Summary: Familias adineradas, un internado prestigioso, drogas, alcohol y sexo
Summary: Familias adineradas, un internado prestigioso, drogas, alcohol y sexo. Todo eso es lo que envuelven a Sakura Kinomoto y Syaoran Li. Los chicos más populares de la escuela.
El la desea, ella lo ama, pero sienten rechazo y odio…
Apretó fuertemente los puños. Ella si estaba lista, y sin tardar, ese viernes se escaparía del colegio para buscar a Takedo, sin importar que eso significara su expulsión del colegio y el repudio total de su padre.
Capitulo 21: La casa de Takedo
A veces lo que nos daña nos fortalece, y lo que era para mal resulta siendo para bien… solo hay que saber el correcto camino que tomar, pero como seres humanos que somos cometemos errores, pero eso no nos hace perder la partida y no dejarnos llegar a nuestro destino, sino desviarnos y hacer que se demore mas el destino final.
Takedo Irokashi. No se pudo borrar ese nombre en el resto del día. Volvió a clases con la cabeza metida en ese nombre, fue a natación con la cabeza en ese nombre, cenó con la cabeza en ese nombre y se fue a dormir pensando en él. Y ahora se levantaba a vivir un nuevo día, o como Sakura bien le decía, un día mas en el infierno, pensando nuevamente en ese nombre. Tenía la dirección, todo; lo que no sabía era con quien vivía, una foto reciente… eso le faltaba, pero estaba segura que no se olvidaría nunca del rostro de ese hombre y lo reconocería aunque se hubiese echo una reconstrucción facial.
Finalmente la última materia de la mañana terminó dando lugar al timbre que sonó anunciando que iban a llenar sus vacíos estómagos con la comida asquerosa del buffet, aunque podría ser peor, claro.
Bajó y se sentó en SU asiento, porque por más que Tomoyo, Chiharu y Meiling la ignoraran por completo, ese era y seguiría siendo SU asiento. Pero bueno, al menos tenía la compañía de Rika, que seguía hablando con ella, y Kero, obvio… pero ninguno de los dos estaba en la practica de porristas… y justamente esa tarde tenía practica y ella era la capitana… lo único que le faltaba era que las chicas a las que ELLA mandaba la ignoraran y no hicieran lo que ella decía. Dios…
Masticó muy brutalmente su almuerzo mientras escuchaba la voz de Tomoyo que hablaba con Meiling. Definitivamente era duro, muy duro.
- Oye Sakura, relájate, come bien. – Dijo Rika con una dulce sonrisa.
- Déjame en paz Rika. – Contestó Sakura bruscamente.
- Como digas… - Dijo la castaña de cabello ondulado. – Opa, parece que Li es bueno conquistando chicas…
Solo ese simple comentario hizo que Sakura clavara sus gemas esmeraldas en Syaoran y viera como Miharu no se cuanto, el apellido, se acercara sonriéndole a SU Syaoran. Una cosa era que Yukiko Makoto, su enemiga número uno mirara a su Syaoran… pero estaba en todo su derecho, porque no por nada era su muy conocida archi re contra súper enemiga, pero una MUY diferente era que una mocosa de cuarto año estuviera hablando, coqueteando, y manteniendo contacto físico con Syaoran Li, lo cual ella manifestaba como parte de su propiedad… o mejor dicho, ella era propiedad de él… "Dios Sakura, que tarada, dependiente e imbécil nos hemos vuelto" Si, si, no había ni que decirlo, tenía ganas de estrolar su cara contra el plato que tenía adelante suyo. "Hablando de Yukiko Makoto… ¿Dónde está?" Y como respuesta a su pregunta, ahí vio a Yukiko Makoto clavándole los ojos de piraña a Miharu como ella seguramente lo estaba haciendo segundos antes.
- Rika. – Susurró Sakura. – Necesito pedirte un favor.
- Dime Sak. – Respondió Rika en el mismo tono bajo que usó la castaña.
- Averíguame todo lo que puedas sobre ESA chiquilla. – Dijo Sakura resaltando en voz alta la palabra "esa".
- ¿Celosa?
- No, solo interés…
- Como digas Sakura, pero estás hablando conmigo, y sabes que te conozco boba. – Respondió Rika. – Te averiguaré cuanto pueda cuando pueda.
- Lo antes posible…
- Sabes que todo lo que hago por ti es lo más rápido posible…
- Gracias. – Respondió la castaña con una sonrisa. – Cambiando un poco de tema, ¿como va "eso?
- Amph…. No creo poder ocultarlo más tiempo, lo mejor será que hable con mis padres como tú dices… pero… no tengo el valor…
- Cuando estés lista Rika.
- Me propondrán hacer un aborto… y yo no pienso hacerlo.
- No tienes que hacer algo que no quieras Rika, pero lo mejor es que vayas de frente… y tienes que admitir que tu físico te ayuda, ya tienes tres meses y medio, va, cuatro si no me equivoco y no se te nota nada.
- Es gracias a la faja…
- Lo se… pero de todos modos, una faja no te lo va a ocultar nueve meses. – Respondió Sakura. – Bueno, voy a cambiarme, tengo práctica con las porristas y la verdad… no ando con muchas ganas…
- Hasta luego.
En la cabeza de Sakura Kinomoto nunca entró la posibilidad de que un día llegara a odiar ser la capitana del equipo de porristas… ahora, lo estaba pensando. ¡Dios! Ella, la porrista más maravillosa del instituto Seijo odiando ir a práctica con las porristas… esto no podía estar pasándole.
Subió a su habitación y se cambió rápidamente. Abrió su cajón y sacó una pastilla de éxtasis.
Bajó con sus porras y su bastón para reunirse con el resto del grupo. A lo lejos pudo ver a Syaoran jugando al fútbol y a una chiquilla con la nariz pegada al alambrado de la cancha… ¡Maldita Miharu! Como odiaba a esa niña.
Apretó los puños. Ya casi todas las del equipo estaban reunidas, incluso Meiling, Chiharu y Tomoyo.
- ¡Ichida! – Gritó Sakura haciendo que la chica de cuarto año se diera vuelta bruscamente y mirara como con miedo a Sakura. – Todo el grupo reunido y tú mirando a los chicos jugando al fútbol, una observación más de esas y estas afuera del grupo de porristas.
- Lo siento Sakura… - Dijo la chica acercándose muy extrañada de que Sakura le haya llamado la atención a ella, que ni sabía que existía.
- ¡Kinomoto! – Gritó poniendo énfasis en su apellido. - Bien… tengo algo muy importante que comunicarles. – Dijo Sakura sin entender bien porque Tomoyo, Meiling y Chiharu la escuchaban con atención.
- ¿Competiremos? – Preguntó una chica del otro quinto que estaba en el grupo de porristas.
- No. Algo que a un par les alegrará el día. – Dijo Sakura con ironía. – Dejo el grupo.
Tomoyo, que susurraba algo con Chiharu, miró con los ojos abiertos como platos, al igual que la chica que la acompañaba. Se escucharon también muchos murmullos.
- ¿Qué dices? – Preguntó una chica dos años más chica que ella. – No creo que haya una capitana que nos haga ganar tantas competencias como tú Sakura…
- Si la habrá. – Respondió la castaña con una sonrisa melancólica. – Meiling Li será la nueva capitana. – Dijo Sakura.
- No… - Susurró la chica de ojos rubíes mirando a su ex amiga fijamente a los ojos. – No has hablado conmigo, no sabes si aceptaré…
- Si aceptarás… - Respondió Sakura. – Si no aceptas, le daré el mando a Yukiko Makoto cosa que creo que muchas de ustedes no quieren.
Meiling retrocedió. Sakura había enloquecido, o estaba drogada, o no entendía lo que decía. ¿Le estaba dando a otra persona el mando del grupo que desde primer año de la secundaria siempre se preocupó, se dedicó y se esforzó por tener? ¿Qué despojó a la hermana de Yukiko para conseguirlo?
- Es todo chicas. – Dijo Sakura agachando la mirada. – hazte cargo Meiling.
Diciendo esto, Sakura se dio vuelta y fue corriendo hacia adentro del colegio dejando a su ex grupo desconcertado y en silencio.
Definitivamente, Sakura Kinomoto había enloquecido.
- Mei, haz lo que tienes q hacer, yo voy a hablar con Sakura. – Dijo Tomoyo poniendo una mano en el hombro de su amiga.
- Pero… yo no se…
- Hablaré con ella. – Respondió Tomoyo. – La conozco y lo único que quiere es llamarnos la atención. Le duele que no le hablemos y lo sabes.
Meiling asintió y Tomoyo corrió hacia adentro del colegio, pero antes de entrar, chocó cuerpo a cuerpo con una persona que casi hace que se cayera al suelo.
- Disculpe. – Dijo Tomoyo alisándose la ropa.
- Disculpa tú, no había visto que venías. – Dijo un hombre con voz grave.
- ¿Usted es profesor?
- Si, soy el nuevo profesor de gimnasia y fútbol de varones. – Dijo el hombre sonriendo. – Henrry Terrada.
- Mucho gusto profesor, Tomoyo Daidougi. – Dijo con una sonrisa.
- El gusto es mío, bueno, me voy que tengo clases con los muchachos de su división.
- Hasta luego. – Respondió Tomoyo al verlo alejarse. Realmente estaba para partirlo, muy bueno, oh si, toda una aventura. Pero… ¿había dicho Terrada? ¿Sería acaso hermano del profesor Terrada?
Siguió caminando hacia adentro del colegio y buscó a Sakura en un lugar donde era obvio que estaba, su habitación. Sin pensarlo dos veces, entró y como esperaba, encontró a Sakura sentada en su cama con las manos juntas mirando el suelo.
- ¿Puedo pasar? – Preguntó la amatista.
- Claro, es tu habitación después de todo, ¿no? – Dijo ácidamente la castaña.
- Sakura, Sakura, ¿Por qué eres tan difícil de tratar?
- Difícil, ¿Yo? Pero por favor…
- Sakura…
- A ver, a ver, ¿Por qué se te dio por venir a hablarme ahora? ¿Acaso te dio "lastima" que yo haya dejado el grupo de porristas? ¿Te "movió" el corazón?
- Sabes que nunca sentiría lástima por ti Sakura.
- Mientes…
- Sakura… ¿Estas drogada? Parece como si no me conocieras…
- Creí conocerte… - Dijo Sakura. – Nunca me imaginé que te complotarías con Meiling para hacerme la vida imposible…
- Mira, si lo dices porque no te hablamos… sabes que te lo merecías, estabas haciendo cada idiotez que… - Dijo Tomoyo, pero la castaña la interrumpió.
- No es por eso. – Dijo mirándola con determinación. - ¿Qué hay entre Miharu y Syaoran?
- ¿Qué? – Preguntó Tomoyo.
- No te hagas la idiota… pasan mucho tiempo juntos… los he visto.
- Son amigos, es una niña muy simpática.
- A mi no me parece… ¿Desde cuando eres amiga de Syaoran después de lo que me dijo?
- Desde que escuché la verdad por la boca de él Sakura, desde que se que hubiera dado todo por ti, pero creo que no es a mi a la que le corresponde decirlo.
- No te creo. – Dijo Sakura. – De todos modos… ya nadie va a saber de mí.
- ¿Qué dices?
- Este viernes… me voy a escapar del colegio a hacer algo que tendría que haber echo hace mucho tiempo. – Dijo la castaña agachando la mirada. – Y… no volveré más al colegio.
- Por… ¿Qué dices?
- La directora Makeshi, me advirtió que si me mandaba otra en el tiempo de acá a fin de año, me expulsaba del colegio…
- Ni se te ocurra hacer eso el viernes.
- Tengo q hacerlo. – Dijo la castaña mirando a los ojos amatistas.
- ¿Por qué?
- Iré a buscar a Takedo Irokashi…
- ¿Sola?
- Si.
Tomoyo se quedó en silencio y lentamente se fue acercando a Sakura hasta abrazarla, acto que sorprendió muchísimo a Sakura y se dejó abrazar. Pero su cuerpo se estremeció cuando sintió las lágrimas de la amatista que mojaban su hombro.
- Si esa es tu elección Sakura, no te puedo contradecir. Creo que ya es hora que no te diga más lo que tienes que hacer y sigas lo que dice tu instinto. – No estés sola en esta lluvia, no te entregues por favor. Si debes ser fuerte en estos tiempos, para resistir la decepción... y quedar abierto en mente y alma… yo estoy con vos. – Le cantó suavemente Tomoyo en el oído a Sakura.
Sakura se sorprendió al escuchar esas palabras de su mejor amiga y la abrazó fuertemente.
- Gracias Tomoyo. – Dijo con una sonrisa sincera, una sonrisa que hacía mucho tiempo no sentía en su rostro.
Sintió que Tomoyo también sonreía a pesar de las lágrimas que corrían por su rostro. Y sentir con el apoyo de su mejor amiga, le hacía mucho bien.
¡Ah! No podía ser, ni siquiera un partido de fútbol podía estar sin pensar en Sakura y la re concha de la lora. Estaba realmente frustrado, había perdido un maldito partido de fútbol y eso lo hacía sentir frustrado. Y claro, era complicado jugar teniendo a Sakura rodando por su cabeza.
En eso, la puerta de la habitación, que hasta ahora había estado vacía para él solito, se abrió, indicándole a Syaoran que su paz había terminado… pero si al menos era Kerberos el que ingresaba por ahí, todavía, pero no, era la persona menos indicada para el mal humor mezclado con la frustración que sentía en ese momento.
- ¡Syaorancito! – Exclamó un chico de pelo negro y ojos azules como el zafiro.
- Eriol…
- ¿Qué pasa? – Preguntó Eriol mirándolo con cara de preocupación. – ¿Otra vez Sakura?
- Basta… - Dijo Syaoran. – No quiero saber mas nada de Sakura, ni nombrarla, ni oler su perfume… ni nada.
- Oh, eso es grave. – Dijo Eriol. - ¿y se puede saber porque?
- Porque me atormenta la existencia. – Dijo Syaoran. – No puedo vivir tranquilo teniéndola tan cerca y sin poder siquiera rozar su piel.
- Eso si que es feo… dímelo a mi con Tomoyo… - Dijo Eriol sentándose al lado de su amigo. – Pero al menos de vez en cuando tenemos encuentritos.
- No me interesa tener encuentritos, como tú los llamas, con Sakura….
- ¿Ah no?
- No… yo… a mi…. A mi me gusta…. Yo…. es… estoy enamorado de Sakura.
- Dime algo que no sepa Campeón. – Dijo Eriol arqueando una ceja.
- Vete al demonio.
- Uy, uy, uy que ánimos tenemos hoy.
- ¡Déjate de fastidiar Eriol! – Gritó Syaoran.
- Ok, ok.
Syaoran se tiró en la cama y miró el techo. Definitivamente tenía que hablar con Sakura… o acostumbrarse a seguir viviendo toda su vida con ella rodando por su cabeza. Si, si, definitivamente tenía que ir a hablar con Sakura.
Se levantó e intentó acomodar un poco su cabello. Se pegó una ducha, se puso el uniforme reglamentario y bajó hacia el salón de juegos del colegio, el cual estaba bastante alborotado.
- Hola Syao. – Dijo una chica acercándose a él.
- Hola Miharu.
- Te vi jugando al fútbol. – Dijo la chica sonrojándose.
- ¿Ah si?
- Si, tienes un talento natural, eres excelente. – Dijo la chica mirándolo con los ojos brillantes.
- Gracias. – Respondió el ambarino.
- No es nada Syao, es la realidad. – Dijo la chica dándose cuenta de que los ojos de Syaoran buscaban algo con los ojos… o alguien. – Ah, ¿te enteraste de lo último?
- Mph… no. – Dijo Syaoran alzando una ceja. – No es que me interesen mucho los chismes Miharu…
- N…no… no es un chisme. – Respondió la chica sonrojándose. – Es otra cosa…
- ¿Qué cosa?
- Sakura Kinomoto renunció a ser la capitana del equipo de porristas…
- Ah… - Dijo el chico buscando a Sakura con la mirada… un momento… ¿Sakura renunció a que?- ¡¿Qué dices?!
- Aja, ayer, en la práctica nos lo anunció a todas… y puso a Meiling Li, tu prima, como capitana… y si no aceptaba, pondría a Yukiko Makoto.
Syaoran la miró incrédulo, ahora si Sakura había enloquecido por completo. ¿Ella renunciar a su cargo? No, tendría que ser una broma, una pésima broma.
Y hablando de la loca reina de Roma, entró Sakura acompañada de Tomoyo que hablaban seriamente de algo, que se ve era importante, pero no importaba, ahora él estaba decidido y hablaría con ella.
- ¿Me permites un segundo Miharu? – Preguntó el castaño dejándola sola.
La chica lo miró sonriente, hasta que él se alejó hacia donde estaba Sakura, lo cual hizo que su sonrisa se borrara por completo. ¿Cómo podría hacer ella para ser competencia para Sakura Kinomoto?
Sakura vio que se aproximaba Syaoran y no podía darse vuelta y salir corriendo, no, sería valiente y enfrentaría sus miedos.
- Sakura… ¿tienes un segundo? – Preguntó Syaoran intentando disimular sus nervios.
- Kinomoto. – Le corrigió Sakura ácidamente.
- Yo me voy Sakura… nos vemos luego. – Dijo la amatista.
- No Tomoyo… - Susurró Sakura.
- Hasta luego Li, hasta luego Sakura.
Tomoyo se fue moviendo su perfecto cuerpo y su cabello negro largo a ritmo por donde habían entrado, y con una sonrisa triunfal en el rostro. Por fin Syaoran se había decidido a hablar con Sakura.
La castaña lo miró fijamente, y él pudo notar como por un segundo Sakura se quebró al mirarlo a los ojos. Pero enseguida volvió a mostrarse fría y distante.
- Dime que quieres. – Dijo la castaña cruzando sus brazos.
- Aquí no, hay mucha gente. – Respondió Syaoran.
- No pienso ir a ningún lugar a solas contigo. – Respondió Sakura.
Syaoran alzó una ceja, la tomó del brazo izquierdo fuertemente y la arrastró hacia fuera del salón.
La siguió llevando del brazo hasta un aula continua que estaba vacía.
- Oye, estoy grandecita para que me lleves del brazo Li. – Dijo Sakura intentando zafarse.
- No quiero que te escapes, nos debemos una charla hace mucho tiempo.
- Yo no tengo nada que hablar contigo, si tú quieres hablar, adelante. – Dijo Sakura haciendo fuerza.
- Te suelto si prometes no escaparte.
- Okay, lo prometo. – Dijo Sakura revoleando los ojos.
El castaño dejó de ejercer fuerza en el brazo de Sakura y cerró la puerta asegurándose que nadie quedaba atrás de ella para escuchar.
- ¿Y bien? – Preguntó Sakura cruzándose de brazos y apoyándose sobre un banco.
- ¡Demonios Sakura! ¿Por qué mierda me complicas tanto las cosas?
- ¿Disculpa? Yo no te complico nada. – Dijo la castaña.
- Si lo haces. Eres una maldita jodida.
- Ah bueno, esto solo me faltaba, que me llevaras de donde yo estaba y me trajeras en contra de mi propia voluntad a un aula vacía para insultarme y…
- No, no, ¡No! – Dijo el castaño perdiendo la paciencia. - ¿Puede ser que al menos me dejes intentar entablar una conversación civilizada contigo sin pelear?
- Ya te dije que yo no quiero hablar contigo.
- Pero yo si. – Respondió seriamente el castaño clavando sus mares ámbares en los ojos de ella.
Sakura suspiró y miró hacia arriba, estaba nerviosa, pero no lo daba a mostrar, no quería dalo a mostrar, no iba a permitir que Syaoran Li, nada mas y nada menos que Syaoran Li viera debilidad en sus ojos.
- De acuerdo. – Dijo con un suspiro. - ¿Qué quieres?
- Bien… - Dijo Syaoran antes de suspirar e intentar enfrentar a Sakura. – Mira Sakura, te voy a ser directo… yo… diablos… necesito que me expliques que hay entre tu y Kerberos… necesito… saber.
- ¿Para que? – Preguntó la castaña como si escupiera veneno. – Si aunque te lo diga no me creerás.
- Si te creeré, sino no te lo preguntaría… Eriol me dijo que… entre ustedes dos no hay nada, que él esta enamorado de otra chica y…
- Kerberos está enamorado de una chica. – Dijo Sakura. – Y no es precisamente de mí. – Dijo seriamente.
- Pero… tú lo besaste. – Dijo el castaño.
Sakura hizo una risa torcida, mas bien una mueca ante la respuesta de Syaoran y se tiró para atrás cerrando los ojos y riéndose de una manera irónica.
- Kerberos me besó porque yo le dije que lo hiciera. – Dijo Sakura.
- ¿Por qué?
- ¿Porque? ¿Tú me preguntas el porque? – Preguntó burlonamente Sakura. – Esa noche besaste a una chica, una chica de cabello colorado… ¡No te importó que yo te viera! ¡No te importó nada! – Gritó. – Yo estaba ayudando a tu querido amigo que fue trompeado por Spinelsun y tú, en lugar de estar con él estabas bailando con una desconocida, y encima la besaste sin importar que yo estuviera ahí…
- Estaba tomado… no entendía ni un cuarto de las cosas que pasaban. – Dijo Syaoran sonrojándose. – Pero esa no es razón para que besaras a tu amigo Kerberos… a "tu mejor amigo" es por eso que no te creo nada… al menos que me des una explicación lógica.
- Es muy simple. – Respondió Sakura mirándolo con odio. – Sabía que eras tú el que venía por el pasillo, por eso lo bese, quería que supieras que se siente, como me sentí yo esa noche, como me destrozaste sin importarte nada. – Dijo acercándose hacia él mirándolo con desafío, odio, bronca, todo acumulado.
- Eso…. ¿es todo? - Preguntó Syaoran. – Pero… no te importó que Meiling lo viera… y sabías que ellos se habían besado la noche anterior.
- Si, lo se. – Dijo Sakura. – Pero no me imaginé que ella venía contigo.
- Eres una chiquilina Sakura. – Dijo Syaoran sonriendo.
- Puede ser… - Dijo sin cambiar la expresión de su rostro. – Pero tú eres un imbécil…
Syaoran se acercó a ella y la tomó de las muñecas mirándola con dulzura.
- ¿Se puede saber que haces?
- Perdóname… - Pidió el castaño acorralando a Sakura entre él y el banco donde ella estaba apoyada.
- No. – Dijo determinadamente.
Pero no pudo terminar su frase porque los labios de Syaoran Li estaban apresando su boca. Syaoran la estaba besando y ella se estaba derritiendo como una manteca en sus brazos, como una imbécil…
Los labios de Syaoran pedían mas, exigían mas, extrañaba sus besos, sus caricias. Y Sakura respondió a ese pedido, abrió su boca y dejó que Syaoran la besara intensamente, que su lengua recorriera su boca. Sakura abrió las piernas y dejó que el castaño se acomodara para besarla mejor. Ella tomó a Syaoran de la cabeza y comenzó a acariciarlo mientras iban profundizando el beso… hasta quedarse sin aire.
- No pienso perdonarte Li. – Dijo Sakura tomando aire y separándose de él. – Y no por el beso que le diste a aquella colorada porque puedo asegurarte que no te besó con tanta pasión como yo lo hago Li. Sino por lo que dijiste aquella tarde en el buffet… aquellas palabras que me mataron y se llevaron consigo, lo que yo sentía por ti.
Diciendo esto, Sakura salió conteniendo las lágrimas chocándose con alguien en la puerta.
- Lo siento. – Se disculpó sin siquiera ver quien era. Y siguió su camino hacia su habitación.
La chica se quedo desconcertada y entró al aula cerrando la puerta tras ella.
- Syao, ¿te encuentras bien? – Preguntó la chica sintiendo como las dos gemas ambarinas de Syaoran se clavaban en ella.
- Creo que no muy bien. – Respondió cruzándose de brazos.
- Es por tu conversación con Sakura… ¿verdad? – Preguntó inconcientemente.
- ¿Cómo sabes de esa conversación Miharu? – Preguntó Syaoran frunciendo el entrecejo.
- N…no, yo solo supuse que estaban hablando, yo solo vine a esta aula para repasar algo en tranquilidad cuando Sakura abrió la puerta, me tiró al suelo y salió echa una furia. – Dijo la chica nerviosa.
- Mph… si, estuvimos hablando. – Dijo el castaño mirando el techo. – Pero… quedo todo inconcluso, como siempre…
- ¿Y pasó algo más? – Preguntó Miharu mirando expectante a Syaoran, quien la miro dubitativo un momento.
- No. – Respondió secamente. – No pasó nada.
Y diciendo esto, Syaoran salió del salón dejando a Miharu sola cruzada de brazos mirando hacia donde el castaño se había ido, con una sola cosa en su mente: "Poder conquistar a ese castaño y eliminar a Sakura totalmente de su corazón".
El golpe con el que Sakura había cerrado la puerta de su habitación, retumbó en todo el pasillo del tercer piso del instituto Seijo. Estaba enojada, muy enojada. ¿Pero que enojada? ¡Furiosa!
Tenía unas ganas inmensas de matar a Syaoran Li, y si volvía a hacer algo como lo de hoy, que no le quedara la menor duda que en unos meses lo mataba, oh si señor, lo mataría.
¡Por dios! ¿Cómo podía un ser humano tan imbécil, inmaduro, idiota y tan reducido de cerebro y sentido común ponerla tan desquiciada a ella, hacerla temblar desde la punta de los pies a la cabeza como si fuera una gelatina? ¿Qué había echo en esta vida para merecerse eso?
- ¡Aaaaaaaah! ¡Syaoran Li, te detesto como a nadie en este jodido mundo! – Gritó adentro de su habitación desquiciadamente.
- ¿Sakura? – Preguntó una voz que correspondía a una persona física que estaba saliendo del baño de la habitación en la cual ella suponía que estaba sola.
- ¿Tomoyo?
- ¿Qué ocurrió? – Preguntó la amatista suspirando.
- ¡Ese idiota, imbécil y retrasado mental de tu amiguito Syaoran me las va a pagar, nadie me besa sin mi consentimiento y vive para contarlo! Eso si que no, no y no, yo no pienso arrastrarme atrás de Syaoran después de lo que me hizo, no, no y no.
- Sakura… ¿Por qué no hablaron como personas civilizadas? ¿Por qué no le das una oportunidad para que se explique?
- ¡No! Es que estábamos hablando como personas civilizadas, lo juro. Pero al idiota se le ocurrió besarme, ¿entiendes? ¡Besarme!
- ¿Y tú accediste?
- ¡Yo no quería!
- No te he preguntado si querías o no Sakura, solo te pregunté si accediste. – Dijo la amatista notando el sonrojo en las mejillas de su amiga.
- ¡Si! ¡Si! Lo besé como una maldita condenada derritiéndome en sus brazos y temblando como una hojita recién caída del árbol.
- Ay Sak…
- Es un idiota, no quiero saber mas nada de Syaoran Li en lo que me queda de vida.
- Pero… ¿Por qué no lo escuchas?
- No tengo nada que escuchar que venga de él.
- Yo creo que si Sakura. – Dijo Tomoyo mirándola con comprensión. – Lo único que vas a lograr con tu actitud cabeza dura, es perder, y no solo a Syaoran, muchas cosas mas en tu vida.
- ¿Más todavía? – Preguntó Sakura irónicamente. – Ojala pudiera…
- Sakura… tu vida no es solamente tu pasado, tienes que superar eso para poder vivir.
- No voy a poder vivir entonces hasta no ver a ese imbécil enterrado cien metros bajo tierra.
- ¿A Syaoran? – Preguntó Tomoyo.
- No, no tonta. A Syaoran no… al infeliz que arruinó mi vida.
- Ah... como idiota siempre le dices a Syaoran…
- Bueno, que odie a Syaoran no quiere decir que quiera verlo enterrado cien metros bajo tierra. – Dijo Sakura con una sonrisa.
¡Diablos! Ahora si que se le había complicado, conquistar a Sakura sería tarea muy, pero muy difícil y si quería hacerlo bien tenía que pensar bien cada paso que daba con ella. Y lo mejor que podía hacer en su situación era ser completamente sincero con ella… aunque eso implicara contarle su maldito pasado… sobre su padre… y su madre.
- Maldición. – Dijo el castaño, que, al caminar divagando por sus pensamientos no vio que se chocaba con un chico del instituto. – Discúlpame. – Dijo mirando al chico y siguiendo con su camino.
¿Pero como ser sincero con Sakura si la chica ni siquiera quería dirigirle la palabra? ¿Cómo? ¿Cómo explicarle su manera de ser? ¿Cómo hacerle entender lo que era él?
Quizás… quizás solo había una manera y esa manera era llamando la atención de Sakura hasta tal punto que decidiera hablar con él… y perdonarlo.
Pronto tocaría la campana para que todos los alumnos bajaran a cenar, y él todavía no había echo el montón de tarea que tenían para matemáticas, ni siquiera se había bañado… y para el colmo no podía dejar de pensar en Sakura.
Al día siguiente, por primera vez en su vida, Syaoran Li no había presentado la tarea, por lo que le habían puesto un uno, si, a él, al maravilloso Syaoran Li le habían puesto un uno por no haber entregado la tarea de matemáticas, de todas maneras sus notas eran brillantes, así que no se hacía problema por ese tema. Se desabrochó un botón más de la camisa del uniforme, estaba haciendo mucho calor para lo que debía hacer en esa época del año. Disimuladamente intentó mirar de reojo a Sakura, y la vio muy concentrada en algo que seguramente no eran sus libros de texto, algo se traía entre manos y tenía que saber de que se trataba.
Esa tarde Sakura no apareció en ningún lugar del instituto. Almorzó y después fue como si la tierra se la hubiera tragado. Eso lo tenía intrigado, tenía que saber que era lo que Sakura estaba planeando, no actuaba como todos los días y las pocas veces q la veía estaba como ausente. De todas maneras, en el comedor, a la hora del almuerzo, hubo una escena algo extraña… Sakura se había parado de la mesa y Kerberos le estiró del brazo, como queriéndosela llevar a algún lado, pero ella se resistió, se dijeron unas palabras y se retiró del lugar, seguramente de regreso a su habitación.
Algo estaba pasando con Sakura y él no sabía de qué se trataba… lo cual lo ponía loco.
Finalmente había llegado la hora. Ese sería el día en el que ella, Sakura Kinomoto, iría a un lugar que tendría que haber ido hace mucho tiempo atrás, a la casa de Takedo Irokashi.
Estaba muy nerviosa, no podía negarlo, lo vería después de tanto tiempo, después de siete años. ¿Cómo se lo tomaría él? No lo sabía. ¿Tendría familia? Tampoco lo sabría. ¿Qué diría su padre si se enterara lo que ella estaba a punto de hacer?
Había preparado todo perfectamente para que su fuga del colegio no se notara, y gracias a Tomoyo. Así que seguramente la directora no notaría su ausencia.
Se puso una gorrita y unos lentes oscuros en la mochila. No iba a andar como una delincuente en medio del colegio, no, no y no. Se puso un jean y una remera con una campera negra arriba y unas zapatillas deportivas. Bajó con su mochila al hall de entrada donde esperaban todos los, que ese fin de semana, se irían a sus casas.
- Chist. Sakura. – Dijo una voz a sus espaldas.
- ¡Rika! – Exclamó Sakura.
- Mucha suerte amiga mía. – Dijo la castaña de rizos abrazándola.
- Igualmente Rika. – Respondió la castaña sabiendo la razón por la cual su amiga regresaba a su casa.
- Gracias, la voy a necesitar.
- Sakura sonrió. Rika si era valiente, por fin se había decidido ir a su casa a decirles la verdad a sus padres.
Todo tendría que salir como lo planeado. Lo único que no sabía era donde se había metido Tomoyo. Pero no tardó mucho en averiguarlo. Ahí se acercaba conos pantalones negros y una remera larga celeste y unos anteojos de sol, oscuros y grandes haciendo alardeo de lo hermosa que era con el flequillo hacia atrás y sus hermosos cabellos negros cayendo por sus hombros hasta la cintura.
- ¿Estás lista Sakura? – Preguntó Tomoyo.
- Totalmente.
- Espero que la directora Makeshi no sospeche. – Dijo en voz baja la amatista.
- Yo también lo espero… - Dijo Sakura. – De todas maneras el duplicado del sello de la familia Kinomoto era idéntico, es muy difícil que lo noten y Kerberos siempre fue un gran imitador de letras.
- Verdad. – Dijo Tomoyo. – Pero si la directora llama a tu casa…
- ¡No seas pesimista Tomoyo!
En ese momento, la celadora que se encargaba de los alumnos y alumnas que salían los fines de semana del instituto se plantó en la puerta y sacó una larga lista, con la que empezó a nombrar a los alumnos que mostraban un certificado y salían por la puerta principal.
- Tomoyo Daidougi. – Dijo finalmente después de una larga fila de nombres.
Y Sakura se acercó con ella a la puerta.
- No señorita Kinomoto, solo la señorita Daidougi, no permitiré que se fugue otra vez. – Dijo la celadora mirando con desaprobación a Sakura.
Pero gracias al plan que salió de maravillas, ahí venía con paso acelerado la directora con un papel entre las manos.
- Disculpe Yoleiko, la señorita Kinomoto tiene autorización de parte de su padre para ir a pasar el fin de semana con Daidougi.
- Ah, no sabía, no está en la lista…
- No, es un cambio de ahora, llegó esta tarde la autorización.
- Claro… bueno Kinomoto, retírate.
- Hasta luego. – Dijo Sakura con una sonrisa despidiéndose de la directora que la miraba de una manera un tanto extraña.
Cuando cruzaron todo el jardín delantero y finalmente dejaron un paso atrás las rejas negras del colegio, Sakura suspiró. Lo habían echo, el plan había funcionado de maravillas y ahora ella estaba libre y podría ir al día siguiente a la casa de Takedo, aunque no negaba que se moría por ir en ese preciso momento.
Pero Takedo vivía en los suburbios, es decir, a una hora de viaje desde dónde estaban y el cielo estaba naranja, por lo que pronto iba a oscurecer, y no iba a estar sola en un barrio desconocido en la casa de Takedo Irokashi. Así que el plan había sido ese, falsificar una autorización que la dejaba ir a Sakura a la casa de Tomoyo y firmada por su padre.
Enseguida vino una limusina negra a recogerlas, seguramente la limusina de la familia Daidougi, por el sello y el escudo de armas de la prestigiosísima familia Daidougi. Sakura rió para sus adentros. Si Sonomi supiera lo que es su hija probablemente la desheredaría. Pero no era una mala chica, al contrario, era la persona mas maravillosa que había conocido dentro de ese instituto, y gracias a dios no se comportaba como "una señorita de sociedad" sino que estaba cortada por la misma tijera que ella.
- ¿Quieres tomar algo Sak? – Preguntó Tomoyo abriendo el bar del automóvil.
- Un fuerte vaso de Coñac. – Dijo Sakura.
- Amph… no suelo tomar Coñac pero a mi querida madre le encanta, así que aquí tengo algo bueno que te hará liberar tensiones. – Dijo la amatista con una sonrisa.
- Gracias Tommy.
- No es nada Sak.
Finalmente, el auto entró por un portón de rejas negras de una decoración muy fina y cruzó un enorme jardín de hermosas flores y fuentes hasta llegar a la puerta de roble de una enorme mansión.
Tomoyo abrió la puerta del automóvil y salieron. Las puertas de la enorme mansión se abrieron dejando a la vista a una anciana con una sonrisa.
- Bienvenida señorita Tomoyo, señorita Sakura. – Dijo con una inclinación de cabeza.
- Gracias Nanni, tanto tiempo. – Dijo Sakura con una sonrisa.
¿Y mi madre? – Preguntó Tomoyo.
- No tarda en llegar señorita.
- Gracias. – Dijo la amatista. – Ven, vamos a mi habitación.
La casa de Tomoyo era lo que sería una Mansión Inglesa con todas las letras. Era enorme y unas puertas de roble bien talladas te daban la bienvenida a un enorme Hall de pisos de madera bien pulidos y una escalera que se dividía en dos haciendo como un círculo, pero al fin y al cabo terminaban en el mismo lugar arriba, donde habían unos ventanales enormes y vos elegías si ir para la derecha o la izquierda.
En el medio de ambas escaleras, había un cuadro enorme de Sonomi con su marido y la pequeña Tomoyo de bebé.
Subieron las escaleras y caminaron hacia la derecha, por donde estaba la habitación de Tomoyo, la cual se dividía en dos. La primera parte era como una pequeña habitación con sillones y un equipo de música y libros y la segunda estaba su cama y un enorme placard. Tenía una pantalla de plasma enfrente de su cama y su cámara de video último modelo sobre su mesita de luz.
Todo en su impecable lugar. Típico de Tomoyo. Sakura sonrió.
- ¿Duermes en mi habitación o prefieres que mande a preparar una habitación para ti? – Preguntó la amatista cruzada de brazos.
- ¿Cuándo he dormido en una habitación de huéspedes Tomoyo Daidougi? – Preguntó Sakura alzando una ceja.
- La amatista sonrió y se dio la vuelta para salir por la puerta y darle la orden a unos empleados que le prepararan una cama provisoria en su habitación para Sakura.
Mientras tanto Sakura miró todo lo que la rodeaba analizándolo, todo en su perfecto lugar, como la última vez que había pisado la mansión Daidougi. ¿Es que acaso Tomoyo no tocaba nada de lo que era parte de su habitación?
Miró en su mesita de noche y vio una foto del padre de Tomoyo, quien había muerto cuando ella tenía tres años de un paro cardíaco. Desde ese entonces, Sonomi Daidougi se encargó de la educación de su hija y nunca se volvió a casar. Siempre cuidando las formas, muy educada, demasiado formal, todo lo contrario a lo que era su madre, su madre era la mujer más liberal y sencilla del mundo.
- Mañana tendremos que llamar a Rika. – Dijo Tomoyo entrando con un juego de sábanas que eran para la cama dónde Sakura dormiría.
- Si… luego de hacer eso que tengo q hacer la llamaré. – Dijo Sakura mirando el techo. – Aunque no se que pasará… es decir, si confío en que Rika se lo diga a sus padres, pero… no se si aparecerá el lunes en el colegio.
- Lo dudo mucho… mas conociendo a los señores Sasaki.
- Mph… espero que le vaya bien. – Dijo Sakura en un suspiro.
- Yo también lo espero… - Dijo Tomoyo sacando su celular. – Le mandaré un mensaje deseándole suerte.
"Gracias Tommy. Deseale suerte a Sakura de mi parte. Besos. Rika."
Con esas palabras Rika Sasaki le había devuelto el mensaje a Tomoyo quien suspiró y se guardó el celular en el bolsillo del pantalón.
En ese momento alguien golpeó la puerta, Tomoyo dio el permiso para que pase y una chica jovencita vestida con el uniforme de servicio de la familia Daidougi entró tímidamente en la habitación.
- Señorita Tomoyo, la señora Sonomi acaba de llegar y la espera en el comedor.
- Muchas gracias. – Respondió Tomoyo.
La amatista sonrió y la joven se retiró de la misma manera con la que entró. Y ambas jovencitas salieron de la habitación para cenar junto a la madre de Tomoyo.
- ¡Sakura cuanto tiempo! – Exclamó Sonomi apenas vio a Sakura entrar por el umbral del salón comedor. – ¿Cómo has estado?
- Muy bien. Muchas gracias. – Respondió Sakura.
- ¿Y tu padre?
- Hace mucho que no me comunico con él… hará un mes más o menos.
- ¿No te ha llamado? – Preguntó Sonomi extrañada.
-Mph… no. – Respondió Sakura. – De todos modos, no es algo extraño en él.
La señora Daidougi le sonrió compasivamente a Sakura, aunque ella supuso que por lastima, ya que ella llamaba casi a diario a Tomoyo cuando se encontraba en el colegio. Se notaba que había un buen vínculo, por más que Sonomi fuera una mujer muy metida en sus negocios, pero a veces se hacía un tiempito para su hija. El único problema que existía, en este caso, entre madre e hija era que Tomoyo no se comportaba como una señorita de Sociedad ni se interesaba por los negocios de su madre, cosa a la que Sonomi ponía mucho empeño.
De todas maneras, la señora Daidougi era una mujer agradable. A pesar de que a primera vista parece una mujer fría y calculadora, tiene un buen corazón, que obviamente se endureció un poco después de la muerte de su marido, pero por Tomoyo, que era apenas una niña decidió ponerse fuerte y salir adelante.
Físicamente era alta, bastante alta ya de por sí, y encima usaba siempre zapatos con alto taco. Tenía el pelo marrón, casi castaño como Sakura, corto y corrido hacia un costado. Sus ojos eran del mismo color que su cabello y su tez blanca, pero no tanto como Tomoyo, lo que indicaba que Tomoyo era la viva imagen de su padre.
- Y bien Sakura, ¿hasta cuando te quedas? – Preguntó Sonomi. – Calculo que hasta el domingo.
- No. – Respondió Sakura amablemente. – No la molestaré hasta el domingo, tan solo hasta mañana.
- Pero ¡Que dices pequeña! – Exclamó Sonomi. – Nunca eres una molestia en esta casa, siempre serás bien recibida Sakura.
- Muchas gracias, pero de todos modos, tenía pensado quedarme hasta el domingo.
- Si así lo prefieres… - Respondió como última palabra la matriarca de la familia Daidougi.
Después de cenar, Sonomi se despidió de las chicas diciendo que tenía mucho trabajo que hacer en el estudio, por lo cual no la vieron en el resto de la noche.
Sakura fue junto con Tomoyo a su habitación y se pusieron a ver televisión mientras hablaban de lo que sería el día de mañana. Sakura estaba decidida y por fin empezaría por lo que sería un largo camino… destruir a aquel maldito violador.
A la mañana siguiente, los ojos verdes de Sakura se abrieron lentamente adaptándose a la luz que ahora entraba por sus pupilas. Cuando finalmente pudo abrirlos por completo, vio que Tomoyo no estaba en su cama. Ni en la habitación.
Se incorporó y se estiró. ¿Dónde se había metido Tomoyo?
- Sakurita buenos días. – Dijo la persona que justamente la recién levantada estaba buscando.
- Buenos días Tomoyo. – Dijo Sakura con una sonrisa. – Hoy es el día.
- Lo se. ¿Cuándo irás?
- Mph… me baño y salgo.
De acuerdo, te prepararé la mochila con un almuerzo por si te da hambre. – Dijo la amatista.
- Tu siempre preocupándote por mi, no lo merezco.
- Te mereces eso y más Sak. Eres mi mejor amiga.
Sakura sonrió y abrazó suavemente a Tomoyo. Como la quería. Nadie en el mundo se preocupaba por ella como su mejor amiga.
La castaña entró a bañarse en el baño de Tomoyo mientras esta buscaba un par de cosas entre sus cosas, pero en ese momento, el celular de Tomoyo comenzó a sonar.
- Eriol… - Susurró la amatista con las manos temblorosas antes de contestar. - ¿Hola? ¿Eriol?
- No Tomoyo, soy yo, Syaoran. ¡No digas mi nombre! Se que está Sakura contigo. – Dijo Syaoran rápidamente antes de que Tomoyo pronunciara otra letra de su nombre que no fuera la S.
- Se está bañando. – Dijo Tomoyo. – Pero tienes razón, está aquí.
- T ienen pensado hacer algo, estuve observándola toda la semana.
- No, no tenemos pensado hacer nada, ella tiene pensado que es diferente. Lo hará sola. – Dijo Tomoyo controlando que Sakura no saliera del baño.
- ¿Qué es lo que hará? – Preguntó Syaoran preocupado.
- Irá a hablar con Takedo Irokashi. – Dijo Tomoyo.
- ¡¿Qué?! ¡¿Ella sola?! – Gritó Syaoran alterado.
- Ella lo decidió así, y es mejor que la dejemos ser y que haga lo que su instinto le diga.
- Pero… pero… ella corre peligro…
- Lo se, pero no puedo hacer nada mas que dejarla Syaoran… - Dijo Tomoyo.
- Al menos dime la dirección Tomoyo… por si no regresa y le ocurre algo… - Dijo Syaoran, pero en ese momento el sonido de la ducha cesó y la puerta del baño comenzó a abrirse dejando a la vista a una Sakura envuelta en toallas.
- No, muchas gracias, no me interesan los servicios de Internet que me ofrecen. Hasta luego. – Dijo la amatista cerrando su celular.
- ¿Tomoyo? – Preguntó el castaño, pero la comunicación ya había sido cortada.
- ¿Que era lo que iba a pasar ahora? ¿Qué demonios era lo que Sakura tenía pensado hacer? ¿Y si le pasaba algo? Eran una de las miles de millones de preguntas que corrían ahora por el cerebro de Syaoran. Estaba preocupado por Sakura, su Sakura que corría peligro.
Tomoyo se quedó mirando atónita a Sakura con el celular en la mano derecha, con el corazón latiéndole a mil por hora. ¿Habría escuchado algo?
- ¿Quién era? – Preguntó la castaña.
- Mph… ofrecían un servicio de Internet. – Dijo Tomoyo sintiéndose culpable por estar mintiéndole a su mejor amiga.
- ¿Por celular? – Preguntó la castaña. – Que extraño…
- Si, realmente extraño… ¿Qué tal el baño?
Finalmente, Sakura se puso un pantalón negro y unas botas felpuditas grises y un tapado gris a juego con sus botas y una gorrita blanca.
- ¿Estas segura que no quieres que te acompañe? – Preguntó Tomoyo.
- No, gracias. – Respondió Sakura acariciando una de las mejillas de su amiga. – Tengo que hacerlo sola.
- Mucha suerte Sak.
- Gracias Tommy. – Dijo Sakura abrazando a Tomoyo.
Había llegado el momento, el momento en el que se volvería a encontrar con el pasado perdido y aclararía unas cuantas dudas.
Tomó un micro que la llevo hasta la estación de tren, el cual tomó hacia los suburbios de Tokio, donde vivía Takedo. Sinceramente nunca en su vida había tomado un transporte público, y la primera vez, se sentía bastante extraña.
- Boletos por favor. – Dijo la voz de un hombre vestido con uniforme. – Su boleto señorita. – Dijo mirando a Sakura.
- ¿Boleto? – Preguntó extrañada.
- Si, el boleto, no me tome por idiota. – Dijo el guardia perdiendo la paciencia.
- Pero yo no se lo que es un…
- A ver nenita, el papelito blanco que sale de la maquina donde pusiste monedas para comprobar que pagaste el pasaje. ¿Ahí quedó mas claro? – Dijo el guardia alzando la voz.
- ¡Ah! – Exclamó Sakura. – El ticket.
El guardia la miró confundido mientras Sakura le daba el papelito blanco que decía la hora y el importe del pasaje.
- ¿Eres extranjera? – Preguntó el hombre.
- No… soy de aquí, de Japón. – Dijo Sakura alzando una ceja. – Solo que nunca había tomado un tren.
- Que extraña.
Finalmente llegó a la estación en la que tenía que bajar.
"Sinceramente prefería los viajes en auto, no soportaría viajar nuevamente en un tren como sardina enlatada" – Pensó la castaña mientras se aferraba a su mochila y seguía su camino.
Según la guía, la casa de Takedo no estaría muy lejos de la estación de tren. Estaba a unas cinco cuadras. Caminó mirando con atención para no perderse y finalmente llegó a donde la dirección coincidía con la que tenía anotada en el papel.
Se paró delante del portón del pequeño jardincito delantero, que era mas barro que pasto con dos canteritos con margaritas. El portón era de hierro, bajito y la puerta de madera clarita. Las paredes aún no habían sido pintadas y las ventanas eran pequeñas pero del mismo color y material que la puerta.
Abrió el portón y caminó cuidadosamente sobre los troncos cortados, que había, señalando un camino hacia la puerta de la casa. Sakura respiró y retuvo el aire mientras tomó valor para tocar tres veces el timbre que era un pequeño botón negro en un aparatito redondo con unos cables que salían.
La puerta se empezó a abrir lentamente y Sakura sentía a su corazón latir a mil por hora, si seguía así le daría un paro cardíaco. Pero no era Takedo el que abrió la puerta, ni siquiera era un hombre. Era una mujer de cabellos rubios apagados y ojos claros vistiendo una pollera larga de tela común con una camisa y un delantal de cocina con un bebé en sus brazos, mas bien una niña de unos dos años aproximadamente con la cara llena de chocolate.
- Buenos días. – Dijo muy amablemente la mujer. - ¿Qué deseas?
- Amph… ¿aquí vive Takedo Irokashi? – Preguntó la castaña.
- Así es, es mi esposo. – Dijo la mujer sonriendo. - ¿Eres familiar de él?
- Mph… no, soy una vieja conocida. – Dijo Sakura. - ¿Se encuentra él en casa?
- Claro, pasa, seguramente se alegrará de verte.
- Muchas gracias señora. – Dijo Sakura entrando en la casa.
Por dentro, la casa era algo oscura, le faltaba luz del sol. Las paredes estaban empapeladas con un papel blanco con flores amarillas pequeñas.
En el living, los sillones estaban gastados, eran de color marrón y se notaba que tenían un gato de mascota porque estaban arañados en la parte de abajo. Enfrente de los sillones había un televisor que para Sakura era una reliquia, una caja negra con dos antenas, había tenido uno así cuando era muy pequeña porque eran así los televisores, pero hacían mil años que no veía uno así.
Miró en el comedor, y vio un par de chicos varones jugando con pinturas, seguramente uno tendría nueve años y el otro seis.
- Por favor, toma asiento, ya llamo a Takedo. – Dijo la mujer amablemente.
- Gracias. – Respondió Sakura tomando asiento en uno de los sillones apretando los puños por los nervios. ¿La reconocería?
Escuchó un par de pasos bajar por una escalera gastada de madera y supo que había llegado el momento.
- No me dijo el nombre Takedo. – Escuchó que decía la mujer. – Pero es una chica muy bonita, dice ser conocida tuya.
Los pasos se escuchaban cada vez más cerca y sentía unas fuertes ganas de salir corriendo y dejar todo ahí. Sin importar nada.
- Buenos días. – Dijo la voz del hombre.
- Buenos días… Señor Irokashi. – Dijo Sakura levantándose y dejando ver el rostro de ella al hombre.
- Sakura… - Susurró antes de ponerse blanco como un papel y sentándose de golpe en un sillón por la impresión.
La esposa de Takedo Irokashi buscó un vaso de agua con azúcar para traerle a su marido. Aparentemente le había bajado la presión.
- ¿Se encuentra mejor? – Preguntó Sakura preguntándose internamente si no era mejor que se retirara.
- No te preocupes querida, mi marido no está muy bien de salud últimamente. – Dijo la mujer. – Ya se le pasará.
Sakura asintió y se siguió sentada en un sillón que estaba enfrente de donde estaba sentado el hombre que la miraba con sus ojos negros clavados en los verdes de ella.
- Aún no me olvido de esa tarde. – Dijo Takedo apretando las manos. – A veces tengo pesadillas que no me dejan dormir… todavía.
- Señor Irokashi… yo todavía no puedo vivir en paz, así que dormir es algo de las pocas cosas que no puedo hacer bien hace siete años, y una de las mas fáciles de soportar. – Dijo Sakura con un dejo de rencor en cada una de sus palabras. – De todas maneras no vine a echarle nada en cara. – Dijo agachando la mirada.
- ¿Cómo conseguiste la dirección de mi casa? ¿Quién te la dio? – Preguntó Takedo mirándola con los ojos bien abiertos.
- Yo guardé cada uno de los recortes, notas periodísticas, entrevistas, todo de su grupo. – Dijo Sakura. – Se que a mi madre fue a la segunda persona que mataron. – Terminó la chica sintiendo un nudo en su garganta.
- Así que de un recorte periodístico… ¿y que es lo que quieres buscar aquí ahora?
- También se que yo soy la primera niña... a la que violaron. – Dijo intentando no quebrar, no, no debía quebrar. – Vengo… a que usted me ayude a encontrarlo.
- No se dónde esta. – Dijo Takedo transpirando. – Tengo una familia Sakura, piensa en eso.
- Irokashi… nunca me imagine que después de lo que pasó usted tendría el valor de formar una familia. – Dijo Sakura. – Usted debería creer en el dicho de: "Todo vuelve". – Dijo la castaña sintiendo que su corazón se le iba a salir de los nervios y sin saber de donde sacar mas valor. – Pero no vengo por usted, ni por su familia ya que usted fue el único que me tuvo compasión aquella tarde, lo recuerdo muy bien… por eso ahora, necesito de su ayuda, tal vez… así usted pueda tener menos remordimiento en su conciencia, nadie se enterará que usted me ayudó… necesito saber que fue lo que pasó con ese desgraciado después de aquella tarde.
- Primero… debes saber su nombre Sakura… el nombre del líder de nuestra banda de delincuentes se llama Hirokashi Satomoe. – Dijo el hombre con una cara de disgusto.
- No… no sabía el nombre de él…
- Hubieras empezado por ahí Sakura. – Dijo Takedo mirando hacia arriba, como pensando. – Hirokashi Satomoe era su nombre ficticio, el que usaba con nosotros en la banda. Nunca dijo su nombre real, incluso tenía documentos falsos, pero un día recibió una llamada, no se de quien era, solo se que en un momento de la conversación le dijo: "No me digas Henrry" con tono amenazante.
- Es decir… ¿Que su nombre real es Henrry?
- Eso calculo. – Dijo Takedo suspirado. – Bueno… aquella tarde… Nosotros nos estábamos escapando de un robo que habíamos echo, estábamos felices con el botín y nos escondimos en el callejón, cuando escuchamos unos pasos… y nos pegamos contra la pared, detrás de unas cajas, pero uno de nosotros se quedó atrás… y vino corriendo, sin imaginar que estábamos ahí escondidos, lo que le dio a tu madre la pauta de que había mas gente ahí.
- Si, lo recuerdo muy bien…
Flash Back
Se estaba haciendo de noche, y la luz era tenue en toda la ciudad, el ambiente estaba pesado y húmedo. Seguro iba a empezar a llover.
- Sakura… mejor nos apuramos o se largara a llover
- Si mama… podemos ir por el pasaje… acortaríamos tres cuadras. – Dijo Sakura cargando unas bolsas de colores y un globo con forma de corazón.
- Si, seguro Fujikata y Touya están preocupados por nosotras… mejor que lleguemos antes.
- ¿Vamos a ir por el callejón?
- Si Sakura.
- No se si es buena idea, papa…
- Se lo que te dice tu padre… pero recién no tenias miedo de ir… - Dijo la mujer. – Además si vas con migo no pasara nada.
- Mph… de acuerdo. – Dijo Sakura resignada.
La niña tomo la mano de su madre, estaba asustada, y ya era grande como para tenerle miedo a un callejón, pero sus amigas nunca se animaban a ir por ahí, y su padre se lo tenía prohibido. Siempre fue conocido por los robos que en ese callejón ocurrían, de todos modos, su propia madre le estaba diciendo que fueran… eso quería decir que no era tan malo…
Ambas se adentraron en el estrecho y oscuro callejón, lleno de tachos de basura y cajas vacías.
- Mejor regresemos por el otro lado mama. – Dijo Sakura con la voz temblorosa.
- No te preocupes… estas con tu mami, nada te pasara… Además ya estamos a mitad del camino.
Nadeshiko sintió la presencia de alguien mas en ese callejón, apretó levemente la mano de su hija y se detuvo.
- Escóndete. – Dijo la mujer en un susurro empujando a Sakura contra unas cajas.
La pequeña obedeció sin dudar a su madre y se escondió detrás de unas cajas.
Fin del Fash Back
- En el momento que te metiste dentro de las cajas, Hirokashi supo que había alguien más. Y nos ordenó avanzar…
- Y se encontraron con mi madre parada en medio del callejón esperándolos.
- Exacto…
Flash Back
- Hola, hola. – Dijo un hombre acercándose a Nadeshiko con tres mas que reían a sus espaldas.
- Déjame pasar…
- Es muy raro encontrar a una mujer solita por acá… caminando. – Dijo burlonamente el hombre.
- ¿Estas segura que no vienes con nadie?
- Claro que no vengo con nadie. ¿Ustedes ven a alguien? – Pregunto la mujer
- Valla, pero mírala a la mujercita, esta respondona…
- Púdrete. – Dijo la mujer.
- Ojo como hablas. – Dijo un hombre acercándose peligrosamente. – Puede costarte caro…
El hombre atajo por detrás a Nadeshiko y comenzó a acariciarle uno de sus muslos, pero ella le dio una patada en su parte intima.
- Perra. – Dijo el hombre empujándola.
- Yo escuchaba dos voces jefe. – Dijo otro hombre buscando algo, o mejor dicho, a alguien.
- Dije que venia sola. – Replico Nadeshiko.
- Mph… eso vamos a verlo querida. – Dijo otro hombre atajándola por atrás y sacando un cuchillo apuntando, sin saber a la pequeña que miraba todo escondida.
- ¿Me vas a matar?
- ¿Qué te parece mujer?
Fin del Flash Back
- Hirokashi ya venía alterado por lo del robo anterior y mas los desafíos de tu madre…
- Y la mató… - Terminó la frase Sakura recordando todo lo que había ocurrido esa noche.
Creo que este es el capítulo mas largo que escribí de esta historia :P jojojo. Espero que les guste este capitulo y me dejen su comentario.
En el proximo Takedo terminará con su confesion y ayudará a Sakura muchísimo... pero algo va a estropear todos los planes que Sakura formuló en su cabeza... y solo una carta los va a poder resolver.
Pronto saldrá la verdad de Syaoran a la luz... y Yukiko volverá al ataque jojojojo.
Bueno, además de esta historia, subí una nueva titulada: "Cuestion de honor" si tienen tiempo y ganas leeanla, :) la subi en rememplazando a "doble vida"
Hoy no pongo adelantos, mil disculpas...
Un beso enorme para todos, suerte bye :)
Muchísimas gracias por sus reviews y por la buena onda :)
