De la satisfacción de Scorpius
Corréis hasta dentro del recibidor, prácticamente arrastras a Scorpius de una mano y ambos lleváis al hombro vuestras escobas. Cuando habéis entrado os miráis empapados y jadeantes de la carrera y comenzáis a reíros. De repente escucháis una tos fuerte detrás.
-¿Qué significa esto? – pregunta Lysander - ¿Dónde os habíais metido? Hace bastante que James me dijo que estabais por venir.
Miras a Scorp para que entienda que es momento de hablar con Lysander y explicarle todo. Él parece entender, y camina lentamente mientras se gira en una ocasión para lanzarle una sonrisa de suficiencia a Lysander. Tú aun así, te diriges seriamente hacia él.
-Creo que tenemos que hablar, Lys.
Él parece comprender al instante lo que quieres decirle, y os apartáis a un corredor silencioso y vacio para poder charlar tranquilamente.
-Sabes desde que esto comenzó, que no era nada serio ni duradero – le dices directamente – sabes que no me gusta andarme con rodeos, además eres un chico inteligente, y sé que ya entiendes a que vine aquí.
-Si lo sé, aunque confiaba que con el tiempo, te fijarías en mí de otra forma.
-Cuando empezamos, tu ya sabias que yo estaba interesado en Scorpius. Y al parecer, al contrario de lo que tú insistías en hacerme creer, él también está interesado en mí. Eso me hace preguntarme, si tú lo sabías, y tratabas de engañarme.
-No sabía todo, solo intuía algo, notaba la forma en que te miraba, y claramente, era de mi de quien se ponía celoso, pero tienes que entenderme, estaba con alguien que no quería estar conmigo, y la única forma de seguir con esto, era haciéndote creer que Scorpius estaba interesado en otra persona.
-Bueno, pero al final, ha salido la verdad a la luz, y como comprenderás, no puedo seguir manteniendo la relación que tenia contigo.
-Está bien, - dice calmado – si es lo que quieres, adelante. Espero que te vaya bien con Malfoy. Y sabes que no hay problema conmigo, podemos seguir siendo amigos, como siempre.
-Me alegro, porque realmente, me caes muy bien, Lys, tu y Lorcan siempre han sido muy buenos amigos de mí y mis hermanos, y me desilusionaría mucho que por esto dejáramos de serlo
Te sonríe y os dais la mano en señal de paz. Así que lo dejas en el pasillo y te subes a tu habitación.
Entras y escuchas el sonido de la ducha. El uniforme de Scorpius está tirado por el suelo y después de recogérselo y ponerlo sobre una silla, entras al baño. Porque nunca os ha importado que el otro entre mientras estabais ahí. Pero lo haces sigilosamente, para que no pueda oírte. Entras de puntillas, y cuando estás justo para tocar la cortina de la ducha.
-Al, se que estás ahí, la cortina se transparenta un poco – te ha chafado el susto.
-Bueno, solo quería darte una sorpresa – dices mientras comienzas a cepillarte los dientes.
-¿Has hablado con Scamander? – dices "si" un poco regular - ¿y qué? ¿se ha enfadado?
Escupes en el lavabo para poder contestarle
-No y la verdad, es que me ha sorprendido, aunque he de decirte, que se que estaba muy dolido, y que cuando nos vio entrar juntos, se tuvo que morir. Pero a mí al menos, no me dijo nada.
Ves salir a Scorp de la ducha con la toalla atada a la cintura. Te sonríe y sale del baño, tú le sigues y cuando está sentado sobre tu cama te echas sobre él.
-Oh, no, Potter, maldita sea, voy a necesitar otro baño – te dice, porque lo has llenado de barro de nuevo.
-Vamos, no seas quisquilloso, solo es un poco de barro – dices dándole pequeños besos por el cuello.
-Cuéntame de nuevo la cara que puso Scamander – dice sonriendo
-No seas malo, Scorp – sigues dándole pequeños besos, pero comienzas a bajar por su cuello. Entonces escuchas salir de su boca un suspiro largo y miras su cara que tiene una expresión de felicidad inmensa - ¿te gustó eso?
-No, es que aun imagino la cara de Scamander – dice, y comienza a reírse.
-Oh, estupendo, pues ahora soy yo quien necesita un baño, cuando dejes de imaginártelo, me avisas.
-¿Qué dices?, vuelve aquí – y ahora es él quien te arrastra hacia la cama – espera, quítate ese asqueroso uniforme primero.
Comenzáis a reíros, y te sientes tan a gusto y tan bien, que parece que te hayas quitado un peso de encima. Piensas, que por fin, las cosas empiezan a ir bien.
