Disclaimer: La saga Twilight, no es mía, es de la maestra y majestuosa Stephanie Meyer, yo solo hago una travesura con los personajes, porque mi musa ha estado furiosamente al lado mío, mientras voy escribiendo. No me maten es mi primer fic. ¡Bienvenids!
Recomendación musical: I Want To Know What Love Is – Mariah Carey
Noveno capítulo:
Una navidad agitada
POV Bella
Los primeros días que transcurrían en el mes de diciembre, a veces no se alcanzaba a disfrutar bien, por los compromisos, por las compras de regalos, por la decoración de la casa, por querer encontrarse con nuestros seres queridos para desearse una feliz navidad y buenos deseos, y con los amigos, aquellos que no se olvidaban por la amistad que llenaba en nuestras vidas. En la sala me encontraba divagando en mi amiga Ángela para adelantar cuaderno con ella, pensé en llamarla e ir a visitarla, aceptaría con satisfacción ya que deseaba verla y compartir momentos especiales entre las dos. Marqué su número, esperé un tono de descuelgue.
-Sí
-Hola Ángela.
-¿Bella?
-¿Quien más iría ser?
Risa por el otro lado del teléfono.
-Era molestando Bella, qué alegría escucharte ¿cómo has estado?
-Bien hermosa, bien. Y ¿tú?
-Bien amiga. ¿Qué es de tu vida?
-Si te contara, pero no alcanzo relatarlo por teléfono- confesé con risa.
-¿Cómo así?, ¿qué ha habido de nuevo?- preguntó la aludida.
-Así como lo oyes, a propósito ¿tienes tiempo hoy? O ¿tendré que pedir una cita?- examiné con una carcajada.
-¡Oye!- chilló, -me has dejado indignada Bella.
-Molestando amiga.
-Si tengo tiempo hoy, ¿vendrías?
-Sí, pasaría más tarde que desayune e iría.
-Te espero linda.
-Bien, nos vemos más tarde.
-Ok, chao- y colgó.
Ángela, es una persona extremadamente cariñosa, nadie podía enojarse con ella, porque inspiraba una energía tremenda para amarla sin pedir nada a cambio. Hablé con Esme, sobre mi visita a mi amiga, para decirle que no vendría hoy y tal vez mañana tampoco, ella sonrió ante mi petición.
-Cariño, no te preocupes, tú eres libre de hacer lo que desees- constató maternalmente.
-Pues, cómo llevo muchos días aquí- respondí abrasándome.
-No hay problema, ve y diviértete, cualquier cosa avísanos, estaremos aquí- expresó, cogiendo mi mentón para observarme. Me embargó tranquilidad a través de sus ojos, sonreí.
-Esme…, puedo llevarme un carro para trasladarme a donde mi amiga.
-El único carro disponible es el Aston Martini, de Edward.
Gemí, era un carro muy ostentoso para mí, pero acepté porque no había más carros. Asentí, diciéndole que lo cuidaría como mi propio hijo. Ella rió por mi ocurrencia, afirmando.
Subí al tercer piso, para coger un poco de ropa, neceser y la guardé en mi morral que había traído de mi casa, llevé el cd para escucharlo con Ángela. Bajé y caminé hasta la cocina, ella estaba terminando de preparar el desayuno, me senté en la mesa, giró su cabeza y me sonrió, sirvió dos tazas de té y los trajo para colocarlo en la mesa, volvió de nuevo para traer el plato de tostadas y regresó con ellas, las colocó aquí mismo, se sentó y empezamos a desayunar, mientras hablábamos de cosas triviales, terminamos el desayuno, prometí que la llamaría para cualquier inconveniente, sin embargo también le había comentado que si en caso no vendría mañana sino hasta pasado mañana, ella aceptó sin rechistar. Me levanté, cogí la loza y la lavé, ella ayudo a secar platos y pocillos, los guardó en su sitio correspondiente. Nos abrazamos, me regaló un beso en mi frente, así como les regalaba a sus hijos.
-Bella, cuídate por favor, no queremos perderte de nuevo- expuso con voz triste.
-Esme, no te preocupes, yo me cuidaré y tampoco quiero perderlos, lo tendré en cuenta.
Me acompañó hasta el garaje, abrió la puerta, me entregó las llaves del carro y despidió con su mano agitando, mientras me dirigía al carro, desbloqueaba y entraba dentro de él, hacía el mismo gesto devolviéndole la despedida. Prendí el carro y lo puse a andar, manejé hasta el destino de mi amiga. Llegué a donde ella, agradecía que tenía un garaje, aparqué el carro cerca a la puerta, salí de ella y bloqueé el carro, caminé hasta la puerta mientras timbraba. Abrieron la puerta y salió mi amiga, sonreí internamente, suspirándola por verla. Me sonrió alegremente mientras me abrazaba.
-Bella, cuánto tiempo sin verte.
-Si linda- sonreí para ella, ella abrió espacio para que entrara, su casa guardaba un olor de panadería. Seguí caminando hasta la sala, las tantas veces que venía acá desde que se graduó ella como fotógrafa, tenía varios cuadros de fotografía capturando los toques mágicos impuestos en ellas. Me senté, realmente era un sitio acogedor, ella se sentó a mi lado y empezamos a platicar.
-¿Cómo te ha ido con el secuestro?- rio expresándolo.
Yo la observé con los ojos entrecerrados y levanté una ceja.
-¿Tú lo sabías?
Soltó una risa nerviosa.
-Con tu actitud ya me estas confirmando, lo sospecho- seguí molestándola, ya me había dado cuenta que era cómplice con ellos.
-Ay, Bella no quise decirte nada, me pidieron el favor especialmente, colaboré con la idea de Emmett, a él le di la dirección de donde trabajabas- confesó girando su cabeza a mirar otro lado.
-Ánge, mírame por favor- pedí con amabilidad.
Giró su tierna cabeza, con una mirada llena de pena y tristeza. La rodeé de mis brazos, pronunciándole seguridad. Ella me apreció, agradeció con un gesto cargado de amor a mi persona.
-Perdóname Bella- susurró recostando su cabeza en mi hombro.
-Eso es pasado, no me arrepiento- sonreí.
Ella arrojó una lágrima suave que rodaba a través de su mejilla, pasé un dedo por ella para limpiarla. Le regalé un beso en su frente, se alejó sutilmente. Entramos a conversar y adelantar el cuaderno, contándole sobre mis recuerdos que habían llegado estando en la casa de los Cullens, ella daba el cien por ciento de atención a todo lo que relataba con detalles, muchas veces se sorprendía al ver como trabajaba mi cerebro, otras quedaba en shock asimilando las ocurrencias mías. Me gustaba contar mis experiencias a Ángela, me acompañaba en su comprensión y sabiduría por cada emoción contraída en el viaje de remembranzas, nunca reprochaba ante mi carácter al tomar decisiones, me apoyaba sin rechistar.
Se levantó del sofá, haciéndome un mimo para que la siguiera. Entramos a la cocina, había mirado el reloj de pared y reflejaba la una de la tarde, no sentía la mañana que transitaba mágicamente rápido. Ella puso a calentar el almuerzo, mientras sacaba los platos para servir, los llevo a la mesa de su cocina, una pequeña acogedora mesilla con dos puestos, colocó en cada lado un plato grande, regresó de nuevo a suministrar la comida en cada plato correspondiente, y trajo de ellos para colocarlos encima, me ofreció la silla, la cual me senté enseguida, ella hizo la misma actitud, comenzamos a almorzar, todo delicioso hecho por su propia sazón. Terminamos, ayudé a llevar la loza para el fregadero, ella instintivamente me separó de ella, porque sabía que yo hacía cualquier cosa sin importar la situación.
Lavó los platos, mientras los secaba y los guardaba en su propio lugar, regresamos a la sala, nos sentamos de nuevo, seguimos platicando más sobre nuestras vidas, propuse que saliéramos que me acompañara a comprar los regalos, accedió a acompañarme, saqué mi billetera del morral y salimos para entrar al carro. Arranqué y viajamos a Port Angeles, por todo el camino íbamos cantando de nuestras canciones preferidas, me embargó una duda, con mi dedo presioné un botón para bajar el sonido de la música.
-Ánge, ¿puedo hacerte una pregunta?- miré recelosa mientras manejaba.
Afirmó.
-Lo de mi accidente… ¿fue producido en Port…?
Reafirmó nuevamente.
-Y como supieron, ¿quién me salvó la vida?
Ella empezó a ponerse nerviosa. Negó con su cabeza.
-Lo siento Bella, eso no me corresponde contestar tu pregunta- giró su cabeza hacia el vidrio, sin mostrarme su acongojado rostro.
Tomé una actitud violenta dando un golpe encima de la cabrilla, sonó el pito asustando a mi amiga, reaccioné echando maldiciones mentales, nadie puede soltar una bendita confesión, lo que me faltaba, solo Edward podía contarme ello, pero acaso el tuvo que ver con el accidente… mi cuerpo comenzó con la picazón por cada músculo con un temblor despectivo inevitable. A orillé el carro, para respirar aire puro, salí del carro, caminé un poco hacia dentro del bosque, me abracé mientras me llenaba de su aire gratis, para quitarme ese dolor que acumulaba sin piedad bajo mi corazón. Enseguida sentí unos brazos que sujetaba y colmaba mi cuerpo delgado con su sabia paciencia.
-Tranquila Bella…- susurró en forma melódica haciéndome bajar la guardia.
-Edward tuvo que ver con eso…- lo dejé en forma de pregunta.
-Bella… solo te puedo decir que no, pero está implicado en ello- respondió
Sin saber que decir, mi rostro y mis ojos comenzaron a empañarse de lágrimas sin frenar, chille duro mientras mi cuerpo se embargaba en temblores, me deje caer en el pasto, inmediatamente mi amiga siguió abrazándome seguía reconfortándome.
-Este dolor me está matando Ange- musité entrecortada.
-Lo sé, lo sé, quisiera quitártelo, no puedo meterme en ello, te pido perdón de corazón- me soltó mientras se colocaba al frente mío, levantaba mi mentón para que la mirara.
La abracé como si dependiera albergándome en ella, sus brazos tomaron fortaleza para colmarme de la suya, adquiriendo valor en mi yo interior. Me separó con suavidad regalándome un gesto tierno de su parte, ella también había arrojado lágrimas compartiendo conmigo el dolor. Caminamos regresando al carro de nuevo para emprender a Port Ángeles. Aumentamos el volumen de la música, ya estaba más relajada solo faltaba unos kilómetros para entrar a la ciudad pequeña. Llegamos y buscamos una tienda de maletería, encontramos el local, una señorita muy amable nos atendió, pregunté por una maleta en cuero de oficina para hombre, me mostró caminando a su lado varias de ellas, escogimos con Ángela una que nos dejó sin respiración, era la adecuada para el padre de Edward, pedí si podían colocarle una chapa contramarcada con su nombre, ofrecían este tipo de accesorio, solicité cordialmente uno con el apellido de Carlisle, pagué y vendría mañana a recoger el paquete.
Salimos del local dirigiéndonos al carro de nuevo, entramos en él, arranqué el carro y abrimos espacio para marchar con él. Buscamos un spa para solicitar dos pases y regalarlos, hallamos uno, paré el automóvil, salimos y entramos al negocio. Un aviso que demostraba un descuento, lo cual aproveché para preguntar de varios planes que incluyera el descuento. La recepcionista nos pidió simpáticamente el sentarnos, nos asentamos en nuestras sillas respectivas, comenzó mostrando los diferentes planes que incluía las diversas actividades dentro del paquete. Asentíamos con cada pase que ofrecía, me gustó uno donde era sencillo para darle a mi madre, y el otro para Rosalie investigué uno de más calidad, calculaba el precio mentalmente lo que disponía del dinero para gastar. Con Ánge, miramos el de Rosalie y verificamos de nuevo el plan que estaba a mi gusto para ella, dispuse cerebralmente y acepté con gusto los dos planes que podía llevar a cabo pagándolo. Me dieron los dos pases, agradeciendo a la vez a la señorita por su atención y amabilidad.
Salimos del negocio y entramos al automóvil de nuevo, pregunté a mi amiga del alma, si ella deseaba comprar algo, negó con suavidad, había pasado varias horas desde que salimos de su casa, ya que el cielo empezaba a oscurecerse, la invité a comer, buscamos un local de comidas rápidas ya que ella tenía antojos de pizza, la observaba sutilmente, la palabra antojos significaba más, así que armé de valor para quitarme la curiosidad que rondaba por mi mente.
-Ángela, ¿tú… estás embarazada?
Me miró como si tuviera otra cabeza sorprendida.
-¿Cómo se te ocurre?- comentó indignada.
-Sólo pensé amiga- solté la risa sin aguantarme. Ella se puso más seria como si la hubiera ofendido, negaba con mi cabeza.
Aparqué el auto, entramos al restaurante, nos sentamos mientras esperábamos un mesero.
-Voy a comer pizza hawaiana.
-Yo creo que voy a comer una pizza ranchera.
Apareció una mesera, preguntó por nuestro pedido y de tomar una limonada y un Sprite. Cada uno entramos en su propio mundo mientras esperábamos el pedido. A los cinco minutos nos trajeron la pizza y las bebidas. Iniciamos la comida, comimos con antojos mientras charlábamos de cosas sin importancia, terminamos de cenar, pagué y arrancamos ya de vuelta a Forks. Me encontraba manejando cuando me asustó ella con un agite de sus manos en mi brazo pidiendo urgentemente parar, lo aparqué bruscamente a orillándome, abrió la puerta violentamente mientras se agachaba y empezaba a vomitar, salí del carro para acompañarla, le sobaba la espalda para que no sufriera de tantas convulsiones. Terminó su rito inesperado, se recomponía de la actitud involuntaria de su cuerpo, estaba supremamente empapada, la observé muy pálida, le ofrecí llevarla a una clínica y negó alegando que tal vez había sido la pizza. No le dije nada, la ayudé a levantarse para acompañarla al carro y se sentara. Puse en marcha el carro, íbamos a mitad del camino, llegamos a la casa, su cuerpo estaba con una tembladera sutil, entramos a la casa, la acompañé hasta su cuarto, le pedí que se acostara y le llevaba una aromática.
Caminé hasta la cocina a preparar una infusión de hierbitas para calmar y reponerla de su estado estomacal. Subí hasta el segundo piso con el pocillo, se lo ofrendé la cual aceptó y tomó un sorbo de ella.
-Gracias Bella.
-De nada Ánge- contesté asintiendo.
-Esta rica la aromática- sonrió al probar nuevamente la infusión.
Asentí, aprobando su piropo.
Me senté en un sillón, mientras veía a ella tomar el agua con lentitud. Terminó al momento, pedí la taza, ella me lo pasó, bajé y lavé la loza sucia. Subí nuevamente, entré y acompañé otro rato a mi amiga.
-Tu esposo, ¿a qué horas llegas?
-Estará llegando a las diez de la noche.
Miré mi reloj y reflejaba las nueve y media de la noche. Acompañaría otro rato a mi amiga mientras llega su esposo.
-Bella…- susurró débilmente.
-Ánge…-vociferé un poco duro, mientras giraba mi rostro hacia ella porque tenía los ojos cerrados. La estuve moviendo para que abriera sus ojos y nada que los llegaba a mover. Mi cuerpo empezó a ponerse tembloroso por la situación que confrontaba. Llamé inmediatamente a Edward para que me colaborara a bajar a Ánge para llevarla a la clínica lo más pronto posible. Marqué, al segundo tono contestó.
-Mi vida- respondió en forma sensual.
-Edward…- contesté un poco brusca.
-¿Qué te sucede mi diosa?- preguntó preocupado.
-Puedes venir hasta donde Ánge ya, se me desmayo y no responde- confesé acongojada.
-Ya voy mismo para allá, estoy cerca, estoy allí en unos minutos.
-Te espero- y colgué.
Seguí llamándola, pero no me respondía con alguna señal, traté de levantarla, pero sentía el doble del peso de mi cuerpo, esperaría pacientemente a Edward. Enseguida llegó timbrando, bajé inmediatamente, suerte que no me había tropezado en la bajada de las escaleras. Abrí la puerta y entró mi adonis bastante preocupado. Lo invité que fuera al segundo piso, mientras buscaba las llaves de la casa en la cocina. En su momento más rápido vi bajando Edward con ella cargándola en sus brazos fuertes, seguía hasta el carro, yo salí detrás de él cerrando la puerta, luego abrí la puerta trasera para que él la acomodara en el puesto, entré en ella para acogerla en mis brazos, y Edward por su parte entro corriendo a su lado para arrancar el carro, a los pocos minutos encontramos el hospital, aparcó el carro con agilidad mientras abría la puerta de mi lado y él la sacaba con seguridad y rapidez para entrarla al hospital, seguí caminando a su lado un poco desesperada, encontramos una camilla, apareció una enfermera.
-¿Que tiene la señorita?- mientras revisaba sus signos vitales
-Ella se desmayo, pero antes había vomitado- contesté nerviosa.
-Voy a hacerle unos análisis de sangre- miró dubitativa.
-Sí ¿qué debo hacer?
-Rellenar este formulario- ofreció dándome un papel. Miré a Edward y me acompañaba.
Me senté en una silla y empecé a anotar los datos importantes de mi amiga, sentí un beso suyo en mi mejilla, giré mi cabeza y admiré su semblante, estaba cansado y tenía ojeras, levanté un dedo mío y lo acaricié bajo sus ojos.
-¿Qué tienes cariño?
-Nada corazón, el trabajo, me tocó un día bastante pesado.
Sonreí para ayudarlo a relajar, seguí concentrada en el formulario. Terminé de completar todos los datos, busqué la enfermera que estaba en un cuarto, miré a mi amiga y todavía seguía inconsciente, la enfermera rubia tenía un frasco de muestras de sangre que salía de la habitación ofreciendo quedarnos con ella, mientras buscaba a un doctor. Admiré la blancura que rodeaba su rostro decaído y sin vida, tan solo respiraba pero inocente de lo que le rodeaba. Abracé a mi Edward mientras esperábamos pacientemente al doctor.
-Buenas noches-
Salí de mi ensueño que había adquirido por estar refugiada en los brazos de mi adonis.
-Buenas noches Doctor- susurré escuálidamente.
-¿Cuáles fueron los síntomas de la paciente?- examinó atentamente a mí.
-En las horas de la tarde, comimos pizza, luego de un rato que veníamos viajando por carro, pidió urgentemente que parara porque tenía ganas de vomitar. Así sucedió, vomitó todo lo que había comido, luego de estas, llegamos a la casa y la noté muy pálida, pedí amablemente que se recostara en su cama mientras le llevaba una infusión aromática.
-Comprendo, esperaremos los resultados- objetó mientras revisaba a ella todos sus signos vitales.
Llegó la enfermera con unos papeles en sus manos entregándolos al doctor. Los ojeó y nos miró a los dos.
-¿Sabían ustedes que ella está embarazada?- inquirió misteriosamente.
Miré a Ángela y sabía desde mi corazón que ella estaba preñada, pero no quiso admitirlo. Admiré el semblante del doctor.
-Lo sabía pero no podía demostrarlo si verdaderamente estaba embarazada o no.
-En resultados, ella está embarazada, tendremos que hacerle otros análisis para saber cuánto tiempo lleva de embarazo.
Admití.
-Pero, ¿cuándo reaccionará ella?
-En un rato ya estará saliendo de su desmayo.
Salió de nuevo el doctor con la enfermera, dejándonos solos, Edward me miró con intensidad, acercándose a mi rostro, nos regalamos un dulce contacto de labios, llevándome hasta el cielo por su gesto hermoso y tierno hacia mi persona. Me despegué gradualmente para acercarme a mi amiga, la vigilé hasta que llegara el doctor. Regresó en un instante la enfermera, con un algodón y un líquido, observé que era alcohol, empapó con un poco de él y lo pasó por la nariz de mi amiga. Apenas reaccionó moviendo sus parpados haciendo una mueca.
-Mm- susurró ella débilmente mientras abría sus ojos.
-Ánge… me escuchas- hablé con energía contenta.
Volteó su cara buscando el sonido y me miró dibujando una sonrisa endeblemente.
-Don… de es… toy- preguntó con voz ronca.
-Amiga, estas aquí en la clínica, te desmayaste- la contemplé con intensidad.
Abrió sus orbitas con exageración, había tratado de pararse, pero la enfermera había impedido ello.
-Señorita Ángela, tenga la amabilidad de recostarse de nuevo, mientras el Doctor regresa de nuevo- pidió con exigencia.
Tomo una actitud autómata ante el pedido de la enfermera. Ella me había mirado perdida y no comprendía el momento de su inconsciencia. La calmé acariciándole su cabeza. Regresó el Doctor.
-Ya se despertó la paciente, ¿cómo te sientes?
-Bien Doctor, pero ¿qué hago aquí?
-Tranquila Señora Ángela, no ha sido nada grave, sólo son buenas noticias- sonrió dándole seguridad abrazando el hombro de ella. Mi amiga por su parte estaba deduciendo mi inquietud que le había dicho en la pizzería.
-Y ¿cuál es la buena noticia?- examinó sutilmente con temblor.
-¿Estas preparada para ello?- inquirió el médico profesionalmente.
Asintió con curiosidad.
-Estas embarazada, felicitaciones, serás mamá- comentó el Doctor con emoción.
Ella escuchó esa noticia y se les aguaron los ojos inevitablemente. Yo me acerqué para abrazarla y felicitarla por mi parte, me aleje con suavidad, admiré su cara y tenía unas lágrimas acercándose a sus ojos. Edward también la abrazó susurrándole palabras de aliento a su persona. El doctor pidió amablemente que la dejáramos descansar y que pudiéramos ver por ella mañana. Ella coincidió que la dejáramos sola, pero me negué evidentemente no deseaba dejarla sola, además que me había acompañado en los momentos más difíciles de mi vida.
-Bella ve a descansar tu, hazlo por mí- expresó con ternura.
-Está bien hermosa, vengo por ti mañana-
Nos despedimos con un abrazo fuerte, diciéndole que vendría en la mañana temprano. Edward por su parte se despidió de ella con un beso en su frente deseándole que se repusiera y descansara. Salimos los dos de la habitación cogidos de las manos, llegamos hasta la salida y nos miramos.
-Gracias corazón- susurré sensualmente en su oído.
-De nada mi diosa- contestó en forma suave y gentil.
Caminamos hasta donde estaba su carro, abrió de él para entrar y sentarme, lo realicé en forma desganada. Viajamos de nuevo hasta la casa de Ángela, aparcó su carro y me miró dudoso.
-Yo me sigo quedando aquí Edward- indiqué con firmeza.
-No hay problema princesa- asintió con tristeza.
-Pasa buenas noches cariño- me acerqué abrazándolo y dándole una caricia melancólica en sus labios.
-Tú también hermosa, aunque no las pasaré bien- expresó triste.
-Tú puedes cariño, esta separación también la hago es para arreglar mi situación con Jacob.
Afirmó con apatía. Me bajé del carro, cerrando a su vez la puerta agitando una mano mía en señal de despedida. Entré a la casa, y cerré de ella con mi corazón latiendo fuertemente. Lo extrañaba terriblemente, subí al segundo piso, me cambié de ropas, me acosté y cerré los ojos lánguidamente. En un rato ya estaba perdiéndome en el mundo de los sueños cuando sentí varios golpes en la puerta. Me desperté furiosamente, levantándome y acercándome a la ventana, divisé el carro volvo de Edward… mis ojos se abrieron abruptamente. Bajé corriendo por las escaleras a abrirle.
-¿Qué pasó cariño?- constaté sorprendida.
Entró abrazándome fuerte, sentí un olor ligero de… alcohol. Me separé abruptamente de él prendiendo la luz del pasillo, como todo estaba oscuro no me había fijado que estaba un poco tomado.
-Bella…- me miró perdido hacia mí.
Se encontraba sonrojado, con un semblante serio y triste, no había una pizca de él alegría, solo existía en su alma como la melancolía y pesadez de congoja. Cogí su rostro para buscarle sus ojos hacia mí, pero se les desviaba con facilidad. Cerré la puerta, lo guié subiendo por las escaleras para que se acostara conmigo. Lo senté en la cama, le quité los zapatos, le quité la chaqueta, su corbata y la camisa, quedó en camiseta, le solté un poco el pantalón quitándole la correa. Lo acosté dentro de las cobijas, entró enseguida al universo de Morfeo. Baje para apagar la luz y volver a acostarme, me acurruqué a su lado, donde abrió sus brazos y me refugié en ellos.
Abrí mis ojos por el rayo del sol que pegaba justamente en mi párpado haciendo fuerza, hice pereza, elevando mis brazos y escuché un sonido, giré mi cabeza al otro lado y estaba mi adonis bello durmiente, le di un beso en su frente, donde movió sus párpados abriéndolos poco a poco, me curioseó, me di cuenta que tenía una pelea mental.
-Tranquilo cariño, no ha sucedido nada- lo abracé con amor proporcionándole confianza.
Me sonrió e hizo un gesto doloroso, donde levantó su mano y lo colocó en su cabeza.
-Me duele la cabeza- comentó con voz ronca.
-Si mi adonis, anoche estuviste tomando y llegaste aquí, ¿cómo lo hiciste?
Cerró sus ojos como si quisiera meterlos dentro de su cabeza.
-Ay Bella, perdóname por favor, no sé qué me pasó, recuerdo cuando fui a un bar sintiéndome como el ser más miserable del mundo, bebí pero no fue mucho.
-¿Porqué te sentiste así cariño?
-No puedo decirte, sólo me llegó el recuerdo y quedé destrozado nuevamente.
-Edward…- me paré de la cama ya entrando a la irritación, evidentemente ya lo mostraba por mis poros. Maldita situación, otra vez con lo mismo.
-Amor…- susurró con desconsuelo.
-No, Edward, me estoy cansando de esta circunstancia, me pones entre la espada y la pared, te advierto, pronto necesito saber de tu desaparición en mi vida- constaté enojada al cien por ciento. Estaba cansada de ello, necesitaba hacer algo para quitármelo de mi cuerpo, -Nos vemos en estos días en tu casa.
Me fui para el baño, encerrándome allí, me despojé del pijama y entré a darme un baño para olvidar el momento. Escuché sus golpes por la puerta del baño, pero los ignoré, cesaron de ellos, mientras cerraba la llave de la ducha, escuchaba que bajaba al primer piso y abría la puerta de la calle cerrándola. Varias lágrimas arrojaron combinándose con el agua, me agaché y me abracé fuertemente, sollozando hasta no más poder. Terminé mi baño, me sequé y salí al cuarto para vestirme, me acerqué sigilosamente por la ventana y no había rastros del volvo. Me vestí para salir a recoger a mi amiga y traerla a la casa. Salí y entré al carro, expresé una blasfemia, el carro es de Edward, todo de él invita amarlo sin condiciones y perdonar su desaparición. Puse a andar el automóvil, llegué sin demorarme tanto a la clínica, aparqué y entré al lugar, pregunté a una enfermera para poder visitar a mi amiga. Le di el número de su habitación, me guió nuevamente al sitio, entré y estaba ella radiante y feliz.
-Buenos días la mamá más hermosa del mundo- saludé con alegría.
-Bella…- contestó con delicadeza.
-¿Cómo te sientes?
-Bien amiga, te estaba esperando porque ya me dieron de alta, sólo falta que tú firmes- contestó observándome con curiosidad poniéndome incomoda, agaché mi cabeza.
-Bella ¿qué te sucede?, tienes los ojos rojos- examinó levantándose de la cama.
Mis ojos estaban picando de nuevo, tenía un nudo en la garganta que no me permitía hablar con fluidez.
-Nada…- susurré con voz entrecortada, mientras me abrazaba.
Me rodeó de sus bracitos enfundándome valor y apoyo moral, inevitablemente empecé a gimotear de nuevo. Necesitaba sacarme ese nudo ya de mi cuerpo, me estaba haciendo mucho mal.
-Vamos y ahora me cuentas ¿sí?
Asentí, fui hasta la recepción para firmar el alta de mi amiga, la esperé en la entrada para acompañarla. Salió ella y la acompañé hasta el carro, le abrí la puerta, entró y se sentó, cerré la puerta mientras iba caminando para mi lado entrando y puse a caminar el carro. Llegamos a la casa en un silencio absoluto, porque no deseaba platicar, sólo necesitaba recobrar fuerzas para hablarlo con ella. Nos entramos y nos sentamos en la sala, ella se acomodó en un sillón y yo esperé pacientemente la invitación. Asintió y comenzamos la charla habitual, se quedó sorprendida cuando le conté que había venido Edward un poco tomado, y lo de la medio discusión con él en el desacuerdo. Ella negó un poco con su cabeza estando en el acuerdo de Edward, yo me sorprendí por la actitud de ella.
-No es lo que piensas Bella…- contestó suave.
Mi mente estaba como una bomba para estallar, maldije nuevamente, mi estomago gruñó fuertemente, miré a Ángela y estaba atorada de la risa por mi canto inesperado. Me dirigí hasta la cocina a preparar el primer día del desayuno. Terminé con ello y serví en el comedor de la cocina, llamé a Ánge y la invité, desayunamos tranquilamente, terminó ella ávidamente el desayuno sin darme cuenta que iba hasta ahora en la mitad. Terminé con la comida, levanté los platos de la mesa y los lavé. Ella ya había subido a su cuarto, que deseaba descansar un rato allí. Salí por el patio de la casa, era un precioso pequeño jardín, me recosté en el pasto y cerré los ojos. La luz que me embargó haciéndome regresar a mi pasado.
-Flash Back-
Todo azul celeste en el espacio cuando abrí mis ojos, estaba en un cuarto inmaculadamente solemne y ordenado, era el cuarto de Edward, lo reconocí por el olor. Giré mi cabeza y estaba mi adonis durmiendo apaciblemente. Lo besé en sus labios probando su miel de la alborada, suspiré fuertemente por el mimo que había hecho. El despertó con fineza abriendo sus párpados, con sus ojos penetrándome hasta lo más profundo de mi alma, había susurrado una palabra deliciosa para mis tímpanos, amaba irremediablemente con locura a este hombre, cualquier actitud suya me hacía temblar el camino por donde pisaba.
-Buenos días princesa.
-Buenos días mi amor.
Nos besamos con un toque de amor y alegría, volviéndonos sedientos de nuestros besos.
-Te voy a extrañar mucho amor, un año es un año sin verte- confesé tristemente.
-Y yo más amor, no te imaginarás que estaré lejos de ti y solo allá en Londres- expresó con una tristeza profunda.
Asentí, mientras nos levantábamos, ya que viajaba hoy mismo. Entramos a darnos un baño relajante, tan solo unas caricias y unos besos desesperados recorrían por nuestros cuerpos. Acabamos con el baño, cada uno se vistió, apenas estaba ya nerviosa porque no quisiera que se fuera tan lejos, pero es su sueño y lo apoyaré, desayunamos en carreras con la familia.
Salimos con toda la familia para el aeropuerto, viajamos hasta Port Ángeles para que viajara mi adonis. Llegamos a la entrada del lugar que menos ansiaba estar allí, vendría la dolorosa despedida la cual no deseaba hacerlo. Edward llegó a hacer fila para pasar por la ventanilla para registrar su pasaje, demoró un poco mientras lo esperaba, estaba preparándome físicamente y mentalmente separarme de él por tan solo un año.
Llegó el momento menos ansiado, nos miramos un largo rato, nos abrazamos con ímpetu.
-Te amo mi diosa- susurró en mi oído derecho.
-Yo también, más de lo que te imaginas- constaté con voz entrecortada.
Nos besamos largo, cuando anunciaron la salida para coger el avión, mi cuerpo se estremeció tan solo dejar de sentirlo en mi cuerpo, mi rostro ya estaba empañado de lágrimas. Edward se acercó a darme otro abrazo para reconfortarme.
-Mi princesa linda, yo vendré por ti en un año, solo espérame corazón.
Asentí con suavidad ofrendándole seguridad y confianza para esperarlo, todo por el amor hacia él. Le regalé una de las sonrisas que le gustaba solo para él. Me devolvió una de las suyas haciéndome latir fuertemente mi motor de la vida, nuevamente nos dimos otro mimo cariñoso de labios.
-Cuídate y suerte allá- sonreí triste.
-Gracias amor, te amo mucho- expresó acongojado con unas lagrimas en sus ojos. Les pase mis dedos para limpiárselos.
-Por favor… te están esperando- murmuré mientras me recomponía para regalarle otra sonrisa fuerte.
Asintió y se despidió de la familia con agilidad y fue hasta la entrada para abordar. Mi cuerpo otra vez sintió la soledad y melancolía que transmitía cada poro de mi piel. Me abrazaba mientras sentía unos brazos rodearme en mi cintura, sabía que era la enana, ella también estaba sollozando ligeramente.
-Fin del Flash Back-
Abrí mis ojos y sentí con una brisa gélida que acariciaba mi rostro sintiendo más frio en algunas partes. Palpé mi cara con mis dedos de la mano derecha y estaba bañada por mis lágrimas, mi brazo se erizó el sólo haber conmemorado esa remembranza. Me erguí del pasto, entré y subí a indagar donde andaba mi amiga. La encontré en su cuarto, estaba dormida, salí de allí y entré al cuarto de huéspedes. Me recosté al lado donde había dormido… expresé mentalmente la blasfemia hacia él nuevamente.
El día pasó sin mayor actividad, acompañando a Ángela, a la vez que ella estaba esperando a su esposo Ben que se habían casado hace más de un año, estaba de viaje de negocios. Llegó la noche, preparé de nuevo las cosas, en la tarde había dedicado el tiempo para empacar cada regalo estrictamente con papel de regalos de acuerdo a su personalidad, quedé contenta por los aspectos de cada uno. Aunque unos tenía que esperarlos mañana que me llegan aquí en las horas del medio día, viajaría de nuevo a la casa en las horas de la tarde. El amanecer me llegó como un golpe de aliento para mi corazón haciéndolo vigoroso y radiante en sus latidos. Me había levantado lo más temprano para dejarle la sorpresa regalo a mi amiga, debajo del árbol sin que se dé cuenta de ello, un día más anhelado para celebrar una navidad con la familia ausente y a la vez cerca.
Me despedí de mi amiga después de esperar los encargos que había pedido para llevarlos como regalos de navidad, dejé todo en bolsas negras metiéndolos al carro. Manejé sin afanes para la casa de los Cullen, llegué en un rato a la mansión, situé el automóvil en la entrada el garaje, salí de él. Me dirigí a la entrada del lugar, y pulse el timbre. Enseguida se asomó una cabecita de color azabache con una mirada intensa de color azul cielo. Me sonrió dándome espacio para seguir, entré y me ofrendó un arrumaco de brazos rodeándolos en mi cintura para corresponderle el gesto. El sitio tan acogedor y esplendoroso sentir la calidez que emanaba y fluía por todo el rincón de ella, e inmaculadamente adornado con motivos navideños que atrapaba cualquier atención para perdernos en ella.
Estaba toda la familia salvo Edward que no se encontraba aquí en el primer piso. Saludé de abrazo a Esme mientras me declaraba con un beso en mi frente, Carlisle con un fuerte y cálido cariño de brazos, Emmett enseguida vino hasta mí para levantarme y darme vueltas como si fuera una niña pequeña, amaba esos abrazos de osos sinceros y espontáneos. Rose apenas me saludo con un asentimiento, Jazz me rodeó con sus brazos fuertes dedicándome un mimo especial del suyo con gentileza y amabilidad mientras me sonreía. A todos los miré expectantes por saber el siguiente personaje, ninguno quiso darme una señal de ello, ignoré demostrándole un poco de apatía frente a ello con una sonrisa para evitar inquietarlos. Caminé hacia la salida para sacar la bolsa de regalos, agradecía que los hubiera puesto en bolsa negra para no demostrar curiosidad. Me devolví para colocarlos bajo el árbol navideño, emanaba de ello el olor delicioso a pino con su sabio acogimiento y querer estar todo el tiempo al lado de él para embriagarme de su aroma natural.
Regresé a sacar mi maleta y subí hasta el tercer piso, entré al cuarto de Edward, me embargó una tristeza penetrante, me acosté en la cama y jadeé con intensidad por su olor varonil en la cama, fatalmente empecé a lloriquear sin remedio, mi cuerpo por un momento se sintió fatigado ofreciendo nuevamente entrar al mundo onírico. No sé cuánto minutos o horas había tolerado mientras dormía plácidamente, sentí un toque tibio por mi mejilla haciéndome cubrir de descargas vibrantes por todo mi piel. Abrí con docilidad mis membranas y reparé su figura masculina a mi lado como una sombra debido que todo estaba lóbrego.
-Mi diosa…- susurró gélidamente con su voz aterciopelada.
-Mm…
-¿Estás bien?- preguntó con calidad de ternura.
Asentí perezosamente.
-¿Podemos conversar?- cuestionó con esperanzas.
Nuevamente asentí mientras me sentaba en la cama, él se sentó en la orilla de la cama.
-Perdóname por el mal rato en la mañana- musitó con voz baja.
Negué enérgicamente con la cabeza. Él me observó con cautela cargándose de nuevo con tristeza y nostalgia en su contemplación.
-Lo siento Edward.
-Te comprendo.
-Por ser el día de hoy, prométame que te sentirás bien por tu familia y haré lo mismo, esta misma noche me tendrás una respuesta de una fecha para hablar juntos y arreglar lo nuestro.
Estuvo meditándolo y aceptó la propuesta. Distinguió su reloj por la hora.
-Son las diez de la noche.
Abrí mis parpados con sorpresa, todo este tiempo había dormido, sin sentir el pasar de las horas. Me ofreció su mano para bajarme de la cama, donde acepté con un poco de rechazo hacia su persona. Bajamos al primer piso, el ambiente brindaba una suave melodía calurosa que te invitaba a quedarte allí extasiándote de su sonido, estaba toda la familia Cullen, mis padres y dos personas más que no conocía. Me acerqué de sorpresa a mi madre por detrás para abrazarla, no podía evitarlo, era mi mejor amiga, la llené de mimos atrapándola, ella reía contagiosamente, se giró para regalarme su cariño y llenarme de ella. Saludé a mi padre con un abrazo seco. Esme divisó el momento para empezar con la cena navideña, donde invitó con cariño a cada uno que nos sentáramos en el comedor sagrado. Todos nos dirigimos allí, me senté al lado de mi madre y de mi padre, y cada uno se registró en su puesto correspondiente.
La enana no estaba, enseguida llegó con una bandeja grande donde mostraba apetitosamente un pavo asado, ineludiblemente mi agua se hizo agua el solo oler el aroma que despojaba inocentemente, Esme traía dos bandejas más, una de ellas era ensalada y la otra era patatas. Todos consumimos amenamente la cena agradable mientras charlábamos, terminamos de la comida sagrada, pasamos todos a la sala ya que pasaba a ser casi las doce de la noche, Esme llevó copas con vino para pasar a cada integrante de la familia, una vez estuvimos unos sentados en el piso y otros en los sofás tranquilamente, Carlisle propuso un brindis.
-Gracias a cada uno de ustedes por acompañarnos y por hacer parte de nuestra familia, que siga creciendo y se mantenga unida por mucho tiempo más- sonrió cuando terminó su discurso.
Todos acercamos las copas en el centro para dar el repique de cristales. Me llené de una alegría acosadora, me sentía tan bien en el calor familiar sincero. Pasado algunos minutos, comenzamos con la cuenta regresiva para la navidad, la enana empezó con su conteo y nos animaba para decirlo en coro, al final cuando dijimos uno, todos nos dimos un abrazo fuerte. Cada gesto sonriente en sus rostros demostraba la felicidad del momento por estar reunidos. Abracé a mi adonis con amor, dejando atrás la rabieta, el mismo acto lo forjó penetrando sus brazos alrededor de mi cuerpo delgado y pequeño, besó mi frente con ternura.
-A repartir regalos de navidad- vociferó la duende con saltos que invitaba a carcajear por su energía incontrolable.
Cogió cada regalo llevándolo a cada integrante de la familia, me tocó muchos regalos por mi parte, donde no hallaba el asombro y sorpresa por la cantidad, abrí con suavidad cada regalo, cada corazón y alma sincero dentro de ella para mi persona, me regalaba una sonrisa, varias ropas me trajeron esta navidad, un diario, un collar y aretes hermosos y sencillos, un kit de cremas corporales y demás artículos que no nombraría porque era mucho, me dirigí a cada persona a dar el agradecimiento sincero por el obsequio, regresé a mi puesto. Miré cada rostro con su sonrisa mientras abrían cada regalo también.
-Bella…- susurró con voz entrecortada Alice. -Aw voy a ir a un evento de moda- me sonrió angelicalmente mientras me envolvía de sus bracitos pequeños. -Gracias Bella.
-De nada hermana- contesté felizmente.
Esme vino hacia mí para regalarme su mimo abrazador donde me refugiaba en él. -Gracias hija, voy a sembrarlas cuando pase el invierno.
Asentí satisfecha.
-El regalo es maravilloso- interrumpió gradualmente Carlisle, para agradecerme por el presente que le había dado. Me ciñó con calidad de paternidad.
-De nada Carlisle, ha sido con cariño.
-Amor…- mi madre tenía los ojos en platos casi acercándose una lágrima entre ellos, -voy a ir un spa, gracias mi vida-, se secó una lagrima sutilmente con su dedo.
-Con cariño madre- me acerqué a estrecharla con afecto.
-Gracias Bella- con su actitud apática Rosalie me expresó.
-De nada- mientras asentía nuevamente tímida.
Todos fueron suministrándome la gratitud por el detalle inesperado para cada integrante de la familia, a Jasper le había regalado una agenda para su trabajo de psicólogo. A Emmett y a mi padre le regalé una entrada vip para el futbol americano.
Edward se acercó sigilosamente para rodearme de sus brazos gentiles y afectuosos.
-Gracias amor, disfrutaré de un ópera contigo- sonrió dulcemente mientras me susurraba en mi oído haciéndome temblar ligeramente.
-De nada corazón- respondí orgullosa.
Terminado el momento del descubrimiento de los agasajos, mis padres pidieron permiso para irse a su casa, me despedí de ellos correspondiéndoles por su presencia aquí, ya que era un momento significativo en mi vida. Los padres de Rosalie y Jasper, donde fui a darme cuenta por sus aspectos físico y parecidos, supe que formaban parte de la familia Cullen también, no tuve contacto con ellos pero si me despedí de ellos con cordialidad y respeto. Jasper me beso en mi frente sonriéndome deseándome buenas noches, Rosalie apenas susurró buenas noches caminando. Recogí todos los regalos y los subí al tercer piso. Bajé de nuevo para despedirme de la familia, reconocí el gran valor de las cosas pequeñas de la vida. A cada uno le di un gesto amoroso de mi parte, me sentía cansada de nuevo, no comprendía por qué. En fin, me topé con Edward y me invitó que subiera con él, admití subiendo a su lado por las escaleras. Alcanzamos hasta la puerta de su cuarto, me sonrió y ofreció dándome espacio para seguir dentro, caminé hasta el lecho y me asenté en él, Edward por su parte actuó el mismo acto mío.
-Bella, mi vida- me sonrió mientras seguía platicando, -estás de acuerdo si me das el plazo de unos días o máximo un mes para contarte mi pasado oscuro- preguntó con timidez y atiborrado de miedo.
Asentí con ternura ofreciendo mis manos para sentirlas en mí. Sonrió un poco mejor montando sus manos encima de las mías, sentí la caricia que recorría a través de mis poros erizándolos por su contacto ingenuo de ambas partes. Lo atraje a mí para robarle un beso, donde resulté sorprendida escuchando un susurro en mi oído haciéndome estremecer completamente mi alma, mi cuerpo y mi centro sentir cosquillas inocentes, dejándome preñada de lujuria casta.
Gracias a las chicas que me alimentaron con un review, así mismo tomo buenas críticas constructivas, recuerden, eso forma parte del proceso de aprendizaje tanto para mi como para ustedes. Las que no me dejaron un rw no se preocupen, el hecho de visitarme y leer es un aliciente para mi. He visto que ya no comentan tanto como antes, no me voy a deprimir ante ello, pero si pediré especialmente a cada corazón latiente, ¿puedes recomendarme? agradezco que puedan hacerlo para apoyarme. Gracias de nuevo.
Lamento la demora en subir el nuevo capítulo, pero sinceramente anduve muy ocupada, en si tuve una navidad agitada, concentrándome en otras cosas y cada día le escribía un pedazo a la historia, les convido con un capítulo bastante largo y entretenido. Quiero desearles a cada corazón latiente un FELIZ AÑO NUEVO, gracias por seguirme y que el nuevo año sea mejor para todas y todos los que me leen. Que el creador del universo les colme de amor, salud, prosperidad, sabiduría y mucha energía para empezar el año con el pie izquierdo jejejejeje, mentiras con el pie derecho.
Un abrazo caluroso para todos. Nos vemos el año entrante jejejeje xD. El próximo capítulo ya tendrá otra escena lemonera xD así como soy de pervertida innata, ^^.
Chaiito, con afecto Kathy.
