ROAD TO NOWHERE

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Capítulo II

"Realidad alternativa"

ELLEN

John aceptó el café, pero no tomó nada más. En los diez años que hacía desde que conocía al silencioso Winchester, nunca había sido una persona que compartiese sus sentimientos o sus estados de ánimo con nadie. Aunque lo que sí sabía Ellen, era que aquel hombre quería a su hijo por encima de todo.

El preocupado cazador tenía motivos más que sobrados para echarles en cara, tanto a ella como a Bobby, todas las desgracias que lo habían acosado desde el día en que irrumpieron en su vida. Nunca lo había hecho.

-Diez años atrás-

Las señales del demonio que mató a Will y a la esposa de Bobby aparecieron en Lawrence, Kansas. Feudo de una legendaria y antigua familia de cazadores: Los Campbell.

El que aún era sólo su amigo en aquel entonces, Bobby, se reunió con el patriarca, Samuel. El hombre lo despidió con cajas destempladas, sin embargo, su esposa sí les dijo dónde podían encontrar a su hija, aunque advirtiéndoles que Mary había dejado el negocio familiar mucho antes, al casarse con el mecánico del pueblo.

Sin querer habían conducido a Azazel hasta los Winchester, hasta el hijo en particular. Un chico noble, brillante, inteligente y de gran corazón, que adoraba a su madre por encima de todas las cosas. El demonio de ojos amarillos asesinó a Mary Winchester sin que su esposo y su hijo de diecisiete años pudiesen hacer nada, con la esperanza de que hicieran un trato con él.

Consiguieron escapar. Durante una temporada, padre e hijo vivieron en el desguace, con ellos, descubriendo quién era Mary realmente y aprendiendo de su veteranía y de la de Bobby.

Apoyó su mano en el hombro del moreno. Sus ojos castaños se alzaron febriles "Esto tenía que haberse acabado", musitó John dolido "hice lo que querían, sólo..."

Se oyó un fuerte golpe, abajo. Gritos, varias voces aparte de la de Sam. Corrieron abajo y se encontraron al robusto muchacho apoyado en la puerta del búnker, ¡por fuera! Un extraño tipo estaba con él. Un hombre de treinta y pocos años, cabello oscuro e ingenuos ojos azules que se abrían de par en par mirándola a ella

- Um – musitó el extraño sacudiendo distraído los restos de una hamburguesa de su gabardina – esto es muy interesante

CASTIEL

El chico estaba despertando. Sentía curiosidad por cómo había sido Dean de niño. Por lo poco que les había oído a ellos o a Bobby, era un chico responsable, obediente y formal.

Vio como abría los mismos ojos verdes, evaluando la situación en pocos segundos. Antes de sentarse en el jergón había inspeccionado dónde estaba y ahora los miraba a ellos fijamente

- ¿quienes sois? ¿dónde están mi padre y mi hermano?

- Aquí – respondió automáticamente fiel a su costumbre de decir la verdad

- Pues no es que sean transparentes, así que... - reconoció el tono de ironía en la voz del chico

- Tenemos que contarte algo Dean, nosotros... - intervino el cazador

- ¿Te conozco? ¿quién eres? - el preadolescente mantenía una calma tensa

- Es Sam, tu hermano – el ángel creyó que si le contaba que pasaba lo tranquilizaría, se dio cuenta de que hubiese sido mejor dejar hablar al castaño.

Con cara de "¿os creéis que soy imbécil?", el niño se puso en pie y los enfrentó como si no fueran mayores, más grandes y más fuertes que él y pudiera intimidarlos.

- Y una mierda pinchá en un palo va a ser éste mi hermano, mi hermano tiene nueve años, si no me decís ahora mismo dónde estoy y porqué, armo tal taco que los vecinos llamarán a los SWAT.

- Calma pequeño Dean – Se acercó a él despacio, con lo que pretendía fuera una sonrisa tranquilizadora, pero que, no entendía por qué, fue el detonante de la ira del chico

- ¡No te acerques tío! ¿qué eres? ¿Un exhibicionista de esos que acosan a los críos en los parques? ¡Pues te jodes porque yo no soy de esos! - la mirada del niño le recordaba tanto al Dean adulto cuando se sentía acorralado. El ángel boqueó ante la acusación de pedófilo mientras Sam se partía de risa a su costa - ¿Y tu de que te ríes Yeti?

- Si te tranquilizas Dean, te contaremos lo que ocurre – el castaño había cogido una silla y se había sentado aún con la sonrisa bailado en sus cambiantes ojos.

- Estoy calmado – masculló el muchacho sentándose a su vez en la cama y señalando al de la gabardina – pero que él no se acerque, parece que le gusto demasiado

Estaba demasiado sorprendido como para ofenderse por los recelos del chico. Además, para ser sinceros, tenía curiosidad por cómo Sam Winchester iba a explicar a la versión infantil de su hermano que un ángel lo había trasladado en el tiempo para deshacer un hechizo realizado por él mismo veinte años después.

Obviamente, el más joven de los Winchester ("Sam, porque Dean es el mayor aunque ahora solo tenga trece años" parpadeó Castiel) no contó toda la verdad al chico.

Se limitó a decirle que había realizado un hechizo y que como consecuencia del mismo debían haberse intercambiado su yo de treinta y tres años con el de trece.

- ¿Si? ¿y qué más? - gruñó el pecoso - ¿crees que porque tengo trece soy imbécil?

Así que salieron a la carrera del búnker mientras el niño les arrojaba todo lo que estaba al alcance de su mano. Incluida la pringosa hamburguesa que se estampó en su gabardina.

SAM

No podía parar de reír. No es que no estuviera preocupado, gran parte de esa risa era el nerviosismo acumulado. La voz conocida de Dean adolescente amenazaba con llamar a la CIA, al FBI, a su padre... Incluso amenazaba con prender fuego a la casa.

Los ojos castaños de John Winchester se clavaron en su hijo, preocupado. Sam sabía que ahora debía parecer un demente, pero no podía parar de reír. Miraba la cara de pasmarote de Castiel y su gabardina chorreando ketchup y mostaza y la risa acudía automáticamente a su garganta

- No me mires así papá, créeme que tengo motivos para reír

- ¿quién es éste, chico? - Preguntó Bobby apuntando con su rifle de sal a Castiel

- Es Cass, Bobby, de él si te acuerdas ¿verdad?

- No puede acordarse de mi Sam, en esta realidad Dean no existe, así que no tuve que sacarle del infierno – explicó el ángel

- Ah – se sintió como un tonto por no haber pensado en ello – pues os presentaré. Papá, Bobby, Ellen, este es Castiel, un ángel del señor

- ¿y qué más? Los ángeles no existen – musitó John

- Oye Cass, por favor, haz un poco de magia y muéstraselo o no nos dejará tranquilos, te advierto que Dean sacó lo de cabezón de Papá – un "yo no soy cabezón" se escuchó tras la puerta del búnker haciéndole sonreír de nuevo – espera, dejemos que él también lo vea ¿vale?

- Vale – aceptó su celestial amigo abriendo la puerta.

Atrapó a su hermano haciendo un alarde de reflejos, pues, como se había imaginado, el chico corría a escabullirse escaleras arriba. Sujetándolo trató de calmarlo. "No te he mentido Dean, espera y verás algo asombroso"

- Papá, di a este tipo que me suelte – suplicó el chico a un John Winchester que iba de sorpresa en sorpresa.

Sam pidió de nuevo a Castiel que hiciera su demostración. El ángel se transfiguró, desplegando sus alas entre sobrenaturales fogonazos de luz, La silueta de las mismas se perfiló sobre la pared del sótano impresionando hasta al chico que se debatía en sus brazos, calmándolo con un boquiabierto "¡que pasote!"

- Papá, Bobby, Ellen, él no es el único que quiero que conozcáis, este chico es Dean

- ¿Cómo no va a saber quién soy? Es mi padre – el niño miró angustiado a John.

JOHN

Descubrir de repente que los delirios de su único hijo eran el reflejo de una realidad paralela, era algo difícil de asumir. Y sin embargo aquel niño lo miraba con una angustia tan grande.

- Suéltalo Sam – pidió

El niño se abrazó a él, sólo durante un momento, después se separó sin decir nada, con un dolorido reproche en los ojos que le eran tan familiares.

- Explícamelo de nuevo Sam, explícanos a ambos qué es lo que ocurre aquí – apoyó una mano en el hombro del chico pecoso y le sonrió – vamos a tratar de solucionar ésto

Sin embargo, su hijo, parecía reacio a volver a contarle lo ocurrido, como si temiera asustar al niño, o causarle algún daño con ese relato.

- Tu padre tiene razón Sam – el tipo de la gabardina, el ángel, se acercó a su hijo, demasiado cerca para ser algo natural – la verdad siempre es un buen punto de partida

- Cass, por favor – Sammy sonreía divertido ante la presencia exageradamente cercana del tal Castiel – no es necesario que me hables tan cerca tío, esto es un poco embarazoso, las personas necesitamos...

- ¿Espacio personal? - adivinó por fin el de ojos azules

- Exacto

- ¿El es Sam? - la pregunta del chico rubio cogió a todos desprevenidos - ¿Él es mi hermano?

- Él es mi hijo – contestó al muchacho

- Él es tu hijo – fue incapaz de identificar el tono, pero no le gustó, como si en ese lugar en el que este era también su hijo, las cosas no fueran muy diferentes para el muchacho.

John estaba desconcertado, su auténtico hijo parecía a punto de abrazar al niño, como si creyera que podía derrumbarse en cualquier momento, sólo que a él no se lo parecía en absoluto. Para encontrarse en esa situación y tener sólo trece años se lo tomaba bastante bien. De todos modos le preguntó "¿estás bien?" y toda la entereza del crío se vino abajo. "¡Vaya chaval más raro!" pensó mientras lo abrazaba, dejándolo llorar sobre su pecho.

BOBBY

Habían escuchado la historia de Sam cientos de veces, pero nunca completa y con la perspectiva que tenían delante. Si hasta ese momento había creído que ese muchacho había sufrido un infierno, ya no sabía cómo calificar esa otra vida donde el chico pecoso, encogido en el sofá entre Ellen y su padre, había sido el único punto de apoyo del chaval.

John abrazaba al crío de otra dimensión por los hombros, asombrado por todo lo que iba desgranando su hijo en su relato. Bobby volvió a mirar al niño, los ojos expresivamente verdes del muchacho se fijaban concentrados en el joven Winchester, dejando que el padre que no lo recordaba lo abrazara. El chico giró la cabeza y fijo su atención en él, asustado por las situaciones que describía su supuesto hermano.

"Fue al infierno por mi..."

- Y rompió el primer sello – comprendió John – así me dijeron que fue, "El primer sello se rompería cuando un hombre justo derramara sangre en el infierno"

El viejo cazador sabía que John no reprochaba nada a aquel hijo de otra vida diferente. No así Sam, se enfrentó a su padre como ninguno había visto nunca, alterado, furioso "¡Fue al infierno por mi! ¡Papá! ¡Me importa una mierda lo que ocurrió, si rompió el primer sello o lo que hiciera allí! ¡Era mi hermano y fue al infierno por mi!"

- Continúa, por favor, Sammy, no pasa nada, continúa – el niño se había levantado, interponiéndose entre el enorme cuerpo de quien ya sí creía que era su hermano pequeño y el de su padre evitando el enfrentamiento.

El chatarrero presenció emocionado como Sam tragaba saliva, asentía al chaval intentando sonreír, y continuaba su historia con la voz temblorosa.

- Mientras Dean estaba en el infierno yo me junté con quien no debía, e hice cosas... Después Cass lo sacó, volvimos a cazar juntos, tratamos de detener la ruptura de los demás sellos y al final yo destruí el último...

- ¿Lucifer está libre en su mundo? - Preguntó Ellen

- No, Dean era el recipiente de Miguel, el auténtico. Y yo el de Lucifer. Encontramos la forma de encerrarlos a ambos e impedir el Apocalipsis, con la ayuda de Castiel y de Bobby

- Yo y esa Jo de la que hablaste ¿morimos intentando ayudaros?

Sam asintió "Mi alma quedó atrapada en el infierno, con Lucifer y Miguel. Dean no pudo soportarlo y decidió que si él no existía yo no perdería mi alma, y por eso intentó borrar su existencia, pero Cass está seguro que su acción traerá consecuencias terribles para todos"

- Pues lo mires como lo mires, a mi me parece que esta realidad es mucho mejor que la que nos has contado muchacho – aseveró Bobby manifestando lo que, estaba seguro, pensaban todos - ¿No es mejor que nos quedemos con el chico y dejemos las cosas como están?