Capítulo 18
Un molesto dolor de cabeza interrumpió mi estadía en el mundo de los sueños. Mi olfato comenzó a captar una mezcla de esencias que me eran familiares. Menta, caramelo, café, pero también algo de alcohol y sudor que se me hacía sospechoso.
El dolor en mi cabeza volvió a clamar por atención. Arrugué un poco el ceño e intenté moverme, pero la presión en mi estómago y en una de mis piernas me lo impidió.
Otra vez la mezcla de esencias anterior volvió a golpearme, pero esta vez logré distinguir algo más.
¡Olor a sexo!
Abrí los ojos de golpe. La mitad del cuerpo de Edward descansaba pacíficamente sobre el mío. Su brazo cargaba mi cintura y una de sus piernas estaba enredada en una de las mías.
¡Estábamos desnudos!
¡Mierda, mierda, mierda, mierda!
Cómo permití que esto pasara. Yo no estaba preparada para acostarme con él.
¡Ni siquiera estaba preparada para besarlo!
Esto se me había escapado de todo control. Sabía que no debía beber tanto, pero tampoco creí poder aguantar sobria el sufrimiento de Edward.
Edward se removió, aún dormido, y apegó su nariz a mi cuello, dejándome sentir su respiración.
Necesitaba salir de ahí. Necesitaba que la tierra me tragara, por un tiempo indeterminado, hasta ser capaz de tomar una decisión.
Intenté levantarme, pero Edward afianzó la cárcel que tenía a mí alrededor y balbuceó algo incoherente contra mi piel.
Comencé a acariciar su cabello. Eso siempre daba resultado antes y como esperé, su agarre comenzó a aflojarse, así que lentamente pude salir de la cama.
Ya de pie, observé de mejor forma su rostro dormido. Se veía tan distinto a como llego la noche anterior. Estaba en paz, con una sonrisa en el rostro y su respiración acompasada por el sueño profundo.
No quería hacerlo sufrir, pero aun una gran parte de mí lo odiaba por haberme humillado sin ninguna explicación coherente. Sé que en parte fue mi culpa, pero él no debió esperar hasta el último momento para decirlo.
¡Él se negó a cooperar en todo lo relacionado a la boda!
¿Qué se suponía que debía hacer yo entonces?
Esto iba a ser difícil de superar y el haber tenido sexo no nos iba a ayudar en nuestro plan de "Amigos".
Me envolví en un albornoz. Saqué del armario lo primero que pillé, sin importar si era a juego o no, y me metí al baño cerrando la puerta con llave. Sólo esperaba que Edward no despertara antes de que yo pudiese salir de ahí.
Me quité el albornoz y me miré en el espejo de medio cuerpo que había sobre el lavamanos. Mis pezones estaban enrojecidos, tenía dos pequeñas marcas rojas en el cuello, mis labios estaban hinchados y además, sentía la fatiga en cada uno de mis músculos.
Abrí la llave del agua caliente, un poco de la fría para regular, y me metí bajo la regadera levantando mi rostro para dejar caer el agua sobre él.
Las imágenes de la reciente noche me golpearon, logrando sonrojarme de solo pensar la forma tan salvaje y tan necesitada en que hicimos el amor. Parece que podía sentir sus manos sobre mi piel, sus besos, sus gemidos.
Recordaba sus palabras antes de dormirme y me entraron unos terribles deseos de llorar, llorar porque a pesar de amarlo y desearlo tanto, no podía dejar atrás lo que me hizo.
El gran problema era que tampoco era capaz de dejarle libre. Lo necesitaba y eso nos estaba dañando a ambos.
Salí de la ducha y me vestí rápido. Necesitaba salir de ahí antes de que tuviera que mirarle a la cara y no saber qué hacer.
Volví a la habitación a buscar los zapatos para salir de casa, pero antes de dar un paso, me encontré con los ojos verdes de Edward, fijos en mí y con un deje de preocupación.
- ¿A dónde vas? – preguntó cauteloso.
-A la editorial, mi agenda está copadísima hoy – respondí rápido y mirando para cualquier lado.
- ¿A las siete de la mañana? – Me senté en el banquillo que había a los pies de la cama – Quédate un rato más – sentí sus manos en mi cintura y su voz cerca de mi cuello.
Me levanté de un salto, apartándolo bruscamente de mí. Su tacto quemaba y si no me alejaba de él terminaría por arruinarlo todo, otra vez.
Salí de la habitación, tomé mi chaqueta y mi bolso, sin siquiera mirar el desastre que seguramente había en el departamento.
- Bella – tomó mi muñeca – por lo menos déjame prepararte un café y unas tostadas, te va a hacer mal para el estómago… -
-Voy tarde, allá como algo – abrí la puerta – deja bien cerrado cuando te vayas – susurré sin mirarle y tiré de la puerta para cerrarla.
Flash Back
- Bella debes tenerle paciencia a Edward, él es un chico que ha pasado por mucho. No lo agobies - murmuró mi abuela - y nada de lo que hace es para hacerte sufrir, todo lo contrario, todo lo hace pensando en ti y en tu bienestar - agregó con la voz teñida de orgullo, como siempre que defendía a mi novio.
- Pero soy su novia, vivimos juntos ¿Qué tengo que hacer para qué confíe en mí? - pregunté desesperada.
- No es que no confíe, es sólo que cree que no merece la pena agobiarte con cosas pasadas - bebió un poco de agua.
- Abuela, sé que sabes algo, por qué no me dices qué es lo que oculta Edward - hice un puchero para darle más énfasis a mi petición.
- No sé nada Bella, simplemente al ser más vieja puedo ver el dolor que carga ese chico - se hechó un trozo de carne a la boca - come, se te va a enfríar - y con esa frase dio por acabada la plática
Fin Flash Back
Media hora después estaba fuera de la casa de Rose tocando el timbre como una desequilibrada mental y con las lágrimas corriendo sin cesar por mis mejillas.
Una señora regordeta, de piel morena envuelta en un traje rosado pálido me abrió la puerta. La reconocí como Sue, la enfermera que Emmet contrató en un afán de mantener cuidada a su Esposa durante el embarazo.
Observé a mí alrededor. La casa de Rose era inmensa, pero se palpaba un calor de hogar que para ser sinceros yo no sentía desde que Edward me dejó en el altar cinco meses antes. Un par de lágrimas volvieron a caer y me apresuré a limpiarla antes de parecer más patética.
Entré y me senté en el gran sofá blanco que había en medio de la sala. Nunca me había sentido tan insegura conmigo misma. No sabía hacia donde cursar mi vida para volver a sentirme tranquila y no seguir haciendo daño a la persona que más amo.
-Esto es grave – me asusté al escuchar la voz de Rose.
Venía hacia mí envuelta en una bata de algodón de color verde agua. Su cabello estaba algo enmarañado y su caminar estaba debilitado debido al sueño y la barriga de siete meses de embarazo.
-Tan mal me veo – pregunté cuando llegó a mi lado.
-Por la hora que es y por las ropas que traes puestas, supongo que algo malo pasó – me miró y se acercó para abrazarme.
No pude reprimirlo más y mi llanto angustioso salió desde el fondo de mi alma. Me sentía tan estúpida por no ser capaz de tomar una decisión con respecto a esto que me estaba pasando.
-Me dirás qué pasó – susurró mi amiga unos minutos después.
-Tuve sexo con Edward – esperaba cualquier cosa menos que Rose soltara una carcajada que casi me deja sorda.
Bianca, la empleada de la casa, llegó en ese momento con un café y tostadas para mí y con un vaso de leche y un pastel para Rose… Sí, la misma que seguía riéndose a carcajadas de mi desgracia.
-Podrías al menos fingir que te importa lo que dije – le espeté enojada y cabreada de ser el motivo de su risa.
-Es que olvidaba tu facilidad para ahogarte en un vaso de agua – volvió a reír y yo la fulminé con mi mirada rabiosa – Ya, ya – levantó las manos en señal de paz – pero es que todos sabíamos que terminarían así, la última vez que los vi había una tensión sexual entre ustedes que no se podía disimular – dijo limpiándose una lágrima nacida de tanto reír – Incluso apostamos – confesó - Emmet te defendía diciendo que tenías demasiado carácter como para aceptar a Edward entre tus piernas así como así, por lo que les dio seis meses. Alice se puso del lado de Emmet y opinó lo mismo. Jasper y yo dijimos que de un mes no pasaba y hoy acabo de ganarme un hermoso vestido prada – sonrió pagada de sí misma – Y Jasper creo que un juego para su wii – volvió a sonreír y yo no podía salir de mi asombro.
-No lo puedo creer – dije por fin cuando pude salir del shock – Ustedes apostando sobre cuando yo terminaría por arruinarlo todo – murmuré.
-Bella, ¿qué tiene de malo? – Apartó mi cabello de la cara – Lo amas, te ama. Olvida lo que pasó y piensa en el futuro – Tomó aire – Sé que cometió un error, pero no le castigues de por vida por eso que fue sólo un mal entendido…-
-Para – detuve su monólogo en defensa de Edward – ¿Por qué de un tiempo a esta parte todos hablan del incidente de mi frustrada boda como un "mal entendido" ? – entrecomillé en el aire lo último – Me dejó, me humilló y pareciera que para nadie tiene importancia...-
-Bella, sea como sea Edward no lo pasó bien después. Ni siquiera estaría vivo si Jasper y Emmet no lo hubiesen ayudado – me estremecí de pensar en Edward muerto.
-Pero entonces por qué no se quiso casar – volví a cuestionar.
-Porque nunca se sintió digno de una persona como tú, y después de escuchar…-
-Rose, aquí estás – Entró Emmet interrumpiendo lo que fuera a decirme – Bells, que alegría tenerte en casa – se agachó y me estrechó entre sus brazos – lamento no desayunar con ustedes pero debo salir – miró a Rose y estoy segura que se decían algo con sólo mirarse porque ella asintió – Nos vemos.
Observé como Emmet salía de la sala. Rose volvió la mirada hacia mí y sonrío como si nada hubiese pasado y bebió el último sorbo de leche que quedaba.
-Muy bien señorita – se puso de pie – nosotras nos vamos a arreglar y nos iremos de compras por el día – tomó mi mano para que la siguiera – después nos iremos a un spa y te olvidarás hasta de tu nombre – se detuvo antes de subir las escaleras – No me gusta que estés triste, menos por algo que no tiene sentido – siguió caminando.
Entramos a su habitación. Bianca estaba haciendo el aseo por lo que me senté en silencio en un sofá que había cerca de la ventana mientras Rose se duchaba.
Esta vez llegó a mi mente el pasado de Edward. Era increíble saber por todo lo que él pasó sin necesidad. En estos momentos me necesitaba tanto, pero la muy estúpida tuvo que acostarse con él, y ahora no era capaz de tenerlo cerca. Lo peor es que no habían dudas, había sido yo la que le inste a seguir.
Tenía que desconectar. Salir de compras o ir a un spa no me iban a ayudar con la mazamorra que tenía en la cabeza. Necesitaba respirar otro aire, ver otras caras, extrañarlo hasta sentir que me muero, para poder perdonarle.
-Rose – grité hacia la puerta del baño.
-¿Qué? – gritó ella desde adentro.
-Me voy – en dos segundos tenía a Rose envuelta en una toalla blanca frente a mí.
-¿Cómo es eso?…-
-Me voy a Forks – me miró entrecerrando sus ojos – sólo por unos días, necesito desconectar y esta ciudad no me ayudará…-
-Bueno, lo entiendo, pero antes – abrió una puerta del armario y revolvió un poco para después tirarme una falda azul y un sweater gris – no te dejaré salir de aquí con esas pintas – me apuntó y yo no pude hacer otra cosa más que reír – y me esperas para llevarte al aeropuerto…-
Eso era lo bueno de Rose. Ella sólo me aconsejaba, pero no insistía demasiado. Me dejaba decidir y cuando lo hacía ella era la primera que me apoyaba sin juzgar.
Ella misma me preparó un bolso con algunas de sus ropas. Los pantalones tendría a acortarlos, pero me pareció lo de menos. Por nada del mundo quería volver al apartamento, porque aunque Edward debería estar en el hospital, no quería arriesgarme a encontrármelo ahí.
Salimos de su casa cuando faltaban minutos para las once de la mañana. Había llamado al aeropuerto para reservar y mi vuelo a Seattle salía en una hora y media.
"Huir de los problemas no los va a solucionar"
Las palabras de mi abuela llegaron como un latigazo. Sabía que esto no era lo mejor que podía hacer, pero era algo que necesitaba para poder dar el paso y perdonar a Edward. Porque estaba segura que dejarlo ir nunca fue una opción.
Al llegar al aeropuerto, me despedí de Rose rápidamente. Me hizo prometer que estaría de vuelta antes del nacimiento de las gemelas de Alice, y aunque un mes parecía mucho tiempo, no sabía si en ese tiempo podría aclarar la confusión de mi cabeza y ser capaz de perdonar.
Mi móvil sonó. El nombre de Edward parecía brillar con luces de neón en la pantalla. Lo dejé sonar hasta que se cortó. Un minuto después me llegó el aviso de que tenía un mensaje en el buzón de voz. Me debatí entre escucharlo o no, pero finalmente apreté el botón que me mandaba directo a la casilla de voz.
"Bella. Dónde estás. Estoy preocupado. Necesitamos hablar. Llámame cuando estés lista. Un beso. Te amo"
Me dolió el alma al escuchar sus palabras. Ambos nos necesitábamos, pero no podía lanzarme a sus brazos y dejar atrás todo lo que pasé por su culpa. Volver con él, en este momento, sólo conseguiría hacernos más daño.
La voz nasal en el parlante me indicó que mi vuelo estaba por partir. Tomé el pequeño bolso que llevaba en la mano y me fui por el pasillo que me conducía al avión, auto convenciéndome de que esto era lo mejor, tanto para Edward como para mí.
Lamento el atraso, pero aquí está el capítulo semanal. El siguiente no sé cuando podré subirlo pues por ser diciembre tengo demasiadas cosas que hacer y no me queda tiempo para escribir. Por el blog y por twitter iré subiendo adelantos así como valla escribiendo.
