Disclaimer: La saga Twilight, no es mía, es de la maestra y majestuosa Stephanie Meyer, yo solo hago una travesura con los personajes, porque mi musa ha estado furiosamente al lado mío, mientras voy escribiendo. No me maten es mi primer fic. ¡Bienvenido(a)s!
Recomendación musical: Never alone - BarlowGirl
Octavo capítulo:
Una llamada a mi familia
POV Bella
Me desperté al día siguiente, había dormido como un lirón, tendí la cama y fui al baño, tenía un grácil olor masculino, me llené de su bálsamo a través de mis hoyuelos nasales, me di un baño ligero, me vestí y bajé al primer piso, Esme estaba preparando el desayuno por el olor suave que impregnaba el ambiente, seguí hasta la cocina y estaba ella magnífica y hermosa imagen que destellaba ante mis perlas. La saludé mientras servía el desayuno en el comedor pequeño de la cocina y me invitó que la acompañara, la cual acepté amenamente. Desayunamos mientras hablábamos de cosas interesantes en nuestras vidas, ahí me di cuenta el gran pasado que cargaba con esta familia, sinceramente a mi me llegaba poco a poco los recuerdos, era como si estuviera aquí atada a través de un imán invisible y ése pusiera a funcionar mi cerebro, para evocar y resurgir entre las cenizas mi pasado. Me había comentado que estábamos solas, porque Alice había tenido que ir a trabajar en su local que montó hace unos años. Fuimos hasta el jardín, su sitio sagrado, donde podía relajarme e impregnarme de su belleza innata regalándome su aroma sutil de diferentes flores y plantas. Nos sentamos en el pasto que acariciaba y regalaba cosquillas sin querer bajo mi piel, miré su rostro y divisé en ella una alegría.
-Cariño mío… ¿cómo te sientes aquí?
-Muy bien Esme- respondí sincera.
-La felicidad que me embarga al saber que te encuentres bien aquí, es importante- contestó.
-No te preocupes Esme- asentí para que se sintiera tranquila.
-¿Te gustaría llamar a tus padres?
-Me encantaría, estaba pensando era en darles espacio y tiempo entre ellos dos- confesé con una sonrisa malvada.
-Comprendo, necesitan tiempo entre ellos dos como pareja- me guiñó acertando mi inclinación.
Mis padres dejaron de vivir sus vidas por estar pendiente de mi, a raíz del accidente, no habían tenido tiempo entre ellos dos, además que mi recuperación fue lenta y tortuosa, había tenido muchas fracturas, una de ellas que me inmovilizó el cuerpo era mi pierna, estuve enyesada varios meses, aunque mi rehabilitación fue de una manera espantosa, estuve muy deprimida, no tenía ganas de vivir, muy perdida, si acaso solo recordaba a mis padres, porque fuimos a terapia familiar, hicimos todo lo que la doctora nos había recomendado, para ir recuperando mi memoria gradualmente, los recordaba, pero seguía en mi yo interior esa angustia y vacío que sentía en mi alma, algo no me cuadraba en mi vida, no recordaba los demás, salvo mi mejor amiga, quien me acompañó y estuvo conmigo en terapias reconstructivas de músculos para poder caminar, ella me ayudaba dándome fuerzas para salir de letargos y recaídas que sufría mi cuerpo cuando no sentía los ímpetus para seguir.
-Bella, ¿estás bien?
Salí de mi paz mental, asentí para no preocuparla.
-¿Quieres seguir aquí, mientras entro a hacer limpieza en la casa?
-Deseo estar aquí, más bien voy a llamar a mis padres, ¿me permites el teléfono?
-Claro que sí, no hay problema- me guiño.
Nos paramos para entrar a la casa, mientras cogía el teléfono y volvía a salir al jardín, me senté en una silla. Marqué el número que tanto me había costado aprendérmelo. Escuché tonos, una voz suave y maternal llegó a mi oído.
-Bueno.
-Mami- contesté alegre.
-Mi niña hermosa- dijo quebrándose su voz
-¿Cómo estas mamá?
-Bien cariño y ¿tú?
-Bien mami.
-¿Qué tal las vacaciones con la familia Cullen?
-Bien, muy bien mami, pero…
-¿pero?
-¿Tú sabías de Edward?
-Amor, lamento desilusionarte, no me corresponder manifestar esta pregunta, sólo la responderá él mismo, el sólo nos pidió el favor que no habláramos sobre tu pasado con él- dijo con un deje de tristeza.
-Tranquila mamá, al menos se, cuál fue la razón porque no sabía nada de los Cullen, pero la verdad me siento un poco desilusionada de ti y de mi padre- contesté con una lagrima que rodaba en mi mejilla.
-Cuando estés aquí, te contaremos superficialmente tu relación con Edward, te lo prometo cariño mío.
-Ya… Sólo quería saber como estaban, pronto estaré de regreso con ustedes.
-Te esperamos, toma todo el tiempo necesario cariño.
-Gracias, un abrazo mama, dale mis saludos a mi padre.
-Con gusto corazón, un abrazo y beso para ti. Salúdame a la familia Cullen.
-Lo haré, chao mami.
-Hasta pronto cariño, cuídate mucho, sólo dale una oportunidad a Edward- y colgó dejándome con un chispero de más.
Nadie quería contarme, pronto se me extinguiría la paciencia, entré a la cocina, deseaba tomar agua para refrescarme, cogí un vaso y serví agua, tomé codiciosamente de ella, mientras mitigaba la sed. Llamé a Esme gritando suave para buscarla por el sonido, contestó desde el segundo piso, me dirigí hacia allá, entré y estaba arreglando su cuarto, su presencia y presentación era muy armoniosa, admiraba cada detalle con lujo sutil plasmado en cada esquina de su habitación, en todo el centro su cama matrimonial, al frente de ella estaba la ventana que colaba pequeños rayos del sol, pero eran interrumpidos por un velo blanco, a los lados de la cama estaban su mesita de noche al mismo color de la madera de la cama, al lado derecho mío una puerta, donde dirigía el inmenso closet de los dos divididos, cada lado estaban sus ropas colgadas en ganchos impecablemente organizados, sus zapatos por cajones arreglados de acuerdo a cada ocasión, al otro lado mío, otra puerta que enviaba al baño, encaminé hacia allá, el sólo imaginarme como era su baño ya se me erizaba la piel, la dueña de este diseño se debe a Esme, lo sabía, su persona reflejaba el amor hacia el orden, cuidado y limpieza cuando se entregaba totalmente a ella. Por un momento, Esme se quedó observándome, con un halo de tristeza, me acerqué con enigma hacia su lado, abrí mis brazos atrayéndola a mi cuerpo, rodeándola de su cintura, necesitaba su abrazo, llenarme de su energía, ella reaccionó abrazándome, un súbito de segundos su cuerpo comenzó a convulsionar con sollozos.
-Esme…- susurré dándole fuerzas.
-Cariño…
-¿Qué sucede?- pregunté recelosa.
-Quis-siera quitarme ese malestar- contestó acongojándose cada vez más fuerte.
-Ven…- la guié tomándola de su mano para sentarnos en su cama.
Nos sentamos, nos abrazamos y nos recostamos, por su parte ella se acostó en mi cintura, dándole espacio y tiempo para que me contara su pequeña depresión que la atormentaba bajo su caritativa y angelical alma.
-Que Edward me perdone, solo te contaré un poco, el resto se encarga él, la parte peor- contestó susurrando.
-Te escucho- confesaba que me estaba matando de nervios.
-¿Recuerdas cuando Edward regresó de Londres?
Estaba pensando en su pregunta, y sinceramente todavía estaba seca de remembranzas, sólo tendría paciencia para que me llegue todo. Negué con desanimo.
-Entonces, ¿sabías que él viajo a Londres cerca de hace dos años, para hacer su maestría?
-Lo siento Esme, tampoco. Pero cuéntame que sucedió cuando regresó de Londres.
Asintió y comenzó a relatarme, él llegaba ese día a hacerme una sorpresa, pero lamentablemente no pudimos, porque yo estaba tremendamente ocupada, tenía que trabajar en la librería que éste día estaba promocionando libros y era una feria de ventas de libros al 50% de descuento, así que no había podido darle espacio y tiempo a Edward.
-Yo creía que tú no querías verlo, pero él me comentó que tú estabas muy ocupada con lo de la feria de libros- confesó apenándose.
Yo la tranquilicé, cualquiera se enojaría por la situación y más porque él estuvo un año en Londres. Siguió narrándome.
-Además, cuando tú terminaste de trabajar hasta las doce de la noche, Edward había tomado la decisión de hacer algo que no debió hacer.
Yo me puse rígida, mientras me evocaba el recuerdo dolorosamente en mi angustiada mente.
-Flash Back-
La mañana todavía estaba oscura, pero espléndida porque mi novio regresaba de Londres, mientras me arreglaba y alistaba mis cosas para ir al trabajo, sabía que hoy era un día que me exigirían buena presentación y sonrisas para acompañar a todos los espectadores y compradores de libros. Desayuné ligero porque se me estaba haciendo un poco de tarde. Entré a mi furgoneta y la puse a andar mientras manejaba con seguridad, necesitaba llegar con rapidez al destino. Llegué en un récord de dos horas. Entré a la librería llamada "Amanecer en letras", ya casi era hora de comenzar a trabajar.
Puse música muy suave y de bajo sonido de Yiruma, una composición relajante para los oyentes, y sea agradable al lector mientras ojea libros y busque lo suyo.
El día pasaba con mucho trajín, hacer la oferta del 50% de descuento ayudó a la librería llenar inmensamente de clientes, que hasta había propuesto a la dueña y jefe de la librería sacar los otros paquetes de libros a la calle por medio de una carpa y hacer la entretención a los espectadores para que compren. Así que con Tyler salimos a hacer el plan, tratamos de armar la carpa, que quedaba enseguida del local, ya que éste era la última casa que daba hacia el parque. Habíamos llamado a la policía si infringíamos la ley de invadir el espacio público, que quedaba en un parque, nos había dado el permiso para hacerlo, solo por un día aprovechando el momento, era en los últimos de noviembre, hacía un día ligeramente cálido pero tras pasar las horas fueron asumiendo un día oscuro y frio por las entradas de invierno. Aun aprovecharíamos que la gente que le gustaba leer compraría, ya habíamos ofrecido con papelería y publicidad sobre el gran día.
Tyler traía las cajas mientras las armábamos, la carpa estaba cubierta por tres lados mientras que en una estaba sin cerrar para que la gente entrara y mirara los libros, así parte de la mañana aprovechaba Tyler en el local mientras que yo estaba en la carpa atendiendo a pocos clientes. La tarde llegó y fue más atosigado, porque realmente había llegado más clientela para chismosear el asunto. En unos de ese ratico había recibido la llamada de mi novio. Mi cara no soportaba tanta felicidad al escucharlo que ya estaba acá en Forks, pero yo andaba en Port Ángeles, estábamos tristes, le había insistido que viniera aunque sea para abrazarlo y sentirlo, había negado suavemente ante la petición mía, así que sin falta el día siguiente como sea nos veíamos. Seguí en mi mundo laboral, hasta las doce de la noche que al fin habían barrido todo los libros con el descuento. Desarmamos la carpa y entramos al local, para organizar un poco el desorden, la jefa estaba muy contenta por el plan que había funcionado de maravilla.
Cada uno nos despedimos, mientras yo iba en busca de un restaurante las 24 horas para comer, me dolía el estomago del hambre. Caminé unas calles, crucé la avenida y entré al restaurante, pedí una mesa para mí. Me acompañó un mesero para atenderme, me senté en la silla, pedí la carta de menú, me ofreció el libreto, eché un vistazo y pedí una pasta a la boloñesa. Al rato pusieron el plato a mi frente, se me hizo agua la boca, comí con ansias, todo estaba tan sabroso, el mesero interrumpió mi momento feliz, ofreciéndome algo de tomar, solicité un jugo de mora, asintió que en unos momentos me lo traían. Le regalé una sonrisa, seguí comiendo, saciando mí estomago feliz de recibir alimento, enseguida me trajo el jugo ya habiendo terminado con mi bandeja. Pagué en el cajero, y salí del local para coger mi furgoneta había mirado por ambos lados, mientras cruzaba la avenida, vi una luz que se acercaba a mi destino, sin darme tiempo para correr, mi cuerpo no había reaccionado ante ese aviso… sentí el impacto ante mi cuerpo enviándolo lejos de donde estaba, perdí la consciencia inevitablemente llevándome a un cielo negro y sin vida.
-Fin del Flash Back-
Desperté del aturdimiento, mi cuerpo estaba muy tensionado, un poco húmedo, Esme me miraba con ojos llorosos, estaba muy preocupada, mi corazón andaba a mil por hora con una energía palpitante llevando toda la corriente sanguínea violentamente. Ella me abrazaba y me decía que me calmara pronto, yo asentía para que no se preocupara. Le conté mi sobre mi recuerdo, ella sabía de esta situación, sino que no podía asimilar todavía mi accidente, pero le daba gracias por el inicio de él, para comprender un poco mejor la situación que me afanaba por conocer. Ofreció si podíamos cocinar para las dos, ya que Alice, Emmett y Edward estaban trabajando, además estaba feliz de tenerme en su casa. Accedí con un gesto lindo.
Bajamos, caminando a la cocina, para preparar el almuerzo, entramos a la actividad culinaria, cocinamos algo sencillo, había sugerido la pasta boloñesa, la cual acepto sin oponerse. Comenzamos con calidad de preparar ese menú con alegría. Terminamos de prepararlo, nos servimos y nos sentamos de nuevo en el comedor pequeño, compartimos un ratico del almuerzo, y lavamos la loza que habíamos ensuciado al preparar la segunda comida del día.
Esme me había propuesto que saliéramos las dos a hacer una actividad diferente que estar encerradas, acepté con gusto. Subí al tercer piso para lavarme mi dentadura y arreglarme para salir, lo hice en menos de 10 minutos, mientras bajaba al primer piso a esperar a Esme. Ella enseguida bajó por las escaleras, esta mujer no cambiaba, siempre cargaba su propio brillo, cada vez que la miraba, siempre estaba más hermosa, admiraba su elegancia innata para vestirse y reflejaba por cada poro de su epidermis, una suavidad tierna de piel cuidada y tersa.
Salimos a montarnos en el carro Mercedes, y partimos al lugar donde me guiara y me llevara, lo que no esperaba de su actitud tan maternal, llevándome a mi casa, yo quedé sin palabras, me invito que saliera con su asentimiento, mientras se bajaba, salí del carro, esperé a Esme que me guiara, me cogió de la mano poniéndolo de agarre a su brazo, caminamos hasta la entrada y ella golpeó al final.
Abrieron la puerta y estaba ante mí, mi madre como siempre bonita y hermosa con su aura infantil y alegre. Me saludó de abrazo y dos besos en mis mejillas, a Esme le saludo de abrazo y nos invitó que siguiéramos, entré y me senté en la sala, había extrañado no estar aquí en mi hogar, donde crecí como persona que soy hoy en día. Mi madre había ofrecido algo de tomar, pedí algo de tomar sencillo o lo que hubiere para que no se complicara, Esme también había pedido lo mismo que yo. Pidió permiso y se fue, observé a Esme que estaba sonriente, tanta calma que reflejaba desde su alma. Llegó mi madre con dos vasos de jugo, lo recibí mientras le ofrecía a Esme. Se sentó e iniciamos una charla amenamente, aunque no encajaba mucho allí, porque empezaron con sus cosas como ama de casa, pedí permiso para darles privacidad diciéndoles una mentirilla piadosa en ir a mi cuarto para buscar unas cosas.
Subí a mi cuarto, añoraba estar allí, busqué en el closet un dinero que había ahorrado, pronto llegaba las fechas decembrinas, guardé mi dinero en mi caja el bolsillo de mi pantalón, busqué mi libro de orgullo y prejuicio, lo guardé en una maleta pequeña, busqué otra ropita para no estar con el mismo atuendo, busqué cd's, y encontré uno sin marcas, ni etiqueta, lo puse en mi equipo pequeño, esperé pacientemente que arrancara, me llené de sus sonidos supremamente toxicantes y atormentador de almas, porque nunca lo había escuchado, la música de Edward, me recosté en la cama y amé estar aquí invadiéndome de sus notas musicales, inevitablemente intercepté mis ojos para relajarme.
El tiempo pasó inadvertidamente sin darme cuenta de ello, había oscurecido un poco la tarde, alguien me estaba acariciando la cabeza con un halo de dulzura y uno de sus dedos pasó por mi mejilla y reconocí su humor era Edward. Abrí mis ojos con lentitud, admiré su retrato ante mí como un querubín, cautivaba todo de él, su presencia, su locura, su amor y su sinceridad, aunque esta última cualidad no encajaba aquí en estos momentos, porque tenía que contarme algo de su pasado, como me había prometido. Se acercó a mi rostro dándome un beso dulce en mi frente y rozó mis labios como una caricia suave dejándome sin audacia. Su rostro estaba iluminado y sonriente, esa expresión que me mataba cada vez que me la proporcionaba gratis. Me corrí dándole espacio para que se acostara conmigo. Lo hizo grácilmente enredándose en mi cuerpo arrullándome como una bebe, cantándome una nana, me perdí en su murmullo de voz adictiva.
Nos llamaron desde abajo la mamá de Edward, nos miramos, nos dimos un mimo lindo, nos levantamos, saqué el cd del equipo y lo metí en una felpa y lo guardé en mi morral pequeño, bajamos al primer piso. Me despedí de mi madre acordando que en pocos días regresaría para compartir un momento especial con ellos, la navidad. Ella por su parte se despidió cordialmente de Edward con agite de manos y un abrazo con Esme. Deseé las buenas noches y saludos a mi padre. Salimos y vi solo un carro, giré mi cabeza a él y me sonrió, quedé con duda, de saber dónde estaba el carro de Carlisle. Esme entró en la parte trasera de pasajeros mientras entraba en la parte delantera y él cerraba las puertas de nosotras, fue hasta su sitio para entrar y comenzó a manejar, prendí el equipo para escuchar algo de música, y estaba anunciando una de Yiruma. Todos entramos en su mundo interior, pero interrumpí para preguntarle a mi adonis.
-¿Cómo te fue Edward?
-Bien mi diosa, muy bien.
-Me alegro mucho- sonreí.
-¿Y tu día como fue?
-Bien, también- respondí genial.
-Eso es importante cariño.
Asentí, giré mi cabeza para seguir admirando el paisaje, no me cansaba el color verde que me llenaba visualmente, amaba de ella cada minúsculo de ser vivo dentro de su hábitat, solo me cansaba de mucho frío que había épocas de invierno muy terribles. Ya estábamos en la época fría del año, llegamos, salí del carro ya que Edward con su gentileza abrió la puerta para irnos juntos, entramos a la casa, allí guardaba el calor familiar. Ya estaba Alice y Emmett viendo televisión, nos unimos a ellos, nos saludamos con un abrazo, aunque con Emmett no hacía falta el abrazo estilo oso. Dejé mi morralito en el piso, nos sentamos, pero yo quedé al lado del grandote abrazada. Vimos la serie Friends, y nos reíamos de las cosas causales de ellos como serie, así me encontraba con esta familia. Suspiré ruidosamente, todos giraron para verme y me sonrojé sin evadirlo.
-Y ¿eso Bella?- preguntó la enana.
-Nada- negué con la cabeza.
-Cuente hermanita- dijo el grandulón haciéndome un pucherito.
-Maldición, siempre haces chantaje emocional Emm.
Todos soltaron risas, mientras me enfurruñaba solita.
-De verdad Bella, cuéntenos.
Los miré a los tres, en esas se acercaron Esme y Carlisle, saludé amablemente a él, por su parte me regaló el saludo con una sonrisa preguntándome como había ido en el día. Le respondí con gratitud haciéndole la misma pregunta, contestó de una manera natural de su parte dando una expresión sabia de su personalidad. Volteé a mirar a los tres y estaban esperándome, yo les ofrecí un gesto de reproche, haciéndoles caer en cuenta que estaba aquí su padre, los tres me miraron de nuevo y miraron a sus padres sin encontrar razón.
-Está bien suspiré porque ustedes son mis grandes amigos, ¿quedaron contentos?
Todos agitaron sus cabecitas en razón mía menos una, estaba muy dolida por mis palabras. Me acerqué a él agachándome a su altura.
-Cariño, tú también forma parte de mi vida como amigo, compañero, amante, novio, o lo que sea pero que significa algo con más de amor- dije con ternura.
Asintió regalándome su sonrisa personal, rodeándome de sus brazos tiernos, fuertes y acariciadores de corrientes por mi cuerpo delgado, mientras le despelucaba su cabello. Me senté a su lado y seguimos viendo la serie, reíamos cada ocurrencia entre ellos.
-Niños a comer- gritó con dulzura Esme.
Edward apagó el televisor, caminamos todos al comedor, allí había chocolate, con un sándwich pequeño en queso fundido y jamón de pollo. Nos sentamos para deleitarnos y degustar la comida, mientras hablábamos de cosas triviales.
-¿Qué van a hacer el 24 de diciembre?- pregunté interrumpiendo un momento de silencio.
-Estaremos aquí reunidos, repartiremos regalos y comeremos una cena navideña, ¿porqué lo preguntas Bella?- constató la duende.
-Sólo quería saber, creo que pasaré la navidad con mis padres- dije pensando.
-Bella, tus padres están ya invitados aquí- contestó Esme.
-No sabía- dije sonrojándome.
-No te preocupes, por eso te llevé hacia tu casa, para poder platicar con tu madre.
-No hay problema.
Seguimos comiendo hasta terminar la cena, ayudé a levantar la loza que habíamos usado, y las llevé a la cocina, emprendí la limpieza de vajilla lavándolas, mientras Edward las secaba y las cuadraba en su sitio adecuado. Admirar este lapso de video, me llevó a pensar que sería un buen esposo porque le gustaba colaborar en las actividades del hogar, así que sería perfecto tenerlo a mi lado, sólo falta arreglar aquel asunto que lo ponía apático. Terminamos de hacer la limpieza, nos despedimos de la familia que estaban en la sala viendo noticias. Cogí mi maleta, caminamos hasta el tercer piso, por mi parte entré y él me siguió, prendió la luz, me recosté en la cama dándole espacio, y se acurrucó conmigo un ratito. Se levantó despidiéndose de mí, le deseé un buen día para mañana, nos besamos dulcemente y se fue cerrando la puerta a su vez agitando su mano con nostalgia, hice el mismo gesto.
Me cambié de ropas, cogí mi neceser, el baño tenía la puerta abierta, entré y cerré de ella para lavarme la boca, lo hice sin demorarme mucho, miré mi rostro en el espejo que proyectaba mi imagen, me cogí el cabello entrenzándolo, salí del baño y entré al cuarto. Apagué la luz, me metí debajo de las cobijas, buscando un poco de calor con la fricción de mis manos hacia las piernas con energía, cerré mis ojos, di las gracias al universo y pedí urgentemente a Morfeo que me recibiera entre sus brazos para descansar.
A media noche escuché que cayó un rayo tan cerca y tronó durísimo que me hizo despertar con sorpresa, empecé a ponerme nerviosa, odiaba los momentos de lluvia con truenos, no podría seguir durmiendo, me erguí saliendo de la cama, para buscar apoyo personal. Golpeé apaciblemente su puerta y solo escuchaba su respiración acompasada. Me atreví a abrir la puerta, no se inmutó de ello, seguí hasta verlo cerca y admirar su expresión tranquila en su rostro. Adoré este momento, cayó de nuevo un trueno escalofriante, que me hizo castañear los dientes un poco fuerte entrando a sollozar, había cerrado mis ojos con fuerza. Escuché su voz ronca que entraba por mis tímpanos como un éxtasis relajante entrante a mi cuerpo. Sentí sus brazos fuertes en contorno de mi cuerpo, me alivié de esa alucinación turbadora que estaba adquiriendo cada vez más con fuerza. Me alzó con calidad de ternura y me echó encima de su cama, se recostó al otro lado para apegarme a su cuerpo brindándome confianza y seguridad, cantó una nana para mí, agradecí ese gesto tan bello de su parte internamente, volví enseguida a dormir en sus brazos, abandonándome en ellos a través de su calor.
Se acercaba diciembre, un mes completamente agitado, colmando con una fuerza vital a cada familia de Fork, robando con intensidad sonrisas, abrazos, alegrías, saturando rincones de cada casa con alumbrados, pinos decorados, arreglos navideños, para recibir en sus propios brazos la navidad, una época tan nítidamente exclusivo celebrar en familias grandes con los abuelos, padres, hijos, nietos, biznietos; toda la familia reunida en un día magnífico. Todos se conmemoran con un presente para demostrar la calidad de amor hacia cada uno de ellos, o al menos el acto de estar con ellos da un significado alto y lleno de aprecio.
Los días pasaban como un soplo, pero los apreciaba y los atesoraba como un recuerdo bello con la familia Cullen. Esme me había invitado que la ayudara a decorar su casa, lo que indicaba con una sonrisa y asentimiento por hacerme parte de esta actividad atractiva. En un día de descanso, todos salimos de compras a Port Ángeles para comprar utensilios navideños para decorar, yo viaje al lado de Edward quien me llevaba con una agradable actitud conmigo, escuchamos diferentes canciones de nuestros gustos y cantamos algunas que sabíamos de memoria haciendo un dúo perfecto.
Llegamos al destino, bajamos, y esperamos a la familia en la entrada del centro comercial, estaba abrazada de él, caminamos todos, buscamos un almacén de decoración, el local estaba atestado de gente, no era motivo de perder el entusiasmo, pudimos hacer las compras según las indicaciones de Esme, con Edward buscamos diferentes papás Noel, que no hubiere en la casa guiada por él, encontramos uno que movía su cuerpecito meciéndose en una silla mecedora, tenía un libro donde una de su mano movía ojeando una hoja, enseñando que estaba cantando, porque movía sus labios, y emitía tres canciones navideñas. Nos gustó demasiado este papel Noel, adquirió Edward una caja para llevarlo bajo sus brazos, buscamos un ángel, miramos cantidad de variedad de ellos, encontramos uno que llevaba una vela, éste se encendía a través de la corriente, ensayamos uno y quedamos encantados de éste ángel, tenía un rostro lleno de ternura, traspasaba a cualquier alma con su simpatía, no dudamos en buscar una caja y ensayarla para llevarlo.
-Tú eres mucho mejor que éste ángel, conste que te lo digo- dijo guiñándome un ojo.
Me abochorné sin vergüenza, sus palabras sinceras a veces chocaban fuertemente mi alma y mi corazón haciéndolo más vigoroso.
-Tú también- confesé bajando mi cabeza poniendo como muro mi cabello. Sentía mi cuerpo que estaba abrasándose de calor. Otra palabra más de su boca me daría una combustión instantánea.
-No mi vida, tú eres la que reluce en mi vida, das mi brillo propio por tu reflejo- refutó con alma caritativa.
Ahora mi cuerpo reaccionó con energía, gimiendo sensiblemente ante sus palabras que agolpaban en mis oídos haciéndolos resonar dentro de mi mente como un eco varias veces.
Me abrazó sin darme cuenta de su actitud cogiéndome en sorpresa. Me llené de su excitación, compartimos una mirada llena de codicia y deseo carnal. Su entrepierna mostraba ambiciones hacia mí, mi cuerpo mágicamente se atiborró de combustión, sentí la humedad bajo mis bragas.
-¡Diablos!- susurré… con voz sensual.
Me pegó más a su altar corporal, me besó con coraje por recorrer cada guarida de mi boca con pasión. Nos separamos por falta de aire, suspiramos por nosotros dos. Un carraspeo sonó haciéndonos salir de nuestra burbuja. Nos separamos sutil, y giramos la cabeza quien era el que nos interrumpía, nada más y nada menos que era Emmett, negamos con la cabeza demostrando el no acuerdo.
-Tortolitos, deberían irse a un cuarto si tienen muchas ganas- rio estruendosamente.
Edward se puso muy serio, echando maldiciones con murmullos, mientras cogía mi mano para irnos de allí. Buscamos un carro para colocar los muñecos navideños, seguimos curioseando, recordé algo que deseaba regalar a Edward, mientras el miraba un muñeco alce, había dicho a él que me esperara aquí porque iba a buscar varias cositas, busqué unas semillas, un libro, una agenda. Encontré una caja rápida y pagué, empacaron mis cosas en bolsa negra, que había pedido amablemente a la joven. Rebusqué de nuevo a Edward, estaba ya reunido con su familia, haciendo cola para pagar los artículos que adquirieron. Vi dos carros lleno de mercancías, por la fila duramos media hora, pero no sentíamos el aburrimiento porque estaba reunida con Carlisle, Esme y Edward, los otros chicos estaban curioseando más cosas.
Terminamos el ajetreo, regresamos a la casa de nuevo, Esme entró siguiendo de largo a la cocina, a preparar unas onces, ya que estábamos toda la familia. Con Edward fuimos al segundo piso y entramos a su cuarto musical, me senté en un sofá al frente suyo, mientras él se sentaba en taburete de cuero, abría la tapa del piano, inspiró con sabiduría mientras en su mente se concentraba y hechizaba de su música. Con sus dedos ágiles danzaban sobre las teclas, anunciando una balada de sonidos confortantes que llenaban el ambiente, mi piel una vez más sus bellos se pusieron en alerta, sintiendo la energía que inundaba el lugar sagrado de mi adonis.
Unos golpes suaves distrajeron mi atención, entró Esme anunciando la asistencia a las onces, Edward dejó de tocar, bajó la tapa, me ofreció su mano, la agarré trayéndolo a mí y besarlo sin pudor, saboreé su lengua como sedienta de amor, su aliento descargaba a través de mi respiración, embriagué mi hocico de su olor masculino, nuevamente es inevitable no sentir mariposas en mi vientre agolpando con vigor la necesidad de un contacto íntimo. Cuando nos tocamos abajo, aprecié su dureza de nuevo, iniciamos con una guerra de besos y lamidas consoladoras por nuestros rostros, expiró bajo mi cuello, mi piel se perdió en sus caricias…
Un flash llegó a mi mente y aprecié un hombre ante mí, reaccioné violentamente, separándolo.
-¡Maldita sea!- dije con rabia.
Me levanté de la silla caminando como una fiera dando vueltas, tenía que arreglar el asunto con Jake, eso no se quedaba así, solo tenía una persona en mi vida y era Edward.
-Disculpame Edward, no fue mi intención separarte bruscamente, necesito arreglar con Jake, no puedo seguir así.
Salí de su cuarto, entré al baño y me encerré dentro de ella, mi cuerpo estaba con escalofríos, mientras susurraba su nombre. Me abracé para darme valor. Escuché golpes suaves en la puerta.
-Bella… ¿estás bien?- preguntó como un murmullo. Otra vez me perdí en su voz.
-Sí,… dame unos minutos, ve abajo y diles que ya bajo.
Miré al espejo, mi rostro denotaba desesperación, tenía dos amores, uno que tenía que acabar como correspondía ser y el otro como debía seguir. Me eché agua, me tranquilicé respirando enérgicamente. Ya estaba calmada, bajé para ir al comedor, me senté y todos me dieron una sonrisa de bienvenida. Comí con desgana, pedí perdón a Esme internamente, se me había quitado el apetito. Terminamos de cenar, pedí permiso y despedí con unas buenas noches a todos. Seguí hasta mi cuarto y me encerré en ella, me puse el pijama y me metí debajo de las cobijas, mis ojos comenzaron a picar, sin remedio inicié mi llanto para desahogar mi alma con esos encontrones inesperados, no di cuenta a qué horas quedé rendida ante el sopor del sueño, mientras Morfeo abría sus brazos y enredarme en ellos para descansar.
Puede que el capítulo tenga errores, no he tenido tiempo de revisarlo, pero quedé contenta de ella, me avisan si no les gustó, ^^ el próximo tendrá una ocasión navideña :)
Gracias a las chicas que me alimentaron con un review, así mismo tomo buenas críticas constructivas, recuerden, eso forma parte del proceso de aprendizaje tanto para mi como para ustedes. Las que no me dejaron un rw no se preocupen, el hecho de visitarme y leer es un aliciente para mi. He visto que ya no comentan tanto como antes, no me voy a deprimir ante ello, pero si pediré especialmente a cada corazón latiente, ¿puedes recomendarme? agradezco que puedan hacerlo para apoyarme. Gracias de nuevo.
Nota especial: Lamento que éste martes no haya nuevo capítulo, pero hasta el próximo viernes subiré nuevo, tomaré eso con cada viernes como dosis semanal, me ha quedado difícil llevar el ritmo de martes y viernes, por lo que yo anteriormente tenía avanzado hasta el septimo y había aprovechado en compartirlas con ustedes. También para decirles que pasé el semestre limpio, ya no tengo más presión con respecto a la universidad y estoy libre! jejejejeje xD
Las amo mucho. Un abrazo, desde Colombia. Con afecto Kathy.
