ROAD TO NOWHERE

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Capítulo IX

"Papá"

SAM

No había logrado volver a contactar con Ellen o con Bobby, la preocupación por ambos empezaba a hacer mella en él, necesitaba hacer algo, pero no sabía qué. Faltaban pocos días para llegar al momento en que se debía llevar a cabo el hechizo.

Tenía el presentimiento de que algo iría mal, y aunque era una sensación demasiado conocida, no por ello dejaba de ser desagradable ese latido nervioso, inexistente, que se colaba en su mente avisándole de que algo no iba como tenía que ir.

Observó a Dean hablando con la pequeña Dawn, como cualquier par de adolescentes que descubren que son familia y que tienen cosas en común. Cuando todo acabase, ese niño que ahora se comportaba como tal volvería a ser el hombre amargado que ocultaba su desesperación tras miradas vacías y actitudes prepotentes.

Sam no se engañaba a si mismo, sabía que cuando revirtiesen el hechizo volvería a ser el tipo frío y sin escrúpulos que había sido desde que saliera del infierno. Porque el alma que ahora tenía no era la de la realidad en la que su hermano existía, era la de ésta. Por eso podía recordar también su vida ahí. A su madre. Por eso no recordaba lo que había ocurrido mientras estaba en la caja con Lucifer.

Quizás Bobby tuviera razón, no en lo de entregar a Dean a Miguel, sino en lo de quedárselo, en lo de quedarse ambos en esa realidad. Joder ¡su hermano merecía tener una infancia! ¡Merecía tener la familia por la que tanto había luchado!

Lo vio reír ante las explicaciones de la hija de Branigan, jamás lo había visto reír así, sin su invisible escudo protector que el más joven de los Winchester conocía tan bien. No era justo, Dean ahora era sólo un niño, y su hermano se sentía culpable por obligarle a regresar a una vida dónde sólo podía esperar un golpe tras otro.

BOBBY

Recobró el conocimiento junto a la puerta del búnker. Se levantó tan rápido como pudo buscando angustiado a Ellen y la vio aún inconsciente junta al cuerpo también inconsciente del ángel.

Corrió hacia ellos, su esposa estaba despertando. Castiel no parecía poder hacerlo aún en un montón de tiempo. El rostro, la ropa, posiblemente el cuerpo también del ser celestial, estaba surcado por finísimos cortes que sólo se apreciaban por la sangre que amenazaba con salir de ellos.

Respiraba, por lo menos, aunque muy débilmente. Abrazó a Ellen mientras terminaba de despertar "¿Estás bien, corazón?". La mano de su esposa le acarició la barba, "Si cari, ¿y tu?"

- Bastante mejor que él – señaló el cuerpo tirado en el suelo del ángel, rodeándolo, lo que parecían las sombras de enormes plumas cortadas - ¿qué le habrá ocurrido?

- Es como si lo hubiesen torturado cortando sus alas – su esposa se acercó al ser inconsciente, pisó sin darse cuenta la sombra que brotaba de la espalda del destrozado Castiel y éste abrió los ojos, blancos, sin pupilas asustándola - ¡Dios mío!

- Castiel, muchacho, ¿me escuchas? – puede que fuera un poderoso ángel, pero para el chatarrero ahora no era más que un amigo herido – di algo chaval, vamos a ayudarte

- No… no lo… fracasado… puede… coger… puede John – era demasiado esfuerzo para el destrozado ser, volvió a perder el sentido

Ellen y él lo acostaron en el camastro del búnker y mientras su esposa le hacía las primeras curas subió a revisar la protección interior de la casa. Todo seguía correcto, aún aguantaría. Además ahora la casa no recibía ninguna sacudida, todo estaba excesivamente tranquilo. Se asomó fuera, los sitiadores se habían ido.

JOHN

Se afeitó pensativo. No debían quedarse ahí, estaba poniendo en peligro a su amigo y a su familia. Quizás Sam y él estuviesen fuera del radar de los ángeles pero Dean no lo estaba, ¿y si alguno de los perros del cielo daban con ellos? Había trabajado muy de cerca con Miguel para saber que los daños colaterales no detenían al arcángel cuando había tomado su decisión.

- Entonces amigo, ¿me lo cuentas o lo dejas para dentro de otros diez años? – Alec le abordó a la salida del baño – no te preocupes por el pequeño, los videojuegos pueden ser muy absorbentes para los chicos de su edad, y Sam ha salido a buscar algo de una receta, me ha parecido entender.

- ¿Recuerdas la última vez que nos vimos Alec? – preguntó a su enorme y corpulento amigo – ¿recuerdas la de estupideces que te conté?

- Recuerdo que tú y tu hijo estabais destrozados, John, apenas presté atención a tus desvaríos, sólo quería acompañaros.

- Pues no eran desvaríos Alec, era sólo la verdad – le dijo tranquilamente, intentando que su amigo no volviera a tomarle por loco, pues ahora no tenía la excusa de acabar de enterrar una caja vacía con todo lo que había sido su vida – A Mary la mató un demonio

- John – Branigan era su amigo, ¡demonios! ¡Eran amigos desde los diecisiete!, pero lo que estaba diciendo, hasta el mismo dudaría de su palabra si no hubiese vivido lo que había vivido – John, yo…

- Querías saber qué ocurre Alec, así que escucha. No has sabido de mí durante diez años porque Sam y yo decidimos dar caza a ese ser. Pero la cosa se complicó, se desató el Apocalipsis, las catástrofes de hace cuatro años Alec, los terremotos, los maremotos, los huracanes de fuerza seis, eran señales de la venida de Lucifer, ¡Dios! ¡a pesar de haberlo vivido resulta tan absurdo contarlo! – su amigo con el ceño fruncido guardaba silencio – los demonios pusieron toda la carne en el asador, el Diablo tenía su arma y el arcángel Miguel sólo tenía un triste sustituto. Sólo pudo volver a encerrar a Lucifer en lugar de matarlo. Pero esta semana ha ocurrido algo que nadie esperaba, y ahora Miguel sabe que su arma está en la Tierra y quiere acabar su trabajo.

- ¡Qué disparate!

- Por eso tengo que irme Alec, no puedo ponerte en peligro ni a ti ni a tu familia, me llevaré mis chicos y…

- Si, por supuesto, te irás – los grises ojos de su amigo se volvieron negros como el alquitrán – pero tus chicos se quedan aquí

SAM

Oyó gritar a su padre cuando volvía de la herboristería, tenía todo lo necesario para ocultar, al menos temporalmente, a Dean del radar de los ángeles. El grito de su padre le hizo comprender que demasiado tarde.

Entró en la casa, en tromba, de reojo vio como Bian Branigan abrazaba a su hermano con fuerza, John volvió a gritar. Subió de tres en tres las escaleras y vio a Alec Branigan sujetando a su padre contra la pared, a distancia, mientras lo torturaba.

- Sam…my vete… - su padre sólo pensaba en ponerle a salvo, conmovedor, luego se enternecería ahora iba a hacer algo que ni John Winchester ni su hermano aprobarían, pero que era la única forma de salvar la situación.

- Ya tenemos aquí al caballo ganador, aunque mi señor necesitará un par de bazas para domarlo antes de montarlo – "Tranquilo Alec, se que no eres tú, te quitaré esa cosa de dentro"

Sabía exactamente cómo funcionaba, lo había estado practicando desde que volviera del infierno y el demonio que poseía a Alec no tenía ninguna posibilidad contra él. Extendió el brazo ante la sonrisa socarrona del diabólico ser.

- ¿Quién te crees que eres chico? ¿Dark Vader?

- Prefiero verme más como Luke Skywalker – "Esta respuesta le hubiese gustado a Dean seguro" sonrió

JOHN

El asombro era más fuerte que el dolor. El que estaba junto a la puerta enfrentándose al demonio era Sam, su hijo, su amable, cariñoso y noble muchacho que ahora parecía otra persona totalmente distinta.

Sintió miedo. Los ojos habitualmente cálidos e indefinibles del Winchester más joven, no podían ser más fríos, más decididos, mientras extendía su brazo con la palma abierta en dirección a Alec.

La presión con la que la fuerza demoníaca lo aplastaba contra la pared, comenzó a ceder, mientras la esencia de demonio comenzaba a abandonar el cuerpo de su amigo por la nariz y la boca.

La niña, Dawn, con los ojos terriblemente negros, saltó sobre la espalda de Sam, éste, sin desviar su atención de Alec, se la quitó de encima sin ningún esfuerzo inmune a los poderes demoníacos del ser que la poseía "No te apresures, estaré contigo en un minuto", dijo el castaño con una frialdad capaz de helar la sangre en las venas del tío más duro.

Fue tal y como había afirmado, primero Alec, luego la pequeña y por último Bian Branigan fueron liberados de sus demonios por aquel extraordinario poder que brotaba de su hijo. Su hijo que le miraba ahora asustado, nervioso ¿avergonzado?

- ¿Estás bien papá? – Sam ni siquiera se atrevía a acercarse a comprobar por sí mismo que no estaba herido

- Si Sam, estoy bien – necesitaba saber, pero antes tenía que comprobar que sus amigos estaban bien – lo que has hecho, ¿les dejará alguna secuela?

- Si el demonio no les hizo daño, nada papá – la voz de su hijo sonó suplicante – sólo les he sacado los demonios, si tienen algún daño dentro, no he sido yo.

- Sólo conocía una forma de hacerlo, de exorcizarlos, ya sabes "El rituale…"

- Esto es distinto, papá, los he matado, no los he enviado de nuevo al infierno - ¿porqué seguía con ese aire de culpabilidad? ¿qué era lo que no le contaba? – es algo que aprendí, cuando Dean fue al infierno, algo de lo que no estoy orgulloso

DEAN

Nunca había tenido tanto miedo, aunque en su corta vida ya había estado en situaciones que hubiesen hecho enmudecer de terror a hombres hechos y derechos. Pero cuando oyó gritar a su padre y la mujer que lo había acogido en su casa como a un hijo lo sujetó para que no pudiera ayudarlo, sintió que el pánico no le dejaba ni hablar.

Forcejeó inútilmente, con toda la fuerza que tenía, a todas luces inútil contra la fortaleza sobrenatural de la mujer. La miró y se sintió paralizado también por la mirada oscura e inhumana que le devolvió. Ni siquiera fue capaz de pedir ayuda a Sam cuando lo vio subir al piso de arriba como un tornado.

Al menos los gritos de papá habían cesado. Un par de minutos después su hermano del futuro se plantó frente a la señora Branigan. Tendría que estar feliz, tranquilo, Sam se había deshecho del demonio que la poseía sin despeinarse.

Pero… pero esa mirada en los ojos de su hermano, esa frialdad… Cuando Sam lo abrazó cerciorándose de que no estaba herido, aún era incapaz de reaccionar, ¿por qué? Le había salvado, ¡era Sammy! ¿Por qué esa sensación de algo oprimiéndole el pecho, gritando en cada poro de su piel que todo estaba mal?

¿Por qué el gigantón tenía esa expresión culpable? No estaba orgulloso de ese poder. Eso le dijo a papá. Dean sintió el disgusto de su hermano ante su actitud distante y temerosa. Hizo de tripas corazón y ahogando sus recelos le devolvió el abrazo, eso sí, sólo un segundo, no fuera a creerse que se estaba convirtiendo en una niñita.

Tras asegurarse de que los Branigan estaban vivos, y de que no parecían heridos, su padre garabateó una excusa en una hoja de papel y se marcharon de la casa de sus amigos. "Necesitaremos un vehículo" musitó Sam.

- No, no hará falta – Sonrió John Winchester, sólo que Dean sabía que no era John, conocía esa sonrisa.