lo siento, demasiado ñoño ¿verdad?


ROAD TO NOWHERE

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Capítulo V

"Una pluma de águila imperial hembra"

MIGUEL

Es curioso cómo el Universo se ríe de ti una y otra y otra vez. Cómo las acciones de esos seres efímeros que son los humanos pueden alterar lo dispuesto por su padre. Porque ellos sí pueden elegir.

Castiel era su hermano, un hermano pequeño y leal que lo había seguido siempre, hasta cuando tuvo que enfrentarse a Lucifer, todas y cada una de las veces. Castiel sabía lo probablemente sólo sabían él y su padre. Que destruyendo a Lucifer sólo se destruiría a si mismo.

Y ahora tenía otra oportunidad de cumplir las órdenes de su padre. Unas órdenes que ya había desobedecido más veces de las que puede recordar. Unas órdenes que siempre ha lamentado dolorosamente, porque es incapaz de cumplirlas.

Porque siempre que ha llegado el momento no ha visto el monstruo, el ser horrible capaz de destruirle a él y a cualquiera que se oponga a sus caprichos sin parpadear. Sólo veía a su hermano. Entonces su brazo se detenía, rogando un aplazamiento, una oportunidad más.

Aún a sabiendas que sería más de lo mismo, aún a sabiendas de que se arrepentiría amargamente de ello. "Por favor, Padre". Y tenía esa oportunidad, mil años, quizás dos mil. Lucifer no recapacitaba, nunca se arrepintió.

El arcángel más poderoso estaba cansado. Ahora tendría la oportunidad de descansar, tendría la ocasión de acabar el trabajo. Era consciente de que, cuando tuviera a su hermano frente a él de nuevo, sería terriblemente difícil llegar al final. Pero estaba decidido. Ese muchacho que Castiel sacó de otra realidad era su auténtica espada. Había llegado el momento.

CASTIEL

Él y Dean se mezclaron con el grupo de estudiantes de secundaria que entraron a la exhibición de aves rapaces. Sam la había encontrado por Internet, era una exhibición para promocionar la adquisición por el zoológico de Charleston de una pareja de águilas imperiales procedentes de España.

Hubiese sido más cómodo para el ángel ir solo, pero el chico insistió "puedo ayudar". Claro que el motivo principal a tanta insistencia era que el adolescente quería ver las águilas.

No supo negarse, o más bien no quiso. Prometió a Sam y a John Winchester que cogerían la pluma y volverían enseguida y se lo llevó. Había olvidado lo extenuante que es llevar pasajeros cuando las puertas del cielo se te han cerrado.

Se ocultaron en los aseos del zoológico hasta que se recuperó un poco. "¿Te traigo algo? Quizás te siente bien un refresco" propuso el muchacho visiblemente preocupado.

- Estoy bien pequeño Dean – musitó intentando esconder una bocanada de sangre para no alarmar más al muchacho.

- Como quieras, ya eres grande para saber lo que te conviene – replicó el chaval – pero haz el favor de dejar de llamarme pequeño Dean, que con Dean hay más que de sobra.

Entraron en la exhibición casi cuando cerraban ya las puertas, sólo pudieron sentarse en el extremo más alejado de las rapaces. Los dos especímenes de águila imperial destacaban entre las demás aves, enormes, majestuosas, sin desplegar las alas eran bastante más grandes que cualquier otra de las presentes.

- ¿Cuál será la hembra, Cass? – El chico las miraba embobado

- No lo se, veremos la exhibición y después preguntaremos al cuidador

"¡Señoras y señores! ¡Niños y niñas! ¡Bienvenidos a la única exhibición en toda América dónde se podrán ver en vuelo a dos auténticas águilas imperiales ibéricas!

¡Les presento a Lola y Manuel! ¡La pareja de águilas más grande que hayan visto jamás!"

El pecoso se levantó de su asiento para no perder detalle. "¡Jo tío, qué chulas son!" murmuró boquiabierto.

ELLEN

- Bueno, he conseguido el muérdago y el incienso – la veterana y atractiva cazadora dejó ambas plantas en la mesa.

- ¿Estás segura de que el incienso es de la ladera de un volcán? – le preguntó Sam Winchester

- Es lo que ponía en el embalaje, no creo que los de la herboristería me hayan mentido, según la etiqueta es importado desde Tenerife, que es una isla volcánica en España – explicó

- Bien

Hicieron recuento, en cuanto regresaran el chico y el ángel, sólo faltaría el incensario y el aceite sagrado. Y después deberían preparar todo para el hechizo que volvería a ¿matarla? Su mirada se cruzó con la de Sam, el joven le sonrió alentador.

- Se que todo va a salir bien chico, lo conseguiremos

- Sí, todo va a salir bien Ellen.

DEAN

El águila pescadora pasó tan cerca de él que casi hubiese podido tocarla extendiendo el brazo. Estaba entusiasmado, sus ojos brillaban asombrados por la belleza y el vuelo de las rapaces. El niño había olvidado para qué estaba allí.

Su acompañante, el tipo raro de la gabardina, parecía concentrado en algo. El cetrero llamó a la última ave en vuelo. El espectáculo estaba a punto de finalizar.

"¡Señoras, señores, niños, niñas! ¡Como broche final van a contemplar algo que es tan difícil ver en libertad como verlo en cautividad! ¡El vuelo del águila más grande del mundo!"

El cetrero desató las correas de la hembra y le quitó el capuchón de cuero dejándola elevarse en el azul e invernal cielo de Charleston. Los más de dos metros de envergadura del animal evolucionaron sobre las cabezas de los asombrados asistentes.

"¡Ella es Lola! ¡En reposo alcanza los ochenta y dos centímetros de altura! ¡Pesa tres kilos y doscientos gramos! ¡La extensión de sus alas alcanzan los dos metros diez centímetros! ¡El águila imperial ibérica es una de las especies más amenazadas del planeta! ¡Quedan menos de ciento noventa parejas! ¡Se alimenta de liebres y pequeños animales aunque se la ha visto atreverse con animales más grandes… ¡SEÑOR ¿QUÉ ESTÁ HACIENDO?"

Dean miró a su acompañante alucinado. El ángel se había levantado y mostraba su brazo al imponente animal, como si fuese un halcón común.

"¡SEÑOR, SIÉNTESE, ES PELIGROSO!"

El águila planeó sobre las cabezas de los presentes y como si Castiel fuera su entrenador, se posó en su brazo ante el asombro de la muchedumbre y la admiración del chico.

- ¿Puedo acariciarla Cass? – preguntó ilusionado

El de la gabardina sonrió y asintió. Era enorme, y daba un poco de miedo. Pero era hermosa, mas hermosa que nada que hubiese visto antes. Los ojos ambarinos del animal escudriñaron los del chico permitiéndole tocarla.

- ¿No pesa mucho Cass?

- Exactamente tres kilos, doscientos quince gramos – le explicó el de ojos azules

CASTIEL

Casi olvidaba porqué estaban allí al ver la ilusión en unos ojos que jamás había contemplado llenos de tanta inocencia. Esa era la obra de su padre, el hermoso animal que sujetaba como si fuera lo más fácil del mundo, ese crío que lo admiraba como si fuera un héroe, que creía en él. Eso era lo que le hacía recobrar la fe cada vez que dudaba.

- Tenemos que irnos pequeño Dean – le dijo al muchacho como si no hubiesen más de trescientas personas en el recinto

- Sí, señor.

Respeto y admiración. Pudo percibirlo. No estaba acostumbrado. ¡Mierda! Por poco lo olvida. El animal se arrancó una pluma del ala con el pico y la depositó en su mano. "Gracias" musitó dejándola ir con el cetrero.

La gente aplaudió como loca creyendo que era el broche final del espectáculo. Aprovechó el momento para volver a Sioux Falls con Dean y la pluma. Algo había salido mal. Ese cobertizo no parecía ser el del chatarrero. Había demasiada oscuridad. Dio dos pasos, el chico lo seguía en tensión, sin hacer preguntas, sin dar un paso en falso.

Entonces sintió su presencia. "Gracias por traerlo hermano". El niño a su espalda cayó de rodillas. La voz de Miguel le hacía daño.

- ¡Para! – gritó - ¡Él no puede escucharte! ¡Lo matarás!

Cubrió al muchacho con su cuerpo intentando protegerlo. Oyó un aleteo a su espalda.

- Síguenos Castiel – un enorme ángel negro se dirigió a él flanqueado por dos bellas mujeres – dame al chico y síguenos

- No, Uriel, lo llevaré yo – Alzó al chiquillo entre sus brazos, había perdido el conocimiento a causa de la voz de Miguel – no dejaré que lo separéis de mi

- No te reconozco hermano, nos abandonas y prefieres a un apestoso humano antes que a tu familia.

No respondió. ¿Qué podía responder?

JOHN

Estaba nervioso, el ángel y el chico ya debían haber vuelto. No quería admitirlo delante de Sam. Pero el pequeño le preocupaba, en el poco tiempo que lo conocía había creado un vínculo importante con el chaval.

Su hijo también estaba nervioso. Sólo había que darse cuenta del hundimiento de sus hombros y del reflejo de echarse el pelo hacia atrás cada cinco segundos.

- Tardan mucho, papá

- ¿y si los llamas al móvil?

Sam asintió, sacó su blackberry y marcó el número del ángel. Si hace menos de una semana le dice que podía hablar con un ángel por teléfono móvil lo habría dejado internado un mes más en Glenwood Springs.

- Oye Cass, ¿dónde estáis? – su enorme hijo palideció – si señor agente, es de mi hermano, ajá, ¿sólo la gabardina?... Entiendo. Iba con mi sobrino, si señor, trece años, rubio, un metro sesenta… Ajá, iremos enseguida.

- ¿qué ocurre Sammy?

- El móvil, lo tenía un comisario de Rock Rapids – el gigantón se sentó desmadejado en la mesa de la cocina – Oyeron un ruido extraño, y vieron unas luces cegadoras en una granja abandonada. Al llegar sólo encontraron una extensión de tierra quemada y la gabardina de Castiel, papá. Algo se los ha llevado. ¿Crees que…?

John puso sus manos en los enormes hombros de su hijo. El joven levantó la mirada atormentado "Es sólo un niño papá, ahora es solo un niño".

- Los encontraremos. Si Miguel se atreve a hacerle algún daño, se arrepentirá hasta el fin de los tiempos.