De la decepción de Albus
La lluvia repiquetea sobre las grandes ventanas de vuestro dormitorio. Hoy es uno de esos días en que no tienes ganas de nada, solo de permanecer calentito bajo tus mantas y desear que el día pase rápido. Pero luego recuerdas el día que es, y suspiras, te levantas intentando mantener el calor en tu cuerpo, cosa que ves realmente difícil. Entonces con todo el pesar del mundo te lavas la cara, te miras al espejo del baño y te das ánimos silenciosos. Y te los das por dos cosas, porque hoy jugarás uno de los partidos más importantes de quidditch del curso, y porque jugarás contra James Potter, y eso, no es algo que te agrade demasiado. Albus, como siempre aun sigue dormido. Lo oyes y lo miras desde el umbral del baño y sonríes, porque no puedes evitarlo. Todo esto es tan difícil para ti, que te cuesta verlo ya como tan solo un amigo. Pero aun más te cuesta verlo cuando va paseando por ahí con Lysander, porque en esos momentos, te entran ganas de salir corriendo y encerrarte en tu habitación.
Han pasado tantas cosas entre vosotros que hay veces que ya no sabes cómo actuar ante él. Siempre esta tan atento a ti, tan cariñoso, tan… pero luego recuerdas con quien está, y que no está contigo; que siempre termináis igual, y que solo eres un juego para él, al igual que Scamander.
Te vistes y te vas directamente a los vestuarios. Poco a poco tus compañeros van apareciendo empapados, uno a uno los vas secando con un hechizo. Como siempre el último en llegar es Albus, quien ha entrado y te ha buscado para sentarse justo a tu lado. Pucey os habla sobre estrategias, pero tú no estás atento porque Albus parece estar muy nervioso.
-¿Qué te pasa? – le preguntas en un susurro.
-Necesito ver a James antes de que comience el partido – te dice nervioso.
-Pero, ¿para qué? – le preguntas extrañado.
-Está lloviendo, si no le hago el hechizo Impervius no verá nada durante todo el partido.
-Mejor, así me será más fácil ganarle.
-Vamos, Scorp, que es mi hermano, siempre se lo hago, pero claro, siempre nos encontramos antes del partido, y no ha bajado a desayunar.
-Pues ve ahora, seguro que está en su vestuario
Ves como se levanta y Pucey lo para
-¿A dónde vas Potter? – le pregunta de mal humor
-Necesito hacerle el hechizo impermeable a mi hermano en sus gafas, si no, no verá nada durante el partido
-¿Estás majara? De eso nada, si no ve es asunto suyo. Así será una ventaja para nosotros.
-¿Qué dices? Es mi hermano, y aunque sea del equipo contrario no voy a dejar que juegue ciego, así que lo siento, pero voy a su vestuario
-De eso nada, tú te quedas aquí, que se lo haga él solito, que ya tiene edad.
-Vamos Pucey – te metes temiendo que el capitán te mire mal – déjale, es una tontería.
-No te metas, Malfoy; - y se dirige de nuevo a Albus – que sepas que como hagas ese hechizo y perdamos, te pienso culpar de ello.
-Pues pienso correr el riesgo – dice Albus saliendo ya por la puerta.
Después de un interminable partido, de una intensa lluvia y de que Albus marcara tantos puntos que casi ni era necesario que atrapases la snitch, habéis ganado. Lo celebráis a lo grande por supuesto, están ya todos dirigiéndose a vuestra sala común, todos exceptuándoos a Albus y a ti, ya que este busca a su hermano como siempre después de un partido.
-Hola James – le dice muy contento – lo siento, pero esta vez hemos sido mejores.
-Ya veo, seguro que me trucaste las gafas para que perdiéramos – le dice enfurecido – vete con el resto de las serpientes a celebrarlo.
-Pero, ¿Qué dices? Sabes que jamás haría eso – Albus parece sorprendido.
-Bueno, no sé, ya no se bien quién eres, esa casa te ha cambiado, la gente de esa casa – dice mirándote de mala forma – te ha cambiado.
-No digas tonterías, James, sigo siendo como siempre, no seas mal perdedor.
-No es por este estúpido juego, ¿entiendes? Es que ya te miro, y no sé qué es lo que veo. Serias capaz de cualquier cosa para conseguir lo que quieres, hasta de hechizar a tu propio hermano – ves a Albus blanco, sin nada que responderle – me voy a Gryffindor, donde está mi familia y la gente en la que confío.
Mientras ves como James se aleja, notas como comienza a llover de nuevo, y vuestras túnicas pasan de un verde aceituna a un verde oscuro; tal como se tornan los ojos de Albus en este momento, oscuros, sombríos, opacos; decepcionados. Ha pasado un momento y estáis chorreando agua por todos lados, la túnica se te adhiere fuerte al cuerpo y el pelo se te pega en la cara. Miras a Albus sin saber que decirle, porque lleva todo este tiempo en silencio. Sin saber porqué, te acercas lentamente y lo abrazas. Después de un rato en el que ambos permanecéis de pie, empapados y callados, Albus te mira a los ojos y te llenas de tristeza, le aprietas a un más el abrazo y él apoya su cabeza en tu hombro.
-Albus – le dices quedamente – mejor será que entremos, o nos podremos enfermos.
-No quiero entrar, Scorpius, entra tú si quieres.
-No voy a dejarte aquí solo, si es lo que piensas – de repente, ves como sonríe y te mira.
-Lo sé, porque eres la única persona en la que confío, la única persona que sé que nunca me dejará solo – notas como comienza a acariciarte la mejilla, y aunque no sientes mucho calor porque tienes el cuerpo empapado y os cae mucha agua encima, tu cuerpo por dentro si lo siente, pero lo único que haces es rechazar su mano, a lo que él te mira extrañado.
-No, Albus, no quiero seguir jugando a este juego contigo – le dices despegándote de su lado.
-¿De qué hablas, Scorp? – te dice mirándote fijamente.
-De que no quiero que sigas jugando conmigo: hoy me besas, mañana no me hablas, pasado duermes con Scamander… no me interesa seguir con esto, lo siento – mientras le dices esto, vas apartando su mano lentamente.
-¿Pero de que hablas? ¿Qué quieres decir? – te dice agarrándote de los hombros – se que no te gusto, pero pensé que si éramos tan buenos amigos…
-¿Qué no me gustas? – no puedes evitar soltar una risa floja e irónica, realmente crees que está ciego – Albus, no digas tonterías, si no quiero seguir con esto, es precisamente, porque me gustas y demasiado, y me hace daño verte con ese Ravenclaw.
-¿Yo- yo te gusto? ¿de verdad? – dice muy sorprendido – pensé que tan solo estabas experimentando, como me dijiste aquello en tu habitación…
-Eres tonto, Albus Potter, solo te lo dije porque estaba celoso de Scamander – le dices con un poco de vergüenza.
Pero entonces, ya no tienes nada más que decir, porque Albus ha sonreído ampliamente, ha puesto su mano en tu cuello y te ha atraído para darte uno de los mejores besos que te ha dado jamás, tan suave, y tan cálido que en un momento como esté te entra como un chocolate caliente. Te acaricia el pelo empapado y lo mezcla con sus dedos haciendo que un pequeño riachuelo te resbale por la espalda, lo que se asemeja bastante con los cosquilleos que sientes en estos momentos. Le agarras por la cintura, para enfatizar lo que acabas de decirle. La paz y la calma del momento te aseguran lo que más temes, aunque no puedes evitarlo y lo separas un momento de ti, para hacerle esa pregunta que te tiene en vilo.
-Pero, ¿Qué pasa contigo y Scamander? – le preguntas un poco temeroso
-A la mierda con Scamander – te dice antes de volver a besarte con pasión.
Y seguís allí, bajo la lluvia, con vuestros uniformes de quidditch, con el pelo empapando de agua y besándoos de forma tranquila, porque sabéis que ahora no tenéis nada que os pueda separar. Bueno, nada… vuestros rostros se iluminan de repente y la sombra de un rayo os hace separaros y correr hacia el castillo.
