ROAD TO NOWHERE
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Capítulo XI
"Un pacto más"
SAM
La casa de Bobby aparentaba estar vacía. Vendó su mano izquierda nuevamente, quizás no fuera necesario pero, nunca venía mal un pequeño seguro. Se acercó a la entrada principal. Carecía de sentido intentar sorprender al arcángel, si estaba allí ya sabía de su presencia en el desguace.
Antes de tocar la puerta ésta se abrió demostrándole que, en efecto, el poderoso ser sabía que había llegado. Entró al salón y se quedó helado, durante un momento, hasta que su hermano se abrazó a su cintura llorando en silencio.
Ni siquiera miró al arcángel. Pasó de largo junto a él, ignorándolo, se acercó a Ellen que parecía estar muy lejos de allí. "Suelta un momento Dean, déjame ayudarla" el chico obedeció de inmediato. "Ellen, soy yo, Sam" se agachó junto a la mujer que abrazaba el cuerpo de Bobby (¡OH! ¡Dios! ¡Bobby!), "¿Ellen?"
- Déjala, tiene derecho a llorar a su marido – dijo el arcángel
- ¿Lo has matado tú? No eres más que un asesino – la mano del chico se había agarrado con fuerza a su camisa
- Fue un accidente, no fue mi intención
- Quizás no, supongo que para ti una vida humana más o menos no tiene importancia – el imponente joven se encaró con la criatura dentro de su padre - ¿Vas a matarme a mi también? ¿Vas a matarnos a todos?
- Sabes que te necesito para enfrentarme a mi hermano, como necesito al muchacho – era extraño hablar con el cuerpo de su padre sabiendo que no estaba hablando con su padre.
- No nos necesitas, nunca has necesitado nada para enfrentarte a tu hermano
- Lucifer es un monstruo, debe morir
- ¿Y tú que eres? – era una acusación, no una pregunta
- Según dice el chaval, soy un gran capullo – sonrió el ángel
- ¿Qué le has hecho? ¿Por qué no habla?
- Gritaba demasiado
- ¿Y Castiel? – la cabeza de su pequeño hermano se ocultó a su espalda enterrando la cara en su camisa, por el estremecimiento irregular supuso que lloraba.
- Por eso gritaba demasiado
- ¿Qué querías que hiciera? ¿hacerte una fiesta? ¡Era nuestro amigo!
La corte de Miguel apareció tras él, Uriel, Zacarías y once o doce ángeles más a los que no recordaba haber visto nunca. Estaban enfadados, Uriel, en especial, parecía furioso.
- Ya está bien de cortesías Sam Winchester – el arcángel lo cogió de la pechera de la camisa – sólo hago lo que es necesario
- No era necesario matar a Bobby – el niño se interpuso entre ellos dando un rodillazo en semejante parte al ser celestial que ni se inmutó, sólo lo miró sorprendido.
MIGUEL
Vaya incordio de criatura ¿y ese era su auténtico envase? ¿Dónde estaba su nobleza y su valor? Soltó al hermano sorprendido por la osadía del pequeño. "Nos vamos" dijo haciendo una seña a su pelotón.
No le gustó nada la expresión de Uriel, se suponía que hacían lo que hacían porque era su deber y no porque disfrutaran haciendo daño a los humanos. Tendría que tener una charla con el voluntarioso ángel, que diferencia con Castiel, si no hubiese sido un traidor.
"Coged al chico y a su hermano, no dañéis a la mujer" su cuadrilla se paró a dos pasos de los aludidos, se dio la vuelta, Sam Winchester se había quitado la camisa, sobre su cuerpo, el símbolo del destierro dibujado con su sangre brillaba intensamente expulsando a su tropa de allí.
- ¿Eso es todo Sam?
El Winchester medio cegado no se explicaba porqué estaba aún ahí. "Ese símbolo es para desterrar ángeles, yo soy un arcángel"
- ¿Y ahora que? ¿vas a matarme?
¿Qué tenían los humanos en la cabeza? ¿Serrín? ¡Tenía órdenes! ¡Órdenes directas de matar a Lucifer! ¡No tenía opción! El chico seguía mirándole con odio, estaba muy claro que no podría convencerlo. Podría hacerle daño, a él y a su hermano. Pero aborrecía la tortura, aborrecía causar dolor.
Y sin embargo había matado a Castiel, y al chatarrero. Los ojos de John Winchester refulgieron en un brillo dorado. Cientos de hilos brillantes se entrecruzaron en el aire y atravesaron a Sam haciéndolo gritar.
- No – susurró la mujer al verlo
El niño sacó de su chaqueta una espada celestial y se la clavó con todas sus fuerzas en el estómago. ¡Demonios! Esa espada no le mataría pero ¡Joder, como dolía la puñetera! Miró sorprendido al chico, otra vez.
- ¿Has apuñalado a tu padre?
- No eres mi padre – Miguel sintió que su poder se debilitaba – no voy a dejar que le hagas daño a Sammy
El otro Winchester se levantó, y se acercó a ellos "Te conviene escucharnos y te conviene hacer un trato con nosotros"
SAM
No tenía ni idea de dónde había sacado Dean la espada, supuso (acertadamente) que era la de Cass, aunque ahora no era el momento de preguntar, sino de poner en práctica su idea "Te conviene hacer un trato con nosotros"
- Soy un arcángel, ¿sabes lo que significa eso? No soy ningún demonio de cruce – tosió la poderosa criatura con la voz de su padre
- No se si esto te hará algún daño permanente, pero no tienes buen aspecto – su hermano seguía con la espada en la mano a pesar de estar clavada hasta la empuñadura en su adversario – Dean, déjale, ven aquí, estoy bien.
El niño se retiró lentamente del cuerpo de su padre y se puso a su lado. Temblaba de miedo y de ira al mismo tiempo, le miró de arriba abajo, como cuando eran pequeños y él se caía de algún columpio o se peleaba en el cole, asegurándose de que no estaba herido. "Te prometo que estoy bien"
El arcángel se había sacado la espada, la dejó sobre la mesa y curó su propia herida en cuestión de segundos. "Podría mataros, resucitaros y volveros a matar, una vez y otra, hasta que el chico accediera a ser mi recipiente, lo sabes ¿verdad Sammy?"
- Si, lo se, pero entonces te condenarías y condenarías a la creación de tu padre a desaparecer. No pierdes nada con escuchar
- Di lo que tengas que decir
- Si Dean permanece en esta realidad más tiempo el Mundo…
- ¿Colapsará?, ¿crees que me voy a tragar las historias de Castiel? – le interrumpió el arcángel
- No son historias Miguel, ¿realmente crees que Castiel era capaz de traicionar a alguien? ¿Qué era capaz de traicionarte a ti? Se supone que era tu hermano, ¿Tan difícil era escucharle? ¿Podías creer que había traído a este niño de una realidad paralela y ¡no creíste que el único motivo para hacer esa barbaridad era evitar un mal mayor! – Estaba gritando literalmente al ser que hacía apenas unos segundos le torturaba inhumanamente.
El arcángel frunció el ceño. No estaba nada contento, podía verlo. Sam se sentía como debió haberse sentido su hermano cuando se enfrentó a todos aquellos dioses paganos una noche huracanada y terrible. Se estaba tirando un farol, un gran farol, sólo deseaba que el poderoso ser fuese tan orgulloso como para caer en su trampa.
- Continúa – le pidió extrañamente tranquilo
- Dean, no este niño, sino el que será cuando tenga treinta y tres años, borró su existencia.
- Eso no puede hacerse, sucedió una vez, fue catastrófico para la creación, después de eso se tomaron medidas, nadie puede borrar su existencia, para ello necesitarían…
- Esto – le mostró al arcángel su improvisada pulsera
DEAN
Miguel se quedó en silencio. Durante unos minutos eternos, nadie se movió ni dijo nada. El también miró a su hermano y lo que llevaba anudado a su muñeca. ¿Había dicho que había borrado su vida?
- ¿Por qué? – consiguió reunir el valor para preguntar
- Si, ¿por qué? – quiso saber el poderoso ser
- Dean creía que era responsable… - Sam se agacho frente a él y tomándolo de los hombros le miró directamente a los ojos – pensabas que eras el culpable de todo lo malo que había alrededor, pensabas que todo estaba mal porque creías que no eras lo bastante fuerte para combatirlo. Pensaste que así todo sería mejor y que todos podríamos ser más felices
SAM
Si toda su vida pensó que su hermano estaba hecho de una pasta diferente, ahora ya no le cabía ninguna duda. El chaval tras meditar brevemente lo que le había contado soltó "¡Qué pedazo de inútil! Bueno, por lo menos no me suicidé, hubiera ido al infierno otra vez ¿no?"
- Pues sí – respondió alucinando con las ocurrencias del chico, ya hasta se había olvidadote su plan, afortunadamente ahí estaba el arcángel para recordárselo.
- ¿cuál es tu proposición Winchester?
- Deshacer el hechizo, así todo volverá a su cauce y tu en lugar de tratar con un chico para que sea tu recipiente podrás discutirlo con el adulto – ojala no se diera cuenta de la trampa implícita
- ¿Y si se niega? ¿Y si el adulto no accede a ser mi envase?
- Este es Dean – tomó a su hermano por los hombros y lo puso frente a él, mostrándoselo al arcángel – este chico, cuando sea mayor, será capaz de ir al infierno por otra persona, será capaz de jugarse la vida por gente a la que no conoce, será capaz de borrar su existencia por salvar el mundo. Sólo ofrécele algo, resucita a Bobby…
- Y a Cass… - terció el niño
- Y a Cass, y hará lo que tenga que hacer
- No puedo ir resucitando a todo el mundo, es ir contra el orden natural
- Entonces no tenemos nada de que hablar – sentenció el cazador
- Está bien – accedió el arcángel - realizad el hechizo, solucionemos lo del colapso espacio temporal y después nos encargaremos de lo demás.
- No voy a hacerlo – el niño estaba a punto de echar el plan a perder – no pienso realizar el hechizo, no me voy a ir a ningún sitio si tío Bobby no está vivo y si Cass no ha vuelto
- ¿Regateas conmigo chaval? – el tono empleado por el terrible ser era tan inquietante que tuvo que interponerse entre el arcángel y su pequeño y terco hermano
- Es lo que hay, los resucitas o nos vamos todos a la mierda
La situación estaba llegando a su límite, el aire se podía cortar con un cuchillo a causa de la tensión reinante. Y en medio de todo eso, Ellen dejó el cuerpo de Bobby en el suelo y se acercó al pequeño.
- Debes hacerlo Dean, debes realizar el hechizo, no se trata sólo de Bobby, o de Cass o de nosotros, se trata del mundo, del mío, del tuyo, y de miles de millones de personas – la mujer acarició la pecosa y compungida cara del chico – Debes hacerlo Dean
Ellen sonrió a Sam, tristemente, pero con esa sonrisa el joven supo que la mujer había comprendido lo que intentaba hacer y que estaba de acuerdo. Sólo quedaba saber si habían convencido al chico.
- Está bien, lo haré.
