De la cercanía de Scorpius
Cuando llegaste al hospital, todo era un caos, la gente iba y venía de aquí para allá. Y tú te encontrabas solo y desorientado. Por fin accediste a la recepción y preguntaste por él.
-Perdone, busco a Ted Lupin.
La chica te indicó amablemente el número de la habitación y cuando estuviste dentro encontraste a tu padre y a James allí, sentados a los pies de su cama. Lo miraste y te diste cuenta lo mal que se encontraba. Tenía varias heridas en la cara, un brazo con escayola y estaba dormido, o al menos eso parecía. Te has sentado en una silla junto a tu padre y lo has abrazado, James cariñosamente, te ha revuelto el pelo y te ha sonreído.
Cuando has preguntado si se pondrá bien, te han dicho que si con una sonrisa, por lo que tu angustia va desapareciendo a lo largo de la noche en pequeñas dosis. Tanto es así, que sin querer, te quedaste dormido apoyando tus brazos sobre la cama de Teddy.
Oyes ruidos, voces, pero no quieres despertar, estas muy a gusto. No sabes qué hora es, pero aun así quieres quedarte más rato acostado, porque hoy es domingo y ese día sueles levantarte siempre bastante tarde. Pero el cúmulo de ruidos no te deja dormir, y hay momentos en los que una de las voces que oyes te hace pensar que quizás aun sigas durmiendo. Porque esa voz que te resulta tan familiar está ahí, pero no puede ser, porque por otro lado escuchas la voz de tu madre y la de tu padre. Parece que estén conversando los tres, pero eso es imposible.
Abres un ojo, para que nadie se dé cuenta de que estás despierto y lo haces porque no puedes imaginarte lo que estas escuchando. Pero lo has comprobado, ves a tus padres, que están junto a la cama de Teddy, charlar con alguien que se encuentra cerca del umbral de la puerta.
-Pero pasa Scorpius – le dice tu padre – siéntate donde quieras, bueno, donde puedas, porque como Albus se quedó dormido aquí, lo tumbamos en ese banco para que descansara.
-No se preocupe, señor Potter, me sentaré aquí, junto a él – notas como al pasar, Scorp te revuelve un poco el pelo, lo que te hace sonreír un poco - ¿Cómo está? Albus parecía muy preocupado anoche cuando se fue.
-Pues bien, ha pasado la noche mejor de lo que esperábamos, tenemos que esperar a que las cosas no se compliquen.
-Si puedo ayudarles en algo – les dice Scorpius tan servicial y correcto como siempre.
Y te gusta, porque en estos momentos notas a Scorp como a alguien de tu familia, alguien con quien contar en momentos necesarios como este, en momentos en los que solo recurres a gente que realmente te importa. Y el gesto de que sin siquiera llamarlo haya decidido venir al hospital, te demuestra como lo que más, la cercanía y la confianza que tienes con él.
-No te preocupes, y muchas gracias – dice tu padre – en este momento solo necesito tomarme algo para despejarme, así que si no te importa, Ginny y yo bajaremos a bebernos un café. ¿te importa quedarte a la vigilia de estos dos dormilones? – escuchas una risa de cada uno.
-Por supuesto que no, además, ya estoy acostumbrado a los ronquidos de Albus.
Cuando has escuchado como tus padres se iban y has notado el brazo de Scorp caer sobre tus hombros has decidido abrir los ojos.
-Yo no ronco. En cambio tú sí – le dices pillándolo un poco por sorpresa.
-Al, ¿desde cuándo estas despierto? – te dice sonriéndote.
-Nada, recién escuche tu voz – no querías que sonara así, pero quizás no ha sido tan evidente como dentro de tu cabeza – estoy incomodo, este banco es horrible – dices estirándote.
-Ya, normal, acostumbrado a tu mullidita cama – te dice burlándose un poco de ti – ven, pon aquí tu cabeza – dice señalándote sus piernas – recuéstate, e intenta dormir un poco más.
-No ya estoy bien, aunque tus piernas si parecen lo suficientemente mullidas para mí – le dices mientras te recuestas sobre él.
-¡Eh! ¿Qué intentas decir con eso? – te dice alborotándote el pelo – mis piernas son delgadas, no mullidas – y mientras, pasa su brazo por encima de tu cabeza para dejarlo apoyado sobre tu pecho y sientes como si te estuviera abrazando.
-No me despeines, ya lo estoy suficiente después de haber pasado la noche durmiendo en este frío y duro banco.
Scorpius se ríe, y con su otra mano intenta aplacártelo, sin ningún éxito claro. Y mientras tú, te acurrucas aun más entre estas caricias y cierras los ojos profundamente. Te sientes bien, y no podrías definirlo con otra palabra, ni podrías definir otra situación con ella después de cómo te encuentras en este momento. Porque es perfecto. Después de las situaciones que habéis vivido Scorpius y tú, os encontráis aquí, como si nada hubiese pasado, ni bueno, ni malo, como estabais al principio de este curso; sin los líos que tenéis ahora. Con esa proximidad y esa complicidad que todo el mundo dice que siempre habéis tenido. Adoras como envuelve sus dedos en tu pelo, te inunda con cada movimiento de su mano, te emocionas con el simple roce de su piel. Y mientras viaja entre las hebras de tu cabello notas escalofríos que te recorren, como los rallos recorren el cielo un día de fuerte tormenta. Y justo cuando la mano de Scorpius está pasando de tu pelo a tu cuello escucháis un carraspeo a vuestras espaldas. Él inmediatamente ha quitado sus manos de ti, y se ha levantado bruscamente. James os mira con el ceño un poco fruncido, como extrañado, pero no dice nada. Le da la mano a Scorpius y se sienta donde antes estaba él.
-¿Qué tal está, Al? – te pregunta mirando a Teddy.
-Bien – le dices evitando su mirada.
-Bueno – dice Scorpius – yo tengo que irme ya, la profesora McGonagall se enfadará si llego tarde, y demasiado que me ha dejado venir.
Te levantas, porque crees que es lo correcto cuando alguien va a marcharse y te acercas a Scorpius. James os mira de reojo, y eso te incomoda, aunque no te importa lo más mínimo, e ignorando la mano que te tiende Scorpius, le das un abrazo, apretándolo y estrechándolo todo lo que puedes.
-Muchas gracias por venir. Sabes que ha significado mucho para mí.
Te sonríe, y sabes que es una sonrisa sincera, de las que Scorpius Malfoy solo suelta delante de ti. Se la devuelves y te quedas como un tonto con la mano diciéndole adiós, mientras se pierde entre la gente que camina por el hospital.
