Capítulo 17

Estábamos a principios de diciembre y el frío ya no se hacía esperar. Salí de casa después de las cinco de la tarde, rumbo al restaurante de la esquina. Jasper me había llamado y me dejó preocupada su tono de voz, además de que quisiera hablar conmigo a solas.

Las cosas entre él y Alice no estaban muy bien. Alice estaba constantemente preocupada y Jasper la acribillaba con miradas asesinas cada vez que ella daba su opinión sobre algo. Supuse que Jasper quería mi opinión sobre eso.

Desde que Edward volvió a entrar en mi vida, todo me parecía mejor. Aún no había noticias del acosador, sólo sabía su nombre, pero él tampoco había dado señales luego de casi secuestrarme, por lo que me obligué a pensar que simplemente se había arrepentido de seguir molestando.

Con Edward compartía periódicamente. Por lo menos una vez a la semana nos juntábamos a cenar o algunas tardes después de su trabajo nos íbamos a tomar un café por ahí. Incluso un par de veces comimos con mi hermana y mis amigos.

No nos visitábamos. Si queríamos hacer las cosas bien era mejor poner distancia y sabía que juntarnos en alguna de las dos casas sólo apresuraría las cosas y yo no estaba preparada. Sólo Dios sabe cuánto trataba de olvidar lo ocurrido y darle otra oportunidad, pero no podía.

Él sólo esperaba paciente. Me dolía la mueca de dolor que ponía cuando muchas veces estaba a punto de besarme y me era imposible responder, pero la herida que dejo al humillarme como lo hizo no me dejaba dar el siguiente paso con él. Él no decía nada, simplemente acariciaba mis mejillas, me abrazaba o dejaba un beso en mi frente, para luego alejarse como el buen caballero que es.

Por supuesto, la prensa no ayudaba mucho. Ya había aparecido en la televisión nuestra supuesta reconciliación, especulando incluso que la falsa boda había sido sólo un show para potenciar el libro que lancé un mes después.

Llegué al restaurante y Jasper ya me esperaba. Había pedido café para ambos, cosa que agradecí porque me estaba congelando.

Llevaba la mitad de mi café servido y Jasper aún no iba al grano. Nos habíamos limitado a hablar meras trivialidades y yo ya me estaba preocupando, pues lo notaba nervioso, siendo que él era la tranquilidad en persona.

-Bella, te estarás preguntando para qué te he llamado – asentí mientras le daba otro sorbo a mi café – Verás, estoy preocupado por Edward – dejé la taza en la mesa.
- ¿Qué ocurre con él? – Le pregunté asustada – está enfermo, tuvo un accidente – Jasper comenzó a reír y tuve que dejar de hiperventilar para ponerle atención.
- No sé por qué te niegas a darle otra oportunidad si se les nota a kilómetros lo mucho que se aman – lo mire mal – Estoy preocupado por su salud mental, Bella – le miré sin entender – Ese tira y afloje que tienes con él lo está matando…-
-¡Alto ahí! – Interrumpí – Sé que somos amigos, pero en esto te pido que no te metas…-
-Pero, Bella…-
-Pero Bella, nada. Sé que eres imparcial al respecto porque él es tu mejor amigo y todo lo ves desde su perspectiva. Pues déjame decirte que a mí también me duele no poder darle una oportunidad, pero más me duele el recuerdo de lo que me ha hecho…-
-Entonces por qué le das alas – levantó un poco la voz – Caminan de la mano, se buscan, se preocupan por el otro, se celan – río y supe que había recordado cuando me enojé porque le había sonreído a una camarera – Y aún así piensas que te compramos eso de - entrecomilló en el aire - "sólo somos amigos" – bajé la mirada - Una cosa es lo que te haya hecho, pero no juegues con él de esa forma, no se lo merece…-
-Y yo sí me merecía lo que me ha hecho…-
-Eso fue sólo un mal entendido…-
-¿Qué?…-
- Mira, el caso es que si piensas darle una oportunidad, hazlo pronto y si no, mejor déjalo ir – No pasé por alto que quería finiquitar el tema.

¿En qué momento había pasado de ser la pobre mujer a la que un cobarde dejó plantada en el altar a ser la mala y cruel mujer que le daba falsas esperanzas a un pobre hombre herido?

Jasper estaba siendo muy injusto conmigo, siendo que él también estaba siendo cruel con mi hermana, porque por mucho que ella quisiera disimular, se notaba que seguían teniendo problemas en su relación, lo veía en los ojos tristes de Alice y eso me partía el alma.

-Y qué me dices de ti – respondí prepotente – Vienes y me dices un montón de estupideces, cuando sé que estás haciendo sufrir a mi hermana – Enarcó una ceja – No me quería meter, pero ya que tú no respetas mis asuntos personales, yo tampoco respeto los tuyos…-
-Lo que pasa con Alice no tiene nada que ver conmigo, ella cometió un error y está asustada – le miré sin entender – Las peleas que hemos tenido es porque le di un ultimátum con respecto a un asunto, y tú sabes que a ella no le gusta que le lleven la contra – cada vez entendía menos – Ahora no quiero que se altere, pero una vez que las niñas nazcan, ella tendrá que hacer algo que no quiere y eso es lo que la tiene así…-
-Ella es libre de decidir qué hacer y que no, no deberías obligarla a nada – dije defendiéndola, aunque aún no comprendía de qué iba el asunto – y qué puede ser tan grave para que tú la alteres de ese modo – Le cuestioné.
- Después que nazcan las niñas te enterarás y te aseguro que no la defenderás tanto, de hecho creo que te enojarás más que yo cuando me enteré…-
-Haga lo que haga ella es mi hermana, la conozco y si cometió un error no creo que haya tenido intenciones de hacerlo – Jasper era hijo único y él no comprendía la conexión que se crea entre hermanos.

Dejamos las conversaciones graves y nos terminamos los cafés volviendo a los temas triviales y sin importancia. Luego me dejó en la puerta de mi casa y me susurró un "piénsalo" antes de despedirse.

Entré al departamento y me sentí sola otra vez. Todas las noches ocurría lo mismo y eso me hacía sentir débil y vulnerable. Deseaba ser como esas mujeres independientes que disfrutan de la soledad, pero sólo era una mujer triste que intentaba acostumbrarse a vivir sola.

Me metí al baño y me di una ducha rápida. Después con calma me sequé y me puse mi pijama. Había comenzado a llover y por el frío que hacía, supuse que no tardaría en caer la primera nevada de la temporada.

Flash Back

Las diez de la noche y Edward no llegaba. Afuera caía y caía la nieve y me tenía preocupada. Los móviles estaban sin servicio y desde mi ventana observaba el desierto y blanco Central Park.

Primer año que observaba nevar desde las alturas de mi departamento y debería decir que es genial, pero sin Edward nada puedo disfrutar como debería hacer. El agua de la tina ya debía de estar fría y me había esmerado tanto en preparar el baño para cuando él llegara con frío.

La luz se apagó de pronto y todo el barrio se quedó a oscuras. Nada más importó, dejé de pensar para caer resbalando por la pared hasta que mi trasero se dio un golpe tosco. Me abrace la piernas y comencé a hiperventilar. Imaginaba ruidos y sonidos, además del mismo sonido de la tormenta.

Podrían hacer sido horas o segundos los que estuve ahí, pero no sentía nada más que mi propio miedo irrumpiendo y botando las pocas defensas que había construido.

-Bella cariño – sentí sus frías manos en mi rostro – Lo siento tanto – susurró - mañana mismo instalamos luces de emergencia, cariño. Ya estoy aquí mi vida, deja de llorar amor – ni siquiera me había percatado que los sollozos que escuchaba eran míos.
-Tenía miedo y... tú…-
-Lo sé cariño, pero hubo un accidente y tuve que bajar a urgencias a ayudar – me tomó en brazos – pero ya estoy acá mi amor – me abracé a él con fuerza y no le dejé despegarse, ni un centímetro de mí, durante la toda la noche.

Fin flash Back

Una lágrima caía solitaria por mi rostro, mientras comprobaba que las luces de emergencia estuvieran cargadas. Era tan fácil todo cuando vivía con Edward, me sentía completa, llena de vida, deseada, cuidada, amada.

Limpié el rastro de tristeza y prendí el ordenador. Respondí algunos correos, escribí un mensaje para las fanáticas en Facebook y volví a la novela que estaba a medias. Era primera vez que escribía algo más adulto, aunque sin dejar la fantasía de lado, y el personaje principal lo había basado en Edward. Esperaba que no se enojara cuando lo supiera.

Cuando pasaban las once de la noche, apagué el computador y prendí el calientacamas para acostarme. Comprobé que estuviera todo bien cerrado y fui a la cocina por un vaso de leche.

El timbre me sobresaltó y el vaso cayó haciéndose trizas. Esquivé los cristales y llegué a la puerta de entrada. Me asomé a la mirilla y esta me entregó la imagen de un Edward destrozado. No lo pensé dos veces y abrí la puerta.

En dos segundos tenía a Edward fuertemente abrazado a mí, con su cara en mi clavícula, sollozando desesperado.

Quedé congelada en el lugar. Mis brazos colgaban a ambos lados de mi cuerpo y ni siquiera el frío de su cuerpo me hacía reaccionar. Edward lloraba ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor.

Cuando por fin reaccioné, tiré de ambos hacia el interior para poder cerrar la puerta. Luego pase mis manos por sus cabellos húmedos en un intento por tranquilizarlo. Su frió aliento y sus lagrimas bañaban la piel de mi cuello y mis ojos se humedecían sólo de verle en ese estado.

-Tranquilo – susurré – Estoy aquí para ti, siempre lo he estado – tiré de él hasta el sofá y él bajó de mi cuello a recostarse a mis piernas, sin dejar de sollozar – Dime qué ocurre, necesitas algo, estás enfermo – seguí acariciando sus cabellos – Por favor Edward, dime algo…-
-Sólo déjame estar aquí un rato, lo necesito – dijo sin mirarme, con su rostro mirando hacia mi vientre, abrazándome por la cintura – Sólo un momento y me voy…-
-Shh, no te dejaré ir a ninguna parte en ese estado – respondí segura.

Pude sentir como sus lágrimas mojaban ahora la tela de mi pijama, pero poco me importó, yo sólo quería darle el calor que él necesitaba. Luego él decidiría si confiar en mí o no.


Gracias a todas por sus comentarios. Lamento no responderles personalmente, pero me es imposible. El Fin de semana subiré un adelanto al blog.