Un capítulo bastante reflexivo, en el que Bella nos mostrará a cabalidad lo que ocurre en su cabeza.


Capítulo 20

Bien, aquí estoy. Más bien mi cuerpo está aquí, pero mi cabeza sigue en aquella cama junto al cuerpo de Edward.

Sé que puedo parecer una estúpida y una ingenua con mayúscula ante los ojos del mundo, pero me es imposible no pensar en él de manera benevolente. Lo amo y esa es la respuesta a mi delirio mental.

¿Por qué no vuelvo entonces?

Le he dado mil y una vueltas al asunto, he pasado noches en vela y he sido fuerte para no responder a sus llamadas, pero sigo sin ver una salida a lo nuestro.

Lo amo, me ama, pero estoy aterrada… Aterrada y con una desconfianza terrible al futuro que me espera si decido darle una segunda oportunidad a lo nuestro.

Temo que en cualquier momento el decida nuevamente salir de mi vida y termine por destrozar el poco corazón que me quedó después de aquel veintitrés de Junio, en que todo lo que soñé y planeé para mi vida se vino abajo.

Mis primeros días en Forks fueron terribles. No salí de la cama en tres días y no hacía más que llorar por ser tan tonta e indecisa. Era tan fácil como un "sí" o un "no", pero no era capaz de dar una respuesta clara sin pensar que podía arrepentirme luego.

Alice llamó histérica una semana después de mi fuga voluntaria. La conversación se basó en los gritos de ella y mis "mmm", "Claro" y "Como digas". Nunca me sentí tan feliz por el embarazo de Alice como en ese momento, pues por ser de alto riesgo no podía viajar en avión, y por ende no pudo venir a buscarme. No hubiese soportado tenerla tras de mí creyéndose mi conciencia.

Y así, han pasado veinte días. Rose me llama cada dos o tres para saber cómo estoy. Edward deja a diario mensajes de voz, que me niego a escuchar, en el móvil. Jasper llama desesperado porque Alice está insoportable y ninguna de sus heroínas estaba en condiciones de salvarlo.

La llamada que por nada del mundo esperé fue la de Emmet, y menos esperé que hablara con tanta seriedad.

Flash Back

- Diga – contesté temerosa pues era un número desconocido.

-Bells, cómo estás "náufraga" – no pude evitar reír por el apodo que Emmet me había puesto.

- Sólo me voy una semana y ya me das por desaparecida – le seguí el juego.

-Hablando en serio – se quedó en silencio un momento – ¡wuou! Es primera vez que digo "Hablando en serio" de manera seria y verdadera – rió y yo le acompañé en sus risas – ahora si de verdad… estoy preocupado, Bella - al escucharlo decir eso me tensé.

-Le ocurre algo a Rose – empecé a hacer memoria de donde estaban mis documentos para viajar.

-No Bells – suspiró y se quedó en silencio un instante largo – es por Edward…-

-No quiero hablar de Edward, no me hace bien…-

- Por lo menos pudiste darle una explicación o responder alguna de sus llamadas. El pobre está desesperado y él menos que nadie se merece sufrir más, ¿no te parece…?- sentí la ira bullir desde lo más profundo de mi ser.

- Y a ti se te olvida que fue él quien mando a la mierda lo nuestro cuando me dejó en ridículo ante la mitad de Nueva York. No puedo llegar a su casa y decirle que todo está olvidado, porque sé que a la primera discusión le echaría en cara otra vez lo sucedido y no quiero que terminemos así – grité por el teléfono.

- Él te ama y se arrepiente cada día por lo que te hizo. Te ha pedido de mil y una manera disculpas y ha pasado contigo cada uno de tus malos momentos, ¿por un error lo castigarás de por vida? – contraatacó Emmet y yo no sabía que pensar.

Daba la impresión que todos mis amigos se habían olvidado de mi sufrimiento y sólo se preocuparan de que Edward estuviese bien y contento.

-Pues si me ama tiene que darme tiempo, aún no estoy preparada para abrirle mi corazón sin condiciones – aunque le hubiese abierto mis piernas antes de tiempo.

- Ojalá que cuando decidas volver no sea demasiado tarde... Adiós Bells, cuídate mucho…- tras eso colgó y me dejó con la palabra en la boca.

Fin flash Back

Jamás me imaginé que Emmet tuviera tanto carácter para defender a los suyos, porque la llamada me indicaba que Edward ya era parte de los suyos y me alegraba por él, necesitaba una familia y por fin la había encontrado, pero no podía evitar sentirme incomprendida y desilusionada de todo y de todos.

En dos días es navidad, y es seguro que Alice, a pesar de su enorme barriga, debe estar vuelta loca organizándolo todo. Eso, sumado a que en cualquier momento se pondría de parto, debía tenerla con los nervios y la hiperactividad al máximo.

Pensar en Alice me hizo sonreír. A pesar que ella me exasperara de manera constante, era la única que parecía entender que en todo el asunto con Edward la víctima era yo y no él, y aunque no no se llevaran bien, ella trataba de aceptarlo por mí.

Otra vez suena mi teléfono, intento parecer indiferente, pero mi corazón se agita sin motivo cuando el nombre de Edward aparece en la pantalla. Cada día a la misma hora recibo su llamada, nunca respondo, pero él sigue siendo constante, espera hasta que lo saluda el buzón de voz, deja un mensaje que no me atrevo a oír y cuelga.

Esta vez, sin embargo, quiero responder. Necesito escuchar su voz aunque sea por un segundo. El silencio me está volviendo loca, y ya van dos días de intensas lluvias por lo que no puedo salir.

Cargo el botón verde y temerosa respondo:

-Hola – digo casi en un susurro.

- Bella, por fin respondes – puedo notar el alivio en su voz.

- Quería escucharte – respondo sincera.

- ¿Cómo has estado? – pregunta.

- Bien, aunque tanto silencio y tanto color verde me abruma a veces – le oigo suspirar.

- Te extraño… - no sé que responder a eso y una lágrima comienza a descender por mi mejilla – Espero que algún día puedas perdonarme, Bella – agrega para aumentar mi angustia.

- Estoy tan confundida, de verdad que quiero olvidarlo todo y volver a casa como si nada hubiese pasado, pero no puedo y eso me está matando – un sollozo lastimero sale de mi garganta.

- Tranquila – respira agitado – No llores Bella, no lo merezco. No merezco ni siquiera el que pienses en mí – intento controlar mi llanto, pero es poco lo que consigo.

- Tú tampoco te mereces ser sometido al estrés al que te estoy exponiendo con mi indecisión, siento que te estoy privando de libertad al mantenerte así – trato de ser sincera con él, es lo mínimo que merece.
- No te preocupes por mí, lo merezco con creces – susurra apenado – sólo quiero que tú estés bien. Quiero que decidas sin presiones. Yo respetaré lo que a ti te haga feliz y te deje tranquila – no puedo evitar sonreír ante sus palabras.

A pesar de todo Edward siempre es capaz de decirme lo que quiero oír. Es sin dudas, y a pesar del error que cometió conmigo, el mejor hombre que he conocido. No es de extrañarse que mi abuela hubiese confiado en él y en sus capacidades. Me alegro de que haya habido alguien para él cuando más lo necesito.

- ¿Bella? – su voz se tiñe de pánico – Me oyes…-

- Sí, es sólo que…-

- Entiendo, tu cabecita estaba en otra parte. Siempre te sucede – puedo distinguir la ternura de sus palabras y suspiro.

- Dame unos días más, prometo tener una respuesta pronto - Le ruego, aunque aún mi cabeza no está en la labor de decidir nada.

- El tiempo que quieras, Bella. Siempre te estaré esperando - eso me deja más tranquila, ya que después de la llamada de Emmet quedé preocupada – Debo volver a trabajar, pero recuerda que no hay hora en que no piense en ti – dice con emoción.

- Cuídate mucho – susurro – pronto estaré contigo – "Pronto" puede tener distintos significados de tiempo, lo que me da ventaja.

- Te amo – agradezco que cuelga antes de esperar una respuesta que aún no soy capaz de dar.

Me siento más liviana luego de hablar con él. Su voz calma mis demonios internos y los hace soportables.

Pensé que, después de huir como una delincuente, él no querría saber absolutamente nada de mí. Me equivoqué. No hubo día en que no intentara comunicarse conmigo y aún así yo dudaba.

Otra cosa que me aterraba, aunque muchos digan que eso da lo mismo, es la imagen que proyectaré al mundo si le doy una nueva oportunidad a Edward. Quedaré como la reina de las estúpidas por el resto de mi vida y seré el ejemplo fehaciente de la debilidad femenina.

Las redes sociales me tacharán de tonta, indigna y por supuesto, seré una vergüenza para el género femenino y la prensa me hará pedazos sin piedad. Es obvio que lo están esperando y ni Ángela podrá salvar mi imagen si decido volver con Edward.

Otra vez comienza a llover y tiene toda la pinta de que se mantendrá así por el resto del día. Lo bueno de esta casa es que tiene apenas dos dormitorios, un baño, la cocina y la sala. No hubiese soportado estar sola en un lugar con más espacio.

Los temporales por lo menos no habían cortado la luz. Tengo luces de emergencia, pero no alumbran lo necesario, además de que los vecinos más cercanos viven a casi un kilómetro de acá, por lo que no tengo a quien recurrir ante cualquier eventualidad.

Camino desde la sala a la cocina. No estoy en labor de cocinar algo muy sofisticado, así que una pasta con champiñones y queso parmesano será suficiente. Tengo un montón de loza sucia, pero como los primeros días no prestaba atención en nada fue quedando ahí y ahora me da pereza lavarla.

No sé como Edward me soportaba, si yo soy un cero a la izquierda en las tareas domésticas. Si no fuera por Sarah que iba tres veces por semana a hacer aseo, lavar y planchar, no sé que hubiese sido de nosotros.

El hambre me hace hacer muchas cosas y por fin terminé de ordenar para comer. Me serví la mitad y dejé la otra parte para la cena. La soledad a ratos me gustaba, pero también me hacía sentir pequeña y vulnerable, sobre todo a la hora de comer. Comer sola es un suplicio con letras mayúsculas y aunque me quita el hambre, la comida se me hace lana en la boca.

Los pijamas y los buzos grandes de Rose han sido mi vestimenta predilecta y confieso que he pasado hasta tres días sin ducharme. No es que este con la depresión que tuve cuando Edward me dejo botada en esa catedral, pero sí que estoy con menos ánimo que aquella vez.

Creo que el clima de Forks me está afectando más de la cuenta y el ver todo verde estaba perturbando seriamente mi imaginación, puesto que ahora mi cabeza le ha dado por hacerme sentir observada. Pero lo extraño era que no sentía miedo como pasaba cuando el sicópata me seguía, es simplemente que siento que no estoy sola.

Terminé de almorzar y vuelvo a la sala a ver televisión. En los cortos de un programa de farándula barata aparece lo desaparecida que estoy y que se ha visto al Doctor Cullen paseando solo por Central Park. Pobre Edward, con lo que odia eso, se ve expuesto por mi culpa a toda la presión de una prensa fría y ávida de noticias de cualquier tipo, sin importar los sentimientos de las personas.

Llega la noche rápidamente. No puedo creer que, a pesar de que las horas pasen extremadamente lentos, los días hayan pasado sin darme cuenta. Mañana es 24 de diciembre y ni siquiera tengo un mísero decorado que me lo recuerde. Será la primera navidad que pase sola.

Flash Back

- Feliz Navidad – susurró mientras cruzaba por mi cuello un hermoso collar de perlas.

-Feliz Navidad – ya le había entregado un reloj de bolsillo con una foto nuestra.

- Sabes una cosa – me miró a los ojos y tomó me abrazó por la cintura – Las mejores navidades de mi vida las he pasado contigo – me dio un corto beso – Gracias por hacerme tan feliz – volvió a besarme.

- gracias a ti por permitirme hacerlo – le abracé y apoyé mi mejilla en su pecho, a la altura de su corazón.

Y así nos quedamos. Pudieron ser segundos, minutos u horas, pero sentir su corazón frenético y sus besos en mi cuero cabelludo eran lo mejor que podía recibir como regalo.

- Te amo – susurré bajito para no perder la magia del momento.

- Te amo más que a mi vida, Bella – me separó para poder verme a los ojos – No lo olvides nunca – acercó su boca a la mía y nos fundimos en un beso cargado de sentimientos.

Siempre con Edward era así. Le costaba hablar de sentimientos y su cuerpo siempre me demostraba más que sus palabras, aunque cada vez le costaba menos decirme lo que sentía.

Fin Flash Back

Me fui a la cama, pues no había nada mejor que hacer. Encendí la televisión y poco a poco me fui durmiendo, hasta quedar inconsciente.

El frenético sonido del móvil me despertó. Eran recién las siete y medio adormilada corté. Era Alice y seguramente quería convencerme a fuera a pasar navidad con ella.

Intenté seguir durmiendo, pero nuevamente comenzó a sonar el maldito teléfono. Esta vez llamaba Jasper, por lo que supuse que Alice lo tendría vuelto loco. Me apiadé y respondí.

- Más te vale que sea algo urgente – gruñí.

- Es Alice… parto, aguas… Las niñas ya vienen – dijo y después de procesar las palabras me puse de pie de un salto.

- Cuándo, cómo están…-

- Vamos saliendo para el hospital, pero insistió que te avisáramos – nunca había oído a Jasper tan nervioso.

- Intentaré viajar lo antes posible – era víspera de navidad y me costaría un poco llegar – Dale mis saludos y dile que todo saldrá bien, que mi corazón estará con ella.

Colgó el teléfono y yo encendí inmediatamente el portátil para reservar pasajes en la aerolínea que hubiera y en la clase que fuera.


Las que me siguen en Twitter o en el blog publicaré un adelanto del próximo capítulo pronto. Y sobre el POV Edward que ofrecimos de regalo, pues lo más probable es que lo publique en el blog dentro de esta semana, es que como es un Outtake no corresponde subirlo acá.

A partir de enero las actus serán más seguidas, pues quedan 3 capis y esto se acaba.