ROAD TO NOWHERE
.
Capítulo VII
"La habitación vacía"
JOHN
Tenía un amigo en California, no demasiado lejos de Van Nuis, un antiguo compañero de cuando fue un soldado en Vietnam. Incluso estuvo en su boda, el mismo Sam llevó los anillos. Llevaba un tiempo sin tener contacto con él, no por nada en especial, sólo que tras la muerte de Mary perdió el contacto con muchos conocidos.
Buscó en la guía telefónica, por Internet. Encontró el teléfono de Alec Branigan, en El Granada, California. Le llamó.
- ¿Alec? Soy John Winchester
- ¿John? Amigo mío, ¿Cuánto hace? ¿diez años?
- Más o menos Alec – dudó el cazador
- ¿Estás bien? ¿Tu chico está bien?
- Si gracias Alec. Se que esto te parecerá oportunista pero necesito que me hagas un favor
- Lo que quieras John, te debo la vida
- Alec, necesito que me recojas en el aeródromo de Sioux Falls, en Dakota del Sur y me lleves al de Van Nuis, creo que en avión no queda a más de media hora de tu casa.
- De acuerdo, ¿Cuándo?
- ¿No me mandas a la mierda?
- John – la voz de su amigo sonó firme y convencida – llevas más de diez años sin dar señales de vida, y buscas mi número y me llamas para pedir algo, te conozco, si no fuera algo de vida o muerte no me habrías llamado
- Tienes razón amigo, es cuestión de vida o muerte.
- Dime cuando te recojo
- ¿Puede ser esta misma noche?
- O antes, si quieres, puedo tener el bimotor ahí en seis horas, sin estresarme demasiado, les digo a mis chicas que me ha salido un trabajillo y estoy ahí.
- Cuanto antes mejor, amigo. Da un beso a tus chicas de mi parte
- Lo haré, nos vemos.
"Ha dicho que sí" les dijo sorprendido a sus compañeros y a su hijo "No hablo con él en años y no sólo no me manda a la mierda sino que se ofrece a ayudarme". Los demás no estaban sorprendidos.
Ultimaron los últimos detalles, Sam y él irían a buscar al niño. Sería mejor que Castiel no fuera, aparte de porque seguía bastante débil, no estaban muy seguros de si podrían detectarlo.
- Puedo grabaros las costillas para que no puedan notar vuestra presencia – se ofreció el ángel
- Yo ya las tengo Cass – dijo su hijo
- No, no en esta realidad
- Quizás deberías grabárnoslas a todos Castiel – terció el dueño del desguace – ¿no crees? Y también deberías mostrarme cómo proteger éste sitio contra los ángeles, porque habrá que hacer el contra hechizo en algún sitio
- Lo de las marcas para ocultarnos me parece bien, y en cuanto traigamos al chico también deberías marcarlo a él – John no dejó traslucir sus reservas de cómo iban a poder rescatar al niño de las garras de Miguel nada más y nada menos - ¿puedes hacerlo Castiel?
- Como queráis, sólo diré que duele un poco.
DEAN
Rompió la figura del ángel de la flauta estrellándola contra la pared, cogió un trozo de la afilada cerámica y se lo guardó. Lo primero que iba a hacer cuando se reuniera con su familia de esa realidad, era conseguirse una navaja, porque "No se puede ir por la vida sin una navaja a mano".
Mientras se rajaba la palma de la mano con la afilada astilla, la figura que había roto se había recompuesto sobre la mesita de la que la había cogido. El chico dibujó el símbolo del papel en la pared sin saber en qué podría ayudarle y después desgarró, con ayuda de la esquirla, un trozo de cortina con el que se vendó la mano.
ELLEN
Siempre le sorprendía la capacidad de su marido para cualquier tema esotérico. Su rapidez para aprender hechizos, marcas, símbolos… Esta vez no era diferente. Bobby le sonrió sobre la explicación que el maltrecho ángel detallaba en la mesa de la cocina.
- ¿Cuánto tiempo tenemos?
- Creo que deberíais esperar a mi vuelta – Castiel se tambaleó un poco al coger la gabardina enganchada en la puerta
- ¿Dónde vas? – Bobby lo sujetó automáticamente
- De lo del incensario os podéis encargar vosotros, yo voy por el óleo santo
- No estás en condiciones – musitó Ellen
- No tenemos tiempo que perder en detalles
El ángel había desaparecido en el sonido que parecía un batir de alas. Habían buscado el quemador de incienso por todo Internet y no habían encontrado nada remotamente parecido.
- ¿Cómo lo conseguiría el muchacho? No creo que fuera algo muy difícil, según lo que sabemos la tinta la cogió de aquí – Bobby se quitó la gorra rascándose la coronilla, Ellen adoraba ese gesto, aunque nunca se lo había dicho – el óleo ese lo tenía, la pluma de águila cualquiera sabe, pero el incensario, por como han descrito a ese muchacho no lo veo complicándose la vida, sólo necesitaba algo de hierro forjado con sal para quemar el incien…
Sus miradas se cruzaron teniendo la misma idea. Bajaron al sótano, hicieron palanca y soltaron uno de los remaches de la puerta. "Eres la mujer más inteligente del Mundo" dijo su marido besándola.
- ¿Servirá?
- Estoy seguro de que sí.
SAM
El bimotor de Alec Branigan aterrizó a unos cincuenta metros de dónde habían aparcado el coche. El aviador saltó a tierra y los saludó. Su padre cogió la bolsa con las armas y cargándosela al hombro se dirigió a su amigo al que abrazó pues hacía bastante que no se veían.
No es que John fuese una persona efusiva, pero diez años es mucho tiempo y si después de tanto tiempo aún puedes contar con un amigo, es que se trata de un amigo de verdad. Él también abrazó a Alec, la última vez que lo había visto tenía dieciséis años y había acompañado a sus padres al pueblo del veterano piloto a conocer a su hija recién nacida.
- No es preciso que me expliquéis todos los detalles, pero si me contáis algo pues no me voy a quejar – inquirió risueño Branigan – ¡Caray! ¡Sam!, ¡chico! ¿has comido abono de secuoyas?
- Sólo comida sana, Alec.
- Te invito a un café y te cuento, amigo – apostilló su padre.
Sentados en la cafetería del aeródromo. Su padre contó muy someramente que tenían que ir a Van Nuis por un muchacho, un familiar. Branigan sabía que no le contaban ni la mitad de las cosas. Pero si estaba molesto por ello, lo ocultaba muy bien.
Media hora más tarde sobrevolaban Dakota dirección California. El avión era muy pequeño, seis plazas incluido el piloto. Y hacía un ruido infernal. La verdad es que le dio un poco de aprensión y no veía la hora de llegar a Van Nuis. No sabía si Dean ya le tenía miedo a volar cuando era tan joven, porque el que él conocía como a sí mismo, no habría subido al pequeño avión ni arrastrándolo.
DEAN
La mano le escocía por el corte, tenía hambre y tenía ganas de ir al aseo. Echó un vistazo a su "dibujo" y pensó "habrá que hacer un poco de ruido para que venga alguien".
Cogió una figura de bronce y comenzó a golpear con ella todos los cristales a su alcance. La lámpara de cristal de bohemia llamó su atención, comenzó a lanzarle todos los angelitos, figuras, todo lo que estaba al alcance de su mano. Un carraspeo furioso a su espalda le hizo saber que su plan había dado resultado.
- Ya era hora ¿no sabéis que no se debe dejar a los niños solos en habitaciones dónde pueden hacer algún estropicio? – se encaró a la copia de subdirector de secundaria
- Escucha pequeño, no deberías portarte mal o tendré que castigarte
- ¿Más castigo que matarme de hambre o no dejarme ir al baño?
- Si tenías hambre sólo tenías que decirlo Dean – sobre la mesa apareció un plato enorme cubierto con una pirámide de espectaculares hamburguesas con beicon.
- ¿y lo del aseo? Creo que es más urgente – replicó nerviosamente
En la pared dónde había hecho su dibujo apareció una puerta. El ángel de la cara gorda le indicó que podía entrar. No se hizo de rogar. Al salir había otros ángeles allí.
- Bien muchacho, ya va siendo hora de poner las cosas claras – El tal Zacarías lo cogió de la solapa de la camisa haciendo que quedara de puntillas frente a él – te vas a dejar de tonterías y vas a decir que sí a Miguel o tendré que hacerte daño
- ¿Le vas a hacer daño a un niño indefenso? – el chico puso lo que el consideraba su mirada de niño inocente, a uno de los ángeles que escoltaban al de la cara gorda se le escapó una risita.
- Dichoso crío – Zacarías lo soltó y cuando vio que iba a encerrarse en el baño hizo desaparecer la puerta - ¿qué es ese dibujo?
Hizo ademán de acercarse a verlo y Dean no tuvo mejor idea que intentar taparlo con las manos. Una luz cegadora se produjo allí dentro, cuando se disipó estaba solo y había aparecido una puerta.
Corrió hacia ella y se encontró en un almacén enorme. Salió de él. No sabía dónde estaba, pero en Dakota seguro que no. No hay gaviotas en Dakota del Sur.
JOHN
Sam abrió el Ford Mondeo como si fuese algo sencillo, ni siquiera sonó la alarma antirrobo. Alec montó atrás dispuesto a acompañarles. Incluso llevaba su propia arma.
- Alec, no amigo. Espéranos aquí, puede ser peligroso – pidió el antiguo soldado a su viejo camarada de armas
- Si es peligroso podéis necesitar mi ayuda
- Por favor señor Branigan, le necesitamos aquí, junto a su avión – intervino su hijo, John, desde que detuvieran el Apocalipsis nunca lo había visto tan competente y preparado – créame, aquí nos ayudará mucho más de lo que pueda hacerlo dónde nos dirigimos.
Su antiguo amigo aceptó la explicación de Sam y se quedó. Su hijo parecía conocer exactamente el lugar a dónde iban. "Intentaron cazar a Dean, en esa otra realidad" fue su explicación, no supo por qué, John sintió que su hijo le ocultaba algo.
El polígono industrial empezaba a quedarse vacío, La jornada de trabajo llegaba a su fin. Aparcaron el Mondeo y se dirigieron al último almacén. No se apreciaba actividad en él. Realmente, no parecía que nadie hubiese entrado allí en mucho tiempo.
Entraron haciendo el mínimo ruido posible. John se sorprendió al ver la caseta en mitad de la nave industrial "¿Ahí?". Su hijo asintió sin mediar palabra, con una expresión de concentración y dureza que jamás le había visto.
Abrieron la puerta del habitáculo y sólo encontraron unos cuantos muebles desvencijados y una cantidad de polvo que haría estornudar a un minero.
SAM
No estaba allí. Respiró profundamente. Miró a su padre "Quizás este no es el sitio, quizás, lo llevaron a otro lugar", no respondió. Salió de la casucha tratando de no agobiarse, de autoconvencerse de que aquello no significaba que Miguel…
Volvieron al coche, pero no pudo subir, no podía volver a ponerlo en marcha con el temblor que tenían sus manos. Su padre parecía entenderle, simplemente le apretó el hombro "Voy a echar un vistazo a los alrededores antes de irnos, ¿de acuerdo?". Accedió sin decir palabra, agradecido. En cuanto se perdió de su vista no pudo aguantar más los sollozos que quemaban en su garganta.
Se derrumbó. No había sabido proteger a Dean, ni siquiera un par de días, su hermano lo había cuidado toda su vida, siempre lo había protegido, incluso siendo sólo un niño. Y él no había sido capaz de cuidarlo. "Soy un inútil" musitó ahogado en llanto.
- ¿Estás bien? ¿Qué te pasa? – le preguntó alguien con la boca llena
- ¿Dónde mierda voy a buscarte Dean?
- Come algo que no se piensa bien con el estómago vacío – le respondió el pecoso ofreciéndole media hamburguesa
Se encontró con esa mirada preocupada y solícita que siempre había encontrado incluso tras las broncas más duras. Abrazó al chico con fuerza, sabía que fuera como fuera que hubiese logrado escapar, debían irse lo más rápido posible, pero necesitaba ese abrazo.
- Acabo de perder la esperanza de que cuando crezcas dejes de ser una niñita – gruñó el chico medio estrangulado.
