Capítulo 21
Finalmente estaba camino a casa. Encontré vuelo para esa misma tarde y estaba ansiosa por llegar.
Aún no sabía cómo me iba a enfrentar cara a cara con Edward, pero por muchos que fueran los miedos que aún rondaban en mi cabeza, no podía dejar a Alice sola en estos momentos, no cuando ella había sido la única que apoyaba incondicionalmente mis decisiones con respecto a Edward.
Había salido con tanta prisa y con tantas cosas en la cabeza que incluso había olvidado el móvil. Esperaba que a nadie se le ocurriera llamar porque iniciarían el contingente "Buscando a Bella" sin necesidad.
Me estiro un poco, o mejor dicho lo que me permite el ir en medio de la cuarta fila de la clase turista, y abro el libro de autoayuda que realmente no me está ayudando en nada.
Escucho algo de Mozart también, pero finalmente no hago nada más que pensar en él. Intento despistar mis sentimientos, intento, pero por más que intente tapar, una y otra vez, lo que realmente me preocupa, sé que en pocas horas me debo enfrentar nuevamente a esos ojos verdes que me atormentan y que me dan la vida al mismo tiempo.
Me muero por tocarle, abrazarle y entre besos que me haga el amor. A la vez, muero de miedo… miedo a nunca ser capaz de perdonarle y miedo a que vuelva a dejarme cuando se vea abrumado por mí.
Creo que ya va sonando repetitivo.
¿Cuántos días y noches llevo repitiendo lo mismo?
Lo sé, demasiadas.
La palabra "Miedo" se repite en mi cabeza como un mantra.
A pesar de extrañarle, he aprendido a vivir sola y a dar mis primeros pasos como persona autónoma. He logrado después de meses volver a dormir en paz, y, aunque mi problema con la oscuridad perdura, la soledad me ha ayudado a sobrellevarlo sin la ayuda de terceros. Temo volver a hacerme dependiente de él.
Quiero mi vida de vuelta, quiero a Edward en ella. Quiero casarme, tener hijos, pero por sobretodo quiero volver a ser feliz.
Sigo sin resolver nada, pero al menos sé lo que necesito para mi vida. Edward, por supuesto.
Flash Back
- Bella – me removí en la cama – Bella, cariño – sentí que dejaba un beso en mi frente – no puedo esperarte más, el vuelo sale en una hora – siento su voz triste y como se aleja de mí.
El muy maldito se iba a una convención a Arizona por toda la semana. Sabía que parte de esta pelea era mi culpa, pero quería que él se esforzara, que me pidiera disculpas y me dijera que me amaba para después darme un beso de esos que me dejan sin respiración.
Bastó preguntarle por su familia para retroceder lo poco que había logrado avanzar. Se puso como loco y se encerró en sí mismo otra vez. Ambos éramos culpables, yo por no tenerle paciencia y él por no tenerme confianza, pero no quería que se fuera sin decirle que lo amo.
Como dice mi abuela - "no es bueno viajar cuando estas enojado con los tuyos" –y yo no quería que él viaja cuando estaba molesto conmigo.
Me había dicho que no respetaba su espacio y que le asfixiaba mi manera de curiosear en su vida. Yo le había dicho que odiaba su hermetismo, su falta de confianza y que me sentía como una **** a la que sólo tenía para calentar su cama.
No sé qué habrá visto en mi cara, pero sólo se quedó en silencio y desde entonces apenas hablábamos.
Escuché cerrarse la puerta y me entró una angustia y unas ganas de llorar irrefrenables. Me sentí sola y abandonada en esa casa inmensa.
Me levanté de golpe y corrí, con las lágrimas cayendo, hasta la puerta. Abrí y corrí al ascensor, donde él estaba cabizbajo esperando a que se abrieran las puertas.
Me miró, su rostro se iluminó y abrió los brazos para acunarme entre ellos. Derramé un par de lágrimas en su pecho mientras él besaba el nacimiento de mis cabellos.
-Lo siento – susurré.
-Yo lo siento, cariño – me separó de él para mirarme a los ojos – siento no ser el hombre que te mereces…-
- Sólo bésame, Cullen – murmuré y no tardé en sentir sus labios – buen viaje – murmuré sobre sus apetitosos, carnosos y sensuales labios – vuelve pronto a mí – le besé otra vez.
-Te amo – murmuró y volvió a la carga hasta que las puertas se abrieron y lo vi alejarse.
No habíamos solucionado nada, no nos habíamos dicho más de treinta palabras, pero no las necesitaba, no necesitaba palabras cuando sus gestos y sobretodo sus ojos verdes me lo decían todo.
Fin Flash Back
Abrí mis ojos de golpe. Aquel recuerdo siempre venía a mi cabeza cuando tenía problemas, era el recuerdo de que pese a que entre nosotros pasara un terremoto o hubiera un muro de veinte metros, siempre ante cualquier dificultad nos teníamos el uno al otro y que si estábamos tristes, desesperados, sin esperanzas, siempre estaría el otro, aunque nuestros problemas empezaran con nosotros mismos.
Aquel pensamiento me dio esperanza. Tenía la fe de que aunque mi principal problema era Edward, él también era la primera solución.
Iba a ser difícil volver a tener una relación como la de antes, pero aún así seguiríamos contando con nosotros mismos para intentarlo. No podía salir mal, mientras él estuviera cerca, todo estaría bien.
La voz nasal anunció por altoparlante que abrochásemos nuestros cinturones porque el avión estaba a punto de aterrizar.
Llegué a NY cerca de las dos de la mañana. Estaba nevando y por ende hacía un frío de los mil demonios. Por supuesto no había nadie en las calles, pero las luces con motivos navideños brillaban en la mayoría de las casa.
Al bajarme del taxi, podía oír algunas risas de los departamentos vecinos. Sonreí, esperaba algún día tener una gran familia, con niños eufóricos por los regalos y Edward consintiéndolos en todo mientras yo intento parecer estricta. Soñar es gratis después de todo.
Entré al departamento con algo de recelo. Me impresioné al ver un hermoso árbol verde al lado de la ventana con esferas doradas y rojas, un pesebre a sus pies y algunos regalos por los costados. Estaba pulcro y no había rastros de lo que ahí había ocurrido cuando me fui huyendo despavorida.
Me acerqué al árbol, me senté en la alfombra como cuando era pequeña y tomé uno de los regalos. Era un perfume de parte de Emmet y Rose, tomé otro que por su sofisticada envoltura supuse que sería de mi hermana. No me equivoqué, era un hermoso vestido de gasa azul piedra en palabra de honor, liso de un largo medio. También en el mismo paquete venía un libro sobre las mujeres de la mitología griega.
Escondido detrás de todos los anteriores había un pequeño paquete. Lo abrí y de él cayó un sobre. Lo recogí y lo dejé sobre el sillón. Saqué de él un Cd… un Cd cuya caratula no decía nada. Tomé la nota para aclarar el por qué del regalo, para después escucharlo.
Saqué la hoja de papel del sobre y me impresionó el aroma que desprendía, era el mismo de Edward. Sonreí.
"Bella:
Cariño, espero que podamos celebrar Navidad juntos como todos los años desde que nos conocemos, pero entiendo que aún no estés preparada y no quiero presionarte.
Quisiera decirte tantas cosas… pero sería injusto que después de tantos años me viniera un ataque de sinceridad por medio de una nota.
Empezaré por decirte que Te Amo con locura. Que nunca quise hacerte sufrir y que cargaré el resto de mi vida con la culpa por haberte hecho sufrir.
Bella, sé que no hay escusas, pero estaba tan inseguro, no de mi amor por ti, sino que tenía miedo de no cumplir tus expectativas. Me sentía tan ajeno en mi propio matrimonio que creí que si nos casábamos sería así todo el tiempo, que todo el tiempo me sentiría ajeno a ti. Eso me aterró, no quería decepcionarte.
Lo hice todo mal, me desconozco a mi mismo por todo lo que pensé en aquel entonces. Siempre fuiste tú encerrada en un mundo que tampoco te acomodaba, pero no te vi, en ese momento no te veía, solo veía a la conocida y fría Isabella Swan de la que todos hablaban.
Sólo cuando vi tu dolor en casa de Alice, sólo ahí, entendí el idiota que había sido, pero era tarde y es por eso que nunca te busqué.
Pero el destino, o quizás mi testarudez de buscarte en todos lados, que me hizo volver a estar presente en tu vida hasta… bueno ya sabes el resto.
El Cd es un regalo especial, pero no quiero que lo escuches ahora, sino cuando seas capaz de perdonarme, si algún día lo haces, porque no quiero que el regalo te manipule de alguna forma a tomar una decisión apresurada.
Espero verte pronto
Te amo
Edward"
Sentí las lágrimas corriendo por mis mejillas. Yo y mi maldito mundo de mentiras arruinó el orgullo de Edward, arruinó mi matrimonio y arruinó mi vida.
Dejé el Cd sobre el equipo de sonido. No quería una carga emocional mayor por lo que hice caso a la nota y no lo escuché, aunque mi curiosidad iba a ganar a mis deseos de conservar mi salud mental y emocional.
Saqué de la maleta los obsequios que había comprado en la tienda del aeropuerto y los dejé en una bolsa, lista para, a la mañana siguiente, salir a saludar a mis amigos y a conocer a mis sobrinas.
Encendí el calentador de cama, me puse mi pijama y me metí a la cama para dormir. Gracias al viaje no tardé demasiado en caer en brazos de Morfeo.
El despertador sonó a las nueve de la mañana. Me levanté rápidamente, motivada por ir a conocer a mis pequeñas sobrinas y también, aunque no lo reconozca, con la esperanza vaga de encontrarme con Edward en el hospital.
Me di una ducha rápida y reparadora, me vestí con un sweater blanco cuello alto y unos jeans negros. Me calcé mis botas forradas de piel blanca y saqué mi chaqueta tres cuartos color crudo del closet para dejarla junto a las bolsas con regalos.
Fui a la cocina a preparar café, y luego de desayunar me puse mis guantes, mi abrigo, me colgué mi cartera y tomé las bolsas.
Salí de casa con una sonrisa en los labios y me fui al estacionamiento a buscar mi automóvil.
Puse música y me fui al hospital tarareando "let it be". Era una canción que siempre me llenaba de esperanza.
Cuando faltaban unas cuantas manzanas para llegar, mis manos comenzaron a sudar y me puse más nerviosa de lo normal y me vino una angustia que se acumuló cerca de mi corazón.
Lo atribuí al miedo de encontrarme con Edward y no saber qué decirle. Comencé a reír por lo extraño de la situación. Era él y por mucho que hayamos cometido errores, seguíamos siendo los mismos, no debería sentir este miedo atroz por encontrarme con él, porque probablemente él hará todo lo posible por hacerme sentir cómoda.
Suspiré y estacioné mi automóvil en el vacío aparcamiento del hospital. Me miré en el espejo y acomodé mi pelo que se había alborotado al salir de casa. Tomé los regalos de Alice, Jasper y las pequeñas y salí del coche. Conecté la alarma y caminé hasta la entrada.
- Para dónde vas tan apurada dulzura – me quedé helada en mi lugar.
Nunca debí haber salido de casa, no cuando la voz que había logrado aislar de mi cabeza y que me había atormentado tantas noches estaba a nada de distancia y unas asquerosas manos me sujetaban con fuerza la muñeca.
-Tengo un arma apuntando en tu espalda – susurró cerca de mi oído y sentí algo duro y frío en mi espalda – más te vale que camines conmigo, mi auto está a la vuelta – murmuró y me hizo caminar delante de él.
Mis lágrimas empezaron a correr por mis mejillas. Yo que creía que él se había olvidado de mí y resultaba que sólo estaba asechándome para encontrar el momento preciso y llevarme con él. Esta vez no tendría tanta suerte y estoy segura que se encargaría de hacerme pagar por haberlo denunciado.
- A que no me esperabas – rió con ese sonido que me daba escalofríos – fuiste muy audaz al escaparte de mí, pero eso sólo pe puso más a mil, gatita – yo sólo caminaba – sabía que algún día aparecerías sola - seguía hablando cuando divisé a la vuelta del hospital un automóvil grande de esos Toyota que fueron furor en los 90`.
Me dirigió hasta él. Por ser día festivo las calles estaban solas y estaba aterrada. No quería que se descontrolara y me disparara. La sangre me daba asco, pero a lo que temía era al dolor.
James Cam, aquel nombre me persiguió desde que supe cómo se llamaba el sicópata que me asechaba, pero el resto de mis problemas me hizo olvidarme de que seguía suelto.
Mi respiración se aceleró cuando me apresó entré él y al automóvil para sacarle llave a la puerta del copiloto. Su erección rozó mi espalda con intención mientras maniobraba en la chapa. Me hizo subir y miró a todos lados antes de dar la vuelta rápidamente.
Cuando estaba abriendo su puerta y tan rápido que apenas pude darme cuenta un tipo gigante se abalanzó sobre él y comenzaron a forcejear hasta que los vi desaparecer en el suelo.
Sabía que debía huir de allí pero estaba aterrada. Mi cabeza daba vueltas y sentía mis sollozos como si fueran de una tercera persona. Me empezó a faltar el aire y comencé a ver borroso. Ya no sabía cuánto tiempo llevaba en este lugar, tampoco podría decir si estaba soñando o era realidad.
Mi cuerpo temblaba de frío y de angustia. Las sirenas de una patrulla me hicieron saltar y no sé cómo me vi envuelta en los brazos de Edward mientras me sacaba del coche.
- No llores, ya lo tienen, no volverá a molestarte – susurraba, pero para ese entonces ya me había desmayado y no pude responder.
* * *
- Le pusimos un tranquilizante pero debería estar por despertar…-
-Ella es bastante reacia a los hospitales, podría llevarla a casa luego…-
- Claro, Edward… ella no tiene nada, sólo está en shock por la situación que ha vivido…-
Escuchaba aquella voz desconocida junto a la de Edward, pero realmente no sabía si seguía soñando. Mi boca estaba seca y mi cuerpo dolía como si hubiese corrido el Maratón de NY. Quería moverme pero mi cuerpo no estaba en labor para responder a mi mente.
- Edward – le llamé mientras abría los ojos y los volvía a cerrar impactada por la brillante luz.
- Aquí estoy – tomó mi mano y volví a abrir mis ojos.
- Qué pasó – pregunté.
- No lo recuerdas – las imágenes comenzaron a recorrer mi cerebro y mi respiración se agito al recordar lo que había pasado.
- Sí – tomé aire – pero no entiendo que ocurrió luego, yo creí que me mataría – mis ojos se aguaron – y de pronto aparece alguien y se ponen a pelear y… - Edward recostó su cabeza en mi pecho y posó una mano en mi cintura.
- Tranquila – susurró.
- De dónde salió en otro tipo, era otro asaltante…-
-No, era Seth – me miró apenado – cuando casi te secuestran la vez anterior, el oficial recomendó contratar un guardaespaldas – se sentó sobre la camilla y tomó una de mis manos – Tú no querías, pero yo no me quedaría tranquilo, así que coordiné con Uley y me recomendaron a Seth. No quise decirte nada porque era más seguro así. Lo siento – murmuró lo último.
- No lo sientas – me senté también – me salvó la vida – respiré aliviada al entender la dimensión de los hechos – sólo quiero irme a mi casa.
- ¿No quieres ir a ver a Alice? – preguntó.
- Mañana, ahora debe estar descansando – contesté al notar que ya se había hecho de noche y que mi estado no era el mejor para ir a ver a una mujer recién parida.
Me vestí. Cuando estaba calzándome las botas entró Rose con su barriga de siete meses y con un preocupado Emmet detrás.
Ambos me llenaron con preguntas y luego me envolvieron en abrazos protectores. Rose echaba chispas por los ojos y prometía cada dos por tres cortarle las pelotas al cabrón que había osado amenazarme. Emmet ofrecía hacer el trabajo sucio por ella para que no se exaltase, en su estado podría ser peligroso.
Luego de hablar con los policías para declarar lo que había sucedido, por fin pude salir del hospital. Rose y Emmet se despidieron de mí, recordándome que estarían ahí para lo que se me ofreciera.
Edward me llevó a casa. Él mismo se había encargado durante el día de dejar mi coche en el estacionamiento del edificio para no dejarlo botado en el hospital cuando él me trajera.
Bajó del automóvil y se acercó a abrir mi puerta y ayudarme a bajar. Pude mirarlo bien y supe cuanto le había extrañado. Mi frágil memoria jamás fue justa con la belleza y masculinidad que irradiaba su rostro y su cuerpo. Aquellos ojos verdes, aquellos labios carnosos y ese mentón pronunciado y terminado en línea recta eran mi perdición, eso y aquellos brazos fuertes que me abrazaban siempre que necesitaba protección o sentirme querida.
Me acompañó en silencio hasta la puerta.
- Que duermas bien – besó mi frente.
Aunque quise, no puse evitar el impulso de acercarme a su cuerpo y rodear su cintura con mis brazos. Él correspondió y dio reiterados cortos besos en mi frente. Me separé de él para abrir la puerta.
- Quieres pasar – murmuré avergonzada.
- No creo que sea buena idea – respondió.
- Entonces, supongo que hasta mañana – contesté.
- Aún no tienes una respuesta verdad – más que una pregunta, sonó a afirmación.
Negué con la cabeza y él me miró con tristeza.
- Me han ofrecido participar en un proyecto en Londres – soltó de repente – son dos años que tendría que estar allá – lo miré sin entender – he pensado que quizás sea buena idea, así no estaría presionándote y podríamos analizar mejor las cosas…-
Dejé de escucharle.
¿Qué mierda era eso de que quería irse?
Esta réplica botó lo poco que había logrado reconstruir de mi corazón. Era la clara señal de que dejaba de participar y me dejaba libre. Otra vez me iba a dejar.
Bueno chicas, ya va quedando poco, a los más dos capítulos. Un beso a todas las que siguen pasando y nos leemos pronto.
