En el blog (link en mi perfil) esta la canción que necesitaran para la última parte, así que sería conveniente que la buscaran antes =)


Capítulo 23

- Bella, no me odies por lo que tengo que decirte…-

Bajó la mirada y revolvió aún más sus manos. Nunca había visto a Alice tan insegura y nerviosa. Ella, una persona decidida y segura de sí misma, estaba como un polluelo enfermo, suplicándome perdón por algo que yo aún no sabía.

- No es necesario que me digas nada ahora – propuse al notarla tan mal – cuando estés mejor me dices eso tan terrible – Seguramente era algo sin importancia, Alice tendía a exagerar todo.

Me miró llena de pánico, como si yo no estuviera tomando el peso de la importancia que sus palabras tendrían para mí.

- No puedo, tiene que ser ahora – refutó – Es sólo que no sé cómo hacerlo – murmuró y una lágrima se escapó de su ojo derecho.

- Alice - me senté a su lado – Debes descansar. Ya me dirás otro día…-

- ¡Es que no lo entiendes! – Chilló – Tiene que ser hoy – comenzó a temblar de nuevo – es que hice algo horrible y sé que me odiarás, pero te juro que no era mi intención, las cosas no debían terminar así – Se tapó el rostro con ambas manos.

No sabía que pensar. Alice estaba desesperada y yo empezaba a ponerme nervosa también.

Rose, en cambio, se había sentado en el sofá más pequeño frente a nosotras. Su mirada seria pasaba de Alice a mí y viceversa. La miré fijamente para que me diera una explicación, pero simplemente levantó las manos, señal de no tener nada que ver con esto.

Volví la vista a mi hermana. Había sacado un pañuelo y limpiaba sus lágrimas y su nariz. Respiró profundamente un par de veces y volvió la vista a sus manos, otra vez, para ponerse a retorcerlas rápidamente.

- Verás – murmuró – esto tiene que ver con… con tu matrimonio, o bueno con tu no matrimonio – me miró levemente y yo, descolocada, la inste a seguir – Cuando supe que te casabas, pues yo me sentí tan feliz y te sentí tan feliz a ti que quería que todos compartieran esa dicha contigo – seguía sin entender hacia donde iban sus palabras y por qué era tan importante que yo supiera eso en ese momento – Pero, cuando llegué de mi luna de miel, tú ya no querías una boda como la que siempre habías soñado y lo peor era verte resignada a celebrar la boda como Edward quería – comencé a parpadear rápidamente para sacar de mi mente la idea que estaba viniendo a mi cabeza, no podía ser eso, ella no sería capaz.

- ¿Qué hiciste Alice? – pregunté intentando no gritar.

- Yo… yo… de verdad que yo lo hice por verte feliz, Bella…-

- ¿Qué fue lo que hiciste? – volví a preguntar elevando un poco la voz.

- Yo llamé a la prensa para anunciar tu boda – confesó bajando la mirada.

Empecé a ver todo rojo. No podía ser que mi propia hermana me hubiese traicionado de esa forma. Esa era la principal razón por la que Edward se había sentido presionado y fuera de lugar, y por lo que me había dejado aquel día. Lo peor es que yo le había dado la oportunidad de decírmelo en su momento y ella se hizo la ofendida, negando toda la acusación y diciendo que eran ideas de Edward para ponerme en su contra.

-Quiero que salgas de acá antes de que te diga cosas de las cuales me arrepentiré después – ella se quedó en la misma posición – ¡Sal de aquí maldita sea! – le grité.

- Lo siento tanto, Bella – me dijo llorando – yo no hice nada con mala intensión, yo sólo quería que fueras feliz…-

- Te digo que salgas de aquí, no sé cuándo podré perdonarte esto y mientras tanto no quiero ver tu cara – grité intentando controlar mi rabia – Nunca me había sentido tan decepcionada de ti, y eso que tú siempre me has dado motivos…-

Ella se encogió en el asiento, seguramente recordando el mismo incidente que recordaba yo. Nunca me ha gustado restregarle en la cara aquel accidente, pero esto era peor, no por la gravedad, sino porque me mintió a mí, la única persona que confiaba ciegamente en ella y que era capaz de poner las manos al fuego por defenderla.

Flash Back

- ¿Bella Swan? – preguntó el médico.

- Si soy yo – contesté con el alma en un hilo.

Me habían llamado a las dos de la mañana diciendo que Alice había tenido un accidente en el coche y que estaba internada, pero nadie me decía como estaba y estaba temiendo lo peor.

- Su hermana esta fuera de peligro, logramos cortar la hemorragia de su pierna, pero la joven que iba con ella falleció en el lugar…-

- ¿No iba sola? – pregunté abriendo los ojos asustada.

- No, iba con una muchacha de unos dieciséis años que aún no identificamos, ambas estaban en estado de ebriedad – me puse a llorar y a pensar como le decía esto a mi abuela, la pobre se iba a querer morir de la vergüenza cuando lo supiera.

Fin Flash Back

- Eso no es todo – murmuró.

Rose se levantó y se puso a su lado. Al parecer la había traído como escudo y apoyo moral, cosa que me molestó aún más, Alice a pesar de su edad seguía siendo la misma niña inmadura que necesitaba de las faldas de alguien para sentirse protegida.

- Habla rápido, mira que no quiero aprovecharme de tu vulnerabilidad para golpearte – me senté en el sofá que antes había albergado a Rose, no quería tentarme – ¡Te digo que hables! – estaba a punto de perder la paciencia.

Ella tembló y se pasó por enésima vez el pañuelo por los ojos. Esta vez no me compraría con lágrimas de cocodrilo, estaba harta de sus maquinaciones y sus deseos de manipular a todo el mundo.

- La noche del ensayo de la boda – dijo sollozando – Edward no participaba en nada, tú estabas nerviosa y la gente murmuraba que algo no estaba bien – me mantuve impasible, casi sin respirar, en mi lugar – De repente me distraje y ambos se me perdieron de vista. Estaba harta que Edward siempre te arruinara la diversión y nunca pudieras disfrutar de nada porque él no se sentía cómodo – se acomodó y puso un cojín tras su espalda con la ayuda de Rose – Cuando lo encontré afuera con esa cara de pocos amigos, pues quise abrirle los ojos y le dije algunas cosas… - murmuró.

Cerré mis ojos imaginando lo que ella pudo decirle para encontrarme a Edward tan mal aquella noche y que este se hubiese alejado de mí luego de eso. No quería seguir escuchando, pero necesitaba saber que había sido eso que le había dicho mi hermana para ponerlo así.

- ¿Qué le dijiste? – Me levanté - ¡¿Qué le has dicho, Alice? – La zarandeé por los hombros – ¡Dime maldita sea, dilo! - sentí las manos de Rose sujetándome.

- Bella, cálmate – murmuró.

Volví a mi lugar, no sin antes dedicarle una mirada asesina a Rose por prestarse para esto. Respiré profundo.

- Le dije que tú no te merecías que el día más importante de tu vida se viera arruinado por él y su constante necesidad de hacerse la víctima. Que él no te merecía como mujer y que este evento era muy importante como para verse ennegrecido por su actitud. Le dije que él te había hecho débil, sin carácter, simple y que yo cada día veía como te marchitabas por su culpa. Le dije que ya no eras feliz como antes de conocerlo – lo último lo dijo tan bajo que si no hubiese puesto toda mi atención no lo hubiese escuchado – Volví a repetirle casi lo mismo en la Iglesia – volvió a llorar histérica – sólo quería que todo saliera perfecto…-

Por fin pude entender tantas cosas, Alice había herido el orgullo de Edward en lo más profundo, dándole a entender que él siempre estuvo en lo cierto con respecto a nuestra relación. En ese momento, dimensioné lo mal que debió pasarlo Edward y el por qué él decía que dejarme era lo mejor para mí.

- No tenías derecho, no tenías derecho – comencé a llorar – ¡Te odio, me oyes! – Me levanté y le miré transmitiendo toda la rabia que sentía - Te odio por todo lo que nos hiciste…-

- Yo no quería. Yo quería que él abriera los ojos y cambiara por ti, no que tirara la toalla. Pero entendió todo mal y me arrepiento tanto – se levanto e intentó tocarme, mas no se lo permití.

- No pensaste jamás en que yo era feliz en esa simpleza. Yo nunca fui más feliz y tú tuviste que meter tus narices como siempre para arruinarlo todo, no te bastaba con hacer de tu vida un circo de banalidades, tenías que meterte en la mía también – vociferé histérica mientras caminaba hasta la puerta de entrada y la abría – quiero que salgas de aquí…-

- Bella, de verdad que lo siento…-

- ¡Sal de aquí! – Grité – Nunca cambiarás y la verdad que ya perdí la fe de que algún día verías más allá de las apariencias. Ni siquiera te mereces mis reproches, solo sal de mi vida y no vuelvas a meterte en ella– ella se estremeció y salió con la cabeza gacha sujetando su estómago. Rose le acompañó en silencio.

En cuanto salieron cerré la puerta de un portazo seco y fuerte. Mi respiración se hizo cada vez más rápida y sentía el zumbido de los rápidos latidos de mi corazón en mis oídos. No lo entendía, no entendía por qué lo había hecho.

¿Por qué Alice me odiaba tanto?

¿Por qué nunca se alegró de verme feliz?

Y no entendía por qué, si ella no fue capaz, nadie me dijo la verdad cuando aún había tiempo. Jasper, con toda esa mierda de que cuando nacieran las niñas me enteraría de lo que hizo Alice, sólo agravó el asunto, pues si hubiese hablado en ese entonces las cosas serían muy distintas.

Y Edward… ¿Por qué nunca me dijo nada de eso?

Sacudí mi cabeza. Edward jamás me hubiese puesto en contra de Alice. Lo más probable es que él hubiese concordado con todo lo que ella le dijo, no veo otra explicación para que me dejara, sino jamás hubiese dudado de lo que significaba para mí.

Lo había arruinado todo. Por más que intenté dejar el mundo sin sentido en el que estuve envuelta tantos años, este parecía perseguirme y restregarme en la cara que jamás podría salir de allí.

Cuando conocí a Edward, pensé que por fin alguien me quería por mis sentimientos y no por lo que veía de mí a través de los demás y de los dimes y diretes que siempre se escuchaban de las hermanas Swan.

Siempre fue Alice la que me instaba a comportarme de esa manera, y a pesar de nunca sentirme cómoda, creía que eso era lo mejor.

Tras conocer a Edward, comprendí que nunca había sido feliz y que, en mis deseos de tener un patrón a seguir, había hecho demasiado caso a otras personas y había dejado de ser yo para convertirme en alguien que odio, confundiendo eso con felicidad.

Alice siempre odió a Edward, pero eso le daba derecho a hacer lo que hizo. Éramos adultas, no puede venir aquí a confesarse y esperar que yo la regañe y que después le perdone todo como cuando era pequeña o adolescente.

Llegué al cuarto, aventando todo lo que se cruzaba en mi camino. Tenía tanta rabia y me sentía tan manipulada y tonta que lo único que quería era encontrar alguna cosa que me dejara inconsciente por una semana. No quería seguir pensando a la velocidad en que lo estaba haciendo.

Me tomé tres pastillas para dormir, me metí a la cama y lloré hasta perder la conciencia, tal como había ocurrido la noche anterior.

Flash Back

- Amor, este año te toca elegir el destino – sonrió como a mí me gusta – no es por presionarte, pero debes decidir rápido si quieres encontrar reserva…- se sentó a mi lado y tiró de mí para quedar recostada en su hombro.

- Me quiero quedar aquí – le miré – y encerrarme en casa el mes completo – sus ojos me miraron extraños.

- Ocurre algo – murmuró asustado.

- No, es sólo que me apetece quedarme acá, descansar, hacer el amor y pasearnos desnudos por la casa todo el día – me puse a horcajadas sobre él – no te parece mejor que ir a esos destinos turísticos que siempre están atochados de gente en vacaciones – pregunté.

- El año pasado no pensabas lo mismo…-

- El año pasado era una tonta – murmuré avergonzada – Te hice sentir horrible por el destino que elegiste, pero en ese lugar entendí que no me importa donde esté, que lo único que me importa es estar contigo – lo abracé y escondí mi rostro en su cuello.

- Te amo tanto – susurró acariciando mi espalda.

- Yo te amo más – murmuré y comencé a besar su barbilla.

Fin flash back

- Bella – No quería despertar – vamos cariño, despierta…-

Mi cabeza daba vueltas en un laberinto del que no podía salir. Escuchaba una voz llamarme, pero entre más intentaba guiarme por ella, más me perdía y me desesperaba no poder encontrar la salida.

Algo líquido pasó por mi garganta. Una luz invadió mi ojo derecho, luego mi ojo izquierdo. Mi cuerpo pesaba toneladas y, aunque creía estar consciente, este no respondía a las órdenes que le daba.

Mi mente vagaba en momentos felices y la voz de Edward me arrullaba y me decía que todo estaba bien.

¡Cuánto amaba a ese hombre!

Recordé entonces que se iba, él se iba y yo estaba en otro mundo sin poder salir. Necesitaba despertar, pero no podía. Mis párpados parecían estar pegados y mis extremidades estaban hecho polvo y doloridas.

De pronto una brisa fría se coló hacia mi cuerpo, sentí que me elevaba, o eso parecía, y me sentí flotar, para luego caer en algo tibio y líquido.

Empezó a correr agua por mi cabeza y alguien daba pequeños golpes a mi mejilla.

- Vamos, despierta – era su voz, pero se escuchaba desesperada – no me hagas esto, despierta – repitió la acción.

Empecé a volver lentamente.

Rosas. Un penetrante olor a rosas inundó mis fosas nasales y sonreí, me relajé y me hundí más para que el calor que desprendía aquel aroma me envolviera.

Agua. Estaba en el agua y estaba tibia. Mis mejillas arreboladas me lo confirmaban, volví a sentir el calor.

Manos. Unas manos fuertes sosteniéndome. Esas manos suaves que no me dejaban caer. Esas manos ajenas que sentí mías.

Algo estaba mal en la ecuación. No estaba sola.

Abrí los ojos de golpe, asustada.

Verde. Otra vez la calma. Esos ojos verdes me miraban aliviados.

Amor del puro, amor del bueno, amor que me has hecho sufrir. Pasaría por lo mismo mil veces si al final del túnel me siguieran mirando esos ojos, me siguiera amando ese hombre, me siguieran tocando esas manos, me siguiera arrullando esa voz.

- Te amo – susurré en un suspiro.

Sonrío y suspiró acariciando mi mejilla.

No dijimos nada. El silencio era la más maravillosa forma de comunicarnos. Mil preguntas en mis ojos, mil respuestas en los suyos. Gestos, sonrisas, miradas… Un beso.

Un beso para pedirme mil disculpas.

Un beso para responder con un "Sí, te perdono".

Sus labios, los míos, y esa necesidad irrefrenable que se apodera de nosotros cada vez que nos vemos. Ese deseo que pone en llamas mi cuerpo, pero que también incendia mi corazón.

Sus manos intentan abarcar mi cuerpo y las mías eligen tocar puerto en sus cabellos.

Sus ropas cayendo, las mías ausentes. Más olor a rosas, más olor a menta, y a café, y a almendras, y a él, y a mí, y a los dos.

Sus ojos vuelven a mirarme, los míos ya no tienen dudas y él lo entiende y me hace el amor.

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Me miré en el espejo y mi sonrisa seguía ahí, tatuada en el rostro mientras secaba mi cabello. Edward posó sus manos en mi cintura y me miró sonriente mientras dejaba un beso en mi cuello.

- Estás segura, tienes una vida acá…-

- Sí – respondí en seguida – quiero irme a Londres contigo – giré para encararlo.

- Y Alice, tus sobrinas – iba a responder, pero no me dejó– si acepto ese trabajo, no podremos venirnos hasta que el proyecto acabe y la rabia se te pasará antes – sonrió esquinando sus labios – Ella no lo hizo con mala intención, sólo quería que fueras feliz… la culpa es mía – sus ojos intentaron traspasar los míos.

- ¿Cómo entraste al departamento? – pregunté para cambiar el tema, no estaba preparada para hablar de Alice.

- Vine a despedirme, tenía la esperanza de que hubieses cambiado de opinión – dijo avergonzado – pero por más que toqué el timbre tú no me abrías y era muy temprano para que no estuvieras – tomó aire – llamé a Alice y respondió Jasper y me dijo lo que había pasado – Me miró como un niño que está a punto de confesar una travesura – En el orfanato aprendí muchas cosas, entre ellas a abrir puertas con una tarjeta de crédito, así que me colé por subterráneo y llegué a tu departamento y bueno, entré como un miserable ladrón – me besó levemente – me diste un susto tremendo – sus ojos estaban llorosos - ¿Cuántos somníferos tomaste?...-

- Tres – negó con la cabeza – necesitaba dejar de pensar – me justifiqué – además me ayudaron en mi epifanía – sonreí.

- ¿Y qué visión tuviste? – besó mi barbilla.

- Que te amo – lo besé.

Edward había perdido el vuelo, pero aún estaba a tiempo de irse y yo quería que lo hiciera, quería que aceptara el trabajo y me llevara con él. Necesitábamos empezar de cero y era nuestra oportunidad de hacerlo bien, en una tierra nueva, donde yo solo sea Bella y él Edward. Nada de revistas rosas, nada de periodistas, nada de especulaciones, nada de hermanas entrometidas. Sólo él y yo.

Nuestras lenguas danzaban, no se cansaban de estar juntas y de demostrarse cuánto se habían extrañado. Sus manos acariciaban mis cabellos húmedos, las mías intentaban acaparar su ancha espalda.

La falta de aire nos hizo separarnos y volver a sonreír.

- De verdad quieres dejar Nueva York – preguntó, otra vez.

- Quiero que empecemos de nuevo y aquí no podremos y lo sabes – respondí.

- Si es lo que quieres – se quedó en silencio – Tienes el CD que te regalé – asentí extrañada por el cambio de tema – Búscalo y ponlo… creo que es el momento ideal para escucharlo… si quieres- recordé su nota y la condición que puso para escuchar lo que tenía en CD.

Me separé de él y prácticamente corrí hasta la sala. Estaba más que preparada para darle otra oportunidad. Él me siguió sonriente. No sabría decir quién de los dos sonreía más.

Ya en el lugar, tuve que revolverlo todo, pues en mi ataque de rabia había tirado muchas cosas. Entre todo el desorden apareció en el suelo la caja transparente que contenía el CD. Miré a Edward avergonzada y me agaché a recogerlo.

Caminé hasta el reproductor. Hacía mucho que no se ocupaba… ¿Quién escuchaba CDs en estos días?... soplé un poco el polvo acumulado y saqué con cuidado el CD de la caja y lo puse en el lugar correspondiente.

Edward me había ganado el mando a distancia por lo que me quedé de pie esperando que él le diera play.

No lo hizo, sino que estiró su mano invitándome a acercarme. Envolvió mi cintura y me miró largamente antes de apuntar hacia el reproductor y hacer correr el CD.

(Denle play a la canción)

- Así comenzamos una vez y quiero que volvamos a comenzar igual – comienza a sonar la música.

Reconozco la melodía en seguida. Nuestra canción, la canción que habíamos bailado en aquel antro en Buenos Aires, la canción con la que me sedujo, con la que descubrí al verdadero Edward, con la que lo deseé la noche en que me hizo el amor por primera vez.

Comenzamos a movernos por inercia, y lo miro a los ojos, firmando la sentencia de seguirlo y volar con él por el silencio. Lo amaba, me amaba, que más vueltas le iba a dar. Quién puso más, quién tuvo más culpas, eso nunca lo sabríamos, lo importante era mirar al futuro y aprender de los errores para no volver a cometerlos.

Susurra mi nombre en mi oído, yo escondo mi rostro en su cuello. Aspiro su olor, que se mezcla con el aroma de mi jabón, y es perfecto.

Su respiración choca en mi mejilla izquierda y su calor llena de carmín las dos. Lo acercó más a mí y él me acerca más a él. Y ni el aire pasa entre nosotros, somos uno y a la vez ninguno, y al mismo tiempo somos nosotros en el otro.

Y escapaba, la memoria podía ser un ser indeseable algunas veces. Necesitaba dejarla atrás, dejar atrás ese yugo que no nos permitiría avanzar. Debía olvidar las noches de llanto, de pesadillas, de añoranzas infundadas.

Era incoherente.

Sí, mi mente está loca. Sí, no tiene sentido. Sí, lo adoro.

No me entiendo, no me entienden, no se entiende. No tengo el control, es el dulce dolor de la incertidumbre.

No más añorar, más actuar. Sé qué quiero, sé a quién quiero, sé que lo quiero, a él.

Nos besamos. Otra vez, por enésima vez. Nuestros labios bailan sincronizados la danza del amor. Sus manos bailan en mis caderas, en mi cintura, y más arriba. Las mías recorren su pecho desnudo, lo redescubren y lo vuelven a amar.

Nos levantaríamos. Esta vez, mil veces más. Nuestro amor daba para eso, para mucho, para más. Nuestro amor estaba escrito y ningún destino cruel, ningún mal entendido, ninguna cadena de sucesos desafortunados podría con nosotros.

Y lo miro a los ojos y él me firma la sentencia.

Lo desnudo, me desnuda. Y lo beso y me besa. Y me toca y me siento morir. Y me ama y lo amo. Y me hace el amor y me desarmo en sus brazos.

- Te amo tanto que siento que voy a morir – murmura mientras su dedo recorre mi costado.

- Te amo – respondo agotada.

Y la melancolía nos observa tristemente.

Y la desesperanza cae derrotada.

Y este es el amor, lo demás historia... sólo historia.

FIN


Espero que les guste, porque a mí me ha encantado. Esta historia la escribí junto a una gran persona Ale_javi y el mérito es más de ella que mío. Agradezco a quienes comentaron, a quienes agregaron la historia a favoritos, en fin, en el epílogo les dejo los agradecimientos más largos.