Capítulo 15

"Y entonces, sólo entonces, ella le miró por última vez. Habían sido los seis meses más felices de su vida, pero el enamorarse de un ser de otro mundo, sabía que tendría sus consecuencias y ella las pagaría feliz, tan sólo por haberle conocido…"

Cerré el ordenador de golpe al escuchar el teléfono, es que acaso nunca podría terminar esta novela. Era tercera vez en el día que el maldito aparato sonaba y cuando contestaba sólo sentía una fuerte respiración y colgaban.

No era el primer día que ocurría tampoco, llevaba una semana recibiendo este tipo de llamadas y me estaban empezando a asustar.

Ángela me había insinuado que podría ser Edward, pero sabía que no era así. Yo conocía hasta la respiración de Edward y él no era quien me estaba atormentando por teléfono.

Ya estábamos a fines de septiembre y los días se estaban haciendo bastante frescos. Me aterraba la llegada del invierno sin Edward, pero ya nada se podía hacer nada. Él tenía su vida y yo estaba tratando de tener la mía.

Mi teléfono móvil me sobresaltó de repente y rápidamente lo cogí al ver que se trataba de mi embarazada hermana.

-Bella, ¿Por qué no respondes el teléfono de la casa? – chilló preocupada.
-Estaba en el baño – mentí
-Te quería pedir un favor – susurró.
-Lo que quieras…-
-¿Me acompañas esta a comprar cositas para mis pequeñas? – Alice, resultó tener un embarazo doble y esperaba dos niñas idénticas – qué dices
-Claro, paso por la tienda a las tres – suspiró.
-Supongo que no puedes antes – dijo triste.
-Lo lamento, pero tengo un almuerzo con un grupo de fans… –

Miré la hora y eran las 12:30 lo que me dejaba una hora para bañarme, arreglarme y salir - Maldito celular moderno que no me dejas aprender a utilizar tu agenda – murmuré.

-Bella, ¿estás bien?...-
-Sí, es sólo que estoy retrasada, nos vemos…-

Colgué y corrí al baño a asearme. Me esperaba una tarde muy larga comprando cosas para mis dos sobrinas. Alice, con el argumento de las bebés, había logrado sacarme de casa en variadas ocasiones y yo agradecía que fuese así, la soledad me estaba matando.

El problema era salir con Rose y Alice al mismo tiempo. Embarazadas de cinco y seis meses respectivamente, era imposible que yo encajase en sus conversaciones de molestias, pataditas, revolución hormonal y de la incomprensión de sus maridos. Sabía que no lo hacían con intensión, pero después de estar con ellas terminaba llorando sobre mi cama hasta que el sueño me vencía.

Salí del baño cuando faltaban diez minutos para las una. Me puse un pantalón de tela negro con finas líneas grises en vertical, un sweater cuello bote gris y peiné mi pelo hacia atrás afirmándolo con una diadema delgada. Me calcé mis botines negros y cambie las cosas desde mi cartera amarilla a una negra.

Tomé las llaves, mis lentes de sol y mi trench lila, despidiéndome de casa por varias horas.

El almuerzo con los fans fue distendido, un poco más de lo mismo. Firmar libros, tomarse fotografías, contar algunos detalles de mis próximos proyectos y evitar que las preguntas o la conversación se fuera por el lado de mis problemas personales. Todo era como de costumbre.

Una vez finalizado el evento, me encaminé a la salida. Al salir al estacionamiento del restaurante me sentí observada y un escalofrío, que nada tenía que ver con el clima, me recorrió desde la nuca hasta mi baja espalda. Subí al automóvil rápidamente y manejé hasta la tienda de Alice.

Al llegar al lugar noté que Alice ya estaba en la puerta con su chaqueta puesta y la cartera cruzada. Ella adoraba esos bolsos porque le permitían tener las manos libres para cargar las bolsas en el centro comercial.

Primero fuimos a elegir los muebles para el cuarto de las niñas. Nos demoramos bastante, pues todo era tan hermoso que no nos decidíamos por nada. Luego nos perdimos en una tienda de ropa para niños. Las niñas nacerían en enero, por lo que debíamos elegir ropa muy abrigada, aunque también nos tentamos por algunos vestiditos más ligeros. Los compramos más grandes para que las niñas los usaran el próximo verano.

Aunque Alice se molestó, pagué toda la ropa que habíamos comprado. Esto iba a ser lo más cercano a un hijo que tendría, por eso quería mimarlas y consentirlas mucho una vez que nacieran.

Salimos del centro comercial porque Alice quería contratar los servicios de la mejor empresa de decoración de Nueva York para remodelar su casa y hacerla segura para sus hijas, pero no perder la clase y elegancia que esta tenía.

Al llegar al lugar, una mujer con el pelo color caramelo y ojos azules nos recibió con dos besos a cada una.

-Soy Esme Cullen, bienvenidas…-

Así que ella era la madre de Emmet. Debía admitir que se veía muy joven y que su rostro rebosaba ternura. Ella me miró fijamente un par de segundos, por lo que supuse que sabía quién era yo.

-Isabella, es un gran honor conocerte – siguió hablando – Alice me había llamado y dijo que vendría contigo por lo que quise esperarlas personalmente. Soy tu fans número uno, me encantan tus libros, el último sobretodo me fascinó, ¿Me lo podrías firmar? – susurró algo avergonzada lo último.

Yo literalmente estaba con la boca abierta. Una señora con su porte y su elegancia comportándose como una admiradora adolescente. Sonreí cálidamente y tomé el libro, que había sacado de no sé donde, junto al bolígrafo y se lo firmé.

-No me mire así señora Cullen…-
-Sólo Esme, que no soy tan vieja…-
-Esme, soy una persona común y corriente, incluso soy amiga de su hijo, no merezco tanta admiración – ella acarició mi rostro y me pareció el gesto más dulce que había sentido en mucho tiempo.
-No debes menospreciarte, Isabella…-
-Bella – le corregí.
-Bueno Bella, debes apreciarte más y creerte el cuento, eres muy talentosa – me sonrojé, no estaba acostumbrada a recibir halagos tan directos… - pero pasen, para que elijas el nuevo diseño para tu casa – miró a Alice.

Entramos a un cuarto, que aunque parecía ser un taller, estaba perfectamente decorado y con cada cosa en su lugar de manera simétrica.

Después de un par de horas, entre telas, planos y simulaciones 3D nos despedimos de Esme, prometiendo que iríamos a su casa para su cumpleaños en un mes.

Eran ya las ocho de la noche y teníamos mucha hambre, por lo que decidimos ir a un restaurante cerca de la tienda de Esme antes de ir a casa.

Entramos al lugar y un maestro de ceremonias nos llevó a una mesa. Pedimos nuestra comida y comimos hablando sólo banalidades. Recordamos momentos de travesuras y cosas peores que hacíamos de adolescentes y cómo nuestra abuela nos regañaba, pero que después nos pedía disculpas por haber levantado la voz.

-Bueno, creo que debes descansar – dije – es tarde…-
-¡No! – gritó – digo, aún es temprano, hace tanto que no hablamos las dos…-
-Que ocurre Alice – agachó la mirada – ¿todo este impulso repentino por dejar las cosas de las niñas listas es porque quieres evitar pensar en algo? – supuse. La conocía demasiado bien.
-Las cosas con Jasper no están muy bien, hace dos días que no me habla y no lo soporto – sollozó, tapándose la cara con las manos.

Me acerqué a la silla que estaba pegada a la suya y la abracé como pude, acariciando sus cabellos.

-Las parejas siempre tienen problemas Alice, convivir con otra es complicado y muchas veces debemos ceder para que también el otro haga lo mismo cuando lo necesitemos…-

Flash Back

-Creo que irme a vivir con él ha sido un error – sollocé con mi cabeza recostada en sus piernas, mientras mi abuela acariciaba mis cabellos.
-Paciencia, Bella – canturreó relajada.
-Es que es tan difícil, me exaspera su pasividad, es como si todo le diese lo mismo – limpié un poco mis rostro – ya van dos noche que llega pasada la una de la mañana y sale antes de la ocho de casa, yo no quería esto…-
-Nadie dijo que convivir era fácil…-
-Pero, ni siquiera cuando lo encaré fue capaz de decirme algo…-
-Él sólo intenta ceder Bella, quiere que en casa todo se haga como tú desees, porque confía en ti, no porque le dé lo mismo. Él está cediéndote ese lugar, esperando que algún día, cuando él lo necesite, tú hagas lo mismo por él…-

Fin Flash Back

-Pero yo no puedo hacer lo que él me pide, Bella, es demasiado…-
-Y qué quiere que hagas– pregunté asustada, si Jasper le estaba haciendo daño sería capaz de cortarle los huevos y dárselos a los leones del zoológico.
-Quiere que Edward sea el padrino de las niñas – hizo un puchero – él ni siquiera es católico, cómo va ser el padrino de mis hijas, además yo te quiero a ti como madrina y sé que si Edward es el padrino tú no querrás…-
-Alice – me miró – mis sobrinas no tienen la culpa de nuestras diferencias. A pesar de todo Edward es un buen hombre y sé que será un buen ejemplo para las chicas, no deberían pelearse por nimiedades – volvió a llorar más desconsoladamente – ¿hay algo más…?-
- ¡No!... es sólo… ya sabes las hormonas – rió y yo acompañé su risa. Me gustaba más cuando sonreía – pase lo que pase nunca me dejes sola Bella…-
-Te lo prometo, nunca estarás sola mientras yo viva…-

Salimos del restaurante entre llorando y riendo, y mi hermana prometió que esa misma noche arreglaría las cosas con su marido. Cuando la dejé en su casa, me dio un abrazo, un beso y susurró un "gracias", antes de bajar. Esperé que entrara y puse primera para partir.

Al llegar a casa recordé que el portón automático estaba malo y tendría que bajarme a abrirlo para poder entrar en coche. Me bajé de él dejándole encendido y me encaminé a abrir el portón. Un escalofrío igual que me había recorrido en la tarde me sacudió.

Una vez abierto el portón, me dirigí casi corriendo al automóvil, pero cuando estaba entrando una violenta mano me empujó hasta el asiento del copiloto y puso en marcha mi coche.

-¿Qué demonios? – chillé. Él sonrió y ese gesto me produjo náuseas.
-Preciosa, llevo siguiéndote mucho tiempo. Mientras cumplía una condena por robo vi en la televisión tu carita y dije que serías mía, no fue tan difícil como pensé. Verás cómo nos divertiremos juntos, Bella… Haré que te olvides del imbécil que te dejó plantada...-

Estaba en shock. Era lo que me faltaba, un sicópata obsesionado conmigo. Debía pensar algo rápido para escapar, pero no se me ocurría qué.

El tipo tenía cabello rubio, largo, amarrado por una coleta, sus ojos eran achinados en un color claro que no identifiqué y llevaba una sonrisa de satisfacción en el rostro que me hacía temblar. Llevaba una cazadora de cuero y olía a cualquier cosa, menos a limpio. Volví a temblar y sentía como las lágrimas se acumulaban en mis ojos.

De pronto el vehículo se detuvo en un semáforo rojo y fui consciente de que no tendría otra oportunidad y salí de coche corriendo, sin mirar atrás, mientras sentía el pitido de los coches alertándome que cruzaba la calle en una zona prohibida.

No supe cuánto tiempo, ni cuantos kilómetros corrí, pero después de mucho, logré llegar a casa. Saqué las llaves del bolsillo de mi chaqueta, temblando. Cayeron al frío pavimento, pero al agacharme, otras manos las habían tomado. Di un grito y me impulsé hacia atrás como acto reflejo.

-Bella, estás bien…-
-Oh Edward – me lancé a sus brazos como naufrago a la orilla y él me rodeó con los suyos.


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