amor a primera vista, pero esto se estaba asemejando bastante.

-Pasa por mí el sábado a las tres – dije acercándome para besar su mejilla a modo de despedida.

Antes de llegar a su rostro, él tomó mi cara entre sus manos y acercó sus labios a los míos. Me iba a besar y yo no me sentía preparada para eso. Comencé a respirar entrecortado, pero cuando su aliento chocó con el mío me relajé. Necesitaba, por una extraña razón, sentirlo cerca de mí.

Sus cálidos labios rozaron los míos en un beso tierno e intenso. Nuestros labios comenzaron a moverse sincronizados y su lengua delineaba mi labio inferior. Entreabrí mi boca para permitirle el paso y nuestras lenguas jugaron lentamente reconociéndose.

Nos separamos cuando quedamos sin reservas de aire y juntamos nuestras frentes sonriendo y mirándonos a los ojos.

-Nos vemos el sábado, Bella – sonrió de lado.

Bajé del auto tambaleándome y respirando con dificultad. Ya le extrañaba y me sentía vacía. Ese hombre tenía algo que me invitaba a estar cada vez más cerca. A cualquier otro lo hubiese tachado de impertinente y aprovechado, pero él no tenía que pedir permiso, ya me sentía de su propiedad.

Fin Flash Back

Quería odiarle, necesitaba odiarle, pero sólo conseguía amarlo más aun. Él me había dejado botada en el altar de una iglesia, con cuatrocientos pares de ojos pendientes de mí y con la vergüenza de sentirme rechazada, y aún así no era capaz de sentir odio por él.

Tienen razón los que dicen que el amor te deja sin armas para enfrentarte al mundo. Desde que conozco a Edward que estaba sin armas y que sólo me movía gracias a la gravedad que nos unía. Yo era sólo un satélite que se aferró a su órbita, deje de pertenecerme en el momento que acepté quererle y cuando me liberó no sabía qué hacer con mi vida.

No seguí ordenando. Tenía toda una vida para eso.

Podían decirme masoquista, pero me fui a la cama con mi oso y el álbum de fotografías que también venía en la caja. Cada página que pasaba era un momento feliz de nuestras vidas, uno que no volvería a repetirse. La última fotografía era del matrimonio de Alice. El estaba sentado en una silla y yo estaba en sus piernas con mi frente pegada a la suya mirándole como una idiota. Cerré de golpe el álbum y lo tiré lejos.

Me arropé en la cama y abracé el osito, aún sabiendo que no compensaría a un abrazo de él. Me costaba tanto dormirme sin su calor y sus caricias en mi espalda. Debía ser valiente, pero eso no estaba para nada en mi vocabulario, era una cobarde que le necesitaba más que nunca.

(1) The Mount Sinai Medical Center: Uno de los hospitales más prestigioso de Nueva York.


En el blog estaran las explicaciones, imagenes, musica y por supuesto el adelanto del proximo, pero tendran que esperarme unas horas porque estare ocupada durante el dia.