¡¡Hola de nuevo!!

Aqui les dejo otro capitulo para que lo lean...

Que lo disfruen

Capitulo 2. Acepto ser tu ángel

La luz del sol dio directo en sus dormidos ojos, provocando que la joven se despertara, hace días que estaba ahí, alzo su rostro para contemplar a la persona que yacía en la cama con un semblante tranquilo. Camino algunos pasos hasta la ventana, por ella se colaba la luz del día, además de que podía observar los jardines del hospital, soltó un suspiro, desde hace un mes que se encontraba en ese hospital, en espera de que su hermano despertara del coma en el que se encontraba a causa de un accidente automovilístico.

Su mente estaba sumergida en los planes que haría por ese día, pero fueron interrumpidos cuando el sonido de la máquina que monitoreaba los latidos del corazón de su hermano comenzó a emitir ruidos extraños, giro sobre sus talones y vio con horror que las pulsaciones de él caían en picada, salió corriendo de la habitación tratando de llamar al médico o alguien que la ayudara.

Después de un par de minutos que para ella fueron eternos, le personal del hospital se encontraba junto a su hermano tratando de ayudarlo. Sabía que las esperanzas de que viviera eran remotas, pero aun así, se negaba a aceptar que el muriera. Por lo que aguardo en la sala de espera para que le informaran el estado de su hermano.

A unos pasos de ella, un par de ojos la miraban con dolor, nunca le gusto que estuviera triste, y ver en sus ojos rastros de sufrimiento y tristeza le partía el alma, ni siquiera el dolor que había sentido anteriormente era tan fuerte como el que le provocaba verla así, trato de consolarla, pero sus palabras no eran escuchadas, acerco una mano a ella para tratar de acariciar su mejilla pero era inútil, no había rastro de que ella supiera que él estaba ahí.

Resignado se dirigió a la ventana, contemplando a los médicos tratar de revivir su cuerpo, su vista se desvió a la delgada y débil línea plateada que todavía lo conectaba al mundo de los vivos. Sintió de repente un escalofrió que lo recorrió de pies a cabeza, giro su cabeza con una lentitud casi dolorosa, se alegro de casi estar muerto, porque de lo contrario hubiera sufrido un paro cardiaco o asfixia al no respirar por el susto.

Frente a él se encontraba un hombre de mediana estatura que lo miraba fijamente, casi podía sentir como sus ojos lo traspasaban, podía jurar que en cualquier momento se desmayaría, trago saliva y bajo un poco la mirada, topándose de deño con una guadaña sujetada firmemente por aquel sujeto. Juntando el poco valor que le quedaba se aventuro a preguntar lo que ya sospechaba.

-E-eres…¿la…la mu…erte?

No hubo respuesta, ni un sí o un no. Con un movimiento ágil, rompió la línea que conectaba al chico con la vida. Una vez cumplida su misión se volvió sobre sus talones, hablando por primera vez.

-Vámonos…

No espero una respuesta y siguió caminando, el joven no tuvo otro remedio que seguirlo, no quería desobedecer a la temible figura que lo guiaba.

Mientras lo seguía, pudo escuchar los pasos de los médicos yendo a donde se encontraba su hermana y el grito de dolor que profirió ella, antes de él desaparecer del mundo de los vivos.

Otro amanecer hermoso, siempre era así, de hecho todo el lugar era un ensueño, la razón era muy sencilla, no solo estaba en el paraíso, sino que además, era una de las custodias de aquel lugar. Cuanto tiempo llevaba ahí, no tenía ni la menor idea, pero era feliz, o al menos intentaba serlo, pero no podía, algo le faltaba, y sabía que era eso que añoraba: libertad .

Voló un poco hasta llegar a un pequeño montículo, donde descansaban algunos custodios, se sentó en la fresca hierva y siguió contemplando el paisaje, cuanto daría por salir de esa prisión de oro, y ver que había más allá, volver a ver el mundo de los vivos, del que solo recordaba su nombre, pues cualquier rastro de su pasado había sido borrado de su memoria. Contemplarlo una vez más, poder viajar a través de ese mundo y el suyo con libertad, y entonces un pensamiento vino a su mente, un recuerdo que atesoraba con sumo cuidado.

El rostro de aquel a quienes muchos temían y el responsable de que el paraíso estuviera lleno de habitantes, el llamado custodio de la muerte, el único ser que parecía ser amigo de la soledad, pero que a su vez era libre como nunca lo seria ella. Volvió a suspirar y enterró su cabeza en sus rodillas, mientras abrazaba sus piernas, si tan solo pudiera estar con él, todo sería diferente.

-¿Qué haces aquí?...

-¿He?...-sus pensamientos fueron interrumpidos por dos pares de ojos azules tan intensos como los suyos

-¿No deberías estar cuidando de las almas?...vaya forma de perder el tiempo…-censuro una voz de mujer

-Lo siento Juuhachi…es solo que…-trato de explicar la ojiazul

-Bulma, deja de soñar-tercio un chico- sabes que tenemos trabajo que hacer…

-Lo sé…

-Juunana, tiene razón, vamos no hay tiempo que perder-señalo la rubia un poco sorprendida ante el comentario de su gemelo, emprendiendo el vuelo lejos de su amiga para comenzar con sus tareas.

No muy lejos de ahí, dos seres superiores los observaban, pues uno de aquellos ángeles iba a tener una participación importante en sus planes. El de mayor rango se dirigió a su acompañante, para confirmar si eran ellos.

-¿Estás seguro Kibito?

-Así es supremo Kaiosama, esos son los mejores ángeles que tenemos, los tres son procedentes de Chikyu- observo la dirección en la que se encontraban los mencionados- los gemelos son Juunanagou y Juuhachigou y la chica de cabello azul se llama Bulma…

-Muy bien, vamos con ellos y veamos quien está dispuesto a ayudarme con esto….

La peliaqua se encontraba supervisando la organización de algunas almas, cuando se dio cuenta que dos seres se acercaban hacia ella, cuando estuvieron lo suficiente cerca pudo distinguirlos con mayor claridad. Su ropa y su físico los delataban como seres superiores, por lo que dejando sus labores se acerco a ellos, inclinó un poco la cabeza en señal de respeto y procedió a saludarlos.

-Buenos días…

-Buenos días Bulma…gusto en poder saludarte

-El gusto es mío Supremo Kaiosama- dirigiéndose al acompañante del mencionado saludo-señor Kibito…

-Quisiéramos hablar contigo y con Juuhachigou y Juunanagou…

-Muy bien, síganme por favor…

Emprendieron el vuelo hacia donde se encontraban los gemelos, durante el trayecto la ojizaul los volteaba a ver de vez en cuando, pues no era común que un supremo Kaiosama se encontrara en esos lugares, pues normalmente se encontraba en el planeta supremo.

Entre más trataba de alejar sus preguntas de que hacia él en ese lugar, mas curiosidad sentía del porque quería hablar con ellos, que supiera no habían hecho nada fuera de lo común, dirigió su vista hacia Kibito, el cual, mantenía un semblante serio, normalmente cuando él hacia alguna visita al paraíso, siempre hacia una reunión con todos los custodios del lugar, algo grave debía pasara como para que solo necesitaran la presencia de ella y sus amigos.

Minutos después pudo distinguir la cabellera dorada de Juuhachigou, y no muy lejos de ahí, su gemelo se encontraba sentado observando a su hermana trabajar. Bulma sonrió un poco, desde que conoció a ese par, cada día era lo mismo, la rubia siempre le reclamaba al pelinegro su falta de interés por sus obligaciones, y él siempre encontraba una buena excusa para seguir descansando, logrando que a su hermana le saliera humo hasta por las orejas.

En cuanto tocaron suelo, los gemelos se acercaron a ellos, la rubia busco con la mirada una respuesta en Bulma, pero ella solo encogió de hombros y espero a que terminaran de llegar.

-Buenos días supremo Kaisoma…-saludaron los hermanos

-Buenos días, necesitamos hablar con ustedes…

-Disculpe la molestia señor Kibito, ¿pero no necesitamos la presencia de los demás custodios?-pregunto el pelinegro

-Esta vez no Juunanagou - acoto el de mayor rango- solo queremos hablar con ustedes tres

-Y digamos ¿en qué podemos ayudarlos…?-intervino la peliazul

-Veras, necesitamos su ayuda para realizar un nuevo trabajo…

-¿Nuevo trabajo? ¿A qué se refiere?- pregunto la rubia

Kibito volteo a ver al supremo Kaiosama, quien afirmo con la cabeza y tomo la palabra.

-Necesitamos que uno de ustedes sea ayudante de uno de nuestros custodios…

-Pero a los únicos custodios a los que podemos ayudar, son a los que se encuentran el infierno, y nosotros no somos ogros…-intento racionar el pelinegro

-Te equivocas Juunanagou, no se trata de ellos, sino del custodio de la muerte- aclaro el dios.

El corazón de Bulma dio un vuelco, ¿había escuchado bien? Estaba diciendo que necesitaban a un acompañante para aquel custodio, eso era…era perfecto, si pudiera ser ella la persona que estuviera con él, podría salir de aquel lugar y conocer lugares desconocidos para ella.

-¿Pero por qué necesita nuestra ayuda en eso? Que yo sepa ese custodio es lo suficientemente capaz de llevar a cabo su labor- volvió a insistir el chico

-Bueno, últimamente han existido más muertes, debido a la existencia de mas seres vivos, además- hizo una pausa para tratar de explicar brevemente el verdadero motivo por lo que se encontraba ahí-al ser custodio de la muerte, se ve rodeado de atrocidades casi todo el tiempo, volviéndose así mas solitario, por esa razón necesitamos que tenga una compañía que le ayude y este con él para que su corazón no se vuelva mas frio de lo que ahora es…

La peliazul giro su mirada para encontrarse con las de sus amigos, ellos parecían pensar la posibilidad de aceptar, pero en sus rostros no se veía deseos de hacerlo. Nunca se habían separado demasiado, incluso cuando murieron y llegaron al paraíso lo hicieron juntos. Separarse de esa forma, era algo no lo habían pensado.

-Así que, ¿quién de ustedes está dispuesto a acompañarlo?-pregunto el dios

-¿Somos los únicos que podemos hacer eso?-cuestiono la rubia

-No son los únicos, pero si los más calificados, incluso Juunanagou es mejor que los otros custodios y eso es decir demasiado-termino Kibito

-¡Oye! ¡No ofendas!

-Bien, ¿cuál es su decisión?-insistió de nuevo el más pequeño

-Lo siento, pero yo no estoy dispuesta a ir…

-Ja, si Juuhachi se negó, no me queda otra cosa que no aceptar, además, no sé cómo sea ese tal custodio, no gracias, yo me quedo aquí-concluyo su hermano

-Está bien, ¿tú qué dices Bulma?

-Yo…bueno yo…-Eso era lo que siempre había querido, pero viéndolo de esa forma, Juunanagou tenía razón, ella no conocía como era ese custodio, solo un par de veces lo había visto, pero lo no lo suficiente como para saber cómo era en realidad

-Debo advertirte algo antes de que aceptes, el es un poco, bueno como decirlo, especial…

-Ja, eso no sería un problema para la pequeña Bulma, ella tiene un carácter de los mil demonios, ¿no es así Juuhachi?

-Juunana….-trato de interferir la peliagua, pero el chico no parecía escucharle, pues se acerco a sus superiores, hizo sus ojos en forma de rayita y susurrándoles continuo

-Si yo fuera él, me cuidaría de ella, el pobre no sabe con quién se mete…la otra vez…

-Sera mejor que te calles Juunana antes de que Bulma te vuelva a matar…

-Vamos Juuhachi, no seas aguafiestas, no ves que estoy entretenido contándoles como es la pequeña Bulma, bueno como les decía…

-¡BASTA!...¡TU!-dirigiéndose hacia el pelinegro- ¿cómo te atreves a decir eso sobre mí?

-Pero si es la verdad, te acuerdas esa vez que tu y…

-¡¡BASTA!!

Bulma corrió hasta donde estaba el pelinegro, él al darse cuenta de las intenciones de la chica, comenzó a levitar lejos de su alcance, no quería que lo pillara porque no deseaba que sus pobres tímpanos estallaran por los gritos que ella solía darle.

Mientras tanto debajo de ellos, el supremo Kaiosama, Kibito y Juuhachigou, observaban la escena con una gota en la cabeza y la ultima, con un ligero tic en la ceja, pues esos dos parecían críos cuando se lo proponían.

-Supremo Kaisama, ¿ahora que hacemos?

-Bueno, ella no nos ha dicho algo…

-Acepta…

-¿Qué?-preguntaron confundidos

Juuhachigou dejo salir un largo suspiro, mientras veía a su amiga tratando de matar a su hermano, después volvió a hablar con sus superiores

-Ya les dije, ella acepta

-Pero no dijo nada

-Ya lo sé, solo espere a que baje para que ella se los confirme

En efecto, cuando Bulma se dio por vencida al no alcanzar al pelinegro, les confirmo que aceptaba el ofrecimiento, por lo que después de despedirse de sus dos mejores amigo (con mirada fulminante para el pelinegro), se fue con el dios, no sin antes prometer que los visitaría regularmente.

Durante el camino, no dijo una sola palabra, su mente estaba enfrascada en lo había ocurrido en los últimos momentos, y lo que pasaría con ella de ahora en adelante, por fin podría conocer lugares desconocidos, eso era muy emociónate. Y con esto en la cabeza, un suspiro de alegría salió de sus labios.

Continuara...

Shadir: Bueno, ahora ya sabes quien es en realidad el angel...se que esta un poco loca la historia, pero espero que la estes difrustando...

Gracias por leer, nos vemos...