Del orgullo de Scorpius

Te levantas y el sol te ciega, intentas incorporarte y tu cabeza te comienza a doler de forma insufrible, has cerrado los ojos porque de repente te sientes algo mareado; nunca te has levantado con una sensación como esta. Cuando por fin vuelves a abrirlos miras a tu alrededor y te frotas la cara; la situación es devastadora: estas en ropa interior, hay cosas tiradas por el suelo, y Lysander Scamander está junto a ti durmiendo en las mismas condiciones. Te miras: das pena, definitivamente, anoche se te fue de las manos algo, pero no sabes bien el que, porque no recuerdas haber bebido más que cerveza de mantequilla, y es imposible que te emborracharas con eso. Te levantas esquivando cosas: tus cartas de póker, el pijama, la ropa de Lysander, vuestros zapatos; todo está hecho una porquería, y eso que tu habitación nunca ha sido el santuario del orden. Coges una botella y la miras, la observas bien, la lees y te das cuenta de algo: eso no es lo que tú creías, Lysander ha debido de cambiártelas porque sabe que no has probado nunca la cerveza muggle y no la reconocerías a simple vista. Cuando crees que nada podría ser peor de lo que es, escuchas una lechuza detrás de ti y te acercas a la ventana. Le quitas la carta y el paquete que trae.

Hola Potter:

Espero que tu resaca no sea tan mala como la pasada que llevabas anoche. Solo decirte que no debería darte tu regalo de navidad, pero como ya te lo había comprado no sabía qué hacer con él. Por cierto, dile a tu novio, que se puede quedar tranquilo, no me volveré a acercar a ti, tampoco es algo que me agrade mucho viendo la situación. Espero que te guste el regalo, y de nada por adelantado, porque me imagino que Scamander no te dejará enviarme una respuesta.

PD: Espero que seáis muy felices.

S. Malfoy

Has golpeado la mesa de una patada, lo que ha hecho que Lys se despierte.

-Buenos días, Al – te dice mientras se estira.

Tú te das la vuelta lentamente con la carta en la mano, y lo miras severamente.

-¿Se puede saber que cojones pasó anoche? – le preguntas, y su cara se vuelve blanca.

-Nada, solo que, bueno bebimos más de la cuenta, y…

-No me refiero a eso, ¿qué paso con Scorpius?, ¿Qué le dijiste?

-Ah, bueno, pues nada, no se… es que tampoco me acuerdo de mucho…

Te pones los jeans y los zapatos y con un puñado de polvos te metes en la chimenea, dejando a Lysander solo y confundido. Entras en la habitación de Scorpius, porque hace dos años que vuestros padres os instalaron esa conexión, y aunque soléis utilizarla solo para conversar, no has tenido inconveniente en usarla como entrada sin siquiera llamar.

Has dado un susto de muerte a Scorpius que se hallaba en la cama leyendo un libro. Solo con los pantalones de un pijama, unos calcetines, y el pelo más revuelto que le hayas visto jamás, se ha levantado bruscamente.

-¿Qué haces aquí, Potter? – te dice fríamente

-No me hables así, Scorpius. Yo no te he hecho absolutamente nada.

-Tu no, pero veo que tu novio habla ahora por los dos – dice alzando la mirada.

-No sé de qué me hablas, pero te aseguro dos cosas que son, y no van a cambiar: ni Lysander es mi novio, ni nadie habla por mí; aunque eso deberías saberlo, me conoces bien.

-Creía conocerte, pero veo la clase de "amiguitos" que te echas, y créeme, ya no se qué pensar de ti – te habla con desprecio y se acerca a ti lentamente.

-No entiendo qué problema tienes con Lysander. Tendrías que aceptarlo, como yo aceptaría a la persona con la que tú quisieras estar – te acercas y le das con el dedo en el pecho para enfatizar tu enfado – ¡eso, es lo que hacen los amigos!

-No tengo ningún problema con tu novio. Te lo puedes comer si quieres.

-Y dale, que no es mi novio, no seas pesado, no lo es ni lo será, tenemos una relación abierta ¿entiendes? Ni tengo nada serio con él, ni lo quiero.

-¿Entonces, puedes besar a otra persona sin que eso afecte a lo vuestro? – asientes, porque parece que Scorpius no entiende ese concepto - ¿seguro?

Vuelves a asentir y cuando te quieres dar cuenta, Scorpius te besa; te besa y te aprisiona contra su armario. Pero no es el mismo beso que os disteis en vuestra habitación en Hogwarts, este es mucho más… ¿Cómo definirlo? Porque es más brusco, pero a la vez es dulce, sus labios son tan suaves, que no podría ser de otra forma. Introduce su lengua en tu boca de forma abrupta y comienza a morder tus labios con los suyos. Su mano esta en tu nuca y la mueve enredando tu pelo, lo que hace que te den unos escalofríos que recorren tu cuerpo de arriba abajo. Tu estomago se encoge y comienzas a responderle ese beso furtivo. Lo agarras también tú a él, y comenzáis a besaros cada vez más, una de tus manos recorre su torso torneado y la otra pasea por su espalda. Notas los labios de Scorpius en tu cuello, lo recorre despacio y lo deja húmedo, sube hasta tu oreja y la lame tanto que no puedes evitarlo y sueltas un gemido que temes que haya escuchado alguien. Cuando has empezado a excitarte demasiado, se separa de ti. Por un segundo os miráis a los ojos y permanecéis en silencio. Pero entonces, él se vuelve y camina hacia su cama, tú te quedas estático.

-Ya puedes marcharte, Potter – te dice otra vez con su voz fría.

-¿Qué? – preguntas, porque no sabes por dónde empezar.

-Solo estaba comprobando al igual que tu; con la diferencia de que a mí, me gustan los hombres, no los chicos – se ha sentado en la cama y ha cogido su libro – ya sabes por dónde se sale.

-Eres un jodido orgulloso Scorpius Malfoy – y sin más te has ido de allí.