De la manía de Albus de dejarlo todo para el último momento
Albus siempre ha sido un poco descuidado, no es que te estés enterando en este momento de eso. Pero hay veces que no te afecta, así que lo ignoras, aunque desgraciadamente, esta no es una de ellas.
Debe ser al menos la una de la madrugada, y no puedes dormir, ¿el motivo? Albus está con la luz encendida porque no ha terminado el ensayo de transformaciones de mañana y lo tenéis que entregar a primera hora. Te has puesto la almohada sobre la cabeza, te has tapado con las sabanas, pero no puedes dormir, además de vez en cuando suelta gruñidos y el rasgar de la pluma es un sonido que te molesta excesivamente. Te giras y lo ves, te hace un poco de gracia aunque jamás lo admitirás delante suyo, por supuesto. Está más despeinado que de costumbre, de hecho, su pelo está de punta por muchos lados, debido principalmente, a que no para de echárselo hacia atrás cada vez que pierde la paciencia y suelta un suspiro, también por la forma en que está sentado. Tiene una pierna hacia abajo y la otra flexionada de forma que tiene el pie encima de la silla, luego en esa rodilla descansa su codo y sobre la mano esta su cabeza ("¿Cómo pretende concentrarse sentado de esa forma?") además se ha quitado la camiseta del pijama en uno de esos momentos de frustración absoluta que ha tenido.
Las dos, y aun sigue igual, no te deja dormir, de vez en cuando te mira, y te haces el dormido, porque en realidad, crees que arma todo ese jaleo para que vayas a ayudarlo. En uno de los momentos en que has cerrado los ojos para que crea que duermes, has oído un ruido estruendoso. Te incorporas un poco y ves que ha tirado el tintero contra la pared y que lanza un par de improperios al pergamino que tiene en la mesa. Finalmente, como estabas temiendo desde hacía rato, te levantas a ayudarlo.
A ver, Al, ¿Qué pasa? – dices refregándote los ojos por el sueño.
Ya lo sabes – contesta enfurruñado – no me consigue entrar esta puñetera asignatura.
El problema es que lo dejas todo para el último momento. Anteayer te dije que estaba haciéndola, y que te vinieras a la biblioteca conmigo para que te ayudara, pero claro, tenías cosas mejores que hacer…
No es eso, es que al día siguiente tenía que hacer un ensayo para pociones, ¿lo recuerdas?
Si, ese que te mandaron hace más de una semana… no tienes remedio Albus, en serio.
Si vienes a echarme la charla, puedes seguir durmiendo.
De acuerdo, pero no hagas tanto ruido – le dices girándote para irte. Pero te agarra de la manga de tu pijama y te retiene.
Vamos, siéntate, por favor… - te ríes, y vas a por tu silla, pero no esta
¿Dónde está mi silla? – le dices mirándolo extrañado.
Es esta, donde estoy yo sentado – lo miras levantando una ceja – la mía es esa, la que está debajo de ese montón de ropa, bajo mi túnica de quidditch.
Decididamente, no tienes remedio Albus Severus – le dices con los brazos en jarra.
No me llames así, o te llamare por tu segundo nombre. Y da igual, vamos a mi cama ahí podremos sentarnos los dos. Tengo vuela pluma, estaba aquí para intentar molestarte lo mínimo posible…
Al final como siempre, terminas ayudándolo; te da ternura verlo así, medio dormido, todo frustrado, porque realmente no entiende muchos fundamentos de la transformación que son imprescindibles para saber llevar a cabo ciertos hechizos.
Como su cama está apoyada en una de las paredes de vuestra habitación, os habéis puesto allí los dos descansando la espalda, le hablas, y le comentas para que poco a poco el vaya dándose cuenta de lo que tiene que poner, no quieres hacerle tu el trabajo.
Cuando está por terminar, apoya su cabeza en tu hombro.
No sé qué haría sin ti, Scorp – lo hueles, porque ese olor que tiene es imposible de ignorar, es dulce y ligero a la vez, y lo peor de todo es que sabes que no lleva ningún perfume, nada, es así como huele él, su cuerpo.
Suspender transformaciones, ¿no es obvio? – le respondes y te mueves un poco porque quieres acomodarte mejor.
¿te molesta que me recueste sobre ti? – te giras y lo miras.
No, solo me moví un poco para estar más cómodo – de repente quita su cabeza de tu hombro.
Ponte como más cómodo si quieres – tiene que haberlo notado, porque con tu piel pálida como la nieve, sonrojarse es demasiado obvio, te ha tendido una mano y te has apoyado en su almohada, ahora estas casi acostado en su cama, el se ha puesto junto a ti, y sigue dictando al vuela pluma.
De repente, parece haber terminado, pues ha parado de dictar, su libro esta a tu derecha, así que se ha puesto casi encima de ti para cogerlo, mientras más cerca de ti está, más nervioso te pones, no puedes remediarlo, y recuerdas el día en que estabais en el baño, y lo que estuvo a punto de pasar, y lo recuerdas con esas cosquillas en el estomago.
¿Scorp? Te estoy hablando, ¿en qué piensas? Te dije que ya terminé, puedes dormir a gusto, y muchas gracias
Ya se me quito el sueño, ahora estoy despejado – no sabes porque has dicho eso, aunque es verdad – me voy a mi cama para que puedas dormir
Espera – te agarra del brazo – quédate, tampoco tengo mucho sueño. ¿puedo decirte algo? - Dice sentándose muy cerca de ti, demasiado para tus nervios.
Sí, claro – no tienes ni idea de que quiere preguntarte, posiblemente, sea algo sobre el ensayo.
Verás, el otro día, en el baño, ¿recuerdas? – asientes con miedo, porque sabes que te va a decir, pero no tienes ni idea de que responderle – pues bueno, estuve pensando, y quizás deberíamos probarlo…
¿probarlo? ¿el qué? – dices dando falsa señal de confusión.
Vamos, Scorp, sabes de qué te hablo, tu también estabas allí, no te hagas el tonto. Hablo de… de besarnos…
Tu sangre se ha helado, tu piel se ha erizado, tu boca se ha secado y definitivamente, a tu amigo se le ha ido la cabeza.
¿de qué me hablas Albus? Estás loco – pero no paras de mirarlo, echando por tierra tus palabras.
Vale, si no quieres… solo lo decía, porque había quedado un poco de tensión entre nosotros, y bueno, quería despejarla, probar… solo era un beso, para comprobar que se sentía… pero entiendo que no quieras…
¿Sólo seria para probar? – te mira y te sonríe - ¿solo eso? – asiente y tu también lo haces automáticamente.
Él toma la iniciativa, se sienta sobre tus piernas estiradas sobre la cama, y te agarra suavemente la cara. Tú instintivamente cierras los ojos, y a los pocos segundos notas la calidez que emanan sus labios sobre los tuyos, es un beso suave, inocente. Solo un roce de vuestros labios. O al menos eso pensabas tu, hasta que te has dado cuenta de que tu cuerpo te ha traicionado por completo y has empezado a moverte a su merced, tu boca se ha ido entreabriendo ante sus labios que venían buscando a los tuyos. Ahora un intruso dulce y húmedo penetra en tu boca, algo que nunca habías experimentado; y no solo tu boca es invadida, todo tu cuerpo es simultáneamente atacado por una excitación difícil de controlar, que te inunda todo el cuerpo desde la cabeza a los pies; y lo agarras por la cintura, para atraerlo hacia ti y el entremezcla sus dedos entre tus rubios cabellos haciendo que estos se ericen hasta hacerte estremecer. Tu respiración sigue agitada, principalmente por el obstáculo de que tu boca ha dejado de servir para ese cometido. El silencio se apodera de vuestro alrededor, dejando solo los pequeños ruidos que hacen vuestras bocas cada vez que se cierran una en torno a la otra. Solo deseas que si es un sueño no despiertes nunca, pero de repente, parece que es así, oyes un pitido, y ves como Albus despega su boca de ti, pero aun manteniendo su mano en tu nuca, ha girado la cabeza.
Es la alarma, la puse por si me quedaba dormido – se ha vuelto a girar, y os miráis a los ojos. Poco a poco notas como se levanta de tu regazo y se pone de tu lado de nuevo sin decir una sola palabra – yo… bueno, ha estado bien, ¿no? Quiero decir, era algo que quería probar, y ha sido una buena experiencia.
Sí, bueno, ya lo hemos probado, podemos seguir como hasta ahora…
Por supuesto… solo quería experimentar algo diferente, no es que…
Ya, ya… a mí tampoco me gustan los chicos ni nada de eso, si es lo que ibas a decir…
En realidad no, pero… bueno, creo que deberíamos dormir ya.
Y sin apenas miraros os metéis cada uno en vuestra cama, sin decir siquiera buenas noches.
