De la impuntualidad de Albus
Si alguien te hubiera dicho cuando llegaste a Hogwarts que Albus Potter iba a ser tu mejor amigo, no te lo hubieras creído, no después de todas las advertencias que te hizo tu padre. Pero, ¿Quién se habría creído que un Potter terminaría en Slytherin, que sería tu compañero de habitación y también del equipo de quidditch? Lo piensas, y lo tienes claro, son coincidencias, y si todas y cada una de ellas no se hubiesen dado, Albus y tú probablemente no seriáis amigos actualmente. Ya te lo dijo Zabinni el primer día de colegio, (cuando fuisteis a comprobar si ibais a dormir en el mismo cuarto y al llegar a la puerta viste aquel rótulo que decía: "Habitación 3: Malfoy, Scorpius Hyperion – Potter, Albus Severus") no te podría haber ocurrido nada peor. Y en realidad, no es porque al final Potter resultase ser arrogante, o un enemigo en potencia, si no, porque era todo lo contrario a ti. Cuando tu quieres estudiar, el tiene ganas de jugar a algo; mientras tú tienes tu ropa ordenada por colores, él las tiene tiradas por el suelo o metidas hechas una bola dentro de su baúl.
Pero echando la vista atrás, te das cuenta de los buenos momentos que has pasado con él, y te das cuenta de que si algo ha caracterizado a Albus, si por algo es tu amigo, es porque es precisamente eso, un buen amigo, con todas sus letras; cumple perfectamente con esa definición como nunca antes habías visto en alguien. Aunque a veces tenga esos pequeños detalles que te saquen de tus casillas, sabes que en el fondo, nunca haría nada que pudiera dañarte, al igual que tu jamás harías algo que pudiera dañarlo a él.
Quizás es por eso que se aprovecha a veces del cariño que le tienes para hacerte trabajar. Hace días que te persigue por el castillo para que lo ayudes con su ensayo de transformaciones, al principio no querías (porque al final siempre terminas haciéndolo tú) pero como suele ocurrir, has sucumbido a su carita de pena y suplica. Y aunque te moleste un poco que consiga cosas de ti poniéndote caras tristes, has accedido. El problema, es que llevas al menos treinta minutos en la biblioteca esperándolo, y no aparece. Habéis terminado las clases temprano, habéis almorzado y después no lo has vuelto a ver. Albus sabe que odias la impuntualidad, o si no lo sabe, debería saberlo, pues es lo que más rabia te da de una persona. No soportas tener que esperar por nadie, y Albus, siempre se hace esperar. Así que decides enfadarte y no ayudarlo. Si supiera lo poco que te gusta que llegue tarde, llegaría quince minutos antes.
Has llegado a tu habitación y ves las cortinas de Albus cerradas. "Ya está, no sigas buscando" Te acercas y las abres un poco, y al principio no puedes evitar sonreír un poco al verlo dormido, no sabes por qué, pero esa escena te provoca una ternura increíble. Verlo allí recostado, con la boca entreabierta y los ojos cerrados… de repente lo ves moverse, y te alejas un poco. Te hace mucha gracia verlo en esa situación, ahora ha empezado a sonreír y no sabes por qué, te da mucha curiosidad, te gustaría saber porque parece tan contento.
- Vamos, para… - te ríes, no sabías que Albus hablara en sueños. ¿Qué estará soñando? – venga, por favor…
Sigue hablando y tú sigues en silencio tratando de descifrar lo que dice, pues no habla muy claro. Instintivamente, le acaricias la mejilla y notas como al contacto vuelve a sonreír. No sabes muy bien porque pero bajas la mano por su cuello y la mezclas con su pelo negro. Albus se estremece y comienza a suspirar, aun dormido. No sabes que estás haciendo, ni porque, solo sabes que te gusta, y que quieres seguir haciéndolo. Así que sigues acariciando el pelo de Albus, comienzas a bajar por su cuello y sigues por su espalda. Notas como su cuerpo tiene un ligero espasmo, y gruñe. Eso te provoca una sensación difícil de describir, comienzas a respirar agitadamente, pero te entran más ganas de seguir tocándolo.
Con tus dedos comienzas a recorrer con suavidad sus labios que están tibios al roce. Él abre un poco la boca al sentirlos, y se gira para quedar boca arriba. Se muerde el labio inferior, y tú sin querer lo imitas. Cuando te das cuenta, tienes la mano sobre su abdomen y le acaricias el vientre. Tus dedos curiosean sin que tengas control pleno de ellos y cuando te quieres dar cuenta, tienen una lucha encarnizada con su camiseta, la cual han ganado; así que se deslizan triunfantes por su piel suave y cálida. Notas como Albus suspira y su pecho sube y baja demasiado. Vas a seguir cuando oyes algo que te paraliza.
- Mmm Scorp… - paras e inmediatamente quitas la mano, pero Albus sigue durmiendo. Ha dicho tu nombre en sueños y eso te ha dejado bloqueado. Te levantas de la cama y vuelves a cerrar las cortinas percatándote con una simple ojeada a su pantalón, que a Albus le ha gustado todo esto.
Cuando sales de la habitación notas tus mejillas sonrojadas, y sales al jardín a que te dé un poco el aire. Definitivamente, no te volverás a quejar de que Albus no llegue a tus horas de estudio y repaso.
