Tengo que avisar, porque no quiero crear falsas espectativas: Estamos entre el capítulo 6x10 y 6x11, y soy bastante tiquismiquis con salirme de la trama general de la serie.

No os va a gustar estoy segura de que a partir del X no os va a gustar.


ROAD TO NOWHERE

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Capítulo VI

"Atrapados en la habitación hortera"

DEAN

Abrió los ojos, molesto por la luz y el zumbido persistente de sus oídos. Estaba tumbado en un cursi sofá de madera torneada tapizado con una aún más cursi tela floreada. "que cosa más hortera" pensó, sin saber que la pieza podía llegar a costar como ochenta mil dólares en cualquier anticuario.

Echó un vistazo alrededor, era una especie de salón enorme. Curiosos cuadros con recargados marcos de madera repujada con pan de oro, colgaban de las paredes.

- ¿Cass? – llamó con cautela

Escuchó un quejido al otro lado de la impresionante mesa de madera tallada, corrió hacia allí y se encontró al ángel, sin gabardina, sentado en el suelo, con aspecto de haberle pasado un camión por encima.

- ¡Eh, Cass! ¿Estás bien? – preguntó intentando levantarlo

- Veo que lo de hacer preguntas estúpidas es cosa de familia – gruñó el ángel muy humanamente, pero al ver que el chico se ofendía, quitó hierro a sus palabras – tranquilo Dean, estaré bien

- ¿Dónde estamos?

- Prisioneros

- Apártate pequeño gusano – una mole enorme, de casi dos metros intentó acercarse al maltrecho ángel con unas intenciones que al chico no le parecieron buenas

Vale que el tipo parecía la copia calva del increíble Hulk en negro, por aquello de lo enorme y la cara de pocos amigos. Pero Dean no iba a permitir que hiciera daño a Castiel. El de ojos azules se levantó y se quedó sujeto apoyado en la pared, tras él, sin poder creer que aquel crío se enfrentase a Uriel con tanta desfachatez y sin un ápice de temor en la mirada.

- Apártate tú mole emplumada

- Tiene gracia el mocoso – la "mole emplumada" se acercó al chico intimidándolo con su estatura y el aura de fuerza que emanaba de su robusto cuerpo humano. El niño tragó saliva y sostuvo la mirada del imponente ángel sin apartarse de su amigo.

- Déjale Uriel, sabes quién es – intervino Castiel sin fuerzas aún para separarse de la pared

- Eso, Uriel, sabes quien soy – terció el chico, no le gustaba nada el aspecto de su amigo, que, en mangas de camisa, no imponía tanto como los ángeles de traje negro que los rodeaban.

- ¡Madre mía! ¿este es el chico? – Un tipo cincuentón, con aspecto de subdirector de instituto que intenta hacerse el simpático, apareció en la habitación – Pero es muy joven. Todas las profecías habían apuntado a que sería el primogénito.

Al niño no le hizo gracia el recién llegado, es más, se las había visto con tantos subdirectores en tantos colegios que el tipo le cayó como una patada en las espinillas. Le parecía más falso que un billete de cinco dólares con dieciocho centavos.

JOHN

Estaban de regreso en casa de Singer. La gabardina de Castiel sobre la mesa, junto al móvil del ángel y la pluma que había conseguido. Su hijo paseaba de arriba abajo de la habitación retorciéndose las manos con un nerviosismo tal que le daban ganas de sedarlo un rato para poder pensar.

- ¿Creéis que haya podido ser Miguel quién se los ha llevado? – Bobby le ofreció una taza de café amargo

- Sólo ha podido ser él Bobby, no hay nadie más que pueda hacerse así con Castiel – replicó Sam

- ¿Y qué hacemos ahora? – preguntó Ellen

- Tenéis que reunir los ingredientes que faltan – el patriarca de los Winchester miró a sus amigos – Sam y yo vamos a ver a Pamela.

Nadie discutió su decisión. Su determinación no daba lugar a dudas. Se trataba del destino del mundo y no había más que añadir.

DEAN

El ángel recién llegado, el del aspecto de subdirector de instituto, se hizo con el control de la situación.

- Uriel, puedes marcharte, te llamaré si te necesito

Los otros ángeles se quedaron escoltando al recién llegado que miraba con una falsa sonrisa en su gorda cara, cómo ayudaba a sentarse a Cass en un sillón.

- Tienes mal aspecto Castiel

- No estoy tan mal como parece Zacarías – sonrió irónicamente el ángel de ojos azules

- Bien muchachito, tienes que conocer a alguien, pero como sin recipiente no se te puede mostrar, tendrás que conocerle en sueños – Le dijo el tal Zacarías colocando dos dedos sobre su frente.

MIGUEL

"Hola chico"

Sabía lo que estaba viendo el muchacho, un hombre de treinta y pocos años, metro ochenta y cinco, guapo, según los cánones humanos, vestido con cazadora de piel, camisa azul, camiseta negra y vaqueros. El chaval no tenía porqué saber que ese era el aspecto que debía haber tenido su envase, si no hubiese complicado la situación de una manera tan absurda.

"Hola"

"¿Sabes quién soy?"

El chaval negó sin abrir la boca

"Soy el arcángel Miguel, y necesito tu ayuda para acabar con el diablo"

Le explicó condescendiente, a fin de cuentas sólo era un niño. ¿Qué niño rechazaría la oportunidad de ser un héroe?

"Mi padre dice que eres un capullo, y mi hermano dice que eres un gran capullo ¿por qué tengo que fiarme de ti?"

"Podría obligarte Dean" se inclinó ante el chico dejando la idénticas miradas de los ojos idénticos al mismo nivel "Pero no lo voy a hacer, no quiero obligarte, quiero que entiendas porqué hago esto"

"Sam me lo ha contado todo, así que no te molestes"

"Sam no te ha contado todo Dean, Sam NUNCA te cuenta todo, siempre se calla su parte de culpa, siempre te esconde cualquier cosa que pueda perjudicarle un poco aunque pueda hacerte daño con ello. Tu hermano no te quiere, sólo se quiere a sí mismo"

"¡Eso es mentira!" ¿Dudaba o sólo estaba furioso? "¡Sam no me mentiría! ¡Me quiere, es mi hermano!"

"No es necesario que grites Dean, por gritar más no vas a tener razón"

"¡Qué es lo que quieres de mi!"

La mano del arcángel borró las lágrimas de rebeldía del rostro del chico. Era lo mismo, a otra escala, pero era lo mismo. La misma negación, la misma creencia de que podría arreglarlo todo, de que todo podía mejorar.

"Verás Dean, si tú no lo terminas, esto no acabará nunca. Lucifer era mi hermano menor, como Sam es el tuyo. Yo… yo lo quería y creía que él también me quería a mí. Durante miles y miles de años, antes de que el primero de vosotros pusiera los pies en la Tierra, estuvimos juntos. No me importaba que todos dijeran que era más bello, más fuerte, el mejor de todos. Hasta yo mismo lo creía. Pero cuando aparecisteis los humanos todo cambió. A mi no me costó Dean, mi Padre os puso ahí y dijo amadlos, enseñadles, debéis quererlos más que a mi, y no me costó obedecer. Pero Lucifer no pudo. Yo tuve la culpa, lo acostumbré a mi amor incondicional y no supo compartirlo. Se rebelo, os odiaba porque habíais ocupado un pedazo del amor que creía sólo suyo, cometió un crimen horrible contra tu especie, convirtió a uno de vosotros en algo… y fue desterrado del Cielo. Después mi Padre me ordenó matarlo y fui yo quien desobedeció, no podía, quería hacer recapacitar a mi hermano, convencerlo. Mi castigo fue contemplar una y otra vez la consecuencia de mi compasión. Ya no puedo eludir más mi deber Dean, cuanto más lo haga, más gente sufrirá. Tú eres el único que puede poner fin a todo"

"Si te ayudo, ¿me devolverás a casa? ¿No le harás daño a Cass?"

"No puedo devolverte a casa, pero, nadie hará daño a Cass ni a ninguno de tus amigos"

"¿qué hice en la realidad de la que vengo?"

"No lo se"

"Dijiste que no" Castiel también se había introducido en el sueño del chico, había reconocido el aspecto que había elegido y lo miraba con el reproche en sus inmensos ojos azules.

"Castiel, esto no te incumbe"

"Te equivocas Miguel, no puedes hacer esto, este chico debe volver a… ARGH!"

No pudo soportar la intromisión del traidor, apretó el puño, aunque le sería muy fácil matarlo sólo quería que callara. Lo hizo retorcerse de dolor en medio del resplandor que emitía su esencia de ángel torturada

"¡Déjale!" gritó el niño "¡Déjale ya!"

DEAN

Despertó y buscó al ángel de ojos azules con desesperación. Estaba solo con el tal Zacarías. "¿Dónde os lo habéis llevado?" gruñó amenazadoramente al estirado secuaz de Miguel. Sólo recibió una sonrisa irónica antes de quedarse, ahora sí, sólo del todo en aquella horterada de habitación.

- ¡No lo voy a hacer! ¿Me oyes tío? ¡No lo voy a hacer hasta que no esté seguro de que Cass está bien!

Nadie le respondió. Seguía solo. En una habitación cerrada herméticamente, sin puertas, sin ventanas, sólo las horribles flores de la tapicería y los cuadros de escenas bíblicas. Sin agua, sin comida, sin un aseo dónde meter la cabeza bajo el grifo del lavabo y llorar sus miedos.

Buscó el rincón más protegido y se acurrucó junto a la pared abrigándose con la vieja chaqueta vaquera. Encontró un trozo de papel en un bolsillo. Era un extraño dibujo circular con unas inscripciones dentro y en el exterior, bajo el mismo, garabateado a toda prisa, dos palabras "Con sangre"

Se lo había guardado Castiel, en el sueño, él lo había metido en el bolsillo de su chaqueta.

PAMELA

John y su hijo se tomaron de las manos y tomaron las de ella. En el centro de la mesa estaba la gabardina del ángel desaparecido. Era todo lo que tenían para localizarlo junto con el chico.

Hizo la invocación pero no obtuvo respuesta. "No lo entiendo, debería contestar a menos que…" Los dos hombres se removieron inquietos y ella comenzó de nuevo la invocación. Nada.

- Deberíamos probar otra cosa – sugirió a los Winchester

- ¿el qué? – preguntó Sam

- Es posible que tanto su cuerpo como su alma estén atrapados en algún lugar fuera del espacio y del tiempo y por eso no puede comunicarse con nosotros, en lugar de llamarlo deberíamos traerlo.

- Pero, ¿y Dean? – preguntó John – se quedaría solo

- Es posible que ya lo esté papá – replicó el más joven – si lo que quieren es que diga si a Miguel, lo primero que harán será separarlo de cualquiera que pueda convencerlo para que no lo haga

- Está bien Pamela, si puedes hacerlo, vamos allá – musitó el cazador

No les llevó más de un par de horas preparar el hechizo de atracción. Realizaron el ritual y entre los tres se materializó el cuerpo inconsciente del ángel.

- ¿Está vivo? – preguntó a los dos hombres

- Si Pam, aunque no tiene buen aspecto.

SAM

Ayudó a su amigo a levantarse y lo sostuvo al ver que le costaba mantenerse erguido. El ángel tenía poco de ser celestial en ese momento. Si al castaño le hubiesen dicho que un autobús había pasado por encima de Castiel, se lo hubiera creído.

Cass, en mangas de camisa, tosió intentando hablar. La primera vez no lo consiguió, unas terroríficas marcas brillantes, como hilos que le atravesaran la piel, le hicieron gemir involuntariamente.

- Tienen a Dean – consiguió al fin decir su amigo.

- Lo hemos supuesto Cass, ¿dónde? – replicó el más joven

- Tú conoces el sitio, has estado allí, en esa otra realidad.

- ¿Van Nuis?

- En efecto.