ROAD TO NOWHERE
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Capítulo X
"Te quiero, Ellen…"
CASTIEL
Todo estaba oscuro, en silencio. Sin embargo sabía que seguía en la Tierra, ya no estaba confuso. Sabía quién era, y porqué estaba allí. Lo aceptaba.
Era justo, era tan culpable de esa situación como Lucifer lo fue de su caída. Había elegido a los humanos, una vez más. Ahora moriría como uno de ellos.
Notó las manos de Ellen intentando curar sus heridas y esbozó una sonrisa.
Sabía que ella le estaría dirigiendo palabras de ánimo, algo húmedo y suave acarició su rostro. Otra mano, ruda y amable sujetó la suya.
Se estaba muriendo, lo único que lamentaba era morir sin poder despedirse de su amigo, de sus amigos.
Oscuridad.
ELLEN
Sintió que se le nublaba la vista por las lágrimas al ver que el maltrecho ángel sonreía a través de sus ojos sin pupilas. Bobby la estrechó junto a su corazón, y tomó una mano del agonizante ser.
- Lo siento muchacho, tenías razón. Me encargaré personalmente de que ese chico vuelva a su realidad.
- Ha muerto – cerró los ojos del ángel y se abrazó a su marido, no sabía porqué, la congoja de su pecho se resistía a salir, ahogándola
- Para ser un ángel no estaba mal – gruñó su marido, y ahora sí rompió el llanto como si algo de ella se hubiese quebrado con aquel ser al que apenas conocía
Bobby la dejó llorar, habían sido unos días muy duros para todos. Comenzaban a quedarse solos. "No voy a morir Bobby, no aquí, sólo quiero estar contigo" le dijo entre sollozos al hombre que amaba.
- Lo se mi amor, no te preocupes, todo saldrá bien.
SAM
- Necesitaremos un vehículo – musitó saliendo a la calle evitando mirar a su familia, la mano de Dean, titubeante se asió a su chaqueta.
Iba a preguntarle qué le ocurría cuando la respuesta de su padre se lo aclaró, la sonrisa que acompañaba al "No, no hará falta" no le dejaba margen a la esperanza. Ese no era John Winchester.
- ¿Cómo? Según vuestras inquebrantables reglas debía decirte "Si", ¿o es que por ser el gallo más grande del corral haces lo que quieres? – se encaró con el arcángel en el cuerpo de su padre protegiendo a su hermano a su espalda
- Sammy, Sammy, ¿me estás provocando? Te recuerdo que John ya dijo "si" – el aura de poder que emanaba del ser celestial se sumaba al aspecto imponente de un John Winchester totalmente restablecido de sus heridas – no voy a matarte si no es necesario, aunque no puedo decirte lo mismo de mis soldados
- No… no vas a hacerle daño – su hermano había dejado de esconderse tras él, se colocó a su lado – no dejaré que le hagas daño
Presenció impotente cómo el arcángel con el cuerpo de su padre tocaba al chico antes de desaparecer ambos como si nunca hubiesen estado allí. Corrió a la casa de Branigan, los soldados de Miguel no tardarían en llegar. Los segundos eran preciosos.
Acababa de terminar cuando Uriel apareció junto a la puerta de entrada flanqueado por otros dos ángeles. "¿Qué, gusano? ¿Vienes sin oponer resistencia?" el menor de los Winchester dio un par de pasos atrás ocultando su mano izquierda a la espalda.
- Así que necesitas un poco de disciplina, mal maestro eliges muñeco de barro – el imponente ángel se puso frente a él en un parpadeo, sólo el aire desplazado le hizo saber que se había movido y que no había desaparecido para aparecérsele justo delante.
- Créeme mole emplumada, no necesito un nuevo maestro, ya tengo al mejor – se giró cerrando la puerta a su espalda y colocando su mano sobre el "sigil" dibujado en ella segundos antes, expulsando a los ángeles de allí.
Respiró profundamente, no era el momento de desesperarse, si él pudo enfrentarse desde dentro a Lucifer, ¿su padre no iba a poder hacerlo con Miguel?
- ¿qué ha ocurrido aquí Sam? – Alec Branigan lo miraba desde la escalera con su familia abrazada a él.
- ¿Estáis bien todos? – respondió con otra pregunta
- Si, gracias chico, pero…
- Alec, necesito tu ayuda.
BOBBY
Ellen lo ayudó a sacar el cuerpo del ángel al patio trasero. Era la primera vez que iba a cremar y enterrar a un conocido en su propiedad. Ni siquiera sabía si era necesario, o si era lo correcto. ¿Qué se hace con el cuerpo de un ángel?
Su esposa volvió a salir, con un pequeño libro de oraciones en la mano, y él se encogió de hombros. Cubrió el cuerpo de Castiel con su eterna gabardina, salándolo y vertiendo el combustible sobre la improvisada pira. "¿Crees que es necesario?" preguntó ella cogiendo su mano.
- Ha muerto como un cazador, humano o no, merece un entierro de cazador – no había pensado que les afectaría tanto, ni a ella, ni a él. Su voz se había quebrado con las últimas palabras – terminemos con esto.
Una corriente de aire y el sonido de un batir de alas le hizo saber que no estaba sólo "¡Cass!". El chico de otra realidad pasó como una exhalación a su lado en dirección al cadáver sobre el montón de madera listo para ser incinerado.
- ¡Cass, tío, eres un ángel, no puedes morir! – El pecoso comenzó a sacudir los hombros del muerto, el chatarrero lo abrazó retirándolo de la pira - ¡No! ¡Déjame! ¡No es justo!
- Ven Dean, no puedes hacer nada
- Pero él si – señaló a John Winchester que observaba el cuerpo vacío del ángel sin ninguna emoción, el chico gritó a su padre - ¡Arréglalo! ¡Ahora!
MIGUEL
Quizás no había sido buena idea llevar al chico allí. Pero el alma de John Winchester se debatía dentro de él, y aunque no había podido impedirle la entrada, pues ya le había dado la llave hace cuatro años, sí podía mostrarle su inconformismo con lo que estaba haciendo.
Decidió ponerlo a dormir. No la necesitaba, no iba a ir a enfrentarse a Lucifer con ese cuerpo, sólo se estaba enfrentando a unos humanos ordinarios. Miró el cadáver de su hermano, del traidor, lo hizo estallar en llamas haciendo que el chico chillara y lo insultara con una variedad y un colorido impropios de alguien tan joven. Así no iba bien para convencerlo, lo sabía, pero no pudo contener la ira contra quien había elegido a otros por encima de su familia.
La mujer abrazó al chaval intentando calmarlo y el viejo pareció plantarle cara, aunque no dijo nada.
- ¡Te odio! ¡Te odio! – los ojos del crío que debía ser su envase le taladraban - ¿Quieres matar al Diablo? ¿por qué si sois iguales? ¡Sois iguales! ¡Sois la misma basura!
- Silencio – el arcángel decidió que ya era suficiente rebeldía por el momento sellando la voz del niño y cogiéndolo de un brazo se dirigió con él a la casa – vosotros dos venid conmigo
SAM
El bimotor sobrevolaba los estados que lo separaban de casa de Bobby. No sabía si su intuición era cierta y el arcángel había llevado allí a su familia. Quizás debió dejar que Uriel lo cogiera, siempre es más fácil decidir a toro pasado.
Pero si Miguel era tan cabronazo como parecía, tenía muchas posibilidades de acertar. Sería mucho más fácil convencer a Dean si le hacía creer que así protegía a su familia.
Intentó llamar a Castiel, rezando, esta vez no se enfadó por que no acudiera, era muy posible que su amigo, debilitado por su destierro, ni pudiera oírle. Una vez llegase a su destino seguro que le ayudaría a enfrentarse al arcángel, sólo esperaba que no fuera demasiado tarde.
Esta vez Alec no había preguntado nada. ¿Para qué? Tener un demonio dentro de tu cuerpo te hace ver las cosas de otra forma. Lo sabía por propia experiencia. "Alec" llamó la atención del piloto. El veterano exmarine le miró con esa expresión que había visto en tanta gente a lo largo de su vida de cazador. "Estabas poseído, nadie puede luchar contra una posesión, no eres responsable" le dijo, porque era necesario que lo supiera y lo asimilara y porque era lo que tenía que decir a su esposa y a su hija cuando volviera.
El piloto fijó la vista en el horizonte sin responder. No hacía falta. Le había escuchado. Cuando todo se calmara, esas palabras serían muy útiles para tranquilizar a la familia Branigan.
ELLEN
El niño sollozaba en silencio sin poder emitir ningún sonido. Lo abrazó junto a su pecho, intentando confortarlo. Costaba asimilar que el hombre que estaba enfrente de ellos no era (al menos no su voluntad) John Winchester.
Los tres humanos sentían el poder que emanaba del arcángel en el cuerpo del Winchester adulto. El niño, en especial, lo sufría con su impuesto silencio.
- ¿Es necesario que le hagas eso? – su marido se enfrentó a la poderosa criatura – es sólo un crío, así no lograrás que te escuche.
- Soy el arcángel Miguel, humano, ten un poco de respeto
Ellen sintió miedo al ver como el poderoso ser intimidaba a su compañero. El chico se desasió suavemente ya tranquilo, pero por su mirada supo que también tenía miedo por Bobby.
- Tú también deberías tener respeto por la creación de tu padre – no dudó en replicar el chatarrero antes de salir despedido contra la mesa del salón.
- ¡Bobby! – gritó corriendo hacia su marido que no podía levantarse
El chico la siguió. "¡Joder! ¡Duele!" los ojos de su marido se clavaron en ella como disculpándose. Intentó ayudarle, se dio cuenta de la extraña posición de las piernas y de que no las movía "Me ha roto la espalda Ellen, estoy muerto"
No, no, no, no podía ser. Los labios del hombre de su vida se llenaron de sangre mientras dirigía su atención al chico que estaba junto a ellos, espantado, mudo, pero junto a ellos.
- Escucha pequeño, no debes aceptar su proposición, tienes que volver a tu vida – el chaval asintió con los ojos anegados en lágrimas – perdóname chico, por no haberlo entendido antes
- No cari, no, tú no puedes dejarme, se suponía que no era así – gimió Ellen abrazando al valiente chatarrero
- Te quiero, Ellen…
No era cierto, no podía ser cierto. Él no, él siempre estaba ahí, era su pilar, su fuerza, su vida, nada podía con él. Los ojos grises del hombre que amaba, de quien había amado más que a su vida se quedaron fijos en el infinito.
