ROAD TO NOWHERE
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Capítulo VIII
"El asedio"
CASTIEL
Se encontraba mal. No en el sentido de que su gracia de ángel abandonaba su envase a una velocidad muy superior a la de un año antes. Estaba confuso, muy confuso. Comenzaba a olvidar porqué estaba con esos humanos que lo contemplaban preocupados.
Ese no era su sitio. Su sitio estaba en un cielo al que no podía volver porque no tenía poder para abandonar un envase que en esa realidad no le había dicho que si. Observó los símbolos que lo confinaban en esa casa, que impedían que otros ángeles entraran, que le impedían salir.
- ¿Qué te ocurre muchacho? – era Bobby, "¿quién es Bobby? Bobby es el amigo de Dean, hemos combatido a Lucifer y a Miguel juntos ¿me he enfrentado a Miguel?"
- No lo sé – la cabeza palpitaba como si quisiera explotar – todo hace bum, bum, bum…
Todo latía a su alrededor. La cabeza de ¿Bobby? Y la de esa mujer que no tenía que estar allí, y las paredes y sus manos. Miró sus propias manos, manos humanas, él no tenía manos humanas, no desde hacía más de mil años. ¿Por qué tenía manos humanas?
"Por Dean, tenías que sacarlo del infierno ¿recuerdas?... pero no puedo desobedecer a Miguel" Entregó al chatarrero la tinta de protección.
- Aisladme, no… - Los latidos aumentaron, se sujetó la cabeza, iba a salir y los mataría si lo hacía – rápido, debéis… dónde no pueda hacer… daño… debéis…
ELLEN
El ángel había llegado exhausto, había conseguido traer el aceite sagrado pero quizás había pagado un precio muy alto por ello. "¿Qué te ocurre muchacho?" Bobby se acercó al extraño ser que se sujetaba la cabeza con ambas manos "Todo hace bum, bum, bum…" con cada uno de esos Bum sus ojos habían brillado con una intensa luz blanca.
Sangraba por los ojos. Corrió al baño por una toalla limpia. Mientras oía al ser que los estaba ayudando "Aisladme… rápido…"
Cuando volvió a la sala no había nadie. Bajó al sótano, Bobby cerraba el búnker. Su camisa beige estaba manchada de sangre. "¡No os acerquéis!" aún pudo oír decir al ángel. Su marido la enlazó por la cintura. "Vamos arriba"
John llamó, habían encontrado al niño. Volverían en unas horas.
BOBBY
Dejó que el de la gabardina se apoyara en él. "Vamos abajo Castiel" era el único sitio dónde podía aislar al ángel dentro de la casa. La sangre brotaba como lágrimas de los aterrados ojos azules del único ser celestial que estaba de su lado. Tropezó al bajar las escaleras manchando su camisa.
Le ayudó a tumbarse en el pequeño jergón. Volvieron los flases de luz desde el interior del destrozado cuerpo. "Date prisa…" dijo el torturado ser.
Cuando volvieron arriba Ellen y él, no tenía muchas esperanzas en que Castiel sobreviviera. No podía ser sólo por su búsqueda del aceite sagrado. Debía ocurrir algo más. Salió fuera a comprobar que los símbolos de protección contra las "hordas angelicales" seguían en su sitio.
Los que protegían la vivienda estaban tal y como le había explicado su alado amigo que debían estar. Se acercó al círculo exterior, al que rodeaba el desguace. Los vio, una docena o más quizás. Rodeando el desguace, esperando a alguien. Podrían pasar por soldados perfectamente entrenados vestidos elegantemente de negro, el chatarrero sabía qué eran y qué hacían allí.
Corrió a la casa. Cerró. Mierda, ¿Cómo iban a volver los Winchester? No iban a poder realizar el ritual. Cogió el teléfono y llamó a John "No volváis, estamos rodeados"
ALEC BRANIGAN
Estaban aún decidiendo qué iban a hacer. Según Bobby Singer, no podían volver a Sioux Falls, "¿y si os venís a casa?, está cerca, allí podéis pensar algo" se ofreció el corpulento Branigan.
- No es mala idea papá, aún faltan unos días. Si es necesario podríamos volver incluso en coche – sugirió el hijo de su amigo
- Está bien
- No he preguntado aún, pero ¿para qué faltan unos días? – se le escapó al veterano aviador
- Es mejor que no te veas involucrado Alec, cuanto menos sepas de esto mejor, no creo que sea buena idea ir a tu casa – Ahí estaba, la mítica reserva de John Winchester, lo que no cambiaba nunca, fuera cual fuera el mundo, la realidad o el interlocutor que tuviera delante.
- Venga John, si no quieres soltar prenda estás en tu derecho, pero mi invitación sigue en pié. Bian se alegrará de verte y Dawn descubrirá por fin que tanto tú como Sam sois reales y no historias de su viejo y chiflado papá – casi era como poner una pistola en el pecho del reservado exmarine, el altísimo joven no puedo menos que sonreír ante el gesto de rendición de su padre.
- Vamos a tu casa – aceptó el moreno cazador – por cierto Alec, este chico, es mi hijo Dean
El aviador miró al chico. "¿Cuándo me ibas a decir que tenías otro hijo?, es de la edad de Dawn, ¿Qué hicisteis con él cuando vinisteis al bautizo?". Ni se le pasó por la cabeza que no fuera de Mary, el chico era la viva imagen de su madre.
- Es una larga historia Alec, ya tendremos tiempo de ponernos al día – contestó su amigo, el niño iba directo al coche – vamos en avión Dean, en ese avión
Alec sonrió ante el gesto compungido del chico al examinar el bimotor. "Yo puedo ir en coche papá, se conducir" replicó el niño, le dio una palmada en el hombro al chiquillo. "¿qué pasa Dean? ¿Te da miedo?", el chaval se irguió en su metro sesenta y con una expresión muy digna afirmó "Ese trasto es tan pequeño que lo mismo no puede despegar con todos nosotros, pesamos demasiado".
- Tranquilo chaval, ese trasto como tú dices ha llevado a ocho hombres hechos y derechos sin ningún problema, podrá con tres y un crío, No tengas miedo – picó al muchacho
- Yo no tengo miedo de nada – dijo el chiquillo subiendo al avión – y no soy un crío.
SAM
Recordaba la casa de Alec, recordaba haber estado viendo al bebé y a su madre comentando con la señora Branigan, que cuando era pequeño era un bebé muy tranquilo. También recordaba haber estado con Dean, mayor que el que iba con él ahora. Era extraño, poder recordar dos realidades distintas a la vez. Era extraño, doloroso, pero a la vez tener recuerdos de su madre…
John entró seguido de Dean. No debía extrañarse, o mosquearse, lo analizaba racionalmente y era lógico que el niño siguiera a su padre. Siempre lo había hecho, incluso siendo ya adulto. Además en esa situación él mismo debía resultar extraño para el chico, más que su padre.
La señora Branigan seguía siendo una mujer hermosa, con esa belleza que poseen las mujeres asiáticas, intemporal, podía pasar perfectamente por una mujer de treinta años aunque tuviera ya los cincuenta.
La saludó correspondiendo al cariñoso saludo de la mujer, también recordaba eso, tanto en una realidad como en la otra, Bian Branigan siempre lo había tratado con el cariño con que se trata a un niño pequeño. Sonrió un poco avergonzado, con casi dos metros de altura confunde un poco que te traten como a un niño.
Dean parecía otro chico diferente al chaval descarado que había subido al avión. Lo había hecho toda su vida, que pudiera recordar, como hubiese alguna "madre" cerca, su hermano era el chico más servicial y educado que conocía. La esposa de su anfitrión no era ninguna excepción.
Con la pequeña Dawn fue diferente, prácticamente tenían la misma edad y la chica estaba alucinando con que el chaval pecoso que había venido de visita no supiera ni lo que era una PSP, ni un Ipod ni "hubiera navegado nunca por la red". Así que lo tomó de la mano y lo llevó a su cuarto a enseñarle las maravillas del siglo XXI
- Voy a llamar a Bobby a ver cómo va todo por allí papá – dijo saliendo fuera un momento.
- Está bien Sam, yo, creo que le debo una explicación a Alec
ELLEN
Los ángeles habían roto el círculo de protección exterior. El interior les sería mucho más difícil. Según Bobby aún podían tardar días en hacerlo. Estaba asustada. La casa temblaba como si la tierra y el aire se hubiesen puesto de acuerdo para sacudirla.
No podían bajar al sótano, lo que fuera que estaba pasando con Castiel generaba un ruido y una luz tan insoportables que los hubiese dejado ciegos y sordos en cuestión de minutos.
El teléfono rompió la tensión. Era el hijo de John "¿Cómo aguantáis Ellen?" incluso en medio del chirrido insoportable que subía del sótano pudo identificar la preocupación en la joven voz. "Aguantamos, que no es poco. Han roto la barrera exterior Sam"
La conexión se perdió, el chirrido subió de volumen obligándola a cubrir sus oídos con sus manos intentó buscar a su marido con la mirada pero no estaba cerca. La puerta del sótano estaba abierta y la luz que de allí salía era tan irreal como los fogonazos que había visto en los ojos del maltrecho ángel.
Era incapaz de escuchar sus propios pensamientos por el ruido. Se hizo unos tapones con algodón y con sus gafas de sol bajó al sótano. Como había pensado Bobby estaba allí abajo, protegido igual que ella, se disponía a abrir la puerta del búnker.
- ¡MARCHAOS, OS HARÉ DAÑO…!
Tronó la voz de Castiel seguida de un grito tan agónico, tan terrible que ni ella ni su marido fueron capaces de obedecer y abrieron la puerta de la habitación segura. Cientos de hilos dorados, deslumbrantes, se entrecruzaban en el aire. Intangibles para los humanos, dolorosamente reales para el ser atravesado por ellos como por largas y finas agujas de oro.
El cuerpo del ángel se elevaba a dos metros del suelo como si esos hilos que lo atravesaban lo sujetaran en el aire como ofrenda a un dios vengador. Gritó de nuevo cuando de ellos brotó de nuevo esa luz que el matrimonio no podían mirar. Alguien o algo se ensañaba despiadadamente con él.
JOHN
Las noticias o más bien la falta de noticias de sus amigos lo tenía abrumado, molesto. Su hijo no estaba mejor que él. Podía verlo en la postura de sus hombros y en el rictus preocupado de su cara.
Tenían que volver, para hacer el hechizo pero, sin saber qué iban a encontrar allí, sin saber cómo podrían realizarlo, estaban en un verdadero atolladero del que no veía salida.
El chaval y la pequeña de Branigan entraron en la sala, la chica se reía del muchacho que no entendía porqué sus respuestas hacían tanta gracia a su anfitriona.
- ¿Dónde lo habéis tenido metido? ¡No ha visto "Shrek"! ¡Ninguna de las cuatro! – el pecoso comenzaba a enfadarse, podía verlo en la sonrisa de circunstancias y en la forma de entrecerrar los ojos, exactamente como hacía Mary - ¡Venga Dean! ¡No me tomes el pelo! ¿y "La edad de hielo"?
- Eso fue cuando los dinosaurios – el chico se rascó la cabeza confundido
- ¡Es otra peli, tonto!
- El que no me haya visto todas las pu… ñeteras pelis que echan en el cine no quiere decir que sea tonto – se enfurruñó el chaval sin dar rienda suelta, del todo, a su carácter porque a fin de cuentas Dawn era solo una niña – he tenido otras cosas que hacer.
- Ya vale, Dean, tranquilízate y no seas desagradable con nuestros anfitriones – tuvo que regañarle John al ver que el niño ya había estado a punto de perder los papeles
- Dawn, Dean no ha podido ver todas esas películas, eso no es un delito, yo tampoco he podido verlas ¿también soy tonta? – preguntó su madre a la chiquilla haciéndola reflexionar
- No, lo siento Dean. Mamá tiene razón. No debí picarte – se disculpó sinceramente la chiquilla
- Yo también siento haberme enfadado. ¿Echamos otra partida al "Súper Mario"? – y tal como se había creado la tormenta, desapareció, con los niños volviendo a la habitación de Dawn a jugar a la consola
