Se que este capi es un poco chorra, pero el siguiente mejora, o eso creo...


ROAD TO NOWHERE

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Capítulo IV

"Iniciando el camino"

PAMELA

Ambos vehículos se detuvieron frente a su puerta. Supo quienes eran antes de que tocaran. Abrió y les dejó pasar, sujetando la correa de "Lilith" su perra lazarillo, para que no les estorbara al entrar.

- ¡Cuanta gente! - exclamó consciente de la incomodidad de todos y de la presencia imponente del ángel, que en otra realidad sería el responsable de su ceguera. No así en esta, en ésta le debía el favor al mismísimo Lucifer.

- Hola Pamela – saludó Sam dándole un abrazo y comprobando que fuera en la dimensión que fuese, la vidente siempre sabía dónde agarrar.

- Hola Sam, ese que está a tu lado es Castiel, ¿no?

- Si, yo lo siento, lo de tus ojos – la incomodidad en la voz del ángel era casi visible – siento no poder hacer nada ahora

Fue saludándolos a todos, uno por uno. Cuando llegó al niño los espíritus en continuo contacto con ella se revolucionaron. "Es él, es él, él nos ha hecho esto, él es el causante..."

- Iba a llamarte Bobby. El mundo de los espíritus está fuera de control desde hace tres días. Cientos, miles de presencias se acercan a mi cada día para que los ayude porque están atrapadas entre la vida y la muerte. Y no sólo personas, hay seres fantásticos entre ellos. Insisten en decir que están aquí por Dean Winchester, ¿tiene sentido para vosotros? Porque al parecer es ese chico que habéis traído – preguntó

- ¿También estás ciega por mi culpa? - preguntó el niño

- No chico, esto no tiene que ver contigo, aunque sí con tu hermano. Y él tampoco tiene la culpa – acarició la cara del chico, podía percibir lo asustado que estaba.

- Gracias – el ángel y Sam hablaron al mismo tiempo, aunque casi no podía oírlos por la insistencia de los espíritus "Hazlo volver, debe volver a su lugar o todo acabará"

- Bien, sentémonos, o me estallará la cabeza – les pidió – tengo que contaros lo que dicen los espíritus y después tendremos que devolver a este chico a su casa.

- Aún tendrás que convencernos Pam, no voy a dejar que Ellen muera – replicó Bobby

- Escúchame amigo mío – le dijo muy seria al chatarrero al que conocía hacía más de quince años – Si ese niño no invierte el hechizo que lo ha traído aquí, los millones de almas, humanas y no humanas, que en su mundo se salvaron del Apocalipsis y que en éste murieron, no tendrán lugar dónde ir, se quedarán aquí, con el tiempo intentarán volver a vivir, atacarán a la gente, comenzarán por los que en su realidad están muertos y aquí están vivos. Y como somos pocos después irán por el resto. Y no son solo personas, espíritus de monstruos Bobby, incluso de dioses paganos, de cientos de miles de seres sobrenaturales

- No puede ser cierto – gimió el chatarrero.

SAM

Miró al niño, que sentado junto a él, escuchaba atento cada palabra de la vidente. ¿Tan terrible era lo que había hecho Dean en un momento de desesperación? Aquello sonaba aún peor que el Apocalipsis. El chico se dio cuenta de que lo miraba. Pudo ver sus dudas, y también la fuerza del Dean adulto en los ojos del chico de trece años.

- Menudo follón, ¿no Sam? - Pamela le sonreía como si pudiera verle

- No parece que tenga fácil solución

- Pongámonos en marcha – su padre se levantó de la silla y acarició la cabeza de quien en otra realidad era su hijo mayor, sonriendo a Sam – no queda otra.

Bobby pareció al fin entender que era la única opción por muy dolorosas que fueran las implicaciones. Volvieron al desguace. Tenían que trazar un plan de acción. Su padre los dejó a Castiel, Ellen, Bobby y él con la investigación. "Eso de las historias antiguas, hijo, mejor encargaos vosotros, yo me llevo al chaval fuera que mi furgoneta necesita un repaso"

JOHN

Salió fuera, acompañado del niño que lo seguía como una sombra. Seguía sin poder recordarlo, pero sí notaba dentro de él las ganas de cuidarlo y protegerlo. El chico, sin decir nada, lo ayudó a poner a punto el motor de la furgoneta. Después le echaron un vistazo al coche que conducía Sam. Cuando era joven, antes de casarse con Mary, estuvo a punto de comprarse uno como ese, incluso del mismo color. Pero se compró una Van, una wolswagen, que tuvo hasta que Sam cumplió los cinco años, después se compró la ranchera, la Ford que acababa de poner a punto.

El chico le mostró lo que sabía sobre el coche, "¿Te he enseñado a conducirlo?" esperaba que su respuesta fuera no, pues no se consideraría un buen padre si hubiese puesto a un crío de trece años a llevar un vehículo de marchas. La respuesta fue no, pero le disgustó más que un si.

- No, señor, aprendí mirando – y ese "señor" le dolió, Sam nunca lo había llamado así

- No me consideras un buen padre ¿verdad? - el chico lo miró confuso, vio como se pensaba la respuesta.

- Creo que si lo eres, aunque no lo demuestres – le dijo con seriedad, intentando medir sus palabras – nuestra vida no es fácil, pero no preferiría que otro fuera mi padre

- O sea, que en tu mundo soy un padre pésimo – concluyó el adulto con una triste sonrisa

- No papá, no lo eres, no lo pienses ni un momento – John boqueó, ¡OH, Dios!, era la mirada de Mary, ¡Eran los ojos de Mary! ¡Ese crío, de la realidad que fuera, era su hijo!

- Te compensaré – lo abrazó como si lo hubiese perdido y acabara de recuperarlo – te compensaré, te lo prometo.

ELLEN

Eso era lo que amaba de Bobby, su humanidad, su gran corazón, su capacidad de amar a pesar de todos los golpes que le había dado la vida. Sentado frente a ella, el cazador repasaba de nuevo un pequeño volumen sobre las hilanderas del destino. Levantó sus grises ojos y le sonrió un poco perdido.

El ángel miraba por la ventana, posiblemente cuidaba del chico. Pareciera que significara algo más para él que una misión. Su posición firme, era tan rígida que parecía antinatural. Se levantó y se acercó al ser celestial, sus ojos, tan azules como el cielo de esa tarde parecían poder ver a través de ella.

- ¿Qué es lo que quieres saber? – posiblemente hasta conocía la pregunta

- ¿Estabas allí? ¿Cuándo morí en ese mundo al que queréis regresar?

- No exactamente. Estaba cerca.

- ¿Y por qué no interviniste? – no era un reproche, sólo curiosidad

El de la gabardina se retiró de la ventana, su expresión lo decía todo, no necesitaba que se lo dijera pero lo hizo.

- No pude, estaba ocupado intentando salvar mi propia vida

- ¿y ellos?

- Ellos hubiesen sacrificado las suyas por vosotras, pero tú decidiste qué era lo que había que hacer.

SAM

Allí estaba por fin el contra hechizo. Quince horas después de empezar a buscar en la increíble biblioteca de Bobby (había cosas que no cambiaban fuera cual fuese la realidad en la que estuviera) lo encontraron. Tal y como había dicho Castiel, necesitaban todos los ingredientes usados por su hermano.

De momento ya tenían dos, al propio Dean y un trozo del hilo del destino. Les faltaba la vela de cera de avispa, aceite sagrado, la pintura centenaria usada para dibujar los símbolos, un quemador de incienso de hierro forjado con sal, muérdago, incienso natural nacido en la ladera de un volcán y una pluma de águila imperial hembra.

Algunos parecían relativamente fáciles de conseguir, otros, si Castiel lograba eludir a los ángeles, tampoco serían demasiado problemáticos. Descubrir qué pintura era la que había usado su hermano, eso era otro cantar.

Y no quedaba mucho tiempo, debían realizar el hechizo en el mismo instante que la luna empezara a crecer de nuevo, por lo tanto apenas les quedaban diez días. "Diez días para perder de nuevo a papá y a Ellen" no pudo evitar pensar al ver el desaliento del cazador que, fuera la realidad que fuera, siempre estaba junto a ellos.

- Creo que tengo una idea sobre qué tinta pudo usar Dean – musitó su barbudo amigo – ¿en su realidad soy aficionado a la cultura japonesa?

- Sí, ¿por qué?

- Aguarda un momento chico, enseguida vuelvo – musitó el veterano cazador de monstruos. Volvió con una pequeña cajita que a Sam le resultó familiar – Cógela chico, creo que esto es lo que usó tu hermano.

- ¿qué es Bobby?

- Es tinta Sam, japonesa, del siglo XIV, de la que se usaba en el periodo Muromachi. Tenía un amigo, un cazador japonés, que decía ser descendiente del clan Ashikaga. Él me la regaló poco después de la muerte de mi primera esposa – le explicó nervioso – así que no tiene que verse influida por la existencia o no de tu hermano, debió ser lo que usó, cógela Sam, antes de que me arrepienta.

- Gracias Bobby, se lo duro que es esto para ti – Querría no tener que enviar de nuevo a la muerte a Ellen y a su propio padre, su único consuelo era que no tenía elección, no estaba eligiendo entre Dean y el mundo, simplemente sin Dean no habría mundo que elegir – ojala hubiese otro modo

- Cuando vuelvas a esa realidad recuérdale a mi otro yo que le de un puñetazo a tu hermano por el jaleo que ha armado – gruñó el chatarrero

- No lo dudes

- Y ahora chico, tratemos de encontrar lo demás

CASTIEL

El Dean niño no era exactamente como se lo había imaginado. Aunque, exactamente, ¿qué había esperado? El chico seguía a su padre como sigue un cachorro a su dueño. Con una fe y una adoración sólo comparable a la que mostraría por su hermano cuando él lo conoció.

- Oye tío, perdona por lo de ayer ¿vale? – sus ojos, lo único que si parecía mantenerse intacto, se clavaron en los del ángel – sólo estaba un poco nervioso

- Querría tener el poder de cambiarlo todo y borrar todo lo horrible que hay y habrá en tu vida, pequeño Dean – se sorprendió a sí mismo el ángel, diciendo en voz alta lo que pensaba – querría que tú y tu hermano fueseis chicos normales en un mundo normal

- Cass, tío, gracias, pero no eres Dios – le dio un puñetazo cariñoso en el brazo y volvió a pegarse a su padre. Al hombre que aquí le ofrecía más atención que en el mundo dónde era su hijo.