El título, en efecto, es el de una canción de Ozzy, me pareció apropiado, qué queréis que os diga (Pantha me ha hecho mucha ilusión ver que lo has leído ¡qué difícil eres de pillar!)
En fin, este es el auténtico comienzo, a ver si no se me ha ido mucho la olla, ¿no?
Por eso lo pongo hoy aunque mi intención sea actualizar una vez a la semana (fuerza mayor que entre semana no tengo internete)
Muchas gracias por vuestros comentarios, me hacen ilusión, espero no defraudar con ésto
ROAD TO NOWHERE
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Capítulo I
"En casa de Bobby"
BOBBY
Cogió el teléfono "¡Soy Sam! ¡Bobby! ¡Lo ha hecho otra vez! ¡Ese idiota de Dean, lo ha hecho otra vez!"
- Cálmate hijo, me alegra que hayas llamado – Se frotó los ojos preocupado – dime exactamente qué es lo que ha hecho Dean esta vez
- ¡Se ha cambiado por mi alma, Bobby! No sé cómo lo ha hecho, ¡ha borrado su existencia para devolverme el alma! - escuchó al muchacho llorar al otro lado de la línea – tengo que recuperarlo, no puedo permitir que lo haga.
- Eso ha hecho – El viejo miró al cielo maldiciendo todos los planes divinos en los que el chico Winchester había sido el saco de boxeo - ¿Estás muy lejos? ¿Por qué no vienes a verme y tratamos de encontrar juntos una solución?
- Aún sigo en Lawrence, Bobby, cojo el coche y voy para allá
El joven había colgado. El chatarrero lo hizo a su vez, lentamente, pensando en lo injusta que era la vida con el chaval, siempre en medio del huracán.
- ¿Quién era cariño?
- El chico de John, Ellen. Creo que vuelve a tener alucinaciones – contestó a su esposa – no debió sacarlo aún del hospital psiquiátrico de Glenwood Springs para dejarlo solo tan pronto.
- ¿Dean otra vez? - Ellen, con su largo cabello castaño recogido en una cola, se quitó las gafas de leer y guardó el tomo de mitología escandinava en su sitio – a veces pienso que ese chico es real, nos lo ha descrito tantas veces, que si no fuera porque no existe, creo que me caería bien.
- ¿Sabes cómo le va a John con los vampiros de Seattle? - iban a necesitar a su amigo
- Viene de camino, algo no iba bien en el motor de la camioneta. Si llego a saber que había dejado sólo al chico en Lawrence le hubiese dicho cuatro cosas – gruñó la mujer
- Ya tiene bastante con la recaída de su hijo ¿no? - enlazó la cintura de Ellen y la besó fugazmente – es una lástima, ese chico lo ha pasado tan mal desde... el cabrón de Miguel podía haber tenido un detalle con su padre y curarlo, a fin de cuentas si no es por Sam jamás habría localizado a Lucifer.
Sentía que lo llevaban los demonios cada vez que recordaba el estado del muchacho cuando lo encontraron. El chico había soportado una tortura inhumana sin admitir ser el recipiente de Lucifer, dando lugar a que el arcángel, usando a John de vehículo, devolviese a Lucifer a su prisión.
- Voy a llamarlo, tiene que estar aquí cuando llegue Sam – le dijo a su esposa.
SAM
Notó algún que otro cambio en el desguace, un nuevo letrero, un orden diferente. Pero no le dio importancia. Tenía algo más acuciante en que pensar. Bobby estaba en la puerta de la casa, también parecía distinto, más joven. Se bajó del coche y lo abrazó agobiado y emocionado.
- No sabía qué hacer, no sabía a quién recurrir – dijo – creí que ni siquiera querrías que viniera
- Has hecho bien viniendo chico, tengo algunos libros abajo ¿y si empezamos por ahí?
Aliviado por sentir el apoyo del chatarrero, lo siguió al búnker. "Creí que me harías todo tipo de pruebas anti demonios antes de dejarme pasar". Sobre la mesa estaban todos los libros que Bobby poseía sobre el tema mitológico de las Hilanderas del Destino.
- Gracias Bobby, en serio – volvió a abrazar al viejo – lo recuperaremos ¿verdad?... ¿Qué haces?
Se dio cuenta de la jeringa antes de que llegara a clavársela como pretendía. No, no podía ser, ¿Bobby lo estaba traicionando? Lo empujó y salió desorientado y confuso del sótano, ¡no podía contar con el cazador!
- ¡Espera Sam! ¡No es lo que piensas! ¡Es por tu bien!
Alguien armado con un rifle bloqueaba la puerta de la calle. Sam creyó alucinar al reconocer a Ellen Harvelle frente a él. Estaba tan asombrado que no se dio cuenta de que otra persona a la que no había visto, lo sujetaba con firmeza por la espalda, mientras Bobby le inyectaba el sedante en el brazo.
JOHN
Se cargó a su hijo al hombro y siguió a su amigo al sótano, dónde, con cuidado, lo depositó en la cama que habían arreglado para él. La rabia y la tristeza se agarraban a su garganta impidiéndole hablar menos aún que de costumbre. Apartó el flequillo de la cara de su hijo. "Malditos demonios" pensó "Malditos ángeles".
- ¿Estás bien John? - preguntó su anfitrión
Sacudió la cabeza, agobiado.
- Esto es una mierda amigo – musitó Bobby, mientras él arropaba a su hijo tras quitarle las botas – Creí que cuando acabaste con el Apocalipsis lo dejarían en paz, pero no ha hecho más que empeorar.
SAM
La confusión reinaba en la cabeza del castaño cuando despertó en la cama del búnker de Bobby. La confusión fruto del sedante y de recordar haber visto a Ellen apuntándole con un rifle. No era posible, Ellen estaba muerta.
Aunque lo que sí le causó un shock fue reconocer al acompañante del chatarrero cuando bajó a llevarle algo de comer. ¡Su padre! ¡Estaba igual que el día que lo vio por última vez! Las lágrimas acudieron a sus ojos. ¿Se había vuelto loco?
Cuando se levantó sin saber qué hacer o qué decir, el hombre lo abrazó y lo sentó de nuevo en el camastro sentándose a su lado.
- Tranquilo, Sammy, Ey, ya estoy aquí. Siento haberte dejado solo
- Papá, ¡estás vivo! ¿cómo?
- Es sólo una crisis Sam, pero también pasará, como las otras, estarás bien.
Se retiró del hombre que era la copia viviente de John Winchester. Desconfiado. Su mente iba atando cabos a toda velocidad.
- ¿Me ha ocurrido antes?
- Si Sam, desde que encerramos a Lucifer, hace cuatro años – respondió su padre aliviado con la entereza con la que trataba de centrarse y asimilar las noticias.
- ¿Y entonces hablo de Dean y creo que Ellen, Jo y tú estáis muertos?
Bobby asintió.
- ¿Jo también está viva?
- Jo no existe Sam, es fruto de tu delirio – le respondió su padre
- ¿Dean?
- Dean tampoco existe Sammy, eres hijo único.
Aunque a los ojos de los dos hombres, el muchacho aparentara aceptar sus explicaciones, una idea muy distinta iba madurando en la mente del supuesto enfermo, mientras sujetaba la fibra encontrada en el motel, como quien se agarra a un salvavidas.
- Estoy algo cansado papá, ¿podéis dejarme solo un rato? - respondió tranquilo – creo que necesito dormir un poco más.
Sorprendió la mirada cómplice de los dos amigos, seguro habían echado algo en la comida para que descansara.
- Está bien Sammy, estaremos arriba si necesitas algo
Se fueron. No habían salido por la puerta cuando se puso a pasear nerviosamente llamando al que ahora era su última esperanza para recuperar a Dean.
- Castiel, sé que ahora mismo no soy el primero en tu lista de favoritos, pero te necesito tío, te necesitamos, así que, por favor – rezó
Abrió los ojos, nada, más solo que la una. Volvió a intentarlo otra vez, aunque ahora usó el método de su hermano. Se sentó en el camastro.
- Cass, tío, que esto es una auténtica emergencia, trae tu culo emplumado aquí.
Ya te había oído la primera vez, te creía más paciente Sam – respondió el de ojos azules sentado a su lado, sobresaltándolo
CASTIEL
Se lo había pensado, lo de aparecer, durante una milésima de segundo. Porque ya les había dicho montones de veces que no podía estar a cada estupidez que se les ocurriera. Además, Sam había sido bastante desagradable la última vez.
Pero había algo en la llamada del menor de los Winchester que hacía que no fuera como otras veces. Y al analizarlo se dio cuenta de que era el alma de Sam, radiante, hermosa, sin una mancha.
El cazador había recuperado su alma, tal y como Dean la quería, sin dañar. "Una buena noticia, gracias a Dios", porque a pesar de todo, su fe en su padre era tan inquebrantable como la de su amigo en su hermano. Por fin una puñetera cosa en el Universo iba bien.
- ¡Cass! - el chico lo abrazó con fuerza
- ¡Has recuperado tu alma! - muy pocas veces había sonreído con tantas ganas – Dean tiene que estar muy contento
Tremendamente serio, el castaño le mostró su muñeca anudada con ¿qué era eso? Examinó el hilo y comprendió, toda su alegría se esfumó de un plumazo. "Es imposible"
- Lo ha hecho Cass
- Sólo ocurrió una vez, la seguridad se extremó después de aquello. Borrar una existencia, por insignificante que sea, remueve los cimientos del mundo y las de los Winchester no son precisamente insignificantes – el ángel se incorporó y comenzó a caminar nerviosamente – Esto no está bien, esto no está nada bien.
- ¡Ya lo sé Castiel! ¿Por qué crees que te he llamado? ¿para tomar el té? - le dijo el muchacho al borde de un ataque de nervios.
- Ahora preferiría al Sam sin alma, se altera menos – fulminó al castaño con la mirada – por favor, déjame pensar, ¿dónde realizó el ritual?
SAM
- En el motel "Último descanso" en la interestatal... - estaba solo, gimió fastidiado – no tardes mucho ¿vale?
- Vale, es peor de lo que me temía – respondió el ángel de vuelta – si no fuera por ese trozo de hilo tú ni sabrías que tenías un hermano.
- ¿Qué?
- Sabes lo que ha pasado porque debió cometer un error y perdió eso, si no lo hubiese perdido, si lo hubiese realizado correctamente, no habría nada que hacer. Ahora tenemos una oportunidad.
- ¿Vas a ayudarme? - suspiró aliviado, el ángel, cuando algo era importante para él, podía ser un gran aliado.
- Tenemos que realizar el contra hechizo, necesitamos los mismos ingredientes y la sangre de tu hermano para llevarlo a cabo – El ángel volvió a desaparecer
"Este tío es idiota" pensó Sam "¿No ve que estoy encerrado? ¿Cómo vamos a reunir los ingredientes?"
- Trazaremos un plan, tenemos que hablar con Bobby para que nos eche una mano, con su ayuda será más fácil – respondió el de la gabardina que cargaba un chaval al hombro, lo dejó en la cama – si llego a tardar un poco más hubiésemos tenido que conformarnos con un bebé
El chico del camastro se dio la vuelta mostrando el juvenil y pecoso rostro de un Dean de trece años
- ¿Cómo? - no podía creer lo que estaba viendo
- Por los pelos – presumió el ángel – el mundo dónde existe tu hermano está desapareciendo, sólo quedaban dos accesos, a sus trece años y a sus dos meses de vida. Como necesitamos su sangre y que recite el hechizo, pensé que era mejor que fuese un poco más grande.
- Buena la has hecho – se rió, tenían una esperanza, pero el chico que había en la cama auguraba un montón de problemas – ni te imaginas cómo era Dean con trece años.
