Del cariño de Scorpius
Desde que regresaste del hospital, las cosas os han ido bastante bien. Volvéis a charlar por las noches en vuestras camas, habéis ido juntos a Hogsmeade, aunque Lysander insistiera en que debías ir con él. Incluso la otra noche mientras jugabais una partida de cartas en tu cama, Scorpius se quedó allí dormido y para no despertarlo dormisteis juntos. No hay más, pero tampoco quieres arriesgarte a que lo haya, puesto que podríais perder vuestra amistad y para ti es una persona muy importante. Tanto, que prefieres tenerlo de amigo para siempre, a estar con él y que la cosa pueda estropearse. El principal problema, es cuando estáis a solas, ya que hay veces que ambos tenéis deseos irrefrenables que os cuesta controlar. Tú la mayoría de las veces intentas que no se te noten, y hay ocasiones en que lo consigues y otras en que no tanto. Por poner un ejemplo, en este instante mientras lees el manual de hechizos tumbado en tu cama, Scorp acaba de salir de la ducha en ropa interior; y todavía mojado, te ha dirigido una sonrisa ladeada al comprobar que no has parado de mirarlo desde que ha salido "Vamos, lo hace aposta" te dices sin quitarle los ojos de encima, pues bien, en esta ocasión, te resulta difícil frenarte. Se ha sentado enfrente de ti, en su cama, y se ha puesto a buscar en su baúl. "Que farsante" con lo ordenado que lo tiene, no tardaría tanto en encontrar nada. Te mira, ves que se muerde el labio inferior, y ves sus ojos grises asomarse con picardía entre el pelo rubio que debido al agua le cae pesadamente sobre la cara. Te levantas, para ir a donde diablos sea, que este lejos de él, pero entonces él también se pone de pie. Y como si fueseis dos imanes enfrentando sus polos opuestos os juntáis rápidamente en el centro de vuestra habitación y os besáis con pasión. Crees que se llama combustión espontanea, o algo así dijo el profesor de pociones. No lo sabes, pero ahora lo empujas a su cama mientras él te quita la camisa y la corbata, pero todo eso sin dejar de invadir su boca, claro. La cosa se pone cada vez más seria, y ahora Scorp lucha con tus pantalones y cuando por fin ya está todo fuera, escucháis como alguien golpea la puerta. Ambos aun tumbados, giráis la cabeza.
-¿Scorpius? – se oye desde fuera. Es una voz de hombre, sin duda la del señor Malfoy.
-¡Merlín! – te dice Scorpius susurrando – tenía que ir a arreglar un asunto familiar con mi padre, lo había olvidado por completo – y ahora con voz normal, lo escuchas decir – ¡si, papá, un momento me estoy cambiando!
-Vamos, abre, no voy a ver nada que no haya visto.
A toda prisa, Scorp te tira de su cama y te dice que te escondas. Se ha puesto los pantalones y se queda de pie.
-Un momento, ya voy – le dice, pero sigue ahí sin moverse.
-Ya estoy – le dices tú desde debajo de tu capa invisible – puedes abrir
-No, aun no – responde quedándose en el mismo sitio.
Le miras extrañado y le preguntas porqué, él entonces mira hacia abajo y se señala la entre pierna. Y lo comprendes, te ríes silenciosamente, y al cabo de unos minutos le abre la puerta.
-¿Qué pasa hijo? – es la primera vez que oyes al señor Malfoy hablar más de dos palabras, Scorpius siempre dice que su padre es una persona reservada. Tú te lo imaginas frio y distante – te avise que vendría y no estás listo, no es típico de ti.
Draco Malfoy se pasea por toda la habitación mirando vuestras cosas. De repente se queda mirando algo y se dirige a su hijo.
-Tengo que añadir dos cosas. La primera: menuda habitación tenéis Potter y tú, que desordenada y ¿porque tu cama sigue sin hacer con la hora que es? – tienes que taparte la boca, porque la cara de Scorp es un poema y no quieres que te escuchen reír – La segunda: veo que Slytherin te hace más estirado, ni siquiera me has dado un mísero abrazo.
Y entonces ocurre. Ves a Scorp sonreír de una forma tan tierna como jamás lo habías visto y cuando su padre se gira, ves exactamente la misma expresión pero con unos años de más. Se han dado un abrazo lleno de cariño, y eso también te hace sonreír, no habías visto hasta ahora a Scorp con su padre, pero jamás habrías pensado que se llevaran tan bien.
-Vamos Scorp, termina de vestirte, o llegaremos tarde a casa de tu querida abuela Greengrass – ves como ambos ponen cara de asco al mismo tiempo. Sincronizados – y sabes que tu madre lo odia – y entonces le alborota el pelo a Scorp de la misma forma en que tu lo haces. De repente, se queda mirándolo fijamente – hijo, ¿Qué es esto? – Le dice señalándole el cuello.
-¿El qué? – pregunta él. El señor Malfoy le señala el cuello y se ríe, Scorp corre al baño a mirarse en el espejo y cuando vuelve lo hace más pálido que de costumbre – ah, pues no sé, será de algún insecto que habrá por aquí.
-Vamos, que yo también he tenido tu edad – le dice riéndose a carcajadas – lo que me molesta es que andes con alguna chica y no me hayas contado nada. Antes confiabas en mi – le dice falsamente afligido a lo que Scorp ha respondido sonriéndole y dándole un golpe en el brazo – aun me acuerdo cuando eras así de pequeño, y venias a decirme hasta cuando ibas a hacer pis…
-Vamos, papá, no comiences, no es nada, cuando lo haya te lo diré – el señor Malfoy le ha echado un brazo por encima y le vuelve a sacudir el pelo.
-Eso espero, si quieres… puedo darte una charla – le dice arqueando las cejas – ya sabes de hombre a hombre – y ambos estallan a carcajadas – vamos seguro que te hace falta, por lo que me cuentas, estas falto de experiencia.
-¡Papá! Por favor… - lo ves sonrojarse demasiado.
-¿Qué más da? Si nadie nos está oyendo… vamos hijo, haz que tu padre se sienta orgulloso, y sal con la chica más linda de todo el colegio, Slytherin, por supuesto.
-Si, como tú, ¿no? – le dice empujándolo un poco – vamos, vejestorio, no me digas con quien tengo que salir.
-Sal con una Gryffindor, a ver si al abuelo Lucius le da un infarto – dice su padre sosteniéndose la barriga de la risa – y a ser posible, con padres muggles, para asegurarnos.
-Que cruel eres con él… - ambos se ríen – pobre abuelo…
-Como se nota que a ti no te ha tocado aguantarlo. No sabes de lo que te has librado Scorp.
Cuando ya están listos, entre risas salen de la habitación, y tú por fin puedes quitarte la capa. Te quedas mirando la puerta, porque la situación que acabas de ver ha sido algo insólito. Sonríes y piensas que para como lo pintan, el señor Malfoy no esta tan mal, y entonces te das cuenta de que estás en ropa interior, de pie y riéndote solo y te sientes inmensamente ridículo.
