La manía de Scorpius por ser un prefecto perfecto
Es sábado por la tarde, y se avecina un día bastante aburrido. Por norma, los Slytherin hacen partida de póker los sábados, pero hacía mucho que el jefe de la casa las había prohibido, ya que eso encadenaba apuestas arriesgadas y otras estupideces.
Tú adorabas esas partidas, y en tu opinión las apuestas no eran para tanto: Traer ropa interior de alguna chica de séptimo, robar la escoba del capitán de quidditch, salir desnudo a la sala común… en definitiva, nada que pudiera resultar peligroso.
Creías que este año serias el amo y dueño, ya que te habías entrenado todo el verano con James, y habías conseguido ganarle prácticamente cada partida que jugasteis. Pero a principio de año las suspendieron. Solo de vez en cuando jugabas con algún compañero en tu cama. Eso sí, escuchando los sermones de Scorpius a tus espaldas de que estaba prohibido.
- Somos prefectos, Albus, hacemos cumplir las normas, no las rompemos – te decía siempre que te veía salir con la baraja en la mano.
Pero tú, ni caso. Te lo pasas muy bien y además la mayoría de las veces, siempre ganas; exceptuando claro, cuando las partidas son mixtas, es decir, con miembros de otras casas. Si hay alguien que pueda darte una paliza casi sin pestañear, es sin duda Lysander Scamander. No sabes cómo aprendió a jugar, ni quien le enseño, pero solo has conseguido ganarle en dos ocasiones, y siempre porque él terminaba pasando por tener malas cartas.
Aquella noche, mientras cenabas y charlabas con Scorpius, Lysander se acercó a vosotros.
- Oye Al, esta noche hay mixta en vuestra sala común – te dice como si fuera lo más normal – hemos conseguido permiso de algunos prefectos, esta noche la guardia será en las torres, así que si no la armamos mucho, la podremos hacer.
- Perdona, Scamander – le ha dicho Scorpius – pero están prohibidas las timbas en Hogwarts.
- Ya está el perfecto prefecto, - dice en tono de burla – no hablaba contigo Malfoy, sino no con Albus – de repente se acerca mucho a ti, para que Scorp no le oiga - enserio, vendrás ¿no? Sabes que no sería lo mismo sin ti.
No has respondido, pero ves como Lysander se va y no para de volver la cabeza para mirarte y sonreírte, tú lo sigues con la mirada y entonces oyes a Scorpius carraspear.
- No pensaras ir, ¿verdad? – te dice serio.
- Sabes que si, Scorp, Lys me ha retado… si no voy, dirá que soy un cobarde; además soy el único que realmente puede con él, y lo sabe.
- Venga, Al, no seas ingenuo, Scamander no va tras tus cartas, si no tras tus pantalones – de repente giras la cabeza. ¿Eso lo ha dicho realmente él?
-Vamos, ¿de qué hablas? – observas como Scorpius te dirige una mirada de resignación.
-Por favor, Albus, todo el colegio sabe de qué pata cojea Scamander, pero claro, se suele decir que la persona afectada no se da cuenta, y tú no eres muy perspicaz para esas cosas.
No has respondido, te has puesto a darle vueltas a las gachas y a pensar. Realmente nunca te habías fijado en Lysander de esa forma, jamás, y has pasado muchos veranos en su casa, y él en la tuya, y fiestas, navidades… siempre te has llevado mucho mejor con él que con Lorcan, pero jamás te imaginaste que él sintiera por ti algo más que amistad. Eso te hace pensar en el tema… chicos, chicas… nunca lo has tenido muy claro, aunque cuando en cuarto aquella chica de Ravenclaw te besó no te hizo sentir nada; pero claro, tu pensaste que era porque no te gustaba mucho. En cambio, si hay veces que se despiertan en ti ganas de besar a alguien, aunque no quieres ni pensarlo; y eso es, porque si lo haces, es como si estuvieras admitiendo que te gusta, y no estás nada seguro de ello. Piensas que debes ponerle solución a estas dudas y pronto. Crees que lo primero de todo, seria despejar "la duda", esa que te tiene en vilo desde los trece, y es comprobar si efectivamente te gustan los chicos.
Estáis sentados en círculo, lo tienes enfrente, y notas como no para de mirarte por encima de sus cartas. Te sientes un poco nervioso y piensas que debes centrar tu mente en el juego si no quieres volver a perder frente a él.
Después de un par de partidas de calentamiento decidís hacer un descanso antes de "la gran partida" que es donde el perdedor, deberá cumplir lo que el ganador le indique.
Allí, de pie, bebiendo una cerveza de mantequilla esta Lysander, que te mira con cautela. Te acercas a él y le pides un poco, él te pasa su botella y bebes, todo eso, manteniendo el contacto visual. Nunca has tenido novia o novio, pero sabes cómo coquetear o entrarle a alguien.
- Ey, Potter, estás acabando con mi cerveza – te dice quitándotela sujetando momentáneamente tu mano.
- No importa, tengo más de reserva – le dices apoyándote en el marco que da a los dormitorios.
- Ah, ¿sí? ¿y dónde? – dice pícaramente.
- Arriba, en mi habitación, debajo de mi cama.
- Pues la mía se está acabando, deberíamos ir a por más.
No le has contestado, solo una sonrisa ladeada ha bastado para que te siga escaleras arriba. Entras en tu habitación que debería estar vacía, pero te encuentras con una sorpresa.
- Scorp, ¿Qué haces aquí? Deberías estar cumpliendo con tus labores de prefecto, esta noche te tocaba patrullar a ti, ¿recuerdas?
Ha tardado en responder, y no te extraña. No querías que te viera con Lysander, y a juzgar por su cara, el tampoco lo deseaba.
- He decidido quedarme para que la timba no se os fuera de las manos, pero tranquilos, se cuando sobro – lo has agarrado del brazo antes de que se fuera, pero él se ha soltado, no sin antes echarte una mirada de rabia retenida.
- Vamos, no es eso, pero me ha extrañado que estuvieras aquí sabiendo que tienes turno de guardia, no es típico de ti.
- ¿El qué? ¿no hacer lo correcto? Para tu información, también se divertirme, pero cumpliendo las normas.
- No te enfades, Scorp, no es justo, tú siempre hablas de cumplir las normas; vamos, eres…
- ¿El perfecto prefecto? Puedes llamármelo tú también, todo el mundo lo hace, y no me ofende…
- Iba a decir que eres mi mejor amigo y que no te molestes conmigo por eso…
- Me da igual, y no me molesto. Me voy abajo, quiero vigilar de cerca, y realizar "mis labores de prefecto" – ha salido dando un portazo y tú te quedas fijamente mirando la puerta cerrada.
Se te ha cortado todo el rollo, ¿Por qué siempre termina igual? ¿Por qué cojones, acaba siempre discutiendo y enfadado contigo?, ya no tienes ganas de nada, ni de beber, ni de jugar, pero aun así coges la cerveza de debajo de la cama con el semblante serio, y Lysander te mira ofuscado. Busca tu mirada, pero tú la rehúyes, te agarra de la barbilla y te levanta la cara.
- Realmente estas muy colado por él, eh.
