Esto se va acabando y pronto os libraréis de mi y de mis idas de olla... Porque se me ha ido y mucho con el final...
En fin, Gracias a los que leéis y muchísimas gracias a los que comentáis porque hace que valga la pena acabar de colgar esta historia. Ya sólo quedarán el XIII, el XIV y el epílogo.
ROAD TO NOWHERE
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Capítulo XII
"El hechizo"
SAM
Todo estaba preparado, tenían todos los componentes del hechizo y en dos horas sería el momento justo en que comenzaría a volver a crecer la luna. Había sido bastante fácil convencer al arcángel, el único fallo hasta ahora de su plan, era no haber logrado que resucitara a sus amigos.
Dean no le había defraudado, siempre había admirado a su hermano, desde que tenía uso de razón, ahora recordaba porqué. Le había mostrado cómo hacer los símbolos, en qué consistía el ritual, cómo debía llevarse a cabo, y el chico había seguido cada una de sus instrucciones al pie de la letra.
Ahora, en la biblioteca del chatarrero, sentado entre los símbolos dibujados con la tinta japonesa recitaba al revés el hechizo que había iniciado esta absurda situación, mirándole a los ojos. "¿lo he hecho bien?" preguntó "Si Dean, lo has hecho perfecto"
- Te voy a echar de menos – musitó el chico apenado
- No tendrás tiempo, tendrás que criar a un mocoso caprichoso que no hará más que hacerte la vida imposible – sonrió nerviosamente Sam
- No vas a darme un abrazo ¿verdad? – le preguntó el rubio chaval desconfiado
- Por supuesto que si Dean
Por supuesto que si, porque estaba tan orgulloso del niño como del adulto, por muchos errores que cometiera, por muy cabezota que fuera. Ellen se acercó a ellos, era el momento de despedirse, en apenas diez minutos todo habría acabado.
La mujer también abrazó al muchacho. "Deberías permitir despedirse a mi padre" Le recriminó el castaño al arcángel. "Un poco de caridad no te hará daño"
JOHN
Sabía todo lo que había ocurrido durante esas últimas y terribles horas. Así que el apresuramiento de Ellen para alejarse cuando fue su turno de despedirse del pequeño no le vino de sorpresa.
- No puedo evitar sentirme orgulloso de ti Dean, no puedo evitar quererte. Y estoy seguro de que en esa otra realidad, aunque no te lo diga muy a menudo, también lo estoy, y tu hermano. Te voy a echar mucho de menos hijo.
El niño se abrazó a él con fuerza. Se separó con el corazón encogido, sabiendo que esos segundos escasos que le había cedido Miguel terminaban. "Lo siento Dean"
MIGUEL
- Lo siento Dean, ha llegado el momento, enciende la vela – cruzó los brazos mirando con frialdad al emocionado chaval que se limpió los ojos en la manga de la sudadera.
El chico volvió a su posición en el centro de los símbolos y continuó el ritual. En el momento justo encendió la vela y puso a quemar el incienso y el muérdago juntos. Recitó la primera parte del hechizo, que era la última del contrahechizo y acercó el cañón de la pluma a la llama de la vela, un extraño hilo, con la misma textura que el que Sam llevaba anudado a la muñeca, pareció salir de la llama pegándose al extremo, y enrollándose alrededor de la pluma como si fuese un ovillo.
Todo alrededor de ellos se onduló, una vez, dos veces. Una poderosa luz lo cegó.
Al recuperar la visión, todos los humanos de la habitación habían perdido el conocimiento, pero todo seguía igual que unos minutos antes. El chico de otra realidad seguía allí, junto al extraño ovillo que había sacado de la vela.
Sam Winchester estaba despertando, lo cogió de la pechera de la camisa bastante mosqueado. "¿Qué es lo que no me has contado humano? ¿Por qué no ha salido bien?"
- El hechizo ha salido bien, lo único que ocurre es que la presencia de éste Dean en esta realidad no es producto del hechizo, fue Castiel quien lo trajo
- ¿Y?
- Si no lo devuelve ya, todo colapsará en cuestión de minutos – sonrió el maldito humano, riéndose a su costa, le había tomado el pelo
- Ajustaremos cuentas Sam Winchester – cerró los ojos, no tenía tiempo que perder, resucitar a un ángel es una tarea demasiado complicada para permitirse alguna distracción.
Trajo a Castiel de vuelta, en unos segundos, el de la gabardina abrió su azules ojos comprendiendo dónde estaba y porqué. "Llévalo a dónde pertenece Castiel, el hechizo ya se ha efectuado"
El niño despertó a su vez, al ver al ángel vivo le dio las gracias, a él, a Miguel, a quien lo había matado. "¿Puedes hacer lo mismo con Bobby?" le pidió. Pensó que resucitar al viejo tampoco iba a alterar demasiado el orden natural, no se notaría en la gran perturbación que era por sí sola la presencia del niño.
Así que lo hizo. Lo resucitó, y se sintió bien haciéndolo, y se sintió bien viendo cómo todos recibían al chatarrero de nuevo a la vida. Se sintió bien con la gratitud de Castiel, y la de los humanos.
- No podemos perder más tiempo Castiel, devuelve al chico
CASTIEL
(24 de enero de 1992 18:10 Horas)
Aparecieron a un par de metros del aparcamiento del motel. El Impala, estacionado justo ante ellos, ocultaba su aparición.
- Para tu padre y tu hermano sólo hace un par de horas que no estás
- Entra conmigo – el niño suplicó ayuda al ángel, si hacía dos horas que había dejado a Sam solo su padre estaría enfadado
- Lo siento Dean, no puedo. Pero, no creo que estén enfadados
El niño lo miró como diciendo "y ahora me cuentas otro cuento más creíble"
- Lo último que recuerdo antes de despertar en aquella habitación con Sam y contigo es que me había enfadado con Sammy y me había ido cabreado del motel.
- Lo se
- Papá no estaba, así que ahora estará furioso.
- No lo creo
- No conoces a mi padre, además tendrá razón si lo está
- Dean, Sammy se comió la última magdalena, por eso te fuiste – le puso en la mano una bolsa llena de dulces y magdalenas – di que fuiste por algo para merendar
- Qué remedio. Gracias Cass.
El ángel sonrió mientras el chico se acercaba titubeante a la habitación del motel, con un chasquido de dedos le borró la memoria de ese otro mundo que había visitado, implantándole los recuerdos de un par de horas ayudando al dueño de la pastelería del principio de la calle, a descargar sacos de harina y colocarlos en el almacén, por lo que le había pagado con los dulces.
El pecoso entró en la habitación, su hermanito tenía cara de haber llorado y su padre parecía más preocupado que enfadado cuando preguntó "¿Dónde demonios has estado?". Dean dejó la bolsa con los dulces en la mesa de la pequeña cocina y se metió en el baño.
- ¡Dean! ¡Dean! – el pequeño Sam llamó a la puerta del baño – lo siento, por favor, ábreme, lo siento de veras, olvidé que me había comido la mía esta mañana.
- Dean, sal, venga hijo, tampoco es para ponerse así por una magdalena – lo llamó su padre
- No ¿verdad?, no es para ponerse así – el niño salió del baño, aún estaba enfadado y no precisamente por la magdalena, sino porque no se habían acordado - ¿por qué tendría que enfadarme por una magdalena?
- Has traído muchas – el más pequeño le dio la mano y lo acercó a la mesa – vamos a merendar
- ¿No se te olvida algo Sammy? – dijo John Winchester sonriendo
- Es cierto, los platos, ¿qué prefieres Dean? ¿Cola o naranjada?
- Lo que empieces
- Hoy elijes tú – replicó el pequeño poniendo tres platos, tres vasos y tres cubiertos sobre la mesa retirando los dulces para hacer sitio
- No se, me da igual ¿qué pasa aquí? – Castiel sonrió al ver a John tras su hijo con una pequeña tarta y una vela encendida sobre ella. Era el momento de volver.
El peligro inminente había cesado, pero no comprendía cómo aún seguían en esa otra realidad. Miguel se acercó al hijo de su envase. "¿Dónde está el Dean adulto?"
SAM
La primera parte de su absurdo plan había salido a la perfección. Mientras Castiel devolvía al chico a su tiempo, recogió el ovillo del hilo de la existencia de Dean. Sólo tenía que entretener a Miguel para que todo volviera a su lugar.
El de la gabardina regresó. "Hecho"
- ¿Dónde está el Dean adulto? – preguntó el arcángel
- En su realidad – le replicó – dónde tiene que estar, en esta realidad no existe ¿recuerdas?
- Maldito humano – Sam dio dos pasos atrás y le mostró el hilo - ¿y ahora qué?
- Tu, Castiel y yo podíamos ir a…
- Al último descanso – intervino su angelical amigo
- ¿Pretendéis burlaros de mí?
- No, fue allí dónde desapareció, creo que es el sitio dónde debería estar – el arcángel apenas le dio tiempo a despedirse de Ellen y Bobby
En unos segundos estaban en la habitación dónde todo había comenzado. En el suelo, inconsciente, estaba Dean, su hermano. El que había montado todo esto. Se acercó a él, joder ¡cómo olía a whisky!
- Dean, Dean, despierta – dijo sacudiéndolo suavemente
Su hermano mayor abrió los ojos "¡OH, mierda!" fue lo primero que dijo. Se percató de la presencia del de la gabardina "Hola Cass". Se sentó en el suelo tanteando hasta encontrar la botella vacía. "OH, mierda" soltó otra vez.
- Venga Dean, levanta, tenemos cosas que hacer – tendió la mano a su hermano que parecía sentirse mal, muy mal. Como todos esos meses en los que supo que no tenía alma. Agotado moralmente. Tiró de él – venga capullo, que no eres ningún crío, que pesas ¡joder!
El mayor de los hermanos Winchester miró al más joven, sin atreverse a imaginar que era cierto, que era Sam y que le había llamado capullo.
- Me… me has llamado capullo. ¿Funcionó? – el rubio se levantó de un salto y lo cogió por los hombros examinando su rostro, su expresión, incrédulo, incapaz de asimilar que era Sam quien estaba frente a él, "Sam completo" - ¿tienes… tienes alma?
- Si, Dean
MIGUEL
Empezaba a incomodarse con la emotiva (y larga) escena. El Dean adulto abrazó a su hermano como si no lo hubiese visto en años. Como si lo hubiese perdido y hubiese creído que jamás lo recuperaría.
Carraspeó harto de tanta emotividad humana. Los Winchester deshicieron el abrazo. El mayor se volvió, a punto del colapso nervioso al verle. "¿Papá?"
- No, Dean. Soy Miguel
- El arcángel – fue sorprendente cómo el humano cambió de expresión, y de actitud. En un segundo pasó de una intensa emoción a la desconfianza más absoluta
- El arcángel
- ¿qué quieres de mí?
- Tu hermano y yo tenemos un acuerdo, yo he cumplido mi parte y ahora él ha cumplido la suya.
- Y ¿eso que tiene que ver conmigo?
- Quiero que aceptes ser mi recipiente
- ¡Y dale con el temita!
