Quería aprovechar este capítulo para deciros de nuevo que muchas gracias por todos sus comentarios ^^ realmente los adoro, en serio.

También queria aprovechara para decir que aun quedan unos pocos capítulos terminados para subir, y que he pensado que no creo que escriba muchos más, porque no quiero hacer esta historia demasiado cansina.

Así que supongo que escribiré unos cuantos capítulos más, cortitos, y luego como no podría ser de otra forma, tendrá que tener dos epílogos, jajajajaja

aunque claro, si ven que es demasiado, acojo todas vuestras opiniones.

un beso enorme para todas/os y que disfruteis este capítulo, un poco diferente a los anteriores


De la pereza de Albus

-Vamos Potter, ¿no puedes hacerlo mejor? – te ríes, porque sabes que eso lo pondrá más furioso y mientras más furioso está, peor juega.

-No sigas por ahí, o sabes que terminaremos peleando; y no me llames Potter, sabes que lo odio.

-Todo el mundo te llama así, además solo lo hago para molestarte y lo sabes.

-Exacto, todo el mundo me llama así, y tú no eres todo el mundo – dice esto mientras mira sus cartas, ensimismado, pero tú no puedes evitar sonreír ante esto.

Después de al menos diez partidas, sigue sin ganar una sola, y eso le fastidia tanto, que no deja que te duermas aun estando que te caes del sueño, lo peor, es que mañana tenéis entrenamiento de quidditch a primera hora y sabes que como sigáis así no habrá manera de despertarlo.

-Vamos Al, tenemos que dormir, sino mañana Pucey nos matará – le dices por octava vez.

-No, si la siguiente no gano, lo dejamos.

-Pero Albus, llevamos así horas, y no ganas, estoy muy cansado, me muero de sueño, y mañana tenemos que madrugar.

-Una más, te lo juro.

Estas tan cansado que te apoyas en tus manos y cierras un momento los ojos, esperando que Albus decida de una maldita vez que cartas va a echar.


Estas a gusto en tu cama, por fin, cuando oyes un pitido latoso, te levantas sobresaltado y escuchas un: "Auch" miras a tu lado y ahí está Potter, ves a un lado y a otro y te das cuenta que estás en su cama, y lo recuerdas. Te quedaste dormido ahí y seguramente no quiso despertarte. No es la primera vez que dormís juntos, por supuesto, pero desde que empezó este curso, no lo habíais hecho todavía, y eso hace que te sientas un poco incomodo. Pero entonces miras la hora y te das cuenta de que llegas tarde. Te levantas corriendo a ponerte tu uniforme de quidditch y comienzas a tirarle objetos a Albus para que se levante

-Vamos, Al, despierta que vamos a llegar tarde – le dices, pero solo consigues que suelte un par de gruñidos – Albus, por favor, levántate – ruidos inentendibles – vamos, no seas vago, en diez minutos yo me voy, tú verás lo que haces.

Han pasado diez minutos, y quince, y sigue dormido boca abajo y con la boca entreabierta. Así que no le haces caso y bajas al entrenamiento tú solo, ya se las arreglará él con el capitán.

Cuando llegas al campo están todos allí, aunque aún no han empezado, están charlando. Te acercas y sueltas tu escoba en el húmedo césped. Todos te miran, y sabes bien porqué. Primero porque vienes un poco desastroso, y no es normal en ti, pero apenas has tenido tiempo de vestirte, peinarte y comer algo antes de bajar. Y segundo, porque vienes solo y eso si es raro, porque Albus y tu siempre venís juntos a entrenar. El capitán se ha acercado a preguntarte.

-Malfoy, ¿Dónde está Potter?

-Dormido – le dices como si fuera lo más natural del mundo – no ha querido despertarse, anoche estuvo despierto hasta tarde, le recordé que hoy teníamos entrenamiento, pero parece que le da igual, porque ahí sigue, metido en la cama.

-Dad dos vueltas al campo mientras voy a despertar a Potter.

Ves como Pucey con cara de pocos amigos, avanza rápido hasta el castillo, y tú te ríes mientras corres, porque te gustaría presenciar como hace eso.

Al cabo de unos quince minutos, los ves aparecer a los dos, Pucey todo irritado y a Albus, a quien le vienen resbalando chorros de agua por todo el pelo, con cara de querer matar a alguien, y mientras más se acerca, más te das cuenta de que esa persona a quien quiere matar es a ti. Se pone a correr a tu lado y ni te mira. Tú comienzas a reírte a carcajadas. Y de repente se gira y te mira con una sonrisa que solo puedes calificar como perversa.

-Yo de ti no me reiría tanto – te dice salpicándote. Lo miras extrañado.

-¿Por qué dices eso? – y él comienza a reírse a un más.

-Porque cuando Pucey ha venido a despertarme, ha comenzado a zarandearme, y yo como estaba más dormido que despierto, le he agarrado y lo he tirado encima de mí diciéndole: Vamos, Scorp, vuelve conmigo a la cama– te has tropezado y lo has mirado asustado.

-¿Qué?, dime que es una broma – él niega con la cabeza – ¿estás loco? – y miras a tu alrededor, porque ahora crees ver que todas las miradas se concentran en ti.

-No seas paranoico, qué más da… si dice algo, le diré que estaba soñando

Empiezas a correr más para adelantarlo. Y te juras a ti mismo que la próxima vez que Albus quiera jugar hasta tarde a las cartas, serás tú quien le tire el agua a la cabeza.