Capítulo 16
-Te sientes mejor – preguntó en un susurro, tendiéndome una taza de té. Asentí débilmente.
Mis manos seguían temblorosas y mi corazón latía a un ritmo desenfrenado. Estaba aterrada y temía que ese tipo volviera a por mí, él sabía donde vivía, mi número de teléfono, los lugares que frecuentaba y ahora se había llevado mi coche con todas mis pertenencias en él.
Me sentía impotente y débil ante la situación, quería cambiar el switch y olvidarme de todo este mal rato, aunque fuese un momento.
Eso me llevó a preguntarme ¿qué hacía Edward a estas horas cerca de mi casa?
-¿Qué…qué hacías por acá? – la voz me salió temblorosa debido a los sollozos que aún amenazaba con emitir.
-En el edificio de al lado vive un paciente epiléptico y sufrió una crisis fuerte, por lo que me llamaron – suspiró – no sabes lo que sentí cuando te vi pasar corriendo y llorando por mi lado. No me gusta verte llorar, me pone mal…- susurró lo último.
-No ha sido nada – recordé las veces que lloré por él, ese sí que era un dolor permanente.
-He llamado a la policía, vendrán en un rato a tomarte declaración…-
-Tengo miedo – confesé agachando la mirada – él volverá, estoy segura y…-
Edward me abrazó e impidió que terminara de hablar. Yo le rodeé con mis brazos por la cintura y él besó el tope de mi cabeza y acarició mis cabellos. Le había añorado tanto, a pesar de todo, seguía queriéndole dentro de mi vida, quizás no como mi pareja, no me sentía preparada para tal paso, pero sí como un buen amigo.
Lo que me hizo, jamás podría perdonárselo, pero entiendo que si ya no sentía lo mismo por mí hubiese sido un error casarnos. Él problema fue el cómo, eso era lo que me dolía de la situación, porque no me dejó de una manera limpia.
Sonó el timbre y rápidamente se levantó a abrir la puerta. Entró un hombre moreno, parecía un ropero de tres cuerpos por su tamaño. Pelo y ojos negros, nariz ancha, labios gruesos y pómulos sobresalientes, al más puro estilo de un nativo americano.
Edward le relató un poco los hechos, yo aún tiritaba y me mecía como una hoja en el viento. Luego el oficial me tomó la declaración, que debía ir a firmar durante la semana a la delegación. Antes de irse, el oficial Uley, un poco avergonzado me pidió un autógrafo para su hija Emily. Busqué un libro de los nuevos y se lo envié dedicado.
El oficial se retiró y a nosotros nos envolvió un incómodo silencio. Edward me miraba preocupado y yo aterrada de que se fuera y me dejara sola.
Me terminé el té y él se llevó la taza a la cocina. Yo miraba hacia adelante, pero no veía nada. Tiritaba y sollozaba de manera sincronizada y me sentía más débil de lo que nunca me había sentido.
- Deberías descansar…-
Miré como se ponía su chaqueta y la bufanda. No quería que se fuera.
Mi respiración se volvió más errática.
-Cualquier cosa, sólo llamas y estaré…-
-No te vayas – susurré.
-¿Qué?... – me miró escéptico.
-Tengo miedo, por favor acompáñame esta noche – sonrió y se quitó lo que se había puesto.
Se acercó a mí y se sentó a mi lado, pasando un brazo por mis hombros para atraerme hasta él.
-No sé qué hubiera sido de mí si no hubieses estado cerca – sorbí mi nariz.
-Te lo dije una vez, no soy un ángel guardián, pero quiero estar contigo siempre que me necesites – besó mi frente.
Me separé un momento para mirarle a los ojos y vi tantos sentimientos en ellos, que me pareció que él seguía sintiendo lo mismo por mí, que seguía amándome como lo había hecho tantos años. Su cara empezó a acercarse a la mía y sus labios entreabiertos me dejaban claras sus intenciones.
Fue sólo un roce de sus labios en los míos, pero a mí me supo a gloria, pero a la vez llegaron a mí los fantasmas que me impedían disfrutarlo.
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-Bella, no puedo hacer esto – susurró claramente asustado.
-No importa cariño, supongo que un "te amo" estará bien, sé que no te gusta hablar en público – susurré también.
-Lo siento pero no puedo casarme, Bella –
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-¡No! – me aparté.
-Lo siento…- bajó la mirada e hizo el amague de levantarse.
-Quédate – volví a pedirle tomando su mano – Necesito tiempo Edward, esto ha sido demasiado rápido y no es fácil tenerte tan cerca después de tanto tiempo, pero tampoco quiero que te vuelvas a alejar, podemos ser amigos y quizás después… – lo último casi lo dije sin voz, si me hubiesen dicho que estaría algún día teniendo esta conversación con Edward, hubiese dicho que estaban loco – pero no puedo darte nada más por ahora, no quiero volver a entregarte mi alma y que luego me dejes como lo hiciste…-
-Jamás me voy a perdonar el daño que te hice, pero creí que eso era lo mejor para ti…-
-No sigas, me hace mal hablar de ello…- le corté.
-Ahora debes dormir, Bella…-acarició mi mejilla.
Me tomó en brazos y me llevó al cuarto. Me acostó sobre la cama y quitó los botines. Yo me quité el sweater y me metí bajo las mantas, sin soltar su mano. No quería que se alejara.
Él se acostó sobre las mantas y me atrajo hacia su pecho, donde pude descansar bien después de tres meses de insomnios y pesadillas.
***
La mañana llegó sin malos sueños por primera vez desde que vivía en ese lugar. Me estiré en la cama y el aroma almendrado de Edward inundó mis fosas nasales. No pude evitar la pequeña sonrisa que se puso en mis labios.
Me levanté, me calcé mis pantuflas y caminé en su búsqueda, pero al llegar a la sala vi en reloj que ya era pasado mediodía y que Edward, seguramente, se había ido a trabajar.
Al llegar a la cocina, el aroma a café me hizo sonreír otra vez. Encendí la cafetera para calentarlo y metí dos panes al tostador, exprimí cuatro naranjas y una vez que estuvo todo listo, me senté a tomar un desayuno decente, después de tres meses.
Después de encontrarme con Edward, el incidente con el psicópata prácticamente había quedado en el olvido, hasta que el timbre sonó y vi al oficial Uley tras la puerta.
-Señorita Swan – saludó quitándose la gorra – tenemos noticias…-
-Pase – me hice a un lado – tome siento – le hice una seña y él se sentó en el sofá.
- Encontramos su coche, pero no había rastros del hombre que casi la secuestra - asentí – Queremos hacer algunos análisis de huellas en su automóvil, a ver si damos con la identificación del hombre, si es cierto que ya estuvo en la cárcel no será difícil dar con él, pero antes debe ir a la delegación a firmar su declaración…-
-Gracias oficial, mañana pasaré por la delegación a firmar…- él se levantó y yo le seguí a la puerta.
-No le quito más tiempo, tenga por seguro que haremos lo posible por encontrarlo, si logramos identificarlo podremos poner una orden de alejamiento, pero yo le recomendaría que contrate un guardaespaldas…-
-Veré qué hacer – respondí.
El oficial se fue y yo me dejé caer en el sofá. No quería una persona tras de mí todo el día, era algo que jamás me había planteado, eso era para los presidentes o estrellas del rock, no para una simple escritora para adolescente.
Me senté frente al ordenador, haber si por fin podía escribir algo más, pero como mi buena suerte se había esfumado hacían tres meses, el timbre volvió a sonar de manera desesperada.
Me acerqué a la puerta y tras ella estaban mis dos embarazadas favoritas con cara de enfado - Quién sabe qué bicho les picó ahora – susurré para mí misma y abrí la puerta.
Las dos entraron y me abrazaron, todo lo que sus barrigas les permitían, sollozando y dándome besos, cada una, en una mejilla. Se separaron y ambas me miraron como si hubiese cometido un pecado mortal - Paciencia con estas embarazadas – secreteaba mi mente.
-Por qué no nos llamaste – chilló Alice – cuando Rose me llamó para decirme no lo podía creer. Ese tipo podría haberte violado y matado, por qué no nos dijiste lo de las llamadas…-
-Un momento, cómo se enteraron – pregunté descolocada.
-Esta mañana tenía control con la ginecóloga– dijo Rose más calmada – Emmet me acompañó y como siempre pasó a la consulta de Edward a saludar – sonrió – él se lo dijo, estaba muy preocupado…-
-Cómo lo estoy yo, Bella – volvió al ataque mi hermana – Por qué no nos llamaste…-
-Tú crees que tenía cabeza para avisarle a todo el mundo, si apenas podía sostenerme en pie. No sé qué hubiese hecho si Edward no hubiese estado por acá…-
-Y pasó algo entre ustedes – susurró Rose risueña – porque según Emmet, a pesar de la preocupación, Edward tenía una cara de bobo imposible de ocultar – reí.
-Él me acompañó y se quedó toda la noche conmigo. Quedamos como amigos, quizás algún día podamos retomar algo de lo que teníamos – suspiré – pero por ahora es lo máximo que podemos tener…-
-Deberías conocer otras personas Bells, él no es el único en el mundo y ya que habías logrado deshacerte…-
-Alice – le interrumpió Rose – no sigas – le miró amenazante, como si hubiera algo que me estaba perdiendo.
Antes de decir algo, las dos estaban sonriendo, como si nada hubiese pasado, y me arrastraron al sofá para seguir platicando, ahora, de la evolución de mi sobrino y mis sobrinas.
Agradecía que dejaran el tema de lo ocurrido la noche anterior, eran demasiados acontecimientos para tan poco lapsus de tiempo.
Después de las ocho de la noche, las chicas se levantaron y buscaron su ropa de abrigo para irse. Una vez en la puerta, ambas se giraron y no necesitaba ser adivina para saber qué iban a preguntar.
-Segura qué estarás bien sola – preguntó Rose tomando mi mano.
-Si chicas, no hay problema – sonreí lo mejor que pude – las veo mañana – las despedí con un beso en la mejilla para cada una y ellas voltearon y se fueron.
Cerré la casa y, aunque resultase paranoico, puse un sofá tras la puerta de entrada, a modo de asegurarme que nadie entrara.
Me di un baño largo y me puse mi pijama para acostarme, pero el teléfono me sobresaltó. No quería contestar, si era el psicópata no iba a poder dormir en paz.
Dejó de sonar y volvió dos veces más, pero yo seguía inmóvil esperando que se aburriese y me dejara en paz. Cuando sonó por quinta vez, me hice del valor que no tenía y me acerqué al aparato. Lo levanté temblorosa.
-Diga – dije casi sin volumen.
-Bella, por fin contestas – solté todo el aire de golpe al oír su aterciopelada voz – estás bien – preguntó.
-Sí, Edward. Gracias por llamar, pero es que me aterra responder y que sea él de nuevo…-
-Siento haberte asustado – se apresuró a decir – sólo quería saber si no necesitas nada – sonreí.
-Nada, gracias – sólo necesitaba sus brazos rodearme otra vez, pero eso no se lo diría.
-Entonces, que tengas buenas noches – susurró.
-Tú también – dije bajito, también.
-Haré lo posible – respondió y colgó.
Me quedé con el auricular pegado sin notar los minutos que pasaban, simplemente miraba a la nada y sonreía. Sólo si fuera más fácil perdonar, no dudaría en pedirle que me recibiera de vuelta en su vida, pero no podía arriesgarme a que me hiciera otra vez lo mismo, otra vez no lo soportaría.
Colgué el teléfono y me fui a la cama, abrazando la almohada en la que él se había recostado la noche anterior. Con su aroma disuelto en mi cama, logré conciliar el sueño, un sueño en el que sólo sentía sus labios sobre los míos, sin miedos, sin rencores.
Ya saben, en el blog un adelanto del próximo capítulo y una canción que habla de los sentimientos de Bella en esta etapa, I try de Macy Gray
